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En la actualidad, la palabra dieta es utilizada prácticamente
por todo el mundo, de manera tal que el tema se ha
desvirtuado y al parecer, cualquier persona puede
elaborar una y ponerla a disposición de los
demás, hecho que podría tener resultados
nefastos.
La
mayoría de las dietas de las que disponemos,
son estructuradas por personas que no cuentan con
los conocimientos básicos para llevarla a cabo.
Es muy común que este tipo de regímenes
alimenticios sean hechos de forma irresponsable, disminuyendo
drásticamente la cantidad de calorías,
sin tomar en cuenta las características y necesidades
de cada persona, para evitar complicaciones por consumir
alimentos que no aportan los elementos recomendados
que suministran las necesidades nutricionales.
Es
importante destacar, que cuando hablamos de una dieta,
nos referimos a la manera en la que el cuerpo recibe
la energía que es requerida para llevar a cabo
todas sus funciones. De esta forma, se entiende por
dieta a la cantidad de alimentos que se consumen en
un día y regularmente se divide en tres comidas:
desayuno, comida y cena.
La
ciencia como base
Para
establecer la manera en que se debe elaborar una dieta,
es necesario conocer algunos términos para
comprender como se gasta la energía que ingresa
a nuestro organismo, a través de los alimentos.
En primer lugar, debe entenderse que toda esa energía
es usada en tres categorías:
Tasa metabólica basal.
Este
término se entiende como la cantidad de energía
que se requiere para mantener las constantes vitales
del organismo y que se traduce en la forma de calor
liberado por el cuerpo al llevarlas a cabo; nos referimos
a:
- Temperatura
corporal, que oscila entre 36.5 a 37.5 ° C.
-
Frecuencia cardiaca, en un rango entre 60 y 80 latidos
por minuto.
-
Continuidad respiratoria, que va de 16 a 20 ventilaciones
(inspiración y expiración de aire)
por minuto.
-
Tensión arterial, cuyos valores normales
varían entre 70/110 a 80/120 milímetros
de mercurio (unidades en las que ésta se
mide).
Para calcular la cantidad de energía que se
requiere para mantener vigentes las condiciones descriptas,
es necesario realizar gran cantidad de estudios basados
en alta tecnología. Un experto en la materia,
tomará en cuenta las características
físicas (peso corporal, estatura, edad, sexo),
y a partir de los datos obtenidos empleará
diversas fórmulas médicas para realizar
el cálculo, que en una persona promedio da
como resultado el requerimiento aproximado de 1700
kilocalorías (unidades en las que se mide la
demanda calórica).
El
siguiente paso es sumar las kilocalorías, de
modo que el resultado será la demanda promedio
en personas comunes y corrientes, que como podemos
observar es 2600 kilocalorías por día,
las cuales deben ser divididas en las tres comidas.
Por
cierto, el desayuno es para muchos estudiosos la comida
más importante del día, ya que se toma
después de un lapso prolongado de ayuno.
Sin
embargo, olvidan mencionar que también este
período corresponde al momento en que la actividad
física es baja y, por tanto, la energía
no utilizada mientras dormimos es reservada para poder
realizar actividades cotidianas y ligeras, hasta el
momento de recargar nuestras reservas. Ante ello,
podemos decir que el 25% del requerimiento promedio,
deberá aportarse en esta comida (650 Kcal.),
ya que representa la cantidad de energía que
se puede proporcionar con el consumo de una ración
de cereal con leche, un par de huevos cocidos, una
ración de fruta (100 grs. aproximadamente)
y un vaso con jugo de fruta.
En
el segundo alimento del día, el aporte de energía
debe corresponder al 50 ó 60% de la total,
o sea entre 1300 y 1560 Kcal. Esto se puede lograr
mediante el consumo de una ración de sopa de
pasta, Aproximadamente 100 grs. de carne, una ración
de verduras, una ración de tortilla o pan (equivalente
a 30 grs.), así como un vaso mediano con agua
de fruta y una ración de fruta fresca.
El
ultimo alimento del día, la cena, corresponde
al 15-25% del aporte de calorías, es decir,
aproximadamente entre 390 y 650 Kcal., las cuales
se pueden incorporar al consumir un vaso con leche
entera, una pieza de pan dulce y una ración
de fruta fresca.
Todos
ellos, son ejemplos de como diseñar una dieta
balanceada y bien estructurada para un individuo promedio.
Como se puede apreciar, la elaboración de una
dieta normal es un procedimiento bastante complicado,
en el que se requiere de un avanzado conocimiento
de los elementos fisiológicos del cuerpo humano,
así como del valor de los alimentos y de los
nutrimentos que cada uno de ellos nos proporcionan
para cubrir las necesidades de energía del
organismo.
Por
ello, no es conveniente adoptar cualquier tipo de
dieta que nos presentan en revistas, radio, televisión
y vía Internet, ya que en su mayoría
carecen del análisis científico básico
que se requiere para su elaboración. Además,
se presentan como simples recetas de cocina que en
apariencia no causan daño, pero que a la larga
pueden tener efectos contrarios a la pérdida
de peso, causando lo que se denomina rebote, lo que
significa que hay mayor ganancia de peso en correspondencia
a la que se pierde con la "dieta".
Si
esto es necesario para estructurar una dieta balanceada,
imaginemos lo que realmente se requiere para diseñar
una que sea reductora. Por ello, resulta de vital
importancia asesorarse con un nutriólogo de
confianza, tanto para saber si el régimen alimenticio
que queremos seguir es el indicado para nuestra condición,
como para saber balancear la alimentación.
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