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Los nitratos llegan al organismo humano sobre todo
por dos vías: los alimentos (en particular
los vegetales) y el agua de bebida.
Se ha establecido una ingesta diaria admisible, IDA,
no superior a 3,7 mg de nitrato por kilo de peso.
Esto supondría unos 259 mg para un adulto de
70 kilos de peso. Obviamente, la cantidad sería
mucho menor en una persona más ligera y, sobre
todo, en un niño. Se ha calculado que en una
dieta normal se ingieren entre 50 y 150 mg al día
(sin contar el agua), cantidad que puede superarse
si la dieta es rica en verdura o se ingieren alimentos
excesivamente ricos en nitratos.
Verde
que te quiero verde... pero sin nitratos
Para
tener datos reales, la OCU (en unión de otras
organizaciones de consumidores integradas en el grupo
Conseur) ha realizado algunos de los alimentos susceptibles
de contener esta sustancia: espinacas, lechugas, acelgas
y repollos en España, Bélgica, Italia
y Portugal. El contenido máximo de nitratos
de las dos primeras verduras está legalmente
regulado, pero no sucede así con las acelgas
o repollos.
En
su valoración los técnicos de OCU-Salud
consideraron como muy bueno al vegetal que presentaba
una cantidad de nitratos inferior a 500 mg por kilo
(lo que sería la ingesta diaria admisible para
un niño de 15 kilos); aceptable el producto
que tiene menos de 2.500 mg/kg (la cantidad que sería
la ingesta diaria admisible para un adulto de 70 kg);
malo si superaba esa cantidad, sin alcanzar el límite
legal (que es variable en cada verdura e incluso es
distinto según el tipo de cultivo y preparación);
y muy malo, si el contenido en mg de nitratos por
kilo era superior a ese límite legal.
Los
nitratos y nitritos (E249 y E252) son aditivos permitidos
en la elaboración de productos cárnicos,
ya que inhiben el crecimiento de una bacteria muy
peligrosa, Clostridium botulinum. Sin embargo, su
uso es limitado, ya que los nitritos en altas concentraciones
son sustancias tóxicas, y si bien los nitratos
no son nocivos, pueden convertirse en nitritos.
Estos
compuestos no se utilizan ni se permiten en hortalizas;
pero se encuentran en abonos nitrogenados, muy utilizados
en espinaca, un vegetal muy exigente en cuanto a su
producción. Es por ello, que cuando las prácticas
agrícolas no son apropiadas, pueden quedar
residuos de nitratos. Este compuesto puede convertirse
en nitrito con el pasar del tiempo (sobre todo en
verduras embaladas) y en nuestro organismo. Pero la
situación es aún más grave en
niños, ya que a diferencia de los adultos,
ellos no poseen la enzima capaz de evitar el paso
de nitratos a nitritos, y por lo tanto existe un mayor
riesgo de metahemoglobinemia, seguida de asfixia.
Si
bien es cierto que debe haber un mayor control de
los residuos de fertilizantes y pesticidas en alimentos,
así como también de las prácticas
agrícolas en general, esto no debe alarmarnos
tanto como para eliminar los vegetales de nuestra
dieta. En efecto, varios estudios epidemiológicos
demostraron que pese a lo explicado anteriormente,
los consumidores de frutas y hortalizas son los menos
atacados por cáncer de estómago. Esto
se debe en gran medida a sustancias como las vitaminas
C y E, los carotenoides y flaxonoides, presentes en
dichos alimentos y capaces de contrarrestar los efectos
adversos de los nitratos. Por otro lado, ciertos cuidados
en el manejo de los vegetales, minimizan el contenido
de nitratos:
Consumir las verduras lo más frescas posible.
De esta forma, se evita que los posibles nitratos
presentes en las mismas, se transformen a nitritos
antes de ser consumidos.
Eliminar las hojas y nervaduras, que son partes que
tienen la mayor concentración de nitratos.
Se ha comprobado que realizando esta práctica,
en lechugas se elimina alrededor del 30% de este compuesto.
Lavar y cocinar en agua. Se ha observado en la escarola
una reducción del 75% de nitratos.
Limitar el consumo de hortalizas ricas en nitratos
en invierno, ya que dichos compuestos se concentran
en esta época. Reemplazarlos por zanahorias,
todas las variedades de repollo y radicheta.
Con
estos cuidados y teniendo una dieta variada, la posible
presencia de residuos de nitratos en hortalizas no
debe ser de gran preocupación para los consumidores.
Sin embargo, sí creemos sumamente importante
que las autoridades realicen los controles respectivos
de las prácticas agrícolas y de los
niveles de residuos de plaguicidas establecidos por
la Ley 18.073 Dec. N° 2678/69, así como
la revisión de dichos niveles, tal como lo
establece el Código Alimentario Argentino –
C.A.A. (art. 1406).
Y el agua, ¿qué tal?
La
revista de la OCU ha analizado también otra
de las fuente principales de acceso a los nitratos.
El agua que se bebe. Sus técnicos recogieron
agua en 64 puntos (embalses y aguas de distribución)
en el periodo invernal (en teoría es una época
de valores bajos, ya que no se usan fertilizantes
y las abundantes precipitaciones diluyen los depósitos
de nitrato).
La
OCU consideró aceptable el nivel guía
que establece la legislación (25 mg/l).
Para
las aguas del grifo: se escogieron ciudades de distinto
tamaño, de todas las comunidades autónomas.
Especial atención merecieron ciudades de la
cuenca mediterránea o de Castilla-La Mancha,
que tradicionalmente son zonas problemáticas.
Las muestras analizadas provenían tanto de
aguas subterráneas, como superficiales. Los
resultados fueron tranquilizadores: todas las muestras
estaban dentro de la legalidad, aunque hay puntos
aislados (alguno en la cuenca mediterránea
y otros del interior de la península), con
elevados valores de nitratos: Alcázar de San
Juan, Briviesca, Cariñena, Valladolid (Bº
Huertas). Sólo el agua de Cullera superaba
ese límite.
Además,
se analizaron otras 15 muestras de diversos cauces
y recursos hídricos: ecosistemas de alto valor
ecológico (Doñana, las Tablas de Daimiel,
Lago de Sanabria, la Albufera...) o bien otras zonas
susceptibles de presentar alto contenido en nitratos,
como las desembocaduras y las zonas finales de los
cauces de los principales ríos. En ningún
punto se supera el máximo legal, pero sí
hay zonas con niveles elevados. Son inaceptables los
de las Lagunas de Ruidera y la desembocadura del río
Segura, pero otras zonas (Badajoz, Sanabria...) muestran
que los cauces o ecosistemas acuáticos españoles
están acumulando este contaminante, por lo
que es urgente intervenir para disminuir su presencia.
¿Qué
se está haciendo...?
La
OCU ha solicitado información a los Ministerios
de Sanidad y Consumo y de Medio Ambiente para conocer
cuáles eran los datos históricos oficiales
sobre el nivel de nitratos y así saber si se
trataba de un problema ya constatado, o si era un
hecho puntual. Lamentablemente, no ha obtenido respuesta,
por lo que ignora incluso si se están evaluando
de forma continua esos niveles (aunque sí están
obligados por ley y realizan informes que periódicamente
estudia la Unión Europea). No es pues, la transparencia
una virtud que adorne a nuestros responsables políticos.
En
la Unión Europea sí se han adoptado
diversas medidas legales. Algunas de ellas están
destinadas a garantizar la seguridad alimentaria.
Éste es el caso del Reglamento 466/2001, que
acota los contenidos máximos de nitratos en
lechugas y espinacas. No obstante, esta normativa
es insuficiente no incluye todos los productos de
riesgo, fija límites variables según
la época del año o el tipo de producción,
establece los límites sólo para adultos
y es excesivamente generoso en el caso del agua. Las
directivas comunitarias se centran en la protección
de las aguas, en el tratamiento terciario de aguas
residuales o en la implantación de códigos
de buenas prácticas agrarias en las zonas que
hayan sido designados por cada país como "vulnerables".Sin
embargo, a juicio de la OCU, esto no es suficiente:
debe actuarse a nivel general, porque las zonas "sanas"
acabarán teniendo problemas si no se aplican
medidas de prevención.
De
ahí la importancia de la realización
de periódicos informes sobre el control y vigilancia
de las aguas y alimentos, para poder evaluar si los
planes de prevención que se hayan emprendido
son efectivos.
Tarea
de todos
Aunque
es difícil, la OCU insiste en la necesidad
de minimizar la contaminación por nitratos
y sus efectos es posible, tarea que según OCU-Salud
, requiere el concurso de todos.
-
Los agricultores deben llevar a cabo una aplicación
más eficiente de los fertilizantes: hoy por
hoy, la mitad de lo que se usa se pierde y acaba
en las aguas.
-
Los ganaderos también tienen que implicarse
en una mejor gestión de los purines.
-
Las autoridades medioambientales , por su parte
deben esforzarse en poner en práctica políticas
eficaces de control de vertidos y depuración
de aguas residuales urbanas (con un nivel de eliminación
eficiente de residuos), así como de gestión
de los excesos de purines, a través de plantas
de descontaminación (y no sólo en
zonas vulnerables). También sería
positivo destinar recursos a rehabilitar los humedales,
ya que estas zonas actúan como auténticos
filtros capaces de absorber de forma natural el
exceso de nitrógeno. Por último, aunque
no menos importante, debe hacerse un esfuerzo para
limitar las emisiones de nitrógeno a la atmósfera.
-
Los consumidores , en su casa, pueden adoptar algunos
hábitos para minimizar el riesgo que suponen
los nitratos.
-
o Por ejemplo, limitar el consumo de alimentos ricos
en nitratos, sobre todo en invierno, o al menos,
consumirlos combinados con otros de bajo contenido
en nitratos. Es buena idea priorizar el consumo
de los productos cultivados al aire libre y no en
invernadero.
-
o La cocción reduce mucho el contenido en
nitratos (claro que también se pierden nutrientes
favorables...), así que pueden optar por
ella antes que por tomar el vegetal crudo.
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o Tampoco conviene abusar de la charcutería,
que recurre a los nitratos como aditivos: el "efecto
suma" puede hacer que se dispare la cantidad
ingerida.
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