|
|
|
| Durante
las celebridades de fin de año, la mayoría
de la gente tiene que pagar las consecuencias luego
de excederse en el consumo de los deliciosos platillos,
pues sufren malestar estomacal y ganan algunos kilos.
|
|
Durante los
festejos navideños y de fin de año, es común
que se olvide el famoso refrán que dice: "Lo fundamental
en la alimentación es desayunar como príncipe, comer
como burgués y cenar como mendigo", ya que sin pensarlo,
caemos en excesos y todo el tiempo degustamos sin límite
suculentos guisados.
En consecuencia,
el aparato digestivo soporta comida grasosa, gran cantidad de
dulces y bebidas alcohólicas al por mayor. De esta forma,
responde a la "agresión" mediante dolor, acidéz,
gases y diarrea. Pero esto no es todo, ya que no le dimos oportunidad
de digerir adecuadamente y eliminar grasas, por lo que no quedó
otro remedio que almacenarlas en distintas partes de nuestra silueta.
Es importante
saber que dichos excesos no sólo se produjeron en cantidad
(en esos días multiplicamos por 3 ó 4 nuestras necesidades
calóricas diarias), sino también en calidad por
dos razones fundamentales: la primera, al excedernos en salsas,
especias, condimentos, picante, café y alcohol; y la segunda
porque disminuimos nuestras exigencias de calidad ante la elevada
demanda de los productos que consumimos, por ejemplo, dulces,
pasteles y botanas. Lo grave del asunto es que hay quienes lo
pagan con gastroenteritis, padecimiento que ocasiona inflamación
en la mucosa del estómago e intestino, lo cual provoca
intenso dolor en la región, gases, diarrea y, en casos
graves, náuseas y vómito.
Se ha calculado
que para digerir los alimentos consumidos en la cena de Nochebuena
o fin de año, se necesita mucho más tiempo del habitual,
concretamente entre 10-12 horas, con el fin de que dicho proceso
se realice de manera apropiada. Evidentemente muy poca gente cumple
con este lapso, pues a una cena abundante le sigue una comida
tanto o más copios
¿Que
debo hacer?
Comer
es una necesidad vital, pero también un disfrute cotidiano
y, ocasionalmente, fuente de gran placer, y seguramente esta percepción
nos llevó a comer en forma descontrolada. Por ello, es
indispensable volver a adquirir disciplina alimenticia, la cual
no sólo "le devolverá la paz" a nuestro
estómago, sino también permitirá que comencemos
a perder peso (lo cual debe apoyarse con rutinas de ejercicio).
El primer
paso es balancear nuestra dieta, la cual debe contener cantidad
moderada de alimentos correspondientes a los cuatro grupos:
- 57% de
carbohidratos (de preferencia complejos, es decir, los que no
tienen sabor dulce, como pan integral, féculas y pastas).
- 25% de
grasas (nunca hay que omitirlas porque permiten la producción
de hormonas).
- 15% de
proteínas.
- 3% de
fibra.
Es necesario
que evite o dosifique las comidas muy condimentadas, picantes
y dulces, así como las bebidas alcohólicas, pues
el estómago "no está dispuesto" a tolerar
otra agresión. También, es necesario incrementar
la cantidad de verduras, frutas y fibra en su dieta, prefiera
los platillos cocinados al vapor o a la plancha y beba de 2 a
3 litros de agua diariamente. Es muy importante que realice 4
ó 5 comidas ligeras al día, pues esto permitirá
que su metabolismo (proceso físico-químico que transforma
los alimentos en energía) trabaje más rápido
y que su estómago digiera perfectamente los alimentos;
asimismo, hay que procurar comer con calma y masticar muy bien
cada comestible.
Cabe destacar
que no es recomendable ingerir productos light en exceso, pues
aunque sean "bajos en calorías" estos alimentos
sólo contienen 30% menos de grasa o azúcar que los
comunes.
En caso que
el malestar en el estómago no disminuya con el cambio de
dieta, acuda inmediatamente al gastroenterólogo, especialista
que realizará valoración de su estado de salud y,
con base en ello, recomendará tratamiento adecuado, el
cual incluye la administración de algunos medicamentos
y algunos consejos, entre los que se encuentran:
- Comer despacio.
- Masticar
bien para triturar correctamente los alimentos.
- Moderar
la cantidad de comida y bebidas alcohólicas, principalmente
si tiene alguna reunión o fiesta.
- Evitar
beber líquidos gaseosos.
- Consumir
diariamente ensaladas de frutas y verduras.
- Utilizar
sólo los condimentos necesarios, de preferencia hierbas
aromáticas, por ejemplo, albahaca, mejorana, tomillo
o hierbabuena.
- En caso
de comida un poco grasosa o condimentada, no olvide tomar un
antiácido.
Así
pues, es conveniente moderar nuestros impulsos y comprender que
"saldrá más caro el caldo que las albóndigas"
si nos rendimos ante el embrujo de los alimentos. |