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los alimentos enriquecidos de mayor consumo se encuentran
los productos lácteos, el azúcar, la sal
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La
mayoría de los productos enriquecidos son adecuados en
situaciones en las que se requiere una suplementación,
sin pasar por alto que lo más recomendable es cubrir las
ingestas recomendadas con de una dieta equilibrada y saludable.
Aunque actualmente no hay estudios que demuestren que estos productos
puedan tener un efecto de «sobrenutrición»,
es necesario no sólo que estén regularizados sino
que se analicen sus efectos a largo plazo.
Un
alimento es considerado enriquecido cuando la proporción
de uno o varios de los nutrientes que lo componen es superior
a su composición normal y cuando esta modificación
se realiza de forma artificial. A lo largo de los años,
se han añadido diversos nutrientes a alimentos y bebidas
en todo el mundo con el fin de cubrir las recomendaciones dietéticas
y solucionar deficiencias en algún nutriente específico.
En los últimos años, sin embargo, el mercado ha
presenciado un aumento de productos funcionales, entre ellos los
enriquecidos, que tienen como objetivo mejorar la alimentación
de la población en general. No obstante, pueden darse problemas
ligados a la eficacia real de la suplementación. Entre
otros motivos, se han descrito posibles interacciones o desequilibrios
que pueden producirse a nivel metabólico de los diferentes
nutrientes ante enriquecimientos masivos.
Muchos de los problemas asociados con altas dosis de un solo nutriente
pueden reflejarse en interacciones que se traducen en una deficiencia
relativa para otro nutriente. Esto significa que la suplementación
no debería realizarse con un único objetivo comercial,
sino que deberían ir apoyados por estudios que permitiesen
evaluar y garantizar la eficacia de su uso.
Evolución
histórica
Añadir nutrientes a alimentos es una práctica que
se origina a principios del siglo XIX, cuando el químico
francés Boussingault recomendó añadir yodina
a la sal de mesa para prevenir el bocio en Suramérica.
En 1918, en Dinamarca, se fortificó la margarina con vitamina
A concentrada y en 1931 en EEUU se enriqueció leche entera
con vitamina D. En cuanto a los cereales, la fortificación
de cereales de desayuno empezó a mediados del siglo XX,
concretamente en 1941.
Aunque hasta ahora no se ha evidenciado ningún riesgo asociado
al incremento en la concentración de algunos nutrientes,
la generalización de esta práctica a muchos alimentos
hace necesaria una reflexión. Por una parte, el enriquecimiento
de alimentos no es algo imprescindible para seguir una alimentación
sana y equilibrada. Aunque en algunos casos la adición
de algún nutriente puede estar debidamente justificada
en determinadas poblaciones, muchas veces con una dieta variada
y saludable ya pueden obtenerse ingestas muy cercanas a las recomendadas.
Por otra, sin más estudios sobre la biodisponibilidad de
los nutrientes añadidos y posibles efectos a largo plazo
es difícil valorar los efectos del consumo habitual de
un alimento enriquecido. Un claro ejemplo de todo ello lo refleja
un artículo publicado en The Lancet en 2004, según
el cual el consumo regular y sostenido de leche infantil enriquecida
podría aumentar el riesgo cardiovascular en la edad adulta.
No se conoce con precisión el motivo que explique este
proceso, aunque induce a pensar que, si se debe a la suplementación
artificial de los alimentos, su consumo generalizado terminaría
incrementando los riesgos para la salud de los consumidores, especialmente
si se da en niños.
Alimentos enriquecidos
Entre
los alimentos enriquecidos de mayor consumo se encuentran los
productos lácteos, el azúcar, la sal y los condimentos.
Los productos lácteos, igual que los cereales y derivados,
son unos de los principales vehículos para ser fortificados
con calcio, hierro, cinc y otros micronutrientes. La leche líquida
de vaca, en muchos países, se consume de forma generalizada
entre la población infantil, uno de los principales grupos
de riesgo. Las fórmulas infantiles son básicamente
leche modificada de vaca y adicionadas con distintos nutrientes.
Las leches chocolatadas también resultan un atractivo vehículo
de fortificación.
En cuanto al azúcar, constituye una alternativa más
que puede ser considerada como vehículo de fortificación
para el hierro y el cinc, así como para otros nutrientes
como la vitamina A. Por otro lado, la fortificación de
la sal con yodo ha demostrado ser una estrategia efectiva para
combatir su deficiencia en todo el mundo, razón por la
que resultaría ser un vehículo apropiado para ser
utilizado en la fortificación con otros micronutrientes
como el hierro y el cinc.
Por último, los condimentos son un atractivo vehículo
para utilizar en la fortificación con hierro, cinc y otros
micronutrientes, especialmente en los países donde habitualmente
se consumen en cantidades importantes. Un ejemplo de ello es la
India, un país con alta prevalencia de anemia por deficiencia
de hierro y que posee una ingesta promedio diaria de 9.54 g de
especias per cápita. Otros condimentos como el curry, la
salsa de pescado y soja, al igual que el glutamato monosódico,
se consumen de forma amplia en los países asiáticos.
Su fortificación con distintos compuestos de hierro ha
demostrado ser efectiva en disminuir los índices de anemia
en estas regiones.
En general, la absorción de ambos minerales suministrados
juntamente con estas especias está favorecida como consecuencia
de que los condimentos poseen la propiedad de estimular la secreción
de ácido clorhídrico del estómago, lo que
favorece la absorción de hierro y cinc contenido en el
alimento. Por lo tanto, usar los condimentos como vehículos
de fortificación, resulta ser una alternativa efectiva
para combatir su deficiencia nutricional de micronutrientes, en
aquellos países donde los mismos son consumidos masivamente.
Micronutrientes
El
calcio y el fósforo se añaden con frecuencia como
un solo componente, en forma de fosfato de calcio. Las acciones
de estos dos minerales están íntimamente relacionadas.
Las formas grasas y deshidratadas se utilizan habitualmente como
una fuente «natural» del calcio pero son muy caras
en comparación a las formas inorgánicas. El sulfato
de calcio, que puede obtenerse de depósitos naturales,
está considerado como el mayor suplemento de calcio en
panificación porque es económico y se absorbe correctamente
por el tracto intestinal.
Sin embargo, en el enriquecimiento, no todo son ventajas. A nivel
tecnológico, algunos fosfatos de calcio tienen la capacidad
de modificar el pH del alimento, pueden insolubilizarse en el
gluten y puede interactuar con los ácidos pécticos,
llegando a afectar la textura del alimento. Además, la
adición directa de fuentes de calcio a zumos, como carbonato
o hidróxido, puede contribuir a crear componentes que afecten
al aroma.
Generalmente, alrededor de un 25-30% del calcio ingerido es absorbido
por el cuerpo. La absorción es mayor en la infancia (entre
50-70%) y embarazo (alrededor del 40%). Estas variaciones y su
baja biodisponiblidad puede deberse, entre otras, a la multitud
de interacciones entre el calcio y otros nutrientes. De hecho,
tal y como se ha comentado, el metabolismo del calcio y el fósforo
están íntimamente relacionados.
Entre los factores que pueden dificultar la absorción de
minerales destaca la fibra, ya que se aumenta la excreción
de éstos por vía fecal, especialmente la insoluble,
los fitatos, taninos y ácidos oxálicos. En general,
el fósforo estimula la retención de calcio. Altas
ingestas de fosfato (normalmente a partir de dietas hiperproteicas),
también pueden disminuir la absorción de calcio,
pudiendo provocar, a la larga, problemas de descalcificación
ósea.
De hecho, los alimentos con alto contenido proteico son por lo
general ricos en fósforo (por cada gramo de proteína
se consumen alrededor de 15mg de fósforo). El consumo de
carne elevado, que favorece la formación de ácido
úrico, resulta ser un descalcificador mayor que la proteína
de soja, de origen vegetal. Una excepción a esta situación
son las proteínas de la leche, con un efecto negativo menor,
e incluso algunas pueden mejorar la biodisponibilidad, gracias
a la lactosa y la vitamina D, entre otros factores.
Por
el contrario, son escasos los indicios que sugieren que el aporte
excesivo de calcio puede ser nocivo para las personas sanas. Las
Ingestas Recomendadas de este mineral están alrededor de
800 mg en adultos y ascienden a 1200 en niños o embarazadas.
La hipercalcemia debida al aporte excesivo es rara, pero se le
ha asociado con la ingesta de grandes cantidades de suplementos
consumidos con álcalis absorbibles. Los síntomas
son tono muscular laxo, estreñimiento, grandes volúmenes
urinarios, entre otros. En cambio, sí existe cierta preocupación
respecto al consumo de suplementos de calcio y la posible absorción
reducida de algunos minerales, especialmente en relación
con el hierro.
Por otro lado, el enriquecimiento de hierro en alimentos de consumo
habitual, como los cereales de desayuno, se practica desde hace
más de 50 años, aunque siempre utilizando sales
inorgánicas y en ningún caso, mediante el empleo
de hierro orgánico (hierro hemo). En individuos sanos,
sólo se absorbe una pequeña proporción de
hierro dietético, aunque la capacidad de absorber aumenta
en casos de deficiencia. Los mecanismos de la absorción
de minerales pueden interaccionar entre ellos. Al igual que ocurre
con el calcio, la absorción mineral está influida
por la solubilidad de los complejos utilizados.
La forma química del hierro influye sobre la biodisponibilidad
del mismo. En la naturaleza se presenta en dos formas: hierro
no hémico y hémico (presente especialmente en productos
de origen animal), siendo ésta última la forma con
mejor biodisponibilidad. Durante la digestión, los complejos
en forma férrica sufren una reducción en forma ferrosa.
Gracias a la acción de ácidos (como el clorhídrico,
láctico, cítrico, ascórbico), azúcares
(como el sorbitol y el azúcar) y aminoácidos como
la cisteína y la lisina, el hierro se estabiliza en la
forma más soluble.
Por otro lado, otros compuestos de la dieta dificultan la absorción
como los carbonatos, oxalatos, fitatos, fosfatos, taninos, polifenoles
y algunos nutrientes inorgánicos (Ca, Mn, Cu, Cd, Co y
la fibra). El hierro hémico tiene la capacidad de potenciar
la absorción del hierro no hemo y además no se ve
afectado por los factores que dificultan la biodisponibilidad
del mismo, a excepción del calcio, que puede llegar a ser
un inhibidor del hierro ingerido de hasta un tercio.
A diferencia del calcio, el hierro es muy inestable y reactivo
ante el calor y la oxidación, ya que tiene capacidad de
existir en dos estados (ferroso y férrico). El hierro tiene
más toxicidad porque se excreta poco. En este sentido,
han surgido temores sobre la sobrenutrición con hierro
en personas sanas, que podría elevar el riesgo de enfermedades
crónicas. Un exceso de hierro en forma ferrosa a férrico
provoca que se liberen iones y se acumule ácido láctico
y cítrico, produciéndose una lesión mitocondrial
inducida por el mismo mineral.
Por este motivo sería razonable continuar las investigaciones
activas sobre los efectos potenciales del hierro almacenado en
altas cantidades y sus consecuencias en la salud mediante el empleo
de los mejores empleos posibles.
Enriquecer con vitaminas
La suplementación en vitaminas implica menos problemas
de procesamiento que los enriquecimientos en minerales o proteínas,
ya que las cantidades requeridas son mucho menores. Las pérdidas
vitamínicas durante la elaboración y almacenamiento
de los alimentos deben compensarse con la adición de una
cantidad importante del nutriente para que así el consumidor
reciba formalmente los niveles requeridos. Para añadir
dicha cantidad, deben tenerse en cuenta las pérdidas que
se puedan producir entre la manipulación y el consumo.
Cuando un producto es enriquecido en vitaminas, debe establecerse
un programa de control de calidad para asegurar que cada porción
o ración contiene las cantidades de vitaminas que son declaradas.
No obstante, un exceso de determinadas vitaminas puede tener efectos
perjudiciales sobre los consumidores, dependiendo de la dosis
y grupo de edad al que afecte.
La vitamina A preformada es uno de los nutrientes con mayor potencial
tóxico cuando se la consume en exceso. Su naturaleza liposoluble
y su larga semivida biológica favorecen ciertos rasgos
tóxicos. Cuando se toman cantidades masivas de vitamina
A preformada o si se consumen grandes dosis de manera acumulativa,
surgen manifestaciones generales de toxicidad.
Los signos y síntomas de la hipervitaminosis aguda incluyen:
dolor abdominal, náuseas, vómitos, cefalea, cansancio,
irritabilidad y descamación generalizada de la piel. La
hipervitaminosis crónica produce los siguientes síntomas:
fontanelas prominentes en los bebés, dolor óseo
o hinchazón, cambios en el cabello y la piel, irritabilidad,
disminución del apetito o vómitos.
Otra vitamina preocupante es la D. Sin embargo, no suelen existir
grandes cantidades de Vitamina D en las fuentes alimentarias habituales
y son raros los informes de intoxicación. No obstante,
siempre existe la posibilidad de intoxicación por vitamina
D en quienes toman cantidades excesivas.
Recientemente se describió un caso de intoxicación
por vitamina D debido el consumo de leche enriquecida con concentraciones
demasiado elevadas de vitamina D3. Los síntomas de intoxicación
incluyen hipercalcemia, hipercalciuria, anorexia, náuseas,
vómitos, sed, desmineralización ósea generalizada
etc. En algunos casos, se ha demostrado que el grado de toxicidad
se relaciona con la cantidad de calcio ingerida con los alimentos.
Alimentos enriquecidos contra el cáncer
Un
suplemento a base de prebióticos y probióticos es
capaz de proteger contra el cáncer de colon, según
un estudio paneuropeo
El cáncer de colon ha sido objeto estos últimos
años de estudios con animales de laboratorio destinados
a ensayar el papel protector de formulaciones, tanto prebióticas
como probióticas. Ahora, un proyecto patrocinado por la
Unión Europea y bautizado con el nombre de SynCan ha demostrado
ser capaz de reducir los niveles de bacterias fecales responsables
de la aparición del cáncer.
La
actividad de determinadas bacterias colonizadoras del colon se
sabe que daña el ADN celular y marcan el punto de arranque
de un proceso cancerígeno. En un artículo publicado
en el American Journal of Clinical Nutrition, los investigadores
del SynCan explican cómo una combinación simbiótica
de productos prebióticos (inulina y oligofructosa) y probióticos
(lactobacilos y bifidobacterias) consigue alterar el ecosistema
bacteriano y evitar que las bacterias fecales dañen el
ADN celular con sus metabolitos. En el estudio, 80 pacientes (43
con pólipos y 37 con cáncer de colon diagnosticado)
fueron asignados a dos grupos de tratamiento, seguidos por espacio
de 12 semanas.
Un grupo recibió 12 gramos diarios de la mezcla simbiótica
y los demás recibieron solamente probióticos. Por
efecto de estos últimos, la población de Clostridium
perfringens (una bacteria que es, a su vez, marcador de riesgo
para cáncer de colon) se vio reducida en un 32% para quienes
presentaban pólipos y en un 22% para los pacientes con
cáncer. Joseph Rafter, del Instituto Karolinska de Estocolmo
y coordinador del estudio, explica cómo descendieron también
los niveles de genotoxina, un agente que produce mutaciones en
el ADN. «Nuestro futuro planteamiento va a ser comparar
probióticos y prebióticos por separado, para poder
certificar si la ventaja de los simbióticos se basa simplemente
en la adición de prebióticos a la labor protectora
propia de los probióticos, o si entran en juego más
consideraciones».
Un cáncer sensible a las bacterias
Cada año se diagnostican en Europa 363.000 nuevos casos
de cáncer colorrectal. La incidencia se dispara todavía
más en los países de la Europa oriental y meridional.
No obstante, se trata del cáncer con mayores tasas de curación,
y se estima que el 80% de los casos acaban remitiendo cuando el
diagnóstico ha sido formulado de manera precoz. Si las
bacterias fecales que colonizan el colon pueden dar lugar a cáncer,
su supervivencia se ve decisivamente influenciada por la llamada
flora bacteriana intestinal, colonias de bacterias no tan agresivas
como las fecales pero muy superiores en cantidad.
Los expertos recomiendan, para desarrollar una buena flora bacteriana
de protección, tomar simbióticos, vitaminas y oligoelementos
específicos
Se calcula que en el intestino de un individuo sano habitan cerca
de un kilogramo de bacterias similares. Las bacterias buenas (eubióticas)
tienen la guerra declarada a las patógenas. Y, para sobrevivir,
dependen de los hidratos de carbono ingeridos en la dieta. Lamentablemente,
la glucosa, la fructosa o la galactosa son asimiladas por el tracto
digestivo antes de llegar a la última parte del intestino,
y las bacterias eubióticas no tienen más remedio
que hacer fermentar las fibras alimenticias (peptina o inulina)
para producir sacáridos.
Cuando tomamos antibióticos, ingerimos alimentos contaminados
o padecemos estrés nervioso, las bacterias eubióticas
tienen todas las de perder y las fecales traducen su particular
fiesta en síntomas molestos: dolor de vientre, gases, diarrea...
Los expertos en nutrición aseguran que con la simple alimentación
cotidiana es difícil favorecer el crecimiento y desarrollo
de una buena flora bacteriana de protección, por lo que
recomiendan tomar simbióticos (fermentos lácticos
probióticos asociados a sustancias prebióticas),
vitaminas y oligoelementos específicos.
Colonización
El cuerpo humano está formado aproximadamente por 10 billones
de células y hospeda una población bacteriana de
aproximadamente 100 billones (tocan a 10 bacterias por cada célula).
Ya al nacer, el segmento gastrointestinal se ve invadido por microorganismos
provenientes del tramo genitourinario de la madre, y luego la
leche materna, que aporta lactobacilos para favorecer la colonización
eubiótica. En el niño alimentado con leche materna,
las poblaciones de Escherichia coli, enterococos, clostridios
y bacteroides desaparecen o disminuyen. En cambio en los niños
alimentados con biberón, la disminución o la desaparición
de determinadas poblaciones no se produce.
Los alimentos están constituidos por moléculas demasiado
grandes para ser asimiladas por nuestro organismo, y si el alimento
no se transformara durante el proceso digestivo por medio de las
bacterias acabaría resultando perjudicial. Por medio del
metabolismo, nuestro organismo toma energía de los alimentos
que ingerimos y posibilita la fluidificación de los alimentos,
su transformación en sustancias químicamente más
simples y la completa escisión de las mismas hasta posibilitar
la asimilación. Después de todas las fases de transformación,
la absorción de los alimentos culmina en el intestino.
Para Comer, "Batido de Bacterias"
Los simbióticos son alimentos que contienen bacterias que
no hacen daño al organismo, y de esta manera fortalecen
el sistema inmune. Los especialistas en nutrición llevan
ya más de una década recomendando la incorporación
de alimentos simbióticos a la dieta a fin de fortalecer
el sistema inmunológico e inhibir cánceres de colon
y vejiga. Los simbióticos actúan como inhibidores
de la acción de los oncogenes, previniendo su propagación.
Son simbióticos todos los alimentos que combinan probióticos
(bacterias que no dañan al organismo) y fructanos naturales
(o prebióticos) de los hidratos de carbono.
Con ellos es posible modular la respuesta inmunológica
para combatir agentes infecciosos que hayan colonizado el tracto
intestinal. El estudio llevado a cabo por el equipo de Joseph
Rafter concluye que en individuos con predisposición genética
para desarrollar cánceres de colon y vejiga los simbióticos
disminuyen la prevalencia de células cancerígenas,
que tarde o temprano terminarían activándose. Paralelamente,
otros estudios han demostrado que los simbióticos mejoran
el control del colesterol sanguíneo y la biodisponibilidad
de hierro y zinc para asimilar los nutrientes de la dieta.
Alimentos
enriquecidos en compuestos antioxidantes
Investigadores del Centro de Edafología y Biología
Aplicada del Segura de Murcia (CEBAS) del CSIC han desarrollado
un sistema que permite incrementar la cantidad de un antioxidante
natural presente en la uva y que pasa al vino, y otro sistema
para producir de forma natural un antioxidante presente en el
aceite de oliva.
Los alimentos de origen vegetal contienen una serie de factores
no nutricionales que tienen capacidad de protección contra
ciertas enfermedades, entre los que se encuentran los compuestos
fenólicos caracterizados por su alta capacidad de captar
radicales libres (actividad antioxidante). Numerosos estudios
han demostrado que unos adecuados niveles en sangre de antioxidantes
pueden proteger contra diversos tipos de cáncer y enfermedades
cardiovasculares. Se sabe además que alimentos típicos
de la dieta mediterránea como el aceite de oliva y el vino
tinto contienen en su composición polifenoles antioxidantes.
Investigadores del Centro de Edafología y Biología
Aplicada del Segura (CEBAS) han desarrollado un sistema que permite
incrementar la concentración de un antioxidante natural
presente en la uva y que pasa al vino.
El vino tinto contiene en su composición el antioxidante
resveratrol. Esta molécula se ha asociado con las propiedades
beneficiosas para la salud que se atribuyen a un consumo moderado
de vino tinto. Se sabe que este antioxidante está presente
en las uvas. El equipo dirigido por Francisco Tomás-Barberán,
responsable del grupo de Calidad, seguridad y bioactividad de
alimentos de origen vegetal del CEBAS, ha aprovechado el hecho
de que este antioxidante se sintetiza en la uva como respuesta
a situaciones de estrés para diseñar un procedimiento
capaz de estimular su biosíntesis. Se trata de un equipo
muy sencillo que lo que hace es someter a la uva, una vez cosechada,
a pulsos de irradiación ultravioleta. «De este modo
simulamos una situación de estrés que se da en la
naturaleza, con la ventaja de que nosotros podemos controlarlo»
explica Juan Carlos Espín, miembro del grupo de investigación.
"Combinando diferentes potencias y tiempos de irradiación
hemos obtenido resultados muy prometedores, ya que hemos sido
capaces de aumentar hasta más de 200 veces la cantidad
inicial de este antioxidante en uva de una manera inocua y sin
afectar sus propiedades sensoriales de la uva".
Esta tecnología, que ha sido patentada, permitiría
obtener uva de mesa y vinos con un elevado contenido en este antioxidante
natural y por lo tanto con sus propiedades beneficiosas para la
salud mejoradas. Asimismo, se puede obtener un extracto enriquecido
en resveratrol a partir de las uvas tratadas y utilizarlo como
aditivo para otros alimentos.
También con el aceite de oliva
Este mismo grupo de investigación ha desarrollado otro
método para producir de forma natural el antioxidante hidroxitirosol
que, según numerosos estudios, es el principal responsable
de las propiedades beneficiosas para la salud del aceite de oliva.
El efecto global que otorga es, de nuevo, protección frente
a enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
Los métodos que se han utilizado hasta ahora para obtener
esta molécula han consistido básicamente, en la
síntesis química o bien, en la obtención
directa del compuesto de los residuos procedentes de la fabricación
de aceite de oliva.
En ambos casos, detalla Juan Carlos Espín, los procesos
son laboriosos, caros, requieren el empleo de sustancias altamente
tóxicas y se obtienen rendimientos que varían entre
el 40 y el 80% de formación del antioxidante.
El procedimiento que ha desarrollado este grupo es un sistema
de síntesis enzimática continua, sin el uso de aditivos
contaminantes o tóxicos y con un rendimiento del 100% en
la obtención del antioxidante. El método se basa
en la síntesis enzimática del hidroxitirosol a partir
de su precursor tirosol (que también se encuentra en el
aceite de oliva y en los residuos de su fabricación) pero
que carece de las propiedades beneficiosas del hidroxitirosol.
En el proceso se usa la enzima tirosinasa (de champiñón)
en presencia de vitamina C.
«Mediante nuestro método se puede producir el antioxidante
hidroxitirosol de una forma fácil y barata, evitando la
síntesis química. El proceso se podría adaptar
a un reactor, de forma continua para formar hidroxitirosol de
una forma natural y biocompatible» explica Juan Carlos Espín.
El método ha sido patentado y permite utilizar el antioxidante
obtenido, bien sólo o en combinación con vitamina
C, como aditivo en alimentos pues no hay que olvidar que es un
ingrediente natural presente en el aceite de oliva. Entre los
alimentos que se podrían enriquecer con el antioxidante
se pueden destacar algunos zumos, como el de tomate, o los gazpachos,
las ensaladas preparadas o los alimentos infantiles.
¿Alimentos o medicinas?
La legislación de la UE define los productos medicinales
como sustancias para el tratamiento o la prevención de
enfermedades humanas. Las medi-cinas son sustancias sujetas a
una regulación estricta y que, a menudo, sólo pueden
obtenerse con receta médica. Sin embargo, en las etiquetas
de los alimentos enriquecidos y los complementos alimenticios
no puede indicarse que sirven para tratar o curar enfermedades.
Una fuente adicional de vitaminas y minerales
Los complementos alimenticios y los alimentos enriquecidos constituyen
un modo de compensar el consumo insuficiente de ciertos nutrientes
debido a una serie de factores de carácter dietético,
social, cultural y estético. En opinión de David
Byrne, Comisario Europeo de Sanidad y Protección de los
Consumidores, “Es preciso aclarar que, para lograr un crecimiento
y una vida saludables, la mejor solución sigue residiendo
en una dieta equilibrada. Los complementos alimenticios sirven,
principalmente, para compensar el consumo inadecuado de nutrientes
esenciales por parte de determinadas personas o grupos de población
específicos o, en otros casos, para incrementar el consumo
de dichos nutrientes. Las etiquetas de estos productos deben informar
de forma adecuada y clara a los consumidores sobre cómo
y en qué casos utilizarlos.” |