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| El
azúcar no era conocida en la antigüedad.
Ninguno de los libros antiguos la menciona. |
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Los
profetas sólo consignan unas cuantas cosas sobre la caña
de azúcar, un raro y caro lujo importado de tierras lejanas.
Se atribuye al imperio persa la investigación y el desarrollo
del proceso que solidificó y refinó el jugo de la
caña, conservándolo sin fermentación para
posibilitar su transporte y comercio. Esto ocurrió poco
después del año 600 de nuestra era y comenzó
a usarse como medicina. En esa época, un trocito de azúcar
era considerado como una rara y preciada droga. La llamaban sal
India o miel sin abejas y se importaban pequeñas cantidades
a un gran costo. Herodoto la conocía como miel manufacturada
y Plinio como miel de caña.
Durante la
época de Nerón un escritor le puso el nombre de
saccharum. Dioscorides hace referencia a «una especie de
miel sólida llamada saccharum, que se encuentra en las
cañas en la India y en la Arabia; tiene la consistencia
de la sal y es crujiente». El nombre en latín medieval
para un trozo de esa preciosa sustancia fue substituido más
tarde en occidente por el de azúcar. La palabra original
en sánscrito continuó siempre relacionada con sal
de India, sobreviviendo su transición a través de
las lenguas del imperio árabe y de las lenguas latinas.
De hecho el sánscrito khanda se convirtió en la
palabra candy (caramelo) en el idioma inglés.
Composición
El azúcar
de color blanco que se vende y consume comúnmente, es sacarosa
refinada. Su fórmula química es: C12H22O11.
El azúcar
se produce a través de un proceso químico a partir
del jugo de caña o de remolacha, eliminando toda la fibra
y las proteínas que forman el 90% de dichas plantas.
En las refinerías,
este azúcar crudo se ha de transformar todavía en
azúcar común o de consumo, para lo cual ha de pasar
por varios procesos más de limpieza con carbonato de calcio,
de blanqueo con ácido sulfúrico, de filtración
a través de carbón de huesos y de cocción
hasta obtener los cristales.
Mecanismo
de acción y formas de empleo
Como
es sabido, las funciones cerebrales dependen de los niveles de
glucosa. La falta de este combustible cerebral puede ocasionar
desde hipoglucemia hasta esquizofrenia debido a que el cerebro
se encuentra "hambriento" de glucosa. El azúcar
refinado es una glucosa bastante simple que por su misma composición
no requiere de un largo proceso de digestión, el hígado
prácticamente no tiene que sintetizarla y por lo mismo
llega con asombrosa rapidez al sistema nervioso.
Para que el
organismo funcione en condiciones óptimas, la cantidad
de glucosa sanguínea debe estar en equilibrio con la cantidad
de oxígeno sanguíneo.
Refiriéndose
a los efectos psíquicos del consumo del azúcar,
el Dr. M.O. Bruker, explica que la elevación en los niveles
normales de glucosa ocasionada por su ingestión, se experimenta
como una leve euforia. Las consecuencias del regreso a los niveles
normales, es decir, la baja de glucosa, se halla en relación
directa con la cantidad de azúcar consumida. Si ésta
fue baja, la sensación es de una leve disforia. Entre mayor
haya sido la cantidad, la baja estará más cercana
a experimentarse como una sensación depresiva que William
Dufty ha dado en llamar sugar blues (tristeza del azúcar).
Lo que normalmente
suele ocurrir a toda persona que consume azúcar en forma
cotidiana, es que sus niveles de glucosa se mantienen permanentemente
por encima del nivel regular, es decir, rara vez se experimentará
una baja hacia la auténtica normalidad en los niveles de
glucosa. La mayoría de la población mundial literalmente
vive bajo los efectos del azúcar sin saberlo y sin notarlo.
Este desequilibrio permanente está siendo asociado con
diversas enfermedades nerviosas, especialmente en los niños.
Usos
terapéuticos Ninguno conocido.
Dosificación
Una
pequeña cucharada, esto es alrededor de 100 mg, basta para
ocasionar una elevación en los niveles de glucosa en personas
sensibles. El equivalente a una taza de azúcar 250 mg,
puede considerarse ya como una dosis alta. No hay reportes sobre
dosis letales.
Efectos
psicológicos y fisiológicos
Como
ya se indicó en los mecanismos
de acción, la ingestión de azúcar suele experimentarse
como una leve euforia. En su Primer Manual de Nutrición
Consciente, Laura Urbina lo explica en los siguientes términos:
Mientras la
glucosa es absorbida por la sangre, nos sentimos animados. Un
estímulo veloz. Sin embargo, a este impulso energético
le sigue una depresión, cuando el fondo se desprende del
nivel de glucosa sanguínea. Estamos inquietos, cansados;
necesitamos hacer un esfuerzo para movernos o incluso pensar.
Hasta que se eleva de nuevo el nivel de glucosa… Podemos
estar irritables, hechos un manojo de nervios, alterados. La gravedad
de la crisis doble depende de la sobredosis de glucosa. Si continuamos
tomando azúcar, una nueva crisis doble empieza siempre
antes de terminarse la anterior. Las crisis acumulativas al final
del día pueden ser enloquecedoras. Tras varios años
con días así, el resultado final son glándulas
adrenales enfermas, agotadas no por exceso de trabajo, sino por
un ajetreo continuo. La producción de hormonas, en general,
es baja. Las cantidades no se amoldan. La alteración funcional,
desequilibrada, se refleja en todo el circuito endocrino. Muy
pronto el cerebro puede encontrarse en dificultades para distinguir
lo real de lo irreal; estamos expuestos a volvernos precipitados,
cuando el estrés se interpone en el proceso, nos desmoronamos
porque no tenemos ya un sistema endócrino sano para enfrentar
cualquier contingencia. Día a día nos encontramos
con una falta de eficiencia, siempre cansados, nada logramos hacer,
realmente sufrimos los “sugar blues” (o depresiones
del azúcar)… Puesto que en algunas personas las células
cerebrales dependen totalmente de la taza de azúcar en
la sangre en cada momento para alimentarse, son quizás
las más susceptibles de sufrir daños. La alarmante
y creciente cantidad de neuróticos en el mundo lo evidencia
claramente. No todos llegan al final. Algunas personas empiezan
con glándulas adrenales fuertes; otras no. Los grados de
abuso de azúcar y de melancolía varían, sin
embargo, el cuerpo no miente - si se toma azúcar, se sienten
las consecuencias.
Ya son varios
los especialistas que atribuyen al azúcar los índices
cada vez más elevados de niños hiperactivos, la
inhabilidad para aprender y diversas alergias. El estudio del
historial diario de los pacientes diagnosticados como esquizofrénicos
revelan que su dieta es excesivamente alta en azúcar y
otros elementos que estimulan la producción de adrenalina
como la cafeína y el alcohol.
En cuanto
al aspecto físico, se sabe que la ingestión continua
de azúcar provoca la aparición de caries y ennegrece
los dientes. En personas con glándulas adrenales débiles
puede afectar el páncreas hasta causar diabetes. En algunos
casos el abuso continuado conduce a la hipoglicemia.
En personas
sanas, se relaciona también con el aumento de peso ya que
el azúcar es un carbohidrato y el exceso de los mismos
se convierte en grasa. Se ha encontrado también que al
consumir azúcar el cuerpo elimina el calcio en mayor cantidad,
de tal manera que el organismo se ve forzado a sustraerlo de los
huesos y los tejidos que son las únicas partes en donde
lo almacena el cuerpo. El desgaste de calcio en huesos causa que
se vuelvan porosos y frágiles, lo cual finalmente conduce
a la osteoporosis.
El consumo
constante de este psicoactivo también atrofia el rendimiento
de las glándulas, causando poca secreción de hormonas
o alterando la composición química de las mismas,
puesto que se ha podido comprobar que el azúcar afecta
la correlación de minerales en el organismo . Por último,
estudios recientes vinculan al azúcar con problemas en
el sistema inmunológico, tal como lo denuncia la doctora
Nancy Appleton en Lick the sugar habit:
Una de las
substancias aparentemente inofensivas y sin embargo una de las
que mayores problemas crea al atacar nuestro sistema inmunológico
es el azúcar. Los macrófagos quedan atorados en
el azúcar y se imposibilita su acción. La misión
de los macrófagos consiste en destruir, bloquear y activar
la inmunidad cuando detectan la presencia de una toxina, un virus
o una bacteria… Cada vez que ingerimos azúcar, aunque
sea tan poco como dos cucharadas, las proporciones de minerales
entran en desbalance. Este desbalance a su vez, en personas ya
enfermas, puede durar horas y a veces ya no se recuperan. Cuando
los minerales del cuerpo están en desbalance día
tras día, año tras año, posiblemente por
generaciones, la habilidad del cuerpo para volver a su homeostasis
está agotada. El cuerpo ya no puede volver a su armonía
o balance… Resulta pues increíble que las autoridades
del Departamento de Salud Pública de diferentes Naciones
sigan manteniendo al público en la total ignorancia. Lo
más que se ha conseguido es obligar a indicar en la etiqueta
de los productos industriales si contienen azúcar, cosa
que aparece prácticamente en el 90% de los mismos ya que
¡incluso los productos salados son conservados en azúcar!
Potencial
de dependencia
Considerablemente
alto. La dependencia es de tipo psicológico y físico.
Su síndrome de abstinencia se experimenta hasta después
de varias semanas de haber descontinuado totalmente el uso de
azúcar y alimentos que lo contengan. Sus síntomas
incluyen depresión, fatiga, nerviosismo, ansiedad por comer
alimentos dulces, falta de concentración, alergias e hipertensión.
En grado extremo la dependencia al azúcar se presenta como
hipoglucemia, en cuyo caso una privación de alimentos dulces
puede conducir a ataques fatales.
¿Qué
hacer en caso de emergencia?
En una crisis
de hipoglucemia, se presenta una súbita baja de glucosa
sanguínea que ocasiona sudor, temblor, ansiedad, taquicardia,
dolor de cabeza, sensación de hambre, debilidad, convulsiones
y en casos extremos, convulsiones y muerte. El individuo que presente
una crisis de este tipo debe ingerir de manera inmediata glucosa
o alimentos que contengan azúcar suficiente para restablecer
los niveles.
Hechos
Interesantes
Régimen
legal actual
El
azúcar es un psicoactivo legal de uso irrestricto que se
produce y se vende por toneladas, ya sea en forma pura o incorporada
a una enorme cantidad de productos alimenticios y farmacéuticos.
La
evolución del consumo de azúcar
A
lo largo de los dos últimos siglos, ningún comestible
ha experimentado un crecimiento cuantitativo tan acelerado como
el azúcar. En 1800, la producción anual mundial
se situaba en menos de 250,000 toneladas, cifra que se elevó
hasta alcanzar 10 millones de toneladas en 1900. A fin de siglo
la producción se calcula en 92 millones. El consumo por
persona y año ha ido aumentando principalmente en los países
industrializados de América y Europa.
El
azúcar y la esclavitud
En
opinión de William Dufty , ningún otro producto
ha influenciado tan profundamente la historia del mundo occidental
como el azúcar. En su libro Sugar Blues narra la aparición
del azúcar refinado en los mercados internacionales y sus
consecuencias. A ello atribuye diferentes sucesos históricos
de grandes repercusiones económicas, comenzando por una
resurrección de las Cruzadas. Dufty presenta un extracto
de una carta enviada en 1306 al Papa Clemente V, en donde se le
insta a seguir una estrategia para vencer a los árabes
con ayuda del dulce: "En el país del sultán
el azúcar crece en grandes cantidades y de éste
los sultanes obtienen grandes ingresos e impuestos. Si los cristianos
pudiesen hacerse con esas tierras, se haría mucho daño
al sultán y al mismo tiempo el Cristianismo estaría
totalmente abastecido desde Chipre". Ante aviesas informaciones
de ese tipo, el cristianismo muerde el fruto prohibido y comienzan
los siete siglos de su reinado en la tierra. El historiador británico
Noel Deer, por ejemplo, asegura que al contar la historia de la
esclavitud, no es exagerado calcular que se comerciaron 20 millones
de africanos y dos terceras partes de ellos se pagaron con azúcar.
En
1444 los portugueses llevan 235 esclavos negros de Lagos a Sevilla,
donde se venden como esclavos. Diez años más tarde
el Papa bendice el tráfico de esclavos y a partir de entonces,
éstos se utilizan para hacer crecer las plantaciones de
caña de azúcar en Madeira y las Islas Canarias.
Los holandeses aparecen en esta historia alrededor del año
1500, fecha en que construyen la primera refinería de azúcar
en Amberes. La caña de azúcar en bruto se embarca
desde Lisboa, las Islas Canarias, Brasil, España y la Costa
de Marfil para ser procesada en Amberes. El azúcar se exporta
al Báltico, Alemania e Inglaterra.
Para
1560, Carlos V estrena los esplendorosos palacios de Madrid y
Toledo construidos con los impuestos del comercio del azúcar.
Por esas fechas, la corona británica comienza a hacerse
del monopolio instalando capataces en las islas que ha conquistado
en el Caribe y encargándose del tráfico de esclavos
hacia ellas para cultivar caña de azúcar. Tal es
el caso de la actual Jamaica.
Con
el jugo fermentado de la caña de azúcar en crudo,
los esclavos inventan el ron, que los británicos no vacilan
en comercializar para obtener más esclavos. También
lo introducen a sus colonias norteamericanas, donde suelen darlo
a los indios a cambio de preciadas pieles que luego venden en
Europa. Hacia el año 1660 el comercio de azúcar
y ron se ha vuelto tan provechosos que los ingleses están
dispuestos a emprender la guerra para mantener su control. Las
actas de navegación tienen como meta prevenir el transporte
de azúcar, tabaco o cualquier otro producto de las colonias
de Norte América a cualquier otro puerto fuera de Inglaterra,
Irlanda o posesiones británicas.
El
fin de la esclavitud y el comienzo de la industrialización
del azúcar
A
mediados del siglo XVIII, cuando Francia se ha situado ya en las
primeras filas del comercio de azúcar y ésta representa
su principal fuente de exportaciones, el filósofo Claude
Adrien Helvetius escribe: "No llega un tonel de azúcar
a Francia sin manchas de sangre. Ante la miseria de estos esclavos,
toda persona con sentimientos debería renunciar a estas
mercancías y rehusar al placer que proporciona algo que
sólo
se puede comprar con las lágrimas y muertes de criaturas
desgraciadas." En 1812, Benjamin Delessert encuentra la forma
de procesar la remolacha para convertirla en azúcar y recibe
la Legión de Honor de manos de Napoleón, quien ordena
la plantación de remolachas azucareras por todas partes
de Francia, en donde no se daba el cultivo de caña, pero
sí el de remolacha. Tan sólo un año después
Napoleón alcanza la proeza de producir 4 millones de kilos
de azúcar de remolacha francesa. De esta manera, los franceses
son los primeros en poder prescindir de los esclavos para obtener
el preciado azúcar y elegantemente promueven la abolición
de la esclavitud. La British East Indian Company –ya plenamente
metida en el comercio del opio- explota el tema de la esclavitud
como campaña de propaganda pintando en sus toneles. “Azúcar
de las Indias Orientales no cultivado por esclavos”. En
1833 se proclama la emancipación de las colonias británicas
y esto significa que la esclavitud se vuelve ilegal salvo en “la
tierra de la libertad”, los emergentes Estados Unidos de
América.
Los azucareros
británicos de Barbados y Jamaica caen en la ruina y una
tríada de invenciones a principios del siglo XIX preparan
la escena para la gran entrada de Estados Unidos en el negocio
del azúcar: James Watt perfecciona su máquina de
vapor, Figuier completa un método para hacer carbón
con hueso animal y Howard fabrica la olla de presión. Con
estos elementos cobra vida el azúcar blanca refinada comercial
que se utiliza hoy en día. Al decretarse finalmente la
abolición de la esclavitud en sus tierras, los Estados
Unidos comienzan a practicar su propio colonialismo económico
al por mayor en Cuba. La mejor tierra cubana se usa para proveer
materia prima a Norteamérica para sus complicadas refinerías.
Según
cuenta Dufty, los estadounidenses sobrepasaron a los británicos
y virtualmente a todas las demás naciones en la fiesta
del azúcar. Han consumido una quinta parte de la producción
mundial de azúcar desde su Guerra Civil. Se sabe también
que en 1920, en la época del experimento de prohibir el
alcohol en Estados Unidos, la cantidad de azúcar que se
consumía se había duplicado. Esto destaca su evidente
carácter de droga y de sustituto de otras drogas en ciertos
sectores de la población.
Es por ello
que a través de guerra y paz, depresión y prosperidad,
sequías e inundaciones, el consumo de azúcar ha
crecido firmemente en todo el globo terrestre. «No es posible
que jamás haya habido un desafío más drástico
para el cuerpo humano en toda la historia del hombre, y sin embargo,
sigue siendo muy poco lo que se habla de la nocividad del azúcar.
Y no es porque mucha gente no lo sepa, sino porque es enorme el
interés comercial por el azúcar.»
La
aparición de nuevas enfermedades gracias al azúcar
El doctor
Robert Boesler escribe en 1912: "La moderna manufactura del
azúcar nos ha traído enfermedades totalmente nuevas:
escorbuto, diabetes, hipoglicemia, hiperactividad y esquizofrenia.
El azúcar que se vende no es nada más que un ácido
cristalizado concentrado. Como antiguamente el azúcar era
tan caro que sólo los ricos podían permitirse su
uso, consistía, desde el punto de vista de la economía
nacional, algo inconsecuente. Pero hoy, cuando debido a su bajo
costo, el azúcar ha causado una degeneración humana,
es el momento de insistir en un esclarecimiento general."
En 1929 el
doctor Frederick Banting, descubridor de la insulina, asegura
que su descubrimiento es un simple paliativo, no una cura, y que
la única forma de prevenir la diabetes es cortando el uso
del azúcar: "En los Estados Unidos, la incidencia
de diabetes ha aumentado proporcionalmente con el consumo per
cápita de azúcar. Con el calentamiento y recristalización
del azúcar natural de caña, algo queda alterado
convirtiendo a los productos refinados en alimentos peligrosos."
Dufty afirma
que la diferencia entre las enfermedades "costosas"
como el cáncer y las "baratas" como las provocadas
por la adicción al azúcar es crucial para la salud
financiera del estamento médico. "El actual tratamiento
ortodoxo para el cáncer es criminalmente caro. La ruina
financiera del paciente y de su familia representan el yate del
médico. El tratamiento para el sugar blues (hipoglicemia
o diabetes) es una propuesta de corte individual. Despréndase
usted del azúcar refinada en todas sus formas y adiós
cuentas al médico y hospital. Es difícil que en
ese caso el médico pueda regalarle un tapado de visón
a la mujer o asistir a un seminario bajo el sol de las Bermudas."
El
comportamiento de los niños hiperactivos frente al azúcar
y la manipulación médica
A esta droga
se le ha vinculado con el comportamiento negativo de los niños
desde la década de 1920. La idea de la relación
causa-efecto comenzó a ganar aceptación en los setenta,
cuando varios estudios y reportajes sugirieron que el azúcar
incrementaba la hiperactividad en los niños ya de por sí
hiperactivos.
De acuerdo
con los diferentes estudios analizados por la doctora Nancy Appleton,
la investigación clínica de niños hiperactivos
y psicóticos, y de otros con lesiones cerebrales e inhabilidad
para aprender, tiene por cuadro sintomatológico: "una
familia cuyo historial de diabetes es anormalmente elevado; una
inusual incidencia de elevación de glucosa sanguínea
o hipoglicemia funcional en los mismos niños, indicando
que sus sistemas no pueden procesar el azúcar y una dependencia
por un alto nivel de azúcar en las dietas de los propios
niños que no pueden asimilar."
No obstante,
éste y otros reportes similares han sido descartados por
publicaciones médicas como The New England Journal of Medicine,
para quien "la conexión no ha sido probada".
Preocupados porque "en la actualidad, sin embargo, muchos
padres tratan a la conexión azúcar-comportamiento
como un hecho", un equipo de médicos institucionales
se dio a la tarea de volver a revisar los estudios existentes
para efectuar un análisis global. La publicación
médica expuso que "el nuevo meta análisis intentó
ir más allá de los resultados de pequeños
estudios ubicándolos en un grupo mayor para que los efectos
menos obvios fueran expuestos a la luz." Se supone que los
variados estudios evaluaron el efecto del azúcar en numerosos
factores, incluyendo estado de ánimo, desempeño
académico, habilidades de aprendizaje, agresión
y comportamiento general. Lo que en realidad ocurrió con
este examen es una clara muestra de la manipulación que
puede sufrir un estudio científico para obtener los resultados
que de antemano se pretenden alcanzar cuando hay intereses económicos
de por medio.
Resulta que
los investigadores basaron sus estudios comparativos únicamente
en dos grupos de niños, a uno se le dio azúcar y
al otro, en lugar de privarlo de dicha droga y de los alimentos
que la contienen, se le suministró endulzantes artificiales;
así pues, los exámenes se efectuaron entre niños
que consumieron azúcar y niños que consumieron endulzantes
artificiales; es decir entre dos grupos de niños con niveles
alterados de glucosa debido a una u otra droga y no como debió
haber sido: entre uno o dos grupos de niños usando azúcar
y/o endulzantes artificiales y otro grupo de niños privados
del consumo de ambas clases de drogas.
Debido a estas
desviaciones en la investigación, el meta análisis
médico concluyó triunfalmente que "Aparte de
dos observaciones extremas que resultaron ser insignificantes
para el análisis final, no se encontraron diferencias entre
los niños que consumieron dosis de azúcar y aquellos
que tomaron endulzantes artificiales." O sea que lo único
que verdaderamente prueba el reporte es que no hay diferencias
substanciales entre usar azúcar y usar endulzantes artificiales.
No obstante, bajo el manipulador y deshonesto título de
"El azúcar no afecta el comportamiento de los niños",
los resultados del reporte fueron publicados y ampliamente difundidos
a nivel mundial durante el año de 1996. La recomendación
final del reporte es que "el azúcar no tiene efectos
negativos en el comportamiento y el aprendizaje de la mayoría
de los niños y no existe justificación para retirarles
los alimentos dulces solamente por esa razón." |