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Los
Cuales penetran fácilmente en la piel y en los
tejidos (en algunas ocasiones cruzando siete capas distintas),
que actúa como anestésico calmando todo
tipo de dolores (especialmente los musculares y de las
articulaciones) y tranquilizando los nervios, que posee
una gran actividad bactericida, que también destruye
numerosos tipos de virus, que es fungicida, antiinflamatorio,
antiprurítico (detiene la comezón), altamente
nutritivo (contiene vitaminas, minerales y azúcares),
dilata los capilares sanguíneos incrementando
la circulación en la zona afectada, descompone
y destruye los tejidos muertos (incluyendo el pus),
favorece el crecimiento celular normal (acelerando la
curación de llagas y heridas), hidrata los tejidos
y es antipirético (elima la sensación
de calor en las llagas, úlceras e inflamaciones).
Los
siguientes son algunos de los problemas para los que
ha sido utilizado con éxito:
- Alergias,
abscesos, adicciones (a drogas diversas), aftas, afonía,
agotamiento, asma, ampollas, amigdalitis, acné,
acidez de estómago, anemia, artritis, arteriosclerosis,
anorexia.
- Bronquitis,
bursitis.
- Calambres
musculares, calvicie, caspa, cataratas, celulitis,
ciática, cirrosis, cólicos, colitis,
contusiones, cortes, cistitis, carbunclo, cortes al
afeitarse, catarros, congestión intestinal,
cáncer, cándida, comezones de todo tipo,
congestión nasal.
- Dermatitis,
diabetes, disentería, depresión, dolores
de cabeza, dolores de las articulaciones, dolores
de muelas, dolores de estómago, dolores musculares,
desarreglos evacuatorios, disfunciones intestinales.
- Edema,
erisipela, epidermitis, exantema, enteritis, esterilidad
debida a ciclos anovulatorios, esclerosis múltiple,
esguinces, erupciones, enfermedades de las encías,
estreñimiento.
- Forúnculos,
fiebres sin identificar, flatulencias.
- Gangrena,
glaucoma, gota, gripe
- Hemorroides,
hepatitis, herpes genital, herpes zoster, halitosis;
heridas de todo tipo, hipertensión, hongos.
- Insuficiencia
arterial, insomnio, ictericia, irritación bucal,
indigestión, infecciones por levaduras, infecciones
de la vejiga y de los riñones.
- Keratosis
folicularis.
- Laringitis,
lepra, lupus, luxaciones, leucemia.
- Mal
aliento, mastitis (en las vacas), manos ásperas,
manchas en la piel, manchas congénitas, meningitis,
miopía, mordeduras de serpientes.
- Náuseas
de todo tipo.
- Obesidad,
olores (supresión del mal olor en las úlceras),
enfermedades de los ojos.
- Pie
de atleta, piel seca, pezones estriados, parásitos
intestinales, picaduras de insectos, pecas seniles,
picaduras de víboras y alacranes, psoriasis,
prostatitis, picores de todo tipo, problemas del páncreas
diversos.
- Quemaduras
(térmicas, por radiación, solares, químicas
ó por líquidos).
- Resfriados.
- Sabañones,
seborrea, sinusitis, SIDA.
- Tendonitis,
tracoma, tuberculosis, torceduras, tos, tortícolis.
- Uñas
encarnadas, úlceras en las piernas, úlcera
péptica, úlcera de duodeno, (todo tipo
de úlceras), urticaria.
- Vaginitis,
várices, virus de Epstein.
Zoster (herpes).
Utilización
casera del áloe
La
hoja recién cortada posee unos efectos terapéuticos
mucho más potentes que cualquier extracto o gel
comercial de los existentes en la actualidad. Si no
tiene Vd. una planta de áloe en casa, vale la
pena que compre una. Los beneficios que de ella obtendrá
le compensarán con creces de su modesto costo.
Mi consejo es que sea una planta de áloe vera
(áloe barbadensis Miller), por la mayor carnosidad
de sus hojas. Aunque el áloe arborescens o el
áloe ferox -generalmente más abundantes
en las tiendas de plantas ornamentales- son igualmente
válidas. Tan sólo por su utilidad como
primer auxilio en caso de quemaduras, pequeñas
heridas y problemas cutáneos, será ya
una buena inversión. Además, recuerde
que desde hace miles de años -y en muchos lugares
todavía en la actualidad- se cree que la planta
de áloe genera influencias benéficas en
el entorno en el que se halla.
Para
que una planta posea las cualidades curativas óptimas
deberá haber alcanzado su madurez, esto es, tener
al menos entre año y medio y dos años.
A la hora de utilizarla corte siempre una de las hojas
inferiores, pues son las más gruesas, las más
maduras y las de mayor efecto terapéutico. Arránquela
desprendiéndola del tronco. Con un cuchillo,
corte los tres o cuatro metros inferiores de la hoja
(toda la parte blanquecina un poco más), desechándolos.
Seguidamente -sobre todo si va a ser utilizada internamente-
manténgala, durante unos minutos en posición
vertical o ligeramente inclinada a fin de que la savia
amarilla se vaya drenando. Aunque la savia es muy rica
en substancias curativas, en ella está también
contenida la aloína, cuyo sabor amargo y sus
efectos purgantes hacen que su uso para usos internos
sea desaconsejable. También puede tener efectos
ligeramente irritantes sobre la piel o sobre las mucosas
cuando se la utiliza externamente.
Aplicaciones
externas
Después
corte los bordes de la parte que vaya a utilizar en
este momento, a fin de eliminar las espinas. Seguidamente
parta la hoja longitudinalmente por la mitad. En la
utilización externa se ha observado que los efectos
son mucho más rápidos y contundentes cuando
se aplica un trozo de hoja sobre la zona afectada, con
la pulpa en contacto con la piel pero sin desprenderla
de la corteza. Para mantenerla en su lugar se puede
utilizar una venda o esparadrapo. Cuando por las características
de la lesión a tratar no sea posible mantener
la corteza, se podrá extraer la pulpa con una
cuchara, machacándola o moliéndola seguidamente
para facilitar su aplicación. Antes de aplicar
la pulpa es muy importante lavar bien la zona de la
piel en la que se va a utilizar. Estudios realizados
por el Dr. Ivan E. Danhof han demostrado que el áloe
penetra en la piel al menos cuatro veces más
rápido que el agua. Ello le confiere una gran
utilidad cuando es combinado con otros elementos nutritivos
o curativos, pero es muy importante lavar cuidadosamente
la piel antes de utilizarlo -sobre todo en las heridas
y quemaduras- pues de lo contrario podría introducir
en el cuerpo la suciedad, las impurezas e incluso las
bacterias y microbios acumulados sobre la piel. Las
aplicaciones se pueden repetir cada hora, lavando siempre
la piel antes de cada nueva aplicación.
Quemaduras:
En
las quemaduras es importante recordar que cuanto antes
se atiendan más rápida será su
cura y menores las cicatrices. Se deberá aplicar
generosamente pulpa de áloe machacada o una buena
crema comercial de áloe, varias veces al día.
En
caso de quemaduras de cierta importancia es conveniente
refrescar la zona afectada con agua corriente durante
15 o 20 minutos. De este modo se logra bajar la temperatura
de la piel, impidiendo que siga quemándose por
sí sola. Esta simple medida, junto a la siguiente
aplicación del áloe, harán que
la curación sea rápida y completa.
Para
evitar las quemaduras de sol -y el consiguiente riesgo
de contraer cáncer de piel- es conveniente aplicarse
una buena crema de áloe al menos 20 minutos antes
de exponerse a los rayos solares y, como siempre, asegúrese
de que dicha crema contiene realmente un buen porcentaje
de áloe.
En
algunas ocasiones el uso externo de la pulpa de áloe
puede resecar excesivamente la piel, lo cual podría
resultar contraproducente en caso de ciertas enfermedades
cutáneas. Para solucionar este problema se puede
mezclar con aceite de oliva o de almendras dulces, o
bien se recurrirá a una buena crema comercial
de áloe.
Uso
interno
Cuando
la pulpa del áloe vaya a ser consumida internamente
se podrá separar de la corteza del modo indicado,
con la cuchara, o bien se pelará la hoja con
el cuchillo cortando seguidamente la pulpa en cubos,
con cuidado de que no queden trozos de corteza para
evitar su sabor amargo. Aunque el sabor de la pulpa
no es desagradable, ciertamente su aspecto mucilaginoso
la hace muy poco apetitosa e incluso, para algunas personas,
algo repugnante. Hay quienes prefieren molerla en una
licuadora y tomarla mezclada con zumos de fruta o con
miel, mientras que otros la toman en ensalada o directamente
mordiendo la hoja recién pelada.
Para
conservarla se molerá inmediatamente después
de pelada la hoja, guardándola después
en el frigorífico. De este modo conserva sus
cualidades medicinales por lo menos durante dos semanas.
En caso de que su color se hiciera más obscuro
ello indicaría que el proceso de oxidación
ha comenzado ya, por lo cual se deberá desechar.
En
los casos de problemas bucales, llagas, heridas por
extracciones, gingivitis o estomatitis, se molerá
la pulpa, manteniendo el gel en la boca todo el tiempo
que sea posible y procurando que permanezca en contacto
con la zona afectada.
Alergias
Según
un informe publicado en 1980 por los doctores Morrow,
Rapoport y Strick, menos de un 1% de la población
es alérgica al áloe. Ciertamente es una
proporción muy baja si la comparamos con algunos
medicamentos o incluso con alimentos bastante comunes.
Pero podría darse el caso de que estuviera Vd.
comprendido dentro de ese casi 1%. Por ello es aconsejable
que antes de tomar o de aplicarse externamente la pulpa
de áloe o algún producto comercial a base
de áloe, compruebe que no va a sufrir reacciones
desagradables de tipo alérgico. La mejor manera
es aplicarse un poco de gel de áloe o de pulpa
recién extraída de la hoja en algún
lugar donde la piel sea fina, como por ejemplo en la
parte interna del brazo, o detrás de la oreja.
Si durante la hora siguiente no experimenta ningún
tipo de comezón ni de erupción cutánea,
ello indicará que no es usted alérgico
al áloe. Si por el contrario se presentaran dichas
reacciones desagradables, puede ser que el áloe
no sea adecuado para usted. No obstante, si efectuó
la prueba con algún producto comercial será
conveniente que la vuelva a realizar otro día
con pulpa de áloe recién cortada, pues
podría darse el caso de que la alergia no fuera
generada por el propio áloe sino por algún
producto utilizado en el proceso de conservación
o estabilización.
Alergia
a los sulfitos.- Quienes sean alérgicos a los
sulfitos deberán abstenerse de tomar gel o jugo
de áloe vera comercial, pues son muchas las marcas,
aunque no todas, que utilizan esta substancia como conservante
sin advertirlo en la etiqueta.
Advertencias
finales
Tanto
quienes utilizan el áloe con asiduidad, como
quienes lo cultivan, lo procesan, lo venden, o escriben
sobre él saben que posee cualidades extraordinarias,
pero también tiene sus limitaciones. En los Estados
Unidos es muy común que quienes comercializan
directamente productos de áloe manifiesten que
su compañía no proclama ninguna de sus
supuestas cualidades curativas, pero seguidamente suelen
relatar alguna cura casi milagrosa ocurrida personalmente
a ellos o algún familiar o conocido suyo. Aunque
dichas curas pueden ser reales, ello no significa que
siempre sean repetibles. El áloe no es un cura-lo-todo,
sus efectos benéficos pueden variar de unas personas
a otras y, por supuesto, dependerán de la calidad
del producto o de la hoja utilizada.
Si
compra gel de áloe para uso interno averigüe
antes cual es su contenido de polisacáridos mucilaginosos
(algunas veces denominados mucopolisacáridos
o incluso MPS). Si la etiqueta no contiene esta información,
no lo compre. Busque un producto que contenga al menos
12.000 mg. de polisacáridos por litro. Recuerde
que la cantidad recomendada para las personas sanas
es de 1.200 mg. de polisacáridos al día.
Los enfermos deberán tomar al menos 3.000 mg.
diarios de polisacáridos de áloe o mucho
más si la enfermedad es grave.
Las
mujeres embarazadas deberán utilizar el áloe
con prudencia, ya Paracelso decía que "tomado
durante cierto tiempo puede provocar evacuaciones menstruales",
por lo que podría causar el aborto.
En
caso de enfermedades graves, no interrumpa por iniciativa
propia el tratamiento médico que esté
siguiendo para probar con el áloe
vera. Si cree usted que el áloe le podría
ayudar, consulte antes con un médico naturista
y expóngale sus razones. Realmente, nada le impide
utilizar el áloe como complemento a su tratamiento
médico actual. Salvo en el caso poco probable
de que sea usted alérgico a ella, la maravillosa
"planta que cura" tan sólo le reportará
beneficios.
Las
enfermedades son procesos a ser tratados íntegramente
en su origen, síntoma y evolución hasta
su total sanación.
Fuente:
Neil Stevens. Aloe Vera. Editorial Sirio. Pág.
180-193 |