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| Según
el experto en nutrición, Jesús Llona Larrauri,
no existe una alimentación tipo para aquellos
que están o han superado la cuarentena. |
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Se
suele aconsejar una buena adaptación a los gustos y preferencias
de cada individuo, respetando siempre las prioridades y el equilibrio
nutricional. Lo más recomendable es evitar los excesos,
sin guardar restricciones inútiles.
VERDADERO. Es normal comer menos cuando uno se hace mayor
La pérdida de apetencia es muy corriente en las personas
mayores, sobre todo después de los 75-80 años. A
esta edad, la actividad se reduce y las necesidades calóricas
disminuyen (pasan de 2.000 ó 2.200 a 1.600 ó 1.800
calorías por día). Si se mantiene un peso constante,
eso significa que, probablemente, se esté realizando un
aporte energético correcto. No obstante, algunos elementos
de seguridad –proteínas, minerales, vitaminas- son
indispensables.
VERDADERO.
Es positivo comer pescado y utilizar aceite de oliva
El pescado, con las espinas bien retiradas, es un buen alimento,
rico en grasas beneficiosas, proteínas, vitaminas liposolubles
y algunos minerales. Por tanto, no debe faltar en la dieta, alternando
con la carne y los huevos. El aceite de oliva, mejor crudo, regulariza
el intestino, aporta vitaminas y minerales y, sobre todo, ácidos
grasos adecuados para mantener el ritmo del corazón.
VERDADERO.
Las ensaladas, el pan y las pastas son indispensables
Las ensaladas, sin casi añadidos, componen una cena muy
saludable, ya que proporcionan una buena cantidad de vitaminas
y minerales. El pan forma parte también de la pura dieta
mediterránea; conviene consumirlo entero, porque así
ayuda a mover el intestino. Las pastas se mastican bien, gustan
generalmente y aportan azúcares de absorción lenta,
buenos para la actividad diaria.
VERDADERO.El
estreñimiento aumenta con la edad
La marcha del intestino tiene tendencia a hacerse más lenta
con la edad, y la disminución de la actividad física
puede favorecer el estreñimiento. Hay que beber suficientemente
–mejor entre comidas- agua, infusiones y zumos de frutas
para intentar corregirlo. También es beneficioso aumentar
el consumo de verduras y frutas frescas, compota, ciruelas y su
jugo, peras y espinacas.
VERDADERO.
No debe faltar la fruta.
El zumo por la mañana, si es posible recién hecho,
y las piezas de fruta resultan básicos: proporcionan vitaminas
y minerales muy necesarios a estas edades. Además, estos
elementos interesan sobremanera a los investigadores, que hacen
hincapié en las vitaminas antioxidantes C, E y betacarotenos,
y el selenio, presentes sobre todo en frutas, cereales y pescado.
VERDADERO.
No hay que olvidar legumbres y patatas
Las alubias, garbanzos y lentejas no deben faltar en la dieta,
al menos un día a la semana. Es aconsejable degustarlos
en ensalada, es decir, con zanahoria, tomate, cebolla y ajo, eliminado
los sacramentos –tocino, chorizo, morcilla y guiarra-, que
resultan pesados y están cargados de grasas perjudiciales.
Las patatas son muy saludables cocidas y asadas, pero hay que
cuidarse de las fritas, porque con la grasa se cargan de calorías.
VERDADERO
Y FALSO. Es preferible comer sin sal
Salvo en casos de prescripción médica, es inútil
-y por eso está desaconsejado- comer sin sal. En cualquier
edad de la vida es mejor utilizar este elemento, siempre con moderación;
si se prescinde de él, podrían aparecer desórdenes
en el equilibrio hidromineral y, al final, desnutrición
por inapetencia.
FALSO. Se
puede prescindir de la carne
A veces, las personas mayores pierden el gusto por la carne, sobre
todo porque resulta difícil de masticar. Este alimento
aporta proteínas de gran calidad, necesarias para reponer
células, y el hierro indispensable para el vigor. Por ello,
hay que procurar comer carne al menos dos o tres veces por semana
–unos 100 gramos- bien sea frita, cocinada en los guisos
o picada.
FALSO. Es
suficiente cenar una taza de café con leche y galletas.
Es un menú muy monótono, aunque para algunos puede
resultar cómodo y gustoso. Conviene hacer una cena variada
a base de sopa, verduras, pan y algún derivado lácteo
como el yogur desnatado, queso con poca grasa o un vaso de leche
semidescremada. Las verduras aportan minerales y fibras: en particular,
potasio, necesario para el buen funcionamiento del corazón.
Los productos lácteos, por su parte constituyen una fuente
excelente de calcio, indispensable para el mantenimiento de los
huesos.
La
Moderacion
Los hábitos
alimentarios de las personas de cierta edad suelen ser inadecuados
porque se adquirieron en épocas de la vida en que las demandas
de energía eran muy superiores a las que tienen en la actualidad.
Además, el metabolismo se torna más lento con los
años, lo que también contribuye a que la carga energética
normal en otras épocas sea excesiva en edades avanzadas.
Por tanto, convendrá que coman con moderación, lo
que también les ayudará a evitar la obesidad o a
reducirla si la tienen.
Dado que las
necesidades de proteínas, vitaminas y minerales siguen
siendo las mismas, lo que deben reducir es la ingestión
de hidratos de carbono y, en particular, la de grasas, dulces
y toda clase de frituras. El menor consumo de estos últimos
alimentos no sólo les brindará la posibilidad de
mantenerse libres de un tejido adiposo excesivo, sino también
la de evitar la ulterior degradación de las arterias.
Temperaturas
Extremas
Las temperaturas
extremas suelen suponer un riesgo para las personas que ya han
superado cierta edad. Puesto que han perdido parte de la sensibilidad
a los cambios de clima, cuando los días de verano son especialmente
calurosos es necesario asegurarse de que permanezcan en casa,
al fresco. En esa época deben consumir una buena cantidad
de líquidos para evitar una posible deshidratación,
factor que en las personas de edad avanzada puede tener graves
repercusiones.
También
deben cuidarse de forma especial cuando hace mucho frío.
La dieta deber ser entonces más calórica que en
otras épocas del año y debe procurarse que tengan
el cuerpo abrigado y que permanezcan en los lugares más
caldeados de la casa. Un simple resfriado, que en una persona
joven no pasará de causar molestias durante unos días,
en un anciano puede ser el detonante de una enfermedad pulmonar
irreversible.
A
toda forma
Hacerse mayor,
envejecer, es algo natural, progresivo e irreversible. Sin embargo,
se trata de un proceso que puede ralentizarse con ayuda de la
ciencia y unos hábitos de vida saludables, que permitirán
en un futuro no muy lejano alcanzar una esperanza de vida de 120
años. Actualmente, más de seis millones de españoles
tiene más de 65 años y, según un estudio
hecho público por la ONU, esta cifra seguiría creciendo
hasta alcanzar el 38% de la población dentro de 50 años.
Envejecer
implica necesariamente cambiar, pero no enfermar. Según
explica José Manuel Ribera, presidente de la Sociedad de
Geriatría, “la mala salud en la vejez es una problema
más de falta de prevención que de edad”. Para
hacer algo frente a este problema lo mejor es aprender a vivir
saludablemente lo antes posible, máximo si tenemos en cuenta
que el ser humano comienza a envejecer a los 30 años. A
partir de esa edad las probabilidades de muerte se duplican cada
ocho años.
Estar
en forma
El envejecimiento afecta de forma diferente a todas las personas
y a las diferentes partes del organismo. Los factores que influyen
a la hora de envejecer en cada persona son la herencia —el
condicionante fundamental puesto que la longevidad se hereda en
un 90%—, y los factores ambientales, como la alimentación
o el ejercicio físico.
Una dieta
completa y equilibrada, y la práctica de algún tipo
de ejercicio físico pueden prolongar la vida e, incluso,
recuperar funciones mermadas como el tono muscular y la capacidad
cardio-respiratoria.
En esta etapa de la vida hay que seguir comiendo de todo pero
con moderación, porque el desgaste es menor y las necesidades
calóricas también los son.
Para ello
se reducirá la ingestión de grasas, pero manteniendo
el aporte de proteínas e hidratos de carbono. El tabaco
y el alcohol tampoco son buenos compañeros de viaje para
envejecer en plena forma. Es aconsejable beber un par de vasos
de vino al día durante las comidas, más cantidad
sería peligroso. Tampoco hay que abusar de los medicamentos.
Un 5% de los ingresos hospitalarios de ancianos se deben a reacciones
adversas al exceso de medicamentos.
Salud
mental
Además del cuerpo también hay que cuidar la mente.
Irremediablemente el cuerpo se deteriora, pero el espíritu
de una persona optimista puede durar hasta la muerte. La mente
es la suma de la personalidad, las experiencias, el nivel educativo,
el afecto, las relaciones con los otros y las capacidades cognitivas
como la memoria. Una persona puede tener múltiples enfermedades
y sentirse sana.
A partir de
cierta edad las enfermedades suelen convertirse en crónicas.
Por eso, lo mejor es aprender a vivir con ellas. Para ello es
útil tener una mentalidad activa y disfrutar de cada día;
realizar actividades placenteras para nuestros gustos y preferencias;
desarrollar y poner en práctica las aficiones; y mantener
contactos sociales y evitar el aislamiento, que lleva a la soledad
y a la depresión. También es muy importante estimular
las capacidades cognitivas. A partir de los 60 años es
normal que disminuya la memoria reciente: se olvidan los números
de teléfono, dónde se dejaron las llaves, el nombre
de alguna personas.
Pero no hay
que preocuparse si se sufren estos fallos de memoria, ya que no
tienen relación con la enfermedad de Alzheimer. Lo que
no es normal es perder otras capacidades cognitivas como la orientación,
no reconocer a familiares cercanos, no saber cómo vestirse,
olvidar cosas importantes de la vida de uno mismo, como el nombre
de un hijo o no comprender una frase larga o no poder seguir una
conversación. Si cualquier de estos síntomas permanecen
más de seis meses habrá que consultar con un médico.
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