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La
selección de los primeros alimentos complementarios
está basada en la capacidad de ser aceptados
y digeridos por el bebé de forma adecuada, además
de constituir fuentes de nutrientes necesarios para
su crecimiento y desarrollo y que no son capaces de
adquirirse a través de
la leche materna a partir de los seis meses de vida.
Introducción
Paulativa
Para
la introducción paulatina
de los alimentos sólidos que complementan la
ingestión de leche materna deben considerarse
las diferencias de cada bebé, teniendo en cuenta
algunas características como peso, desarrollo,
actividad y apetito, y que constituyen la guía
para iniciar el proceso de adaptación con alimentos
diferentes a la leche dentro de su dieta. En esta primera
etapa de la alimentación es conveniente ofrecer
al bebé alimentos de textura suave en forma de
papillas que ayuden a su fácil digestión,
elaborados a partir de un solo ingrediente y en cantidades
muy pequeñas. Una vez que el niño haya
aceptado una clase de alimento, es recomendable esperar
de tres a cinco días para añadir uno nuevo,
así como el incremento en la cantidad en forma
lenta y progresiva, de acuerdo con el apetito y la respuesta
del pequeño.
El
esquema de ablactación de Cuba en la actualidad
tiene en cuenta aspectos y experiencias teórico-prácticas
anteriores, dentro de las cuales se incluyen los tiempos
más oportunos de introducción de cada
grupo o alimento en particular y los resultados, cuyo
objetivo es garantizar un proceso de ablactación
adecuado y con ello un desarrollo óptimo del
bebé.
La
leche humana es considerada el alimento de elección
durante los seis primeros meses de vida por su impacto
beneficioso en la salud del niño, en su desarrollo,
en la inmunidad y en aspectos psicológicos, sociales,
económicos y medioambientales. Ella se adapta
perfectamente a las características metabólicas,
digestivas e inmunológicas del lactante, y a
los cambios que se dan en él durante esta etapa.
Seis
meses
Generalmente
en el mundo la introducción de alimentos se inicia
con las frutas, ya que aportan energía por ser
fuentes de carbohidratos, vitaminas como la A y la C
necesarias para satisfacer los requerimientos del bebé
a esta edad, minerales, antioxidantes y fibras que garantizan
la adecuada digestión y asimilación. Las
frutas generalmente son dulces, lo que favorece que
sean aceptadas por el niño.
La
incorporación de alimentos con fibra dietética
está dada por su capacidad de atraer agua, intercambiar
iones y absorber la bilis. Ella le confiere saciedad
a la dieta, pues demora el vaciamiento gástrico,
evita la constipación por el aumento del volumen
del bolo fecal y mejora el metabolismo de los carbohidratos
a través de su acción sobre la digestión
de los almidones y la absorción de la glucosa.
Estos aspectos favorecen una adecuada digestibilidad
y asimilación de nutrientes. En Cuba se recomienda
comenzar con frutas como guayaba, piña, frutabomba,
mamey, plátano, tamarindo, melón y mango.
Los
purés de frutas y vegetales tienen la particularidad
no solo de aportar los nutrientes propios y necesarios
en esta etapa de la vida del bebé, sino que pueden
ser fortificados con otros como el hierro, fundamental
a los seis meses por agotarse las reservas del niño
y no ser suficientes las de la leche materna. Ello está
dado por las necesidades de crecimiento mental y físico
del bebé que pueden garantizar un óptimo
desarrollo.
Los
vegetales aportan vitaminas y minerales necesarios para
complementar los requerimientos del niño, de
ahí que se sugiera su introducción con
vegetales amarillos, rojos y verdes, ricos en intermediarios
naturales del metabolismo de las vitaminas y en particular
de la A, como es el caso de los carotenos. En Cuba se
recomienda iniciar el suministro de vegetales con tomate
y zanahoria, no solo por su contenido en nutrientes,
también por su fácil digestibilidad, baja
toxicidad y aceptación por el bebé.
Las
viandas constituyen una excelente fuente energética;
son de fácil digestibilidad y ofrecen además
la textura necesaria para la preparación de las
papillas recomendadas en esta etapa que facilitan la
adaptación del niño para la incorporación
posterior de alimentos sólidos. Para ello se
recomienda la incorporación de
papa,
plátano, malanga, boniato, yuca y calabaza, rica
en betacaroteno, compuesto involucrado en el metabolismo
de la vitamina A.
Siete
meses
Se
introducen los cereales sin trigo, fundamentalmente
arroz, avena y maíz. Los cereales contienen almidón,
tolerado y digerido perfectamente por el niño
desde los cuatro meses gracias a la acción de
la amilasa pancreática y las disacaridasas intestinales.
Los cereales aportan proteínas, minerales, vitaminas
del complejo B, particularmente tiamina y ácidos
grasos esenciales. Tienen alto valor energético
y pueden ser utilizados como soporte para alimentos
fortificados. Se recomienda retrasar la introducción
de cereales con trigo en esta etapa por su composición.
El trigo contiene una proteína (gluten) que puede
originar problemas inmunológicos de intolerancia
a nivel intestinal (intolerancia al gluten) con afectaciones
en la absorción de muchos nutrientes y con posibilidades
de provocar retardo en el crecimiento, bajo peso, constipación
o diarrea.
Junto
con los cereales se introducen las leguminosas. En Cuba
se recomienda comenzar con frijoles negros, colorados,
bayos y chícharos. Las leguminosas -generalmente
deficientes en metionina y ricos en lisina- constituyen
fuente de proteína vegetal adecuada, que al combinarse
con el arroz -cereal que generalmente tiene deficiencia
en lisina- logra complementar los aminoácidos
deficitarios en cada uno de ellos, y garantizar así
un suministro proteico de calidad superior, además
de constituir otra fuente de energía en la dieta
del bebé.
Con
los cereales y las leguminosas se incorporan las grasas,
elemento fundamental en la nutrición humana por
su aporte energético, y ser ellas o sus intermediarios
transportadores de vitaminas liposolubles como la A,
la D, la E y la K, y estar relacionadas directamente
con la formación de estructuras fundamentales
como las membranas celulares. El organismo necesita
de fuentes exógenas de aceites esenciales debido
a su incapacidad para sintetizarlas, por lo que necesariamente
tienen que ser incorporadas en la dieta. Estos aceites
se encuentran relacionados con procesos vitales para
el bebé como el desarrollo de su sistema nervioso
central.
Por
ello en el séptimo mes de vida se incorporan
aceites de origen vegetal, sanos y ricos en estos componentes.
Se recomienda el uso de aceite de maní, soya
y girasol.
Ocho meses
Se
inicia la incorporación de proteínas de
origen animal como las carnes. En este momento el bebé
ya es capaz de asimilar proteínas más
complejas que las de los vegetales. Las carnes aportan
-además de proteínas de calidad por contener
todos los aminoácidos esenciales y por su digestibilidad-
lípidos, minerales como hierro y zinc, y vitaminas,
entre ellas las del complejo B. Las carnes blancas como
la del pollo (sin piel) es la recomendada para comenzar
por su reconocida facilidad para digerirse. Se incorporan
de forma paulatina la carne de res, otras aves, conejo,
caballo, pescado y vísceras como el hígado.
Se
puede añadir en este mes a la dieta del niño
la yema del huevo, siempre cocida, rica en proteínas,
grasas, ácidos grasos esenciales, minerales como
hierro y vitaminas, especialmente del complejo B.
Se
incorporan además los cereales con gluten (trigo,
cebada) en forma de pan o galletas; pastas alimenticias
(coditos, espaguetis, fideos) y los jugos de frutas
cítricas, retrasados en el esquema de ablactación
por ser fuente de alergenos en etapas tempranas.
Nueve meses
En
este mes el niño ya mastica, por lo que pueden
administrarse frutas y vegetales en trocitos. Se incorpora
la carne de cerdo magra, más derivados de la
leche como helados, o dulces caseros como flan, natilla,
arroz con leche o pudín, pero sin la clara del
huevo, no asimilada aún por el sistema enzimático
del bebé y considerada además alergénica.
Estos derivados lácteos son ricos en proteínas,
fósforo y especialmente calcio, nutriente de
suma importancia en el crecimiento y desarrollo del
bebé por su estrecha relación con el metabolismo
del sistema óseo y su papel en la formación
de membranas celulares y contracción muscular.
Está reconocido que la leche y sus derivados
constituyen la principal fuente de calcio.
Diez meses
Se
adicionan otras leguminosas como judías y garbanzos,
menos digeribles que los incorporados en los primeros
meses de ablactación. En este tiempo puede añadirse
a la dieta grasas de origen animal, en particular la
mantequilla.
Once meses
Puede
ofrecérsele al bebé en este mes gelatinas
y queso crema, alimentos que por su contenido han necesitado
de una mayor madurez digestiva del bebé para
ser procesados adecuadamente.
Doce meses
Alcanzado
el año de edad, el niño puede ya complementar
su dieta con alimentos como chocolate, jamón,
huevo completo (se incorpora la clara, rica en proteína
como la ovoalbúmina, de elevada calidad), otros
quesos, alimentos fritos y carnes enlatadas.
Se
recomienda incorporar verduras del tipo col, coliflor
y nabo, no introducidas anteriormente por ser flatulentas,
y la espinaca y la remolacha por producir trastornos
con el metabolismo del hierro como la metahemoglobinemia.
La
metahemoglobinemia no es más que la incapacidad
que adquiere el hierro de la hemoglobina para transportar
el oxígeno necesario en la hematosis. Ello puede
tener un origen genético o adquirirse a través
del consumo de alimentos o aguas de pozo con cantidades
elevadas de nitratos o nitritos. Ha sido reconocida
la metahemoglobinemia del lactante como el resultado
de la ingestión de verduras que contienen nitratos
en elevada cantidad como las espinacas. Este riesgo
es mayor en edades tempranas porque el bebé en
los primeros meses de vida posee una menor acidez gástrica,
mayor desarrollo de la flora intestinal nitrificante
y menor actividad de la reductasa eritrocitaria. Por
estas razones, el asentamiento de bacterias en el tramo
superior del intestino delgado favorece la transformación
directa de nitratos ingeridos en nitritos. La hemoglobina
de los primeros meses de vida del bebé -reconocida
como hemoglobina fetal- se transforma fácilmente
en metahemoglobina y pierde su capacidad de almacenar
oxígeno.
Es
por ello que la espinaca se recomienda que sea incorporada
al año de edad del niño, cuando su sistema
digestivo ha alcanzado una madurez superior. Por estas
mismas razones se retrasa la remolacha en su esquema
de ablactación para el duodécimo mes.
El
desarrollo de la alimentación evoluciona desde
la succión del pulgar, la alimentación
con cucharilla hasta la ingestión de alimentos
sólidos, de ahí que debe ser gradual y
adecuada desde su nacimiento y durante los primeros
años de la vida a fin de garantizar un desarrollo
feliz. La atención a los requerimientos nutricionales
diarios es indispensable para alcanzar un pleno crecimiento
y desarrollo. Los primeros meses de vida permiten un
primer contacto para identificar sabores, conocer los
alimentos, sus texturas, se marcan gustos y preferencias
y se adquieren los hábitos de alimentación
que serán los responsables de garantizar o no
en el futuro una buena salud. |