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La
desecación, la fermentación, el empleo
de azúcar o de sal y el ahumado, por citar algunas,
son técnicas tradicionales de conservación
que hoy día todavía se utilizan.
Así,
la mermelada o las frutas secas se mantienen en buen
estado durante más tiempo que la fruta fresca,
al igual que ocurre con la leche condensada con respecto
a la leche fresca, con el bacalao u otros pescados en
salazón y con los encurtidos (aceitunas, pepinillos
en vinagre y sal, etc.) en comparación con los
mismos alimentos en estado fresco. Pero se ha avanzado
notablemente en materia de conservación, y hoy
empleamos el frío (refrigeración, congelación),
el calor (pasteurización, uperización¿)
y otros sistemas más modernos y seguros que las
técnicas antes mencionadas.
Los
aditivos alimentarios son otro de los grandes descubrimientos
que han posibilitado no sólo avanzar en la conservación,
sino conseguir mejoras en el proceso de elaboración
de los alimentos, modificar sus características
organolépticas (las que se aprecian mediante
los sentidos) y realizar mezclas (de grasa en agua,
etc.) para crear nuevos productos que de forma natural
no podrían obtenerse. Algunos aditivos son naturales
y otros de síntesis, elaborados en laboratorios.
Muchos
alimentos que consumimos hoy no podrían existir
sin el empleo de aditivos alimentarios: más de
dos terceras partes de los productos que consumimos
los contienen. Los aditivos alimentarios son un recurso
más de la tecnología alimentaria, y hay
que recurrir a ellos cuando su utilización es
estrictamente necesaria. Estas sustancias facilitan
la disponibilidad de productos alimentarios durante
cualquier época del año para un gran número
de consumidores y en muchas ocasiones a bajo coste.
Mala
prensa
Sin embargo, la mala fama precede a los aditivos alimentarios,
y relacionar salud con aditivos no parece posible si
no es de forma negativa, señalando los innumerables
peligros y efectos nocivos que puede acarrear su ingestión;
todo esto sin ningún fundamento científico.
Se admite que algunos aditivos pueden provocar (y provocan)
alergias, pero también lo hacen numerosos alimentos
sin aditivos, como huevos, pescado, leche. También
es cierto que algunos aditivos no deben ser ingeridos
por personas con ciertas alteraciones orgánicas
o con intolerancias de origen alimentario, como quienes
sufren celiaquía.
Pero
después de más de 70 años de utilización
y continua vigilancia, resulta arriesgado afirmar que
todos los aditivos actualmente autorizados son indeseables
y dañinos. En España se admiten los aditivos
aprobados por la Comunidad Europea, designados con números
que comienzan por la letra E (Europa). En total, están
autorizados 345 aditivos, de los cuales tan sólo
se emplea un pequeño porcentaje (125); el resto
se usa sólo en casos muy concretos. Actualmente
hay una normativa formulada en el Código Alimentario
Español (CAE) y reflejada en la legislación
dispuesta por el Ministerio de Sanidad y Consumo que
regula todo lo referente a los aditivos. La industria
alimentaria sólo puede usar aquellos que han
sido aprobados, tras haber pasado por largos, detallados
y exhaustivos estudios que verifiquen que a las dosis
autorizadas no pueden causar ningún efecto dañino
para la salud de las personas y que son realmente necesarios.
Colorantes
Se
añaden a los alimentos para mejorar su aspecto
y hacerlos más apetecibles, o para reemplazar
pérdidas de color que se producen durante el
proceso de elaboración de algunos alimentos.
Son los más controvertidos, puesto que no son
realmente necesarios.
Algunos
son naturales, como los colorantes vegetales propios
de ciertas frutas y verduras (E160, beta-caroteno, natural,
confiere a frutas y verduras tonos entre amarillos,
anaranjados y rojizos y se usa en mantequillas, margarinas
y otros alimentos). También hay otros de síntesis
o artificiales. Los más utilizados son los azocolorantes,
que se han relacionado con reacciones alérgicas,
sobre todo en niños, por consumo excesivo de
golosinas coloreadas (como el E102 o tartracina, que
utilizado para obtener el color amarillo de algunos
dulces).
Edulcorantes
Algunos
aditivos poseen un gran poder edulcorante (se emplean
en cantidades muy pequeñas) y otros endulzan
de forma similar al azúcar común (sacarosa).
Los de alto poder edulcorante resultan menos dañinos
para los dientes que la sacarosa. De poder edulcorante
similar a la glucosa es el E420 (sorbitol), que se obtiene
del maíz y está presente de forma natural
en algunas frutas.
Se
emplea en la elaboración de alimentos sin azúcar,
aptos para diabéticos. Algunos no aportan calorías
ni aumentan los niveles de azúcar en la sangre
(glucosa), por lo que se utilizan en productos bajos
en calorías o libres de azúcar, indicados
para personas con exceso de peso o que padeces diabetes.
Son de alto poder edulcorante los aditivos E951 o aspartame
(no apto para quienes deben controlar las fuentes alimentarias
de fenilalanina, componente de las proteínas
y presente en el aspartame) y E954 (sacarina). Se emplean
en bebidas light, algunos yogures bajos en calorías
y en forma de granulado, pastillas o líquido.
Potenciadores
de sabor
Potencian
el sabor y normalmente sólo se usan en productos
de sabores fuertes y concentrados. El más común
es el glutamato monosódico (E621), muy empleado
en la cocina oriental. Algunas personas presentan intolerancia
a este aditivo y desarrollan el "síndrome
del restaurante chino", que causa malas digestiones
e incluso dolor de cabeza. También se usa en
especias y en los cubitos de caldo.
Estabilizantes
y emulsionantes
Se
utilizan para elaborar mezclas de agua con grasa cuando
de forma natural resulta imposible, ya que los estabilizantes
permiten mantener la emulsión de estos dos elementos.
Muchas de estas sustancias son naturales.
Algunos
ejemplos: E322 (lecitina), que generalmente
procede de la soja o el huevo y se emplea para elaborar
alimentos con poca grasa y en el chocolate, y E471-472
(mono y diglicéridos de ácidos grasos),
que se obtienen a partir de grasas y se usan en la elaboración
de pasteles sencillos y margarinas.
Espesantes/gelificantes
De
origen natural, poseen una gran fuerza de atracción
con el agua, por lo que aumentan la viscosidad o espesan
los alimentos.
Naturales:
goma arábiga, goma tragacanto, goma garrofín,
goma guar, agar-agar, pectinas, almidones¿ Todos
ellos son de procedencia vegetal.
Acidulantes
Modifican
la acidez de los alimentos retrasando el desarrollo
de hongos y bacterias (ácido cítrico,
ácido succínico, etc.).
Conservadores
antimicrobianos (E200-299) y antioxidantes (E300-399)
Aumentan la vida útil de los alimentos. Gracias
a ellos, no necesitamos realizar la compra tan a menudo
y el precio de algunos alimentos es más barato,
ya que se pueden producir a mayor escala.
Antimicrobianos:
protegen contra el ataque de microorganismos nocivos,
que pueden alterar los alimentos (mohos, levaduras)
o causar una intoxicación alimentaria (bacterias).
E200-203 (ácido sórbico y sus sales, natural),
se emplea en bebidas, derivados cárnicos y lácteos,
repostería.
E220-228 (sulfitos), son inocuos, aunque se han dado
casos de hipersensibilidad en personas asmáticas
y con acidez gástrica. Utilizados principalmente
en bebidas alcohólicas, frutas secas (dátiles¿)
y en los zumos, preservan el contenido de vitamina C.
E230-232 (bifenilos), admitidos sólo en el tratamiento
de la superficie de cítricos y otras frutas,
por lo que no dan problemas (ya que no pasan al interior
de nuestro organismo).
E249-252 (nitritos y nitratos), su empleo se restringe
a alimentos que pueden ser contaminados por el clostridium
botulinum, causante del botulismo. Actúan como
sal curante en algunos quesos y dan el color rojo típico
a los derivados cárnicos curados. De todos modos,
su uso es muy restringido y limitado, ya que a altas
dosis poseen efectos tóxicos indirectos. Pero
los nitratos y nitritos también se encuentran
en el agua y vegetales (especialmente en zanahorias,
acelgas, espinacas y remolacha) de forma natural o por
el uso de fertilizantes, y también pueden dar
lugar a las peligrosas nitrosaminas. Para reducir el
riesgo, conviene quitar el caldo a las verduras mencionadas
una vez las hemos cocido, y guardarlas en un recipiente
de cierre hermético. Además, es mejor
consumirlas en el día.
E260-263 (ácido acético y sus sales, natural)
en conservas de pescado, panadería, conservas
vegetales, encurtidos.
Antioxidantes:
usados para evitar que los alimentos grasos
se pongan rancios, y para proteger de la oxidación
a las vitaminas liposolubles (A, D, E y K).
E300-304 (ácido ascórbico o vitamina C
y sus sales, natural), utilizado en bebidas de frutas
y otros alimentos.
E306-309 (tocoferoles; formas de vitamina E, natural)
empleados en grasas vegetales, panadería, repostería.
E330-333 (ácido cítrico y sus sales, natural)
en gran variedad de alimentos sin efectos nocivos¿
El ácido cítrico potencia la acción
antioxidante de la vitamina C.
E338-341 (fosfatos) se emplean en derivados cárnicos. |