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| Cuidar
la alimentación, practicar de forma regular deporte,
abandonar hábitos perjudiciales (tabaco, alcohol…)
y disponer de tiempo libre para uno mismo son algunos
de los propósitos que solemos plantearnos al
comienzo de cada nuevo año. |
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Y
todo, para mejorar nuestra calidad de vida, que depende fundamentalmente
del cuidado de nuestra salud.
Una
forma de lograrlo es hacer deporte. No sólo nos ayuda a
mantenernos en buena forma y a garantizar un buen tono muscular
y mantenimiento de los huesos, sino que además una excelente
forma de prevenir enfermedades. Y si al hábito deportivo
sumamos una alimentación sana y equilibrada, los resultados
son todavía más beneficiosos: en el peso, en la
tensión arterial y la circulación; en el colesterol,
grasas y niveles de azúcar en sangre; o en el riesgo de
las enfermedades de la civilización (obesidad, males cardiovasculares,
diabetes...). Así mismo, la combinación de deporte
y una dieta saludable nos ayuda a lograr esa sensación
de bienestar y a eliminar la tensión y el estrés.
Para
ello, son especialmente recomendables los deportes que, en una
práctica regular, permiten aumentar progresivamente la
intensidad y ejercitar grandes grupos de músculos durante
al menos una hora: caminar, correr, esquiar (de fondo), hacer
gimnasia de mantenimiento o aeróbic, andar en bicicleta...
El hecho de que en el ejercicio de este tipo de disciplinas deportivas
se quemen reservas de grasa a modo de combustible energético
explica lo ventajoso que su práctica habitual resulta para
la salud.
Los
alimentos como reserva de energía
El organismo obtiene de la alimentación y de las propias
reservas corporales la energía que necesita para desarrollar
sus funciones vitales (bombeo del corazón, respiración...)
y los movimientos musculares. Los alimentos aportan sustancias
nutritivas como hidratos de carbono, grasas y proteínas
(su función principal se enmarca en la formación
de músculos, tejidos, órganos…), así
como vitaminas y minerales, que, sin contener energía,
cumplen otras funciones muy importantes; otras sustancias como
el agua y la fibra también facilitan un perfecto funcionamiento
del organismo.
Además,
el cuerpo goza de la propiedad de almacenar reservas energéticas,
que quemará cuando no las pueda obtener directamente de
los alimentos. Las principales reservas corporales son las grasas
(en tejido graso y músculo) y el hidrato de carbono (glucógeno
en músculo e hígado, y glucosa en sangre), que se
agota rápidamente a no ser que se mantenga una alimentación
adecuada que compense las pérdidas.
Ambos
combustibles se consumen por separado o a la vez, en función
de diversos factores como la intensidad y la duración del
ejercicio, el estado físico (cuando el estado de forma
es bueno, se queman más grasas), el sexo, la dieta previa
al ejercicio (si es pobre en hidratos de carbono, antes se agotarán
las reservas), la temperatura y la humedad ambiental (con calor,
aumenta el consumo de glucógeno muscular hasta la aclimatación
del cuerpo).
Durante
el reposo y en ejercicios de más de 20 minutos de duración,
el cuerpo quema principalmente grasas como combustible energético
(al esquiar, con bajas temperaturas, se queman más grasas
para mantener la temperatura corporal). En cambio, si los ejercicios
son intensos y de corta duración (1–3 minutos), el
cuerpo consume fundamentalmente hidratos de carbono, que suministran
de forma rápida energía al organismo.
¿Qué
alimentos no deben faltar en la dieta del deportista?
Cuando realizamos una actividad física extra, hemos de
aumentar el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono
(cereales: arroz, maíz, cereales en copos, galletas, pan,
pastas alimenticias…; patatas; legumbres; frutas y su zumo),
ya que de agotarse las reservas, se produce la temida pájara,
ese estado de fatiga y desfallecimiento que reduce al mínimo
la intensidad del ejercicio e, incluso, obliga a pararse. Respecto
a las grasas, como hay grandes reservas, no es preciso ingerir
cantidades extras.
Por
otro lado, también hemos de mantener una hidratación
adecuada. La deshidratación influye negativamente en el
rendimiento físico y puede llegar a provocar una sensación
de mareo, náuseas e, incluso, vómitos y diarreas.
En ejercicios de menos de una hora de duración, no es necesario
beber líquido, pero si el esfuerzo se prolonga por más
tiempo, se aconseja tomar tres vasos de agua 1 ó 2 horas
antes de iniciar el ejercicio, dos vasos 15 minutos antes y un
vaso, cada 20 minutos aproximadamente, durante el desarrollo de
la disciplina deportiva.
Errores
más comunes en relación con la alimentación
y el deporte.
Circulan creencias y teorías de dudosa procedencia referentes
a la alimentación que pueden comprometer la salud y el
bienestar de los deportistas. Un claro ejemplo de ello es el consumo
excesivo de alimentos y/o suplementos ricos en proteínas
(carnes, pescados, huevos, leche y derivados y suplementos especiales)
durante la práctica deportiva, con el propósito
de aumentar la masa muscular.
En
contra de lo que algunos piensan, no sólo no se logra ese
efecto, sino que además pueden provocar una sobrecarga
del riñón (al eliminar por la orina cantidades elevadas
de una sustancia tóxica llamada urea), pérdidas
de calcio por la orina (aumenta el riesgo de osteoporosis), o
una alteración de los niveles de grasas y colesterol en
sangre (aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares).
Otros
errores comunes son pensar que los suplementos de vitaminas y
minerales mejoran el rendimiento físico, o, simplemente,
practicar deporte sin cuidar la alimentación y la hidratación.
Un
menú para un día deportivo
Desayunos y meriendas:
- Lácteo:
leche, yogur, cuajada, quesos…
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Cereales: pan, pan tostado, galletas, cereales, muesli, bollería
suave...
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Frutas frescas o zumos.
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Fiambres o embutidos, conservas (atún, etc), quesos…
-
Grasas: mantequilla o margarina.
-
Complementos: mermelada, confitura, miel, azúcar...
Almuerzo (en función del desayuno y/o la merienda)
Conviene incluir algún lácteo, cereales (un bocadillo
tradicional con fiambre, embutido, queso…-, o galletas)
y una pieza de fruta o zumo.
Comidas
y cenas:
Verdura
o ensalada combinada con patata o arroz o pasta o legumbre.
Carne, pescado o huevo con guarnición vegetal y pan.
Aceite para cocinar o aliñar los platos.
Fruta fresca o algún lácteo.
Algunos consejos prácticos
Si
se practica deporte por la mañana, es fundamental disfrutar
de un desayuno completo que incluya lácteos, cereales,
fruta o zumo y complementos.
Si la actividad es por la tarde, conviene realizar una comida
sencilla y sin demasiadas grasas dos horas antes de comenzar.
Por ejemplo: un plato de pasta, arroz o verdura con patata, carne
o pescado con guarnición vegetal y pan, y una fruta o algún
lácteo. Si se trata de un bocadillo, es preferible que
sea de tortilla de patata, acompañado de fruta y/o zumo,
y batido de chocolate o infusión azucarada, ya que de este
modo aseguramos un buen aporte de hidratos de carbono, el mejor
antídoto contra la pájara.
Si la actividad se prolonga más de una hora, conviene que
cada 60 minutos nos tomemos un descanso para beber e ingerir algo
sólido que contenga hidratos de carbono (galletas, chocolate...),
lo que nos permitirá mantener mejor el ritmo de ejercicio. |