Los
niños pasarán más tiempo fuera del hogar,
y la provisión y supervisión de los alimentos
que reciben en esas horas se hará más difícil.
Por otra parte, los requerimientos nutricionales del niño
variarán de la mano del incremento de las actividades
no sólo físicas, sino también intelectuales
que propone la nueva etapa escolar.
Muchos
problemas de aprendizaje o aparentes dificultades propias de
los síndromes de falta de atención pueden provenir,
en realidad, de dietas inadecuadas. A la vez, muchos de los
desórdenes alimentarios como la bulimia y la anorexia
tienen su origen en esta etapa de la vida.
Niños
mal alimentados estarán en peores condiciones para afrontar
no sólo la actividad escolar, sino otras muchas que los
padres intentan agregar para su mejor formación física
e intelectual. Entre ellas se cuentan los variados deportes,
actividades artísticas como música, danza, plástica,
etc., estudio de idiomas, informática, etc. Todas ellas
dependen para su éxito de un buen aporte alimenticio.
Para
asegurarse de que el niño esté bien alimentado
no es necesario ser un experto nutricionista. Sólo se
requiere poner a su disposición una dieta variada y generar
en él buenos hábitos alimenticios. Para ello,
el hacer de la alimentación una costumbre familiar gratificante
es la mejor receta.
Sin
embargo, la consulta periódica con el pediatra es necesaria,
previene posibles problemas en ésta y otras áreas,
y trae tranquilidad a los padres.
El
Desayuno
Una buena alimentación comienza con la primera comida
del día. La importancia del desayuno radica en que es
la primera ingesta luego de que el organismo ha estado varias
horas sin alimento. La noche es, por lo general, el periodo
de ayuno más largo del día, sobre todo para los
niños, ya que estos duermen más horas que los
adultos. Por ello, la importancia del desayuno no debe verse
empañada por apuros ni por excusas.
Lo
ideal es hacer de la hora del desayuno un momento compartido
de intimidad familiar, en especial para aquellas familias que
no pueden reunirse en el almuerzo. El compartir el desayuno
no sólo garantiza que el niño hará una
buena ingesta, que lo prepara para una jornada de intensa actividad,
sino que crea en él un hábito que lo acompañará
toda la vida.
En
el caso del niño que va al colegio de mañana,
hay que asegurarse de que se levante con el tiempo suficiente
para desayunar. El tiempo que pasará hasta la siguiente
comida importante, el almuerzo, será de varias horas.
Esas horas serán muy intensas, a pesar de que pasará
la mayor parte del tiempo sentado. La actividad física
no es la única que require energías. La actividad
mental también necesita un buen aporte.
Para
los niños que asisten a la escuela por la tarde, el problema
es generalmente otro. Se levantan demasiado tarde, y la mañana
no alcanza para distribuir dos comidas importantes: desayuno
y almuerzo. Por lo tanto, muchos padres tienden a eliminar uno
de los dos, transformándolo en una colación liviana.
Lo
ideal es, en realidad, regular mejor el ritmo del sueño
y dar lugar a ambas comidas.
Comida
sana vs. chatarra
Otro
de los problemas con los que deberán enfrentarse los
padres es el de los llamados "alimentos chatarra".
Los niños tienen una especial predilección por
ellos, ya que están sustentados por una enorme carga
publicitaria, y están presentados de una manera que llaman
su atención. Si usáramos las mismas técnicas
para imponer los alimentos adecuados, la historia tendría
un final diferente.
Entre
los alimentos que denominamos chatarra se encuentran las golosinas,
las gaseosas y la comida rápida, rica en hidratos de
carbono y grasas. Esto no quiere decir que estos elementos deban
estar vedados para los niños, lo cual causaría
el efecto contrario de cualquier prohibición. Lo que
se sugiere es que puedan ser tomados en ocasiones especiales
y no en forma diaria.
Para
muchos padres es más fácil dar a sus hijos dinero
para que compren su merienda en la escuela, que preocuparse
de prepararla y guardarla diariamente en sus mochilas.
Lo
ideal es que el niño coma una variedad y cantidad de
alimentos para crecer saludable y responder a las responsabilidades
que le impone la edad escolar. Para ello necesita una adecuada
proporción de proteínas, hidratos de carbono,
lípidos, hierro, calcio, vitaminas, etc. Estos elementos
se encuentran en la variedad de alimentos que nos ofrece la
naturaleza: leche y sus derivados, carnes rojas, pollo y pescado,
verduras frescas y cocidas, frutas, cereales, legumbres, etc.
Por
último, será necesario combinar los gustos propios
de cada niño con la habilidad de quien prepara los alimentos,
de manera que él pueda recibir con placer aún
aquellos alimentos que no son de su preferencia.