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Una alimentación sana, dietas y demás
no son suficientes, descubrieron que la forma en cómo
se cuecen los alimentos es imprescindible para estar
sanos.
Por
encima de cierta temperatura, los ácidos grasos
comienzan a alterarse, pudiendo convertirse en trans,
oxidarse, generar radicales libres y compuestos nocivos.
La dieta aparentemente más equilibrada, la
más cuidada selección de alimentos puede
quedar arruinada por un uso poco prudente de la temperatura
a la hora de cocinar. Para determinadas escuelas terapéuticas
de tratamiento de enfermedades crónicas y degenerativas
la temperatura y modo de cocinado es de la máxima
importancia, por no decir una de las piedras angulares
de la terapia.
Por orden creciente de temperatura, los métodos
más suaves son el vapor, que no llega a la
temperatura de ebullición del agua, el hervido
(100º), la cocción a presión, que
sobrepasa los cien grados. Luego están las
cocciones rápidas con poco aceite, como es
el salteado breve, que se hace en Oriente con el Wok.
A partir de ahí llegamos a las cocciones más
fuertes: la fritura, la plancha, el horno, la brasa
(barbacoa), en los que la temperatura aumenta considerablemente…
y también los problemas.
Sabroso
y dorado, pero no muy saludable
Los
culpables se llaman productos finales de la glicación
avanzada, o AGE, por sus siglas en inglés.
Se derivan de interacciones entre los azúcares,
las grasas y las proteínas, y se forman rápidamente
cuando los alimentos se cuecen a altas temperaturas.
"Tenemos la tendencia de cocer nuestros alimentos
a muy altas temperaturas y como los alimentos consisten
en proteínas, lípidos y azúcares,
cuando los cocinamos a temperatura muy alta durante
un período prolongado, las reacciones (químicas)
se aceleran y terminamos absorbiéndolas.
Los
efectos de la cocción son especialmente notables
sobre las grasas, porque tienen la propiedad de alcanzar
grandes temperaturas (más de 200º), y
por la alta reactividad de los ácidos grasos
que los componen. Los ácidos grasos insaturados
son los más inestables y fácilmente
oxidables. Cuanto mayor la concentración de
a.g. insaturados, mayor la inestabilidad y propensión
a la oxidación del aceite.
El
calor favorece las reacciones de oxidación
del aceite y la generación de radicales libres.
Los radicaleslibres son átomos de oxígeno
desapareados que provocan reacciones de oxidación
en cadena. Pueden lesionar las paredes celulares y
debilitar su estructura, atacar los capilares y las
terminaciones nerviosas, alterar el colágeno
y la elastina (y causar artrosis), u oxidar los lípidos
plasmáticos, favoreciendo la formación
de ateromas en las paredes arteriales. Para contrarrestarlos
disponemos de antioxidantes internos, y también
de los que tomamos con nuestros alimentos (determinadas
vitaminas y minerales, bioflavonoides, etc.). Pero
no conviene que la ingestión de oxidantes rebase
nuestra capacidad antioxidante. Este estrés
oxidativo contribuye a acelerar el proceso de envejecimiento.
Las
grasas oxidadas también aumentan el trabajo
hepático, ya que entre las funciones del hígado
se encuentra el metabolismo de las grasas, y la de
detoxicación de elementos nocivos de la sangre.
Además, a partir de cierta temperatura se generan
sustancias cancerígenas, como los hidrocarburos
aromáticos policíclicos (alquitranes).
El
calor también destruye la vitamina E, antioxidante
natural de las grasas, y que el aceite contiene…
si ha sido extraídos en frío.
Aceites
adecuados para cocinar
El
efecto de la temperatura sobre los diferentes aceites,
nos ayuda a saber cual es el más adecuado para
cocinar.
Aceite de oliva: Es un ácido graso monoinsaturado.
Es decir, sólo tiene un enlace insaturado.
Esto le da cierta estabilidad frente a la temperatura,
que no se oxida hasta alcanzar bastante temperatura.
Es, por tanto, el más adecuado para cocinar.
Eso no significa que no haya que tener cuidado con
la temperatura que alcanza, y también con el
tiempo.
Aceites de semillas: girasol, soja, sésamo,
etc. Tienen un alto porcentaje de ácidos grasos
poliinsaturados. Estos ácidos grasos son muy
beneficiosos para la salud, siempre y cuando no se
enrancien. Pero el hecho de ser poliinsaturados les
hace muy inestables. Dicho de otra forma, son muy
propensos a oxidarse, y el calor es uno de los factores
aceleradores de la oxidación. Por lo tanto,
son aceites para consumir en frío (previa obtención
por presión en frío, obviamente), pero
no para cocinar, y aún menos para frituras
repetidas.
Resumiendo…
- El
tipo de aceite
más adecuado para cocinar es el de oliva,
por ser el más estable. Es uno de los tesoros
de la dieta mediterránea.
-
La temperatura
alcanzada durante la cocción. Hay casas donde
no se cocina sin que el aceite humee. Esto es una
barbaridad. La temperatura del aceite debe ser la
mínima imprescindible para que se cocine
el alimento. Cuando los alimentos quedan muy requemados
o chamuscados, quiere decir que se ha sobrepasado
la temperatura de seguridad.
-
El tiempo
que dura la cocción. Debe ser la mínima
necesaria para cocinar el alimento.
-
El número
de veces que se reutiliza el aceite. Lo mejor: ninguna.
La freidora no es nada conveniente.
-
La frecuencia con
que se cocina a altas temperaturas. Lo ideal es
que las frituras u otros métodos de cocción
con mucho calor sean para las ocasiones. Es preferible
que la cocina diaria sea suave, con cocciones al
vapor, con platos caldosos de verduras, legumbres,
etc., estofados e incluso salteados breves. Los
alimentos fritos, a la plancha, etc., deberían
ser para las ocasiones. Esas ocasiones, además,
pueden balancearse en cierta medida combinándolos
con alimentos con alto poder antioxidante, como
son las ensaladas. Dicho de otro modo, si se decide
tomar un pescado rebozado, es mejor acompañarlo
de ensalada que de patatas fritas.
La precaución con el método de cocinado
de los alimentos que comemos puede y debe extenderse
a lo que se come fuera de casa. No es necesario ir
a un bar de tapas a comer fritos. Las patatas fritas
de bolsa, los frutos secos fritos y todo tipo de aperitivos
industriales son también fritos. Los productos
de bollería, que contienen grasas, también
han sido horneados a altas temperaturas.
Si
estas medidas son de interés para todos, las
personas mayores, enfermas o con trastornos degenerativos
son las más interesadas en extremar los cuidados
a la hora de cocinar.
En
la Medicina China, el uso de la temperatura es uno
de los factores a considerar a la hora de balancear
la dieta. El calor es yang, y al cocinar los alimentos
se yanguizan. Eso tiene su importancia, de cara al
equilibrio global de la dieta, y en función
de la constitución y estado de la persona,
de la estación del año y del clima.
Isabel
F. del Castillo
Especialista en Nutrición y Dietética
Aplicada
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