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Alertan
la posibilidad de que los frutos secos envasados puedan
perder gran parte de sus propiedades. |
Los
frutos secos son semillas pobres en agua y ricas en grasa. De
enorme aporte nutritivo, los frutos secos requieren poca preparación
y pueden comerse enteros, picados, molidos, al natural, tostados,
con o sin sal, cubiertos de chocolate o caramelo, e incluso se
emplean como guarnición en espectaculares platillos; usted
ya los conoce y le interesará saber un poco más
de ellos.
Para quienes tienen dudas acerca de los beneficios a la salud,
vale la pena mencionar que reciente estudio científico
demostró que las personas que comen frutos secos cinco
o más veces por semana tienen la posibilidad de reducir
en 50% el riesgo de padecer enfermedades de corazón en
comparación con los que nunca los consumen, gracias, principalmente,
a que disminuyen las concentraciones de colesterol en la sangre.
Por sus particularidades
nutricionales son alimentos especialmente interesantes para deportistas
o para aquellas personas cuyo trabajo exija un esfuerzo físico
intenso, ya que tienen un alto contenido energético.
Sin embargo, en dosis moderadas (un puñado), pueden formar
parte de la dieta de cualquier persona sana.
El debate de nutrientes
Muchos
de los beneficios de los frutos secos al natural desaparecen cuando
se consumen fritos, salados y, por lo general, envasados. Generalmente,
los frutos secos fritos no se venden a granel, como ocurre en
el caso de los crudos, sino que se presentan en el mercado ya
envasados. El consumidor muchas veces desconoce la grasa utilizada
en la fritura, ya que en ocasiones las etiquetas no presentan
toda la información que el consumidor requiere. En estos
casos, simplemente se informa de los ingredientes con el término
'grasa vegetal', lo que puede llevar al consumidor a confusiones.
Frecuentemente, este término se relaciona con efectos beneficiosos
sobre la salud por la procedencia vegetal de la grasa. Sin embargo,
cuando el fabricante no concreta el tipo de aceite utilizado suele
ser porque éste procede del coco o de la palma, que resultan
bastante más económicos que otros aceites vegetales.
Realmente, los aceites de coco y palma son aceites vegetales,
pero su alto contenido en grasas saturadas, hace que su consumo
en exceso aumente los niveles de colesterol, por lo que no presentan
los efectos cardiosaludables que ofrecen otros aceites como el
de oliva o de semillas (girasol, maíz y soja). Es interesante,
por lo tanto, leer las etiquetas de los productos que se van a
adquirir y escoger, si es posible, aquellos en los que se indique
el tipo de aceite utilizado.
Además de fritos, los frutos secos también pueden
presentarse tostados o salados. El inconveniente que presentan
los frutos secos que han sido tostados es que parte de la vitamina
B1 y de la E se destruyen durante el proceso. En el caso de los
frutos secos salados hay que tener en cuenta que su consumo ha
de moderarse si se siguen dietas controladas en sodio (hipertensión
o retención de líquidos, entre otros).
Mejor crudos…
Desde el
punto de vista nutritivo es más saludable consumir frutos
secos que se presentan crudos y que, por tanto, van a contener
todos los nutrientes y ventajas para la salud que caracteriza
a este tipo de alimentos. Si han sufrido un proceso de fritura,
además de aumentar su valor calórico, se pierden
parte de sus propiedades saludables, debido a la utilización
de aceites vegetales ricos en grasas saturadas. Igualmente, tanto
crudos como fritos, hay que tener en cuenta que dado su elevado
valor energético, se recomienda consumirlos en cantidades
moderadas.
Los
frutos secos pueden formar parte de ensaladas y postres o acompañar
a platos de:
ensaladas
y postres, o acompañar a platos de verdura y carne como
el pollo o el cordero, ya que son mucho más que un simple
alimento para comer entre horas.
Las ensaladas con frutos secos son muy sugerentes y originales,
como la de escarola y naranja, la de cogollos con vinagreta de
frutos secos o la de recula. Postres o tentempiés muy sabrosos
son el queso mató con canela y frutos secos tostados, la
salsa de yogur con caramelo y frutos secos o las manzanas y naranjas
asadas con frutos secos.
Comprar y conservar
Cuando
compremos frutos secos debemos fijarnos en ciertos rasgos de calidad:
- En el
caso de los frutos secos crudos debemos fijarnos en la integridad
de las cáscaras. No deben presentar roturas, manchas,
orificios o deformaciones y deben tener la coloración
propia de su especie o variedad.
- Si son
elaborados, debemos observar las características del
tratamiento: salado, tostado, con o sin piel... En las variedades
tostadas no debemos comprar los que hayan sufrido un exceso
de tostado y en las peladas no debemos comprar las que presenten
restos de piel.
- En los
envasados debemos prestar especial atención a la aparición
de agujeros en los envases, ya que esto puede denotar la presencia
de insectos. También es importante comprobar que los
frutos secos estén sueltos, especialmente en los salados,
ya que la aglomeración de los frutos secos entre sí,
unidos con la sal, puede significar una manipulación
deficiente o una humedad excesiva durante el almacenamiento.
Y, por supuesto, todos deberán llevar el etiquetado con
todos los datos obligatorios.
Los frutos
secos, en general, han de conservarse en ambientes secos y bien
ventilados. Para retrasar el enranciamiento, es aconsejable guardar
los frutos secos más grasos envasados en recipientes herméticos
en el frigorífico, donde se podrán conservar durante
seis meses.
Cualidades: contenido energético
- Aportan
más de 500 calorías por cada 100 gramos de alimento
(excepto la castaña, que ronda las 300 Kcal. por 100
gramos).
- Bajo contenido
en agua (menos del 10% de su composición), y a su considerable
aporte de grasas (más del 50% de su peso).
Por
esta razón, las personas con problemas de vesícula
biliar y páncreas, o que presenten dificultad para la
absorción de las grasas, no deben consumir con frecuencia
los frutos secos.
- Los frutos
secos son ricos en fibra, vitaminas y minerales
- Los frutos
secos son alimentos que apenas contienen hidratos de carbono,
ya que sólo suponen un 5% de su composición.
- También
contienen cantidades notables de proteínas, que representan
alrededor del 20% de su peso.
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