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| Curiosamente,
en la sociedad del despilfarro en la que vivimos está
aumentando la incidencia de enfermedades carenciales,
entre otras las de varios tipos de anemias que tienen
que ver con la mala alimentación. |
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Porque
aunque se hable tanto de la dieta mediterránea, el hecho
es que cada vez se come peor, como lo prueba el creciente número
de obesos y el hallazgo cada vez más frecuente de anemias,
especialmente en ancianos y adolescentes.
La
verdad es que hablar de anemia es tan vago y general como hablar
de las nubes. La anemia es simplemente una disminución
de las células rojas de la sangre -los hematíes
o eritrocitos- y hay muchas causas que pueden hacer que la sangre
pierda glóbulos rojos. Desde un tumor a una úlcera
de estómago, unas simples hemorroides o unas reglas abundante
en la mujer, entre otras muchas. Debilidad, cansancio, palidez
de piel, falta de apetito y palpitaciones son síntomas
comunes de las anemias aunque otras muchas enfermedades pueden
producirlos. Por eso debe ser siempre el médico el que
nos diga que esos signos corresponden a una alteración
anémica.
Los
Hematíes
Las células rojas de la sangre, a través del pigmento
que les da color y nombre, la hemoglobina, tiene la función
de transportar oxígeno a todas las células de nuestro
organismo. Y la hemoglobina es una proteína que tiene hierro
en su composición por lo que dicho mineral es fundamental
para que pueda ejercer su función. De ahí que cuando
la cantidad de hierro es baja, bien porque no se toma suficiente
con la dieta, bien porque se pierde por hemorragias leves continuadas
o agudas, aparecen los síntomas derivados de la falta de
oxigenación celular: cansancio, falta de fuerza y, en grado
más severo, vértigos y palpitaciones.
Pero la falta de hierro no es la única causa de la anemia.
En el complejo sistema de fabricación y utilización
de los hematíes hay una serie de sustancias de capital
importancia. Concretamente, la falta de ácido fólico
y vitamina B12 -que nuestro organismo no es capaz de sintetizar-
es causa de otro tipo de anemias, las macrocíticas, que
se caracterizan porque los pocos hematíes que se producen
son de gran tamaño y mala función.
Anemias
y Alimentación
Realmente
las anemias por falta de hierro o de aporte vitamínico
son mas bien raras ya que las cantidades que se precisan de esos
elementos esenciales son mínimas. Y es preocupante que
haya tantos casos porque eso demuestra los malos hábitos
de alimentación que nuestra sociedad va adquiriendo. Es
notable, por ejemplo, comprobar la existencia de anemia por falta
de ácido fólico y de vitamina C (importante en los
procesos de absorción y metabolismo del hierro) que se
dan en las personas mayores que viven solas y llevan una dieta
casi exclusivamente a base de conservas.
En suma, para prevenir las anemias es fundamental asegurarse de
que nuestra dieta es rica en hierro y vitaminas.
Las
edades Conflictivas
Hay épocas de la vida en que las necesidades de hierro
aumentan y, por tanto, es preciso aumentar los aportes no sólo
de ese metal sino de las vitaminas y oligoelementos necesarios
para su absorción y elaboración en el organismo.
En el embarazo los requerimientos de hierro aumentan casi al triple
por la necesidad de aporte de sangre materna al feto que hace
que lo de "comer por dos" sea en este caso real, al
menos en los que se refiere al hierro y los alimentos que lo contienen.
Durante la primera infancia, en que el niño triplica su
peso en el primer año y lleva una alimentación casi
completamente láctea, se presentan anemias por falta de
hierro en casi una cuarta parte de los casos, especialmente al
final de la etapa en que la alimentación a base de leche
y cereales no está suficientemente compensada por el aporte
de carne y verduras.
La adolescencia, sobre todo en la época del "estirón",
es otro memento conflictivo, especialmente si el joven es consumidor
de chuches y comida basura.
En cambio, las anemias de la menopausia en general suelen presentarse
en relación con dietas para intentar compensar el aumento
de peso que acompaña a esa etapa de la vida. En la tercera
edad son muy frecuentes las anemias que suelen generalmente deberse
a problemas digestivos, insuficiencias renales o alteraciones
de la médula ósea así como una alimentación
en general pobre en proteínas de origen animal y verduras.
También se han descrito anemias de este tipo en vegetarianos
puros, cuya ingesta de hierro y vitamina B12 es a veces prácticamente
inexistente.
Cabe añadir respecto a las anemias carenciales que hay
una serie de grupos de edad que, por el aumento de sus necesidades
de hierro y proteínas, son más vulnerables: las
madres gestantes y los niños en edad preescolar. El resto
de grupos de edad de riesgo lo es más por sus malos hábitos
nutricionales y por factores que poco tienen que ver con la alimentación
aunque estén relacionados con ésta, como sucede
en los ancianos.
Los
Alimentos Adecuados
La alimentación equilibrada es siempre adecuada pero en
la prevención y tratamiento de las anemias por falta de
hierro o vitamina B12 es fundamental. Y una alimentación
equilibrada debe llevar proteínas -también son necesarias
las de origen animal y en estos casos más- vitaminas y
minerales.
Los alimentos ricos en hierro, aparte de las carnes rojas y especialmente
el hígado -con su sabroso derivado, el foi-gras- son los
pescados azules (especialmente la humilde sardina cuyo único
"problema" es que es barata) y algunos mariscos como
el berberecho y el mejillón (también son baratos).
Las legumbres y la famosa espinaca de Popeye aportan hierro pero
en mucha menor cantidad por lo que van bien para equilibrar una
dieta normal y reforzar las proteínas de origen animal
cuando hay que afrontar el problema de una anemia.
En el reino vegetal también son buenos proveedores de hierro
el tofu de soja y el chocolate.
Uno de los grandes desconocidos de la alimentación -tal
vez porque apenas se comercializa- es la ortiga. A pesar de mala
fama que goza por sus pelos urticantes es una verdura de exquisito
sabor -cocida o en tortilla-, muy rica en hierro, vitaminas y
oligoelementos. Y una vez cocida no produce reacciones.
Prevenir
las Anemias
Independientemente de otras causas de anemia, las carenciales
son muy fáciles de prevenir ya que son pequeñas
las cantidades diarias de hierro y vitaminas que se precisan para
tener una buena calidad de sangre y nuestro organismo tiene depósitos
de reserva que habitualmente son suficientes para compensar las
pequeñas pérdidas de todos los días.
Por otro lado, el conocimiento actual del problema ha puesto en
marcha a las organizaciones comerciales y ya las harinas destinadas
a la alimentación en la primera infancia vienen reforzadas
con hierro y vitaminas así como gran parte de los productos
de consumo en edad preescolar.
En las otras edades de riesgo (embarazo, lactancia, adolescencia
y tercera edad), sin embargo, la cosa no está tan organizada
y depende mucho más de la propia persona. A esas edades
una alimentación equilibrada con carnes, verduras, suplementos
-como las algas marinas, ricas en vitamina B12 y ácido
fólico-, la levadura de cerveza y el mencionado tofu de
soja pueden ayudar a prevenir y a corregir, si ha aparecido, una
anemia carencial.
Un
Poco de Naturismo
Es útil saber también que el aporte de vitamina
B12 y ácido fólico puede conseguirse igualmente
tomando una infusión de angélica después
de cada comida. También son adecuadas las infusiones de
romero, ortiga y berro.
Maurice Mességué, el famoso naturista francés,
aconseja por su parte zumo fresco de espinacas al que se puede
mezclar el de zanahoria, ortiga y rábano blanco.
En cuanto a los frutos cítricos, ricos en vitamina C, ayudan
a la absorción del hierro en los tramos altos del aparato
digestivo.
Conviene recordar, por último, que no se deben tomar alimentos
ricos en hierro junto a los que tengan mucho calcio ya que éste
dificulta la absorción del hierro.
Y, sobre todo, entienda que el mejor seguro para una vida saludable
es hacer una alimentación equilibrada y variada.
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