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muchos y muy diversos los factores que determinan nuestro
apetito. |
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Factores
fisiológicos: la edad, el sexo, el peso corporal
o la actividad física...
Factores
psicológicos: el humor, la experiencia previa
con un alimento en particular, restricciones dietéticas
individuales y desórdenes alimenticios (anorexia y bulimia...).
Factores
ambientales: estilo de vida, aspectos culturales y educacionales,
el hecho de tener compañía o no durante la comida...
Factores
hormonales o la concentración de glucosa en sangre son
otros agentes que pueden influir también en la sensación
de apetito.
Como vemos,
muchas son las causas y una única la consecuencia: la sensación
de hambre.
Algo que, de forma genérica, sucede más o menos
cada 3 horas. Sin embargo, hay muchas personas que no atienden
a esa ‘señal’ corporal y acostumbran a concentrarlo
todo en 3 únicas comidas (desayuno, comida y cena) y pasan
intervalos de tiempo demasiado prolongados sin ingerir ningún
tipo de alimento. ¡Grave error!
¿Quién la controla las sensaciones?
El nivel
de azúcar en sangre o glucemia, es el encargado de enviar
esos estímulos y así regular la ingestión
de alimentos, por lo tanto el bajo nivel de azúcar en nuestro
organismo nos induce a comer. Un ejemplo de esto es la sensación
de hambre previa al desayuno.
Es importante
señalar que el estomago también es un regulador
del apetito, dado que cuando permanece por un largo periodo sin
recibir alimentos se contrae. Cuando el estomago se contrae, el
deseo de comer se intensifica, mientras que cuando hay alimentos
en su interior, la señal llega al centro de saciedad y
así, dejamos de comer.
Toda la regulación
del apetito se produce en el cerebro, y los diferentes estímulos
sensoriales generan un impulso nervioso, que actúan sobre
el centro del hambre apareciendo o eliminando el deseo de comer.
Pero puede ocurrir que ciertas lesiones cerebrales en los núcleos
del hipotálamo, afecten al centro de la saciedad, y así
se descontrola todo el mecanismo, la persona afectada presenta
por ejemplo un apetito insaciable de carácter patológico,
y por el contrario los estímulos psicológicos que
actúan inhibiendo el centro del hambre hacen que la persona
caiga en una anorexia nerviosa.
Otros
factores que afectan la saciedad
El apetito
también se ve influenciado por el clima, ya que en ambientes
fríos aumenta el deseo de comer. Esto se debe a que mediante
esa ingestión aumentada de comida, tomamos calorías
que nos permitirán mantener la temperatura corporal.
Otro recurso
que repetidamente se utiliza para reducir el apetito es el tabaco,
que demás está decir que es sumamente perjudicial
para la salud, dados todos sus efectos nocivos.
Señalemos
un caso específico como la diabetes, la sangre presenta
un elevado nivel de glucemia, pero ese azúcar no puede
entrar en la célula, por acción de la insulina,
entonces el centro de saciedad no recibe la información
para detener la ingesta de alimentos. Es por ese mecanismo que
los enfermos diabéticos presentan abundante apetito, pero
cuando la diabetes esta controlada esa sensación de hambre
desaparece.
Acostumbramiento
Decíamos
antes que el estomago regula el apetito cuando se encuentra vacío
generando una contracción y en consecuencia sensación
de hambre, ese malestar se mantiene durante varios días,
pero pasado ese tiempo las molestias desaparecen, y no se tiene
sensación de hambre.
Esta falta
de hambre se produce porque nuestro organismo ha comenzado a consumir
o utilizar sus reservas de azúcar, y cuando las agota,
comienza a degradar las reservas grasas (lipólisis). Como
producto de la degradación de las grasas se produce una
sustancia llamada cetona la cual suprime el apetito. Es así
que la sensación de hambre desparece y se puede sobrevivir
cierto tiempo sin ingerir alimentos.
En muchas
situaciones las personas toman medicamentos para poder regular
el apetito. A estos fármacos se los denomina anorexigenos
y ejercen su acción directamente sobre el centro de la
saciedad, inhibiendo el apetito. Pero a la vez que desaparece
el deseo de comer, provocan varios efectos secundarios puesto
que estimulan al sistema nervioso central, aumentando la tensión
arterial y la frecuencia cardiaca, incluso generando vómitos,
nauseas, insomnio, etc. Debido a las serias consecuencias de estos
fármacos, una persona jamás debe automedicarse.
La mejor forma para regular el apetito
La mejor
y única forma eficiente de regular el apetito es respetar
una dieta equilibrada y balanceada fraccionada en 5 tomas diarias:
desayuno, a media mañana una colación, comida, merienda
y cena. De esta forma se regulará correcta y eficientemente
el deseo de comer, ayudará a evitar el picoteo de alimentos
(snacks) entre horas o la ingesta excesiva en una sola ración,
quienes tienen como consecuencia un inevitable sobrepeso u obesidad.
La solución adecuada nunca es dejar de comer. Más
bien todo lo contrario; para llevar una dieta equilibrada es fundamental
no olvidar ingerir alimentos a media mañana y media tarde.
Si no, llegaremos a las comidas principales totalmente descontrolados
picoteando todo lo que está a nuestro alcance. Eso sí,
la clave está en la elección de esos alimentos:
deben proporcionar los nutrientes esenciales, deben ser saciantes,
bajos en calorías pero ricos en proteínas y fibras.
Resultan especialmente recomendables las piezas de fruta, los
cereales, los yogures descremados o desnatados, pequeños
bocadillos o tostadas de pan integral con fiambres como jamón
o pavo, etc.
Asimismo recomienda otros consejos que, aunque sabidos de sobra,
nunca viene mal recordar:
- A la hora
de comer mastica despacio los alimentos.
- Jamás
te saltes el desayuno e incluye en él fruta y cereales
y derivados, como galletas con fibra.
- Prioriza
la calidad de las calorías frente a la cantidad.
- Bebe un
mínimo de 1,5 litros de agua al día.
- Intenta
llevar un estilo de vida activo.
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