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el año 2005 en un gimnasio de la capital, agrupamos
a 60 personas de ambos sexos, que asistían regularmente
al mismo, de entre 35 y 65 años de edad. |
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Todas
ellas con sobrepeso (ninguna obesa grado II o más), en
tres grupos de 20 personas cada uno. Se les bonificó la
cuota del gimnasio a cambio de que continuaran asistiendo regularmente
por tres meses. Se les tomaron ciertos datos a cada persona, talla,
peso, perímetro de cintura, porcentaje de grasa corporal
(con un analizador Omron), si eran tabaquistas, si eran fumadores,
que clase de actividad física realizaban diariamente y
que cantidad de actividad física habían realizado
a lo largo de su vida.
La
agrupación se realizo al azar, no se tuvieron en cuenta
las distintas enfermedades que pudieran tener al momento de comenzar
la experiencia. Dejando en cada grupo un 50% de hombres y un 50%
de mujeres.
Grupo A: solo se les indicó que concurrieran
al gimnasio de manera habitual, y que realizaran 40 minutos de
actividad “aeróbica” (cinta, escalador o bicicleta
fija) y 20 minutos en la sala de aparatos.
Grupo B: se les indicó la misma rutina
de ejercicios, pero debían concurrir al gimnasio por lo
menos 4 veces por semana, además de un plan de alimentación
de alrededor de 1100-1300 calorías para las mujeres y 1600-1800
calorías para los hombres, repartidos en cuatro comidas
diarias por lo menos.
Grupo C: fueron citados en grupos de tres personas,
5 días a la semana (tolerando un 15% de inasistencia) para
realizar el mismo circuito de 20 minutos en cinta, 20 minutos
en bicicleta y 20 en la sala de aparatos pero supervisados por
un médico que los llevaba a cada persona a completar la
rutina de la manera mas intensa que fuera posible, teniendo en
cuenta las capacidades individuales. Además del mismo plan
de alimentación que al grupo B.
A los tres meses se analizaron los resultados…
Hay
que tener en cuenta que no puede ser considerado, por lo poco
representativo de la muestra, como un trabajo de investigación.
Pero confirma en la práctica lo expresado en otros trabajos.
En el grupo A, al evaluar los datos antropométricos,
prácticamente no se encontraron diferencias con las primeras
mediciones, un 25% de las personas habían dejado de concurrir,
y el promedio de asistencia fue de 2 a 3 veces por semana.
En el grupo B, con un 15% de abandono, se observó
un grupo (6 personas) que refería haber respetado el plan
de alimentación y la rutina, el cual presentaba un descenso
de peso de entre un 3 y un 7 %, el resto (11 personas) si bien
referían un relativo apego al plan, y referían en
la mayoría de los casos sentirse mejor, no mostraba cambios
significativos en cuanto a sus datos de ingreso.
El
grupo C, en cambio (con 1 abandono) mostraba en todos
aquellos que terminaron el trabajo, una significativa mejoría
en los datos antropométricos, con descensos de peso entre
un 6 y un 13%, mejorando el valor del porcentaje de grasa corporal
en todos los casos, (por el descenso de la masa grasa, aunque
sin elevar mucho la masa magra, que no era el objetivo) en general
referían un mayor apego al plan de alimentación
por el hecho de ser controlados diariamente, una mayor sensación
de bienestar físico y un mejor desenvolvimiento en las
tareas cotidianas.
Conclusiones
La experiencia buscaba reproducir los datos obtenidos en trabajos
mucho más grandes y mejor protocolarizados.
La
clave estuvo en la intensidad del entrenamiento, y en el apego
al plan de alimentación, que, como en un círculo
vicioso, se encuentran muy relacionados entre sí.
Es
notable la diferente actitud ante el mismo ejercicio, que presentaban
los grupos A y B con respecto del C el cual era supervisado. A
Y B nunca alcanzaron la intensidad lograda por C, ni se acercaron
a los valores de mejoría física de este grupo.
Hay
que tener en cuenta también la diferencia de abandonos
del plan en los distintos grupos (25, 15 y 5% respectivamente)
por aburrimiento, por falta de resultados, por malestar físico,
por falta de incentivos en la mayoría de los casos.
También
se observó que en el grupo C, la diferencia fue mayor en
porcentaje de descenso de peso en los hombres con respecto de
las mujeres. Otra observación interesante fue que en los
grupos B y C mayor fue el descenso de peso en aquellas personas
que durante su vida, habían realizado actividad física
de manera intensa (por ejemplo jugadores de rugby o ciclistas)
dejando en evidencia la memoria corporal, con ejercicios más
eficientes y con mejor rendimiento.
Aunque
no fueron medidos, está establecido que una persona que
modifica su estilo de vida, además de disminuir el peso
corporal, mejora sus valores de laboratorio, de tensión
arterial, disminuye la cantidad de medicamentos que usa, mejorando
su calidad de vida.
Queda
claro entonces que no solo hay que hacer hincapié en la
realización de actividad física, sino también
en la forma y la intensidad en la que ésta debe ser llevada
a cabo.
Dr. GUILLERMO BIANCHI |