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utilización incorrecta de los antibióticos
no es cosa del pasado. En la actualidad el abuso y el
uso inadecuado están comenzando a tener sus consecuencias. |
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Las bacterias
son unas viejas conocidas de nuestro planeta y han sido las responsables
de la gran mayoría de las enfermedades infecciosas de la
humanidad. Tras largos años de investigaciones se encontró
lo que parecía que podía poner fin a su presencia.
Nacían los antibióticos, medicamentos diseñados
para eliminarlas o impedir su crecimiento en nuestro organismo,
para así combatir las infecciones que pudieran causar.
Pero poco a poco, los que ya se habían bautizado por muchos
como 'medicamentos milagrosos' comenzaban a dar problemas. Cautivados
por sus buenos resultados, su uso empezó a hacerse indiscriminado
y la población llegó a creer que todo tenía
solución con ellos. Olvidaron que los antibióticos
solo podían hacer frente a las enfermedades infecciosas
de origen bacteriano, no siendo efectivos para el tratamiento
de procesos virales. Así, los resfriados y las gripes comenzaron
a tratarse con medicamentos que no estaban indicados para ellos.
Pero la utilización incorrecta de los antibióticos
no es cosa del pasado. Todo lo contrario. En la actualidad el
abuso y el uso inadecuado de los antibióticos están
comenzando a tener consecuencias nefastas para la salud. Un problema
que ya se ha acuñado bajo el nombre de 'resistencia a los
antibióticos' y que ha encontrado en nuestro país
el lugar idóneo para darse a conocer, pues España
encabeza la lista de países donde se ha desarrollado una
mayor resistencia a estos medicamentos.
Es por esto que la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria,
la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria,
la Asociación Española de Pediatría de Atención
Primaria, la Sociedad Española de Farmacología Clínica
y la Red Española de Atención Primaria han redactado
conjuntamente un documento de consenso sobre uso adecuado de antibióticos
en Atención Primaria en el que alerta sobre el problema
del abuso de antibióticos y la aparición de resistencias
bacterianas.
CUANDO TOME ANTIBIÓTICOS RECUERDE...
1. Para que sean efectivos es muy
importante respetar el horario de las tomas y finalizar
el tratamiento.
2. Hay distintas maneras de tomarlos:
antes, durante o después de las comidas. Pregunte
a su farmacéutico cuál es la mejor manera.
3. Cuando tome un antibiótico
coma por lo menos un yogur al día para evitar
que la flora bacteriana beneficiosa desaparezca.
4. Las embarazadas o madres lactantes
no deben tomarlos nunca sin consultar antes con su
médico.
5. Algunos pueden producir molestias,
como diarreas. Aun así, no interrumpa la medicación
sin consultar con su médico o farmacéutico.
6. Aunque se encuentre mejor siempre
debe terminar el tratamiento. Si no lo hace, las bacterias
pueden crear resistencias a ese antibiótico
o a otros parecidos.
7. Las resistencias que crean las
bacterias no sólo afectan a la persona que
está tomando el antibiótico, sino a
todos los demás.
8. En la gripe, resfriado, dolores
de garganta, tos y algunas fiebres, los antibióticos
no son efectivos. Si toma antibióticos cuando
no lo necesita puede ser que en un futuro, cuando
tenga una enfermedad infecciosa, éstos no sean
efectivos.
9. No almacene antibióticos
en el botiquín casero, porque acumulándolos
favorece la automedicación. Los antibióticos
caducan, quedan al alcance de los niños y se
pueden confundir con otros medicamentos.
10. No se automedique. Ante cualquier
duda consulte con su farmacéutico.
FUENTE: Colegio Oficial de Farmacéuticos de
Madrid. |
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Selección
natural
Las bacterias se han supeditado a la teoría de la selección
natural. Son seres vivos que se adaptan a las circunstancias adversas
del medio y que incluso han encontrado la manera de defenderse
contra el ataque de los antibióticos, sus máximos
enemigos, garantizando así su supervivencia. Muchas mueren
en 'combate' pero las que sobreviven volverán a atacar
en el futuro y transmitirán esta habilidad a su descendencia.
Poco a poco, el antibiótico ve mermada su capacidad y dejará
de ser eficaz o, desde luego, menos efectivo que antes. Éste
es el caso de la penicilina, el primer antibiótico utilizado
contra las infecciones y que hoy es uno de los que ha generado
resistencia bacteriana en muchos países.
Con los nuevos antibióticos ha ocurrido algo similar. Tal
y como explica la Comisión Europea, "el peor supuesto,
que por desgracia no es improbable, es que los agentes patógenos
peligrosos adquieran con el tiempo resistencia a todos los antibióticos
hasta ahora eficaces, lo que daría lugar a epidemias incontroladas
de enfermedades bacterianas imposibles de tratar". Además,
"corremos el riesgo de volver a la era preantibiótica,
en la que las enfermedades bacterianas banales, que hoy no nos
parecen importantes, volverán a ocupar la primera posición
en cuanto a causa de muerte", remarca José Antonio
Vázquez Boland, catedrático de Microbiología
de la Universidad de Bristol en el Reino Unido.
A su juicio el freno a esta situación pasa por "no
abusar de los antibióticos, ya que cuantos más haya
en circulación, más se favorecerá la selección
de bacterias que resistan a ellos", además de educar
a la población y desarrollar alternativas a los antibióticos,
como vacunas o moléculas con nuevas dianas de actuación.
Las principales víctimas
Como en todas 'las guerras' los más débiles son
los que sufren las peores consecuencias. Empeñados en tratar
las infecciones respiratorias con un exceso de antibióticos,
cuando en gran parte de los casos el causante es un virus, contra
el que, por tanto, un antibiótico no puede hacer nada,
las guarderías se están convirtiendo en estancias
donde las bacterias resistentes crecen libremente. En las residencias
de ancianos pasa algo parecido, pues las personas mayores contraen
infecciones en el hospital y es en las residencias donde las bacterias
problemáticas acaban acomodándose. Y es que, según
la Comisión Europea, el 60% de las infecciones hospitalarias
tienen su origen en microorganismos resistentes a antibióticos.
Actitud responsable
En nuestra mano está parar está situación
haciendo un uso responsable de estos medicamentos. Lo primero
que tenemos que tener en cuenta es que bajo ningún concepto
debemos automedicarnos con antibióticos, pues es el médico
el único capacitado para recetarlos y es él además
quien, conociendo cada caso concreto, podrá estipular la
dosis y la duración del tratamiento.
Las situaciones de riesgo son casi cotidianas y se repiten cada
día. Cuando decidimos por nosotros mismos dejar de tomar
la medicación, ayudamos a los microbios a crear resistencias
con más rapidez y cuando tomamos antibióticos para
paliar los efectos de una enfermedad para la que no han sido creados,
como una gripe, las bacterias que se encuentran normalmente en
el organismo aprenden a oponerse al medicamento y propagan su
hallazgo entre las futuras generaciones. Sin saberlo nos estamos
exponiendo a nosotros mismos y a la gente que nos rodea a enfermedades
creadas por bacterias resistentes, infecciones muy difíciles
de curar, y estamos 'hipotecando' la curación de otras
personas al actuar como aliado de las resistencias bacterianas.
También la forma en la que tomamos los antibióticos
es muy importante. Y es que, si separamos más de la cuenta
las distintas dosis, podemos provocar recaídas y si el
tiempo es menor a lo estipulado pueden aparecer fenómenos
adversos como alergias, vómitos o diarreas.
RECUERDE
Los antibióticos sólo pueden ser dispensados
con receta. No recrimine a su farmacéutico si
no se los facilita. Le está ayudando a cuidar
su salud. |
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