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La sociedad en general empuja hacia una actitud que privilegia
el placer y el consumo por sobre la salud. Esto ha llevado
a que la golosina pase de ser un alimento consumido en ocasiones
o lugares especiales, a un alimento de consumo habitual
o diario. |
El mundo de
la golosina engloba un sinfín de alimentos de pequeños
tamaños, elaborados industrialmente a base de azúcar,
y del que forman parte de su composición una variedad amplísima
de ingredientes y aditivos, saborizantes, colorantes o emulsionantes.
Los niños son los destinatarios principales de la mayoría
de estos productos.
Europea, EEUU y Venezuela, han supuesto la prohibición
de determinadas golosinas, pone de manifiesto de que, además
de contener en algunos casos sustancias prohibidas o estar inadecuadamente
etiquetados, adolecen de «ilegalidad» por su falta
de seguridad para los niños. En estos supuestos, una interpretación
amplia de las normas de seguridad alimentaria y las de consumo,
pueden determinar la prohibición de una golosina por su
potencial peligro, aunque su comercialización estuviera
con anterioridad permitida.
Contenidos
poco dulces
El
etiquetado de seguridad del envoltorio de muchas golosinas acostumbra
a ser insuficiente para prevenir riesgos en los más pequeños.
En marzo de 2004, la Comisión Europea prohibió la
comercialización de unas golosinas elaboradas a partir
de gelatina. La razón de tan drástica medida se
debió, por un lado, al riesgo potencial de que las citadas
golosinas pudieran provocar la asfixia de los niños, atendiendo
a su tamaño, forma y consistencia; y por otro, a la prohibición
de determinadas sustancias presentes en el producto final (aditivos
que estaban prohibidos en la UE).
En el continente americano, en abril de 2004, tanto en EEUU como
en Venezuela, sus autoridades sanitarias se vieron en la obligación
de adoptar medidas por la venta de productos potencialmente peligrosos.
En EEUU, la
FDA (la Agencia estadounidense de Alimentos y del Medicamento)
emitió un comunicado por el que informaba que los dulces
con polvo de chicle y de tamarindo importados desde México
presentaban riesgos de contaminación por plomo, aconsejando
que los niños evitaran su consumo. Algunos ejemplos de
estos productos eran las paletas cubiertas con chicle y mezclas
de polvo de sal, limón y condimentos de chicle que se venden
como refrigerio. Por otro lado, indicó que las golosinas
que contienen tamarindo, una sustancia muy popular en México,
podrían contaminarse con plomo si se venden en rústicos
envases esmaltados de cerámica que desprenden este metal.
A fin de evitar
las graves consecuencias que se pueden derivar por una ingesta
excesiva de plomo, la FDA se puso a disposición de las
autoridades mexicanas y de la industria alimentaria para solventar
este problema; y apuntó que eran precisos planes para reforzar
las medidas legales contra la contaminación de plomo.
Por su parte,
en Venezuela, el Ministerio de Salud y Desarrollo Social procedió
a decomisar 25 productos del tipo golosinas por carecer del preceptivo
registro sanitario y por incumplir la legalidad vigente, especialmente
por lo que respectaba al etiquetado de los productos. La medida
se completó con una información adicional a la población
para que comprobaran que las golosinas cumplían con las
normas obligatorias en materia de etiquetado, que es la primera
información que el consumidor puede obtener con respecto
al producto que pretende adquirir.
Algunas de
estas golosinas eran de origen español, y las faltas detectadas
consistían en la omisión de la identificación
del importador, del fabricante, de la lista de ingredientes en
su etiquetado, e incluso, en la presencia de sustancias no permitidas
en aquel Estado.
Las autoridades venezolanas analizan muestras de forma preventiva,
y según su resultado, proceder a su destrucción
o a la imposición de las multas que correspondan a sus
distribuidores.
Regulando
el consumo
La
reglamentación técnico-sanitaria que regula la elaboración,
circulación y comercialización de caramelos, chicles,
confites y golosinas no tiene en cuenta específicamente
el hecho evidente de que la mayoría de sus consumidores
son niños y niñas de corta edad, y de que los mismos
acuden a los puntos de venta para adquirir directamente del comerciante
las golosinas que ellos mismos eligen.
Por otro lado, si atendemos a la mayor vulnerabilidad que niños
y niñas pueden presentar en caso de una ingesta excesiva
de algunos de sus componentes, especialmente aditivos y azúcares,
puesta de manifiesto por diferentes estudios científicos.
Podremos observar
que la responsabilidad de cumplimentar con todos estos aspectos
se trasladan de forma directa al fabricante, que ha de controlar
el riesgo que pueda presentar su propio producto con carácter
previo a su comercialización e informar adecuadamente al
consumidor.
Del mismo modo, padres, tutores y educadores de los menores tienen
su propia parcela de responsabilidad, debiendo informar y formar
a éstos sobre una ingesta responsable de golosinas, que
sea la más adecuada a su edad, constitución y características
fisiológicas, controlando lo que consumen y sus cantidades,
a pesar de que los mismos se comercialicen lícitamente.
Factores
que inciden en la adquisición de golosinas
- Modelos
acerca de la alimentación transmitidos por la educación
preescolar y escolar
- Educación
nutricional por los equipos de la salud
- Medios
de comunicación
- Publicidad
- Educación
- Percepciones
sensoriales
- Contexto
en el que se produce la situación de alimentación
- Estado
de salud
- Recursos
económicos
- Red social
a la que se pertenece
Otros factores
importantes en esta evolución son la decreciente disponibilidad
de tiempo de la madre para preparar comidas o colaciones y la
asistencia del niño a jardín infantil, donde este
tipo de alimentos son introducidos en colaciones y celebraciones.
Hoy se valora
la autonomía e independencia temprana de los niños,
se les da dinero desde pequeños, teniendo la posibilidad
de tomar decisiones en su alimentación.
Otro factor cultural que incide en la definición de una
dieta saludable es la percepción de la imagen corporal
apropiada o saludable. En el caso de los niños pequeños
se prefieren los niños "gorditos" como signo
de salud o protección frente a eventuales enfermedades.
Tendencias
del mercado
El principal
producto demandado son los caramelos, cuya participación
en ventas constituye entre un 65% y un 70 %, siendo los de goma
los más solicitados, seguidos de los duros clásicos
y los balsámicos, situándose en último lugar
los de palo. Los chicles, con un porcentaje del 20%-30%, son los
segundos productos más demandados, siendo los de mayor
venta los denominados «sin azúcar», si bien
los «masticables» tienen un mayor nivel de producción.
El resto de productos de confitería tan sólo representan
un 5%.
Por lo que
respecta a las estrategias globales de las multinacionales, se
señala que en la actualidad éstas dirigen sus estrategias
globales a una producción de líneas sin azúcar,
que les permiten un mayor valor añadido, más posibilidades
de expansión entre el consumidor adulto y mejores resultados.
La línea que separa el mundo de los niños y el de
los adultos por lo que respecta a las golosinas es cada vez más
difusa, especialmente por lo que hace referencia a los chicles,
que se perciben y comercializan en ocasiones asociados a cierta
funcionalidad (higiene bucal, prevención de caries o efecto
blanqueador), y que en algunas ocasiones se asocian como instrumentos
eficaces para combatir la ansiedad o la sensación de hambre.
No cabe duda, en este sentido, que el consumo de chicle está
más asociado con los adultos que el resto de confites y
caramelos, que se asocian habitualmente con consumidores infantiles.
Impacto
en la salud
La
prevalencia de obesidad infantil se ha duplicado en los últimos
10 años. Es aún discutido el impacto, de las golosinas
en la salud de niños y adolescentes.
Existen estudios que avalan la hipótesis de una relación
entre el incremento en el consumo de golosinas y colaciones con
el aumento en la densidad total de energía consumida, tanto
en adultos como en niños. Se propone una conexión
entre los patrones de consumo de snacks, el incremento en la densidad
de energía de los alimentos consumidos y una alteración
de la sensación de saciedad, con un sobreconsumo pasivo
de energía y un incremento en la obesidad. Sin embargo,
estudios realizados, no logran establecer diferencias en el consumo
de golosinas entre obesos y no obesos. Esto puede deberse a las
dificultades metodológicas para determinar la ingesta de
este tipo de alimentos ya que muchas veces no son reportados.
Comparados
con las comidas normales, las golosinas incrementan la densidad
energética y la proporción de energía proveniente
de la grasa e hidratos de carbono, mientras que son deficientes
en otros nutrientes.
Concluyendo, en el consumo de golosinas infantil se da una fuerte
tensión entre la industria que las produce y las necesidades
nutricionales del niño. Se piensa que se tiene poder de
decisión sobre lo que se come o se da a los hijos, sin
embargo, es la industria la que está decidiendo en forma
significativa qué es lo que quiere vender y su producción
está en función de aquello que les genere mayores
ganancias. Se ha llegado a la paradoja, en el caso de las golosinas
que traen aparejadas un alto costo del envase en comparación
con el valor del contenido, que en vez de comprar alimentación
se está comprando imagen o entretención.
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