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| La
germinación hace que las semillas de cereales
y leguminosas aumenten su valor nutricional y gracias
a su escaso valor calórico, se convierten en
el aliado ideal para una dieta saludable. Aprenda a
prepararlos en casa. |
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Cuando
un grano de cualquier cereal o leguminosa cuenta con el agua,
oxígeno y calor suficientes germina. Una vez germinados
son más nutritivos y fáciles de digerir. Las semillas
así tratadas se incluyen en la dieta porque permiten vivir
más años y hacerlo con buena salud.
El proceso de germinación es muy sencillo. Tras dejar los
granos a remojo durante una noche, y escurrir y cambiar este agua
en repetidas ocasiones, aparecen unos brotes. Con ellos también
aparecen o se incrementan las propiedades nutritivas del producto.
En
un momento en que ya ha quedado clara la relación entre
algunas enfermedades como la hipertensión, la arteroesclerosis
o la diabetes con los malos hábitos alimenticios, cada
vez son más conocidos y aceptados los alimentos germinados
tradicionales de otras culturas, como la soja, típica en
Extremo Oriente; las judías y guisantes, de la India; el
trigo, de Oriente Medio; o las bebidas de cereales, como la malta
elaborada a partir de cebada germinada.
Los
granos de cereales y leguminosas son alimentos "concentrados"
y, debido a su bajo contenido en agua y su riqueza en hidratos
de carbono complejos -como el almidón- y proteínas,
no deben consumirse crudos. Para que al organismo le resulte más
fácil su asimilación se comen cocidos o asados.
Con ello, se realiza una especie de “predigestión”
que nuestro organismo no podría realizar por sí
sólo. Los germinados, en cambio, es como si ya hubieran
alcanzado ese estado.
Bomba nutricional
En
su valor nutritivo se parecen a las frutas y verduras, ya que,
al igual que éstas, contienen gran cantidad de vitaminas
-en especial A, B, C, E y K-, minerales, enzimas y clorofila.
El germinado de trigo, por ejemplo, contiene hasta seis veces
más vitamina B que la semilla, y en la soja la vitamina
C no aparece hasta que no se ha producido la germinación.
También
resultan muy atractivos si se mira su contenido en azúcares
simples, que aportan energía y se asimilan fácilmente.
El contenido en aminoácidos también se incrementa
entre un 10% y un 30%, y lo mismo sucede con el hierro asimilable.
Esta composición, hace que resulten idóneos para
estimular los procesos digestivos. Su consumo se recomienda en
casos de anemia y para personas con el estómago delicado,
que pueden comer legumbres cocinadas, pero sí sus germinados.
Con las calorías justas
Además, son alimentos que engordan muy poco porque aportan
muy pocas calorías. Las grasas y almidones de las semillas
se transforman en carbohidratos simples, proteínas, vitaminas
y minerales -especiamente fósforo-. Los brotes de soja,
por ejemplo, sólo tienen 30 calorías por cada 100
gramos.
La
otra gran ventaja de estos alimentos es que se pueden producir
en casa. Se almacenan y transportan fácilmente sin estropearse,
no requieren mucho trabajo ni dedicación y tampoco son
caros. El cultivo de germinados en nuestra propia casa nos permite
asegurarnos que los alimentos que consumimos estén libres
de pesticidas e insecticidas.
Los
germinados se pueden consumir de diferentes maneras. Algunos tienen
mejor sabor cuando han sido cocinados, como sucede con la soja,
cuyas proteínas son así aún más fáciles
de asimilar. Con ellos se pueden preparar tortillas, sopas de
verduras, purés, ensaladas, guarniciones para las carnes
o pescados. Incluso se puede añadir al relleno de un sandwich,
como ingrediente en las salsas de tomate, o como novedad en un
plato de arroz.
¿Qué es la germinación?
Proceso
natural de obtención de alimentos muy extendido en todo
el mundo, la germinación hace que las semillas de cereales
y leguminosas aumenten su valor nutricional. Cuando un grano cuenta
con el agua, el oxígeno y el calor necesario, germina para
formar un nuevo ser vivo, una planta que a su vez producirá
nuevas semillas. Cualquier semilla de leguminosa o grano de cereal
puede ser germinado; los más apreciados por su textura
y por el buen sabor de sus brotes son los obtenidos de legumbres
(soja verde, judía mungo, alfalfa), cereales (trigo, cebada)
y de berro, rábano, calabaza, girasol, lino y sésamo.
Germinar
una semilla en nuestra propia casa Aunque se encuentran productos
germinados en establecimientos de alimentación biológica
y herbodietética, podemos elaborarlos en nuestra propia
casa, si seguimos estos pasos:
Seleccionar semillas apropiadas para ser consumidas germinadas,
en buenas condiciones higiénicas y de conservación.
Ponerlas a remojo en un frasco de vidrio (nunca de metal) tapado
con una tela fina. La cantidad de agua: tres o cuatro veces superior
al volumen de semillas.
Dejar reposar las semillas durante 12 horas en un lugar oscuro
y cálido.
Desechar el agua y lavar las semillas con agua tibia. Enjuagarlas
y cambiar el agua dos o tres veces al día hasta que se
vean los brotes (tardan de dos a cinco días). Las semillas
no germinadas se han de tirar.
Alternativa a la cocción
de cereales y leguminosas
Los
granos de cereales y las leguminosas son alimentos concentrados
y, debido a su bajo contenido de agua y su riqueza en hidratos
de carbono complejos (almidón) y proteínas, no pueden
consumirse crudos. Se cuecen en agua o se asan para facilitar
su asimilación por el organismo. Se trata, por tanto, de
una especie de predigestión que nuestro organismo por sí
solo no puede realizar. En cambio, los germinados se asemejan
en su valor nutritivo a frutas y verduras por su contenido de
agua y su riqueza en vitaminas y minerales, enzimas y clorofila.
Están ya predigeridos y se asimilan muy bien por nuestro
organismo. Por su composición, estimulan los procesos digestivos,
regeneran la flora intestinal y son ricos en antioxidantes (vitamina
C y beta carotenos) y en ciertos minerales.
Aportan
muy pocas calorías, por lo que resultan de utilidad en
regímenes para controlar el peso (los brotes de soja, por
ejemplo, aportan tan solo 30 calorías por cada 100 gramos).
Su consumo se recomienda en casos de anemia (por su riqueza en
clorofila, que posee efectos antianémicos, según
algunos estudios) y también para personas con el estómago
delicado (las hay que no toleran legumbres cocinadas pero que
sí sus germinados). Además, resultan sencillos de
preparar, se comen tal cual, crudos en ensalada, salteados, en
tortillas o formando parte de diversos platos cocinados, en cuyo
caso se recomienda añadirlos al final para que no pierdan
sus propiedades.
Durante
años la gastronomía ha sido guiada a satisfacer
los gustos y exigencias que durante generaciones fueron definiendo
las reglas del "Arte del Buen Comer". En la actualidad,
con el desarrollo del conocimiento científico sobre las
influencias de la nutrición balanceada para mantener la
salud humana, comienzan ha surgir nuevos modelos de alimentación
que persiguen elevar la calidad de la vida dentro de un equilibrio
con el entorno natural.
Siguiendo
los preceptos de la gastronomía tradicional todo parece
indicar que, hasta nuestros días, la mayoría de
las personas han preferido alimentarse fundamentalmente a partir
de asados servidos de forma abundante y guarnecidos con discretas
cantidades de verdura, cereales y viandas para luego realizar
digestiones lentas preferentemente en estado de reposo. Por suerte,
en estos tiempos, ha comenzado a surgir una nueva preocupación
a escala planetaria para conocer detalles sobre la calidad de
los alimentos que aparecen en nuestras mesas, así como
las reglas para realizar una buena asimilación de sus nutrientes.
Sí
bien es cierto que en los últimos decenios hubo un rápido
desarrollo para las cadenas de producción de alimentos
rápidos, conocidas como "Fast-Food ". Un creciente
sector de la opinión pública ha comenzado a reconocer
a estos productos, por sus dudosos valores alimenticios, como
"alimentos chatarra". Estos criterios han coincidido
con el punto de vista de muchos especialistas en materia de nutrición
quienes advierten de un empobrecimiento de la riqueza de la dieta
humana en los finales de este siglo.La opinión de los expertos
se ve avalada por un creciente número de enfermedades asociadas
fundamentalmente al modo de comer: hipertensión arterial,
diabetes, algunos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares,
ateroesclerosis y otras tantas, aparecen entre las principales
causas de muerte en los países donde aparentemente están
resueltos los problemas de la alimentación. Es por eso
que el interés por una alimentación sana, sustentada
en el consumo de productos frescos, adquiere cada vez un mayor
número de seguidores en todas partes del mundo.
Las
ensaladas naturales, las frutas de estación, los jugos
puros, las comidas con bajo contenido de grasas, azúcares
y sal, están marcando las pautas de una alimentación
más acorde con las leyes de la vida natural tanto para
los hombres como para el planeta en que vivimos. Y es en este
contexto donde los brotes comienzan a ser reconocidos como uno
de los alimentos más importantes por sus elevados valores
curativos y nutritivos.
Desde hace milenios los asiáticos recomendaban el consumo
preferente de brotes para lograr vivir más de 100 años.
Y no se trataba de vivir muchos años sino de hacerlo con
calidad y libre de enfermedades. Los brotes pueden aportar al
organismo, además de las enzimas que se activan en el momento
del desarrollo de la nueva plántula, parte de la energía
vital intrínseca al nuevo organismo vivo.
Mas
que cualquier otro tipo de alimento, los germinados vienen a simbolizar
el momento del cambio en nuestros hábitos alimentarios.
Desde hace más de 25 años, han comenzado a invadir
los bares de ensaladas en los servicios de alimentos rápidos
y son fáciles de encontrar en los mercados de los países
industrializados. Para los países con menos recursos económicos;
su consumo presupone además de una extraordinaria fuente
de nutrientes de primera calidad, un ahorro importante de energía
en la esfera doméstica ya que evitan los gastos de combustible
que, durante incontables horas, se necesitan para ablandar los
frijoles de los potajes y purés. Pero, es necesario conocer
que, a pesar de lo sabrosos que resultan estos tradicionales platos
para el paladar, al someter los frijoles y granos a temperaturas
altas, muchos de sus nutrientes se desnaturalizan y no logran
aportar ni remotamente las cantidades presentes en los mismos
granos pero consumidos como germinados.
Quiere
que lo mimen. Usted puede hacerlo. Sólo necesita disposición,
orientación y notará el cambio. No lo piense más.Sí,
es hora de empezar a dar los pasos para su bienestar físico
y, ¿por qué no, económico?En estos tiempos
de crisis laboral, definitivamente que descubrirá una oportunidad
escondida allí.
Cómo hacer germinados (brotes, sprouts) de forma sencilla
Introducción
Parece que ya los esenios comían germinados. No
han quedado muchos restos por su propia naturaleza, si hubieran
consumido refrescos de cola en botella de plástico quizá
lo supiéramos con más certeza.
Pueden comerse crudos como ensalada, hervidos, en bocadillo,...como
a Vd. se le ocurra.
Parece
que tienen muchas más vitaminas que las semillas de donde
proceden y tienen pocas calorías. (Sí, las semillas
se ponen a producir vitaminas cuando se las remoja).
Al
ser de fácil preparación, puede ser una actividad
que pueden realizar los niños pequeños.
Al
ser tan sencillo el procedimiento, ud. mismo puede hacer experimentos
y variaciones.
Ingredientes:
Algún tipo de semillas y agua. Las semillas más
usadas son las pequeñas: lentejas, soja verde,... pero
puede probar con cualquier cosa.
(No puede utilizar semillas irradiadas, porque claro, no germinarán).
Elaboración: Parece natural utilizar semillas lo más
ecológicas posible. Idem con el agua, mejor de manantial
que no del grifo. (Si es del grifo, déjela unos días
en un envase antes de utilizarla para que salga el cloro).
El tamaño al que hay que comerse los brotes varía
con la semilla: la alfalfa o las lentejas sacan brotes de 4 o
5 centímetros fácilmente y sin problemas. Con el
trigo, arroz, los brotes sólo miden unos milímetros.
Hay
dos procedimientos, el sencillo y el complicado:
Procedimiento
sencillo
Se
vierten las semillas en un plato hondo. Recomendamos poner pocas
semillas, de forma que cubran el fondo del plato pero que sólo
haya una capa, que no monten las unas sobre las otras. (Una cucharada
de semillas, más o menos). Si no cubren el fondo, no importa.
(En el procedimiento, las semillas van a crecer de volumen. Si
son pequeñas las semillas y nos hemos excedido en la cantidad
y algunas montan sobre otras, no hay mucho problema, pero si las
semillas son grandes, a poco que nos excedamos en la cantidad,
abultarán demasiado.
La clave está en que todas las semillas germinen al mismo
ritmo. Si unas están encima de otras unas germinarán
antes que otras y unas se las comerá crudas y las otras
podridas ).
Se
echa un poco de agua para que todas las semillas se mojen, pero
sin que las sobrepase ( a las semillas les gusta bañarse
hasta la cintura, pero ¡ no saben nadar !).
Se
mete en un rincón de un armario sin luz y a esperar.
Cada
día se las echa un vistazo. El agua va desapareciendo,
en parte porque lo absorben las semillas y en parte porque se
evapora. Si se han quedado sin agua hay que reponerla.
Al
cabo de unos días (uno, dos, tres), van apareciendo los
brotes blancos. Siga reponiendo el agua.
Cuando
los brotes tengan una longitud de 2,3 o 4 centímetros ya
se las puede comer. (La longitud depende de cada semilla)
Si
ha echado demasiada agua o se ha olvidado de las semillas y aparece
moho entre ellas, le recomendamos que las tire y vuelva a empezar.
(Si no se olvida de ellas durante unos cuantos días no
es fácil que ocurra). Idem si por cualquier motivo, huelen
mal -se están pudriendo-.
Antes
de comer los brotes se lavan bien en un colador. (se pueden guardar
varios días en la nevera).
Para
los viajes: Si debes viajar, puedes llevártelas
en un tarro. Al final del viaje las vuelves a depositar en un
plato, y ya está.
Ventajas
de este procedimiento: Hay que trabajar muy poco cada día:
sólo mirarlos y reponer el agua si es preciso. Las semillas
no tienen nunca contacto con plásticos. Se pueden hacer
cantidades industriales de forma sencilla. Las semillas se lo
pasan bien jugando todo el día y cantando sin que las vea
ni oiga nadie.
Procedimiento
complicado
Compre un germinador de los varios tipos que venden en las tiendas
ecológicas y siga las instrucciones.
O
fabríqueselo Vd. mismo con un bote de cristal y una tapa
agujereada.
Hay
que echar unas semillas en el bote (poca cantidad), cerrarlo,
echar agua dentro y luego escurrir varias veces.
Después de esta operación se deja inclinado en un
lugar oscuro.
Hay
que repetir la operación de lavado y escurrido varias veces
al día ( de dos a cuatro).
Inconvenientes
de este procedimiento: Hay que conseguir un germinador o hacérselo
uno mismo. Las semillas pueden estar en contacto con plástico
bastante tiempo. Y sobre todo: el acordarse varias veces al día
es demasiado laborioso. ¡Para una cosa que podemos hacer
de forma sencilla!
Además, las semillas, al estar en una posición inclinada,
tienden a agolparse las unas sobre las otras. Están en
un ambiente más cerrado. (Quizá para otras latitudes
sea necesario).
Detalles
a no olvidar
Al germinar soja verde pueden quedar semillas sin germinar (o
incluso piedras). Cuidado al comerlas, ¡están muy
duras!.
La
temperatura afecta bastante al su desarrollo (y puede detenerlo).
La temperatura debe rondar los 20º. Quizá haya otros
factores (la luna) que también pueden afectar. Vd. lo irá
comprobando.
El
cultivo de raíces no es ninguna novedad. Es una práctica
muy antigua. Ya los chinos las conocían. De hecho, cuando
de tribus vegetarianas pioneras se habla, es de rigor mencionar
a los esensios.
Posteriormente,
Ann Wigmor y Christian Challer, simultáneamente, programaron
el método de alimentación viviente.
Hoy
en día en diversos lugares se cultivan los brotes tiernos
y hacen germinar las semillas para alimentar reses y animales
de engorde, explicó Riviere.
Sus bondades
No
requieren de mucho espacio, puede sembrar las semillas hasta en
un pote, un vaso o plato de cartón.
Constituyen
una nutrición sana. Es un método barato de tener
nutrientes diversos (Vitaminas, minerales, oligoelementos y fibras,
proteínas vegetales) a mano.
- No
contienen agroquímicos.
- Limpian
y enjuagan el cuerpo
- Los
granos germinados no contienen colesterol.
Los
germinados son alimentos pre-digeridos por el proceso que ellos
toman. Se usan mucho en la alimentación de convalescientes
(enfermos de lupus y cáncer, por ejemplo), porque se digieren
fácilmente.
El
suyo es un manual sencillo para enseñar a las personas
a hacer los germinados (brotes tiernos).
Manifestó
que no se trata de que la gente se vuelva vegetariana, sino de
que en colegios, universidades y casas, grandes y chicos aprendan
a este tipo de alimentación positiva.
Dijo
que en México un niño hablaba con la mama sobre
el tema con conocimiento de causa, pues constituye una materia
de colegio.
Considera
importante capacitar a la gente en esta alimentación del
nuevo milenio, para que haya menos hambre en los hogares y mejor
nutrición.
Riviere
estudió en la Fundación Soleir y tiene una vasta
trayectoria dictando cursos, conferencias y talleres.
Propiedades
El
fenogreco: ayuda a desintoxicar el hígado el organismo
entero, normaliza las funciones digestivas. Y, cuando se come
el germinado el cuerpo empieza a transpirar el olor del fenogreco
(las mujeres de Oriente lo utilizan mucho). Algunos lo cultivan
por sus virtudes afrodisíacas. Su germinado dura tres días.
El
garbanzo: Se puede comer crudo o cocido. Cuando se hace
germinar tiene fibra, que optimiza el funcionamiento del aparato
digestivo. Resulta bueno para el estreñimiento y por su
alto contenido de magnesio protege de enfermedades cardíacas
y el estrés.
Además, está comprobado que ayuda a las úlceras
pépticas y duodenales. Contiene minerales y vitaminas del
complejo B. Su germinado dura entre 2 y 3 días.
La
soja: Contiene los 8 ácidos necesarios para darle
la protección correcta y nutrir al organismo.
Girasol:
Contiene calcio y hierro.
La
alfalfa y lenteja también
forman parte de este grupo con un alto valor nutritivo.
La germinación en la historia
El
uso de semillas germinadas en la alimentación y en la medicina
es dos veces más antiguo que la Gran Muralla China. Cerca
de 3 000 años antes de Cristo, el Emperador de China escribía
sobre las hierbas medicinales y los frijoles germinados los cuales
en esa época eran prescritos para dolencias como edemas,
contracciones musculares, deficiencias en el funcionamiento de
las vísceras, desórdenes digestivos, debilidades
pulmonares y problemas relacionados con la piel y el pelo. Los
chinos y japoneses germinaban los frijoles de soja, el de mungo
y la cebada como suplemento alimentario fijo de su dieta.
En
Occidente, las germinaciones fueron también usadas, primeramente
como medicina y después como alimento. El Capitán
Cook —conocido como uno de los mejores navegantes del Siglo
XVIII— fue el primero que realizó un viaje por el
océano que duró más de tres años sin
perder ni un sólo hombre por causa del escorbuto. Antes
de este viaje la mayoría de los barcos perdían la
mitad de sus tripulaciones durante las largas travesías.
El secreto de Cook consistía en darle a sus marineros una
bebida fermentada obtenida a partir de frijoles germinados.
Durante
la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos se prepararon
condiciones para hacer de los brotes de soja un producto de primera
necesidad para los norteamericanos. En aquellos años se
lanzó una campaña para enseñar a prepararlos
y así crear una reserva alimentaria estratégica
para los tiempos de la guerra. A partir de 1948 se olvidó
todo este programa y no es hasta entrados los años setenta,
con el boom de los aeróbicos y las campañas sobre
cultura física y alimentación sana, que comienzan
a tomar un papel cada vez más importante en la alimentación
humana. En la actualidad los brotes son reconocidos como alimentos
muy especiales entre las personas con tendencias a las prácticas
del naturismo.
Valor
alimentario
Los
granos y legumbres recién germinados tienen una gran cantidad
de clorofila, vitaminas, minerales, oligoelementos y otras sustancias
vitales. Entre las vitaminas pueden ponerse como ejemplo las contenidas
en los brotes de trigo: A, B, B6, B12 (difícil de encontrar
en los vegetales), B17, C, E, ácido fólico, pantoténico,
además de colina. También poseen calcio, hierro,
magnesio, cobre, cinc, yodo, potasio junto con los aminoácidos
esenciales que el cuerpo necesita para formar las proteínas
necesarias para restaurar sus tejidos.
Los
germinados constituyen uno de los mejores alimentos que la naturaleza
nos ha dado. De poderoso efecto regenerador y curativo, se dice
que el jugo de brotes impide el desarrollo del cáncer,
ayuda a corregir la anemia, equilibra la presión arterial,
alivia el estreñimiento, aumenta la actividad hormonal,
hace que desaparezcan las canas y por sobre todas estas propiedades
ayudan a desintoxicar el organismo de muchos agentes contaminantes
presentes en nuestro medio ambiente.
Un
buen número de científicos ha publicado sus descubrimientos
sobre el valor de los brotes como alimento y es bien amplia la
literatura de que se dispone en la actualidad como para no dudar
de la necesidad de introducir la práctica de la germinación
en nuestra vida cotidiana
Sugerencias
La
mayoría de los granos y las semillas de ciertas verduras
y hortalizas son susceptibles de someterse al proceso de germinación.
Habitualmente utilizamos los frijoles colorados, negros, blancos,
garbanzos, judías, gandul, caballero, mungo, alfalfa, el
maíz, los frijoles chinos, el trigo y las semillas de girasol
siempre que no hayan sido sometidas a tratamientos químicos
o que haya vencido su fecha de viabilidad.
Para
preparar los germinados deberá en primer lugar escoger
el tipo de frijol o semilla que desee utilizar y determinar la
cantidad que desea obtener a partir de la información de
la tabla que muestra las características de los germinados.
A continuación:
1.
Remoje las semillas o granos en agua durante toda la noche. Las
semillas más pequeñas necesitan menos tiempos para
hidratarse que los granos. Unas pocas semillas pueden llenar un
pomo completo de germinados. Por ejemplo dos o tres cucharadas
de semillas de alfalfa (o cualquier otra semilla pequeña)
pueden crecer hasta llenar un recipiente de un litro. Lo mismo
ocurre con media taza de frijoles mungo, que luego de cinco días
ocupan el mismo espacio. Una regla general que debemos conocer
es que las semillas pequeñas ocupan menos espacio en el
pomo antes de germinar pero se expanden más que los granos
o frijoles aunque también necesitan de mayor cantidad de
tiempo para lograrlo. O sea que las semillas necesitan más
espacios para crecer en mayor cantidad de días que los
frijoles.
2.
Al segundo día, escurra toda el agua y enjuague bien las
semillas varias veces. Deje escurrir toda el agua excedente durante
10 minutos o más colocando un colador en la boca del pomo
e invirtiendo este. Un buen enjuague y el escurrido garantizan
la buena salud de las germinaciones.
3.
Las germinaciones necesitan agua; por lo que debe enjuagarlas
dos o tres veces al día y dejarlas escurrir muy bien.
4.
Deje crecer sus germinaciones en un lugar donde reciban luz indirecta
así podrá actuar la clorofila en sus hojas. Nunca
las ponga directamente a la luz del sol ya que esta es muy caliente
para los brotes tiernos.
5.
Las germinaciones necesitan aire; por eso es conveniente cubrir
la boca del pomo con un pedazo de gasa o cualquier material que
permita la ventilación e impida el paso de los insectos
pequeños. Se recomienda fijar siempre la tela con una liga
o algún tipo de banda elástica.
6.
En resumen, para germinar granos el método a seguir es:
hidratar durante la noche, enjuagar y escurrir bien tal como se
ha indicado durante los días que tarde el crecimiento de
los brotes y hacerlo varias veces al día de forma que se
remuevan los granos del fondo del pomo. Recuerde que el exceso
de agua malogra todo el trabajo.
7.
Las germinaciones estarán listas después de dos
y hasta cinco días en dependencia de la temperatura en
que se desarrollen. Cuando se desee detener el proceso de crecimiento
se podrán almacenar en el refrigerador y se podrán
conservar allí durante varios días.
Equipamiento necesario
1.
Un frasco de boca ancha.
2. Gasa para cubrir la boca del frasco.
3. Una banda elástica (liga).
4. Tierra estéril (condicional)
5. Frijoles y semillas viables.
Nota:
También pueden utilizarse bandejas cubiertas o sacos de
yute.
· Procedimiento sintético:
1. Lavar y seleccionar los granos.
2. Colocarlos en un frasco de vidrio de boca ancha.
3. Cubrir con agua del tiempo.
4. Dejar en remojo hasta que las semillas se hidraten. Este tiempo
varía entre 4 y 12 horas en dependencia del tipo de grano
que utilice.
5. Cubrir el pomo con la gasa y ajustar la liga a la boca del
pomo.
6. Colocar el pomo tapado en un sitio donde reciban luz indirecta
más bien oscuro.
7. Luego de hidratadas, eliminar el agua, enjuagar y dejar los
granos escurridos dentro del pomo.
8. Cubrir la boca del pomo con la gasa.
9. Repetir esta operación dos o tres veces al día
hasta que, al quinto día, generalmente, las germinaciones
ocupen el espacio interior del recipiente.
10. Una vez que las plantulas alcancen una estatura apropiada
los brotes estarán listos para consumir pero antes se deberán
exponer por dos horas a la luz. Así se logra activar la
clorofila que da el color verde característico de la nueva
planta.
11. Antes de consumir se deberá lavar bien para eliminar
los residuos de la piel de la semilla.
12. Conservados en frío, los brotes detienen el proceso
de crecimiento y se pueden guardar durante varios días
sin que se afecten su sabor y propiedades.
·Preparacion:
Los
brotes se pueden comer crudos o pasados por agua bien caliente
hasta que se marchiten un poco. Se pueden utilizar para preparar
ensaladas, para acompañar sopas y arroces combinados, como
relleno de pizzas, Chop Suey, guisados con diferentes tipos de
salsas y en jugos batidos con diferentes frutas y vegetales como
naranja, toronja, zanahoria etcétera.
El
procedimiento para obtener los germinados es sencillo y económico.
Lograr multiplicar el volumen de alimentos disponibles si se tiene
en cuenta que a partir de una taza de frijoles se pueden obtener
hasta 6 tazas de germinados. Otra peculiaridad se relaciona con
los contenidos nutricionales ya que según estudios realizados
100 g de brotes reportan los beneficios de 200 kg de verduras
frescas lo cual hace suponer que son una fuente concentrada e
inestimable de alimentos sanos.
En
nuestro país donde la salud y la alimentación constituyen
tema cotidiano, la difusión de esta sencilla técnica
constituirá sin dudas un aporte para enriquecer nuestra
dieta y contribuir al mejoramiento de la calidad de la vida de
las nuevas generaciones.
Para
aumentar el contenido de minerales presentes en las germinaciones,
existen autores que recomiendan agregar una cucharada de tierra
previamente esterilizada durante el proceso de germinación.
De esta forma los germinados se apoderan de los minerales presentes
en la tierra y los incorporan a sus estructuras celulares haciéndolos
más fácil de asimilar por nuestro organismo. Así
que si prefiere enriquecer aún más sus germinaciones
bastará con añadir una cucharada de tierra previamente
esterilizada o sea, hervida y posteriormente colada y seca a la
bandeja o pomo donde prepare sus germinados.
Bibliografía:
Los germinados en la alimentación
Claude Gélineau
Manuales Integral
Brotes y germinados caseros
Ediciones Obelisco |