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¿Puede
ser la grasa una pieza importante de la dieta para combatir
enfermedades?
¿Que grasas son beneficiosas y como puedo diferenciarlas? |
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Las grasas
no sirven solo como reserva de energía; dan origen a compuestos
complejos como las vitaminas (A, D, E, K, F), son parte constitutiva
del cerebro y el sistema nervioso, e intervienen en la formación
de productos esenciales para el organismo, como el colesterol,
las hormonas y los neurotransmisores.
Cuando comemos
grasa, el cuerpo libera los ácidos grasos de las estructuras
portadoras y los reorganiza en nuevos triglicéridos, según
sus necesidades específicas. Si hay demanda de energía,
se combustionan rápidamente (por oxidación). Si
no hay demanda, se almacenan reservas en el tejido adiposo, que
en caso de necesidad se pueden quemar para generar energía.
Asimismo, los triglicéridos son materia prima para sintetizar
específicos ácidos grasos, imprescindibles para
importantísimas funciones estructurales y reguladoras.
Injustamente el término “triglicéridos”
también ha tomado un significado negativo. El problema
de su elevado nivel sanguíneo, asociado a inconvenientes
cardíacos, en realidad responde a excesos y desequilibrios
alimentarios y sobre todo al elevado consumo de carbohidratos
refinados.
Diferencias en las grasas
Si bien existen
muchos tipos de ácidos grasos, básicamente se suelen
dividir en dos grupos: saturados e insaturados. Esta denominación
alude a su estructura química.
El saturado es abundante en la grasa animal y tiene la característica
de solidificar a temperatura ambiente. Resulta el tipo de grasa
que el organismo prefiere para producir energía, razón
por la cual es la más habitual en los depósitos
de reserva.
Insaturado, es el caso del ácido oleico (también
llamado omega 9), abundante en aceites vegetales como el de oliva,
donde representa casi el 80% de su composición. Aunque
importante y saludable, este tipo de ácido graso no resulta
esencial, pues el organismo es capaz de producirlo internamente.
La gran presencia de ácido oleico en la leche materna,
aún cuando la madre no consuma aceite de oliva, es un buen
ejemplo de esto.
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Los maravillosos esenciales y su importancia
Los ácidos
grasos esenciales son aquellos que nuestra no podemos sintetizar
y por ello la denominación de esencial. Se trata de ácidos
grasos poliinsaturados, los cuales deben ser imprescindiblemente
aportados por el alimento.
Los científicos
hablan de la familia de ácidos grasos omega 3 (linolénico)
u omega 6 (linoleico). La letra griega “omega” hace
referencia a la ubicación de dicho primer enlace doble:
en el tercer átomo de carbono (omega 3) o en el sexto (omega
6).
Los ácidos
linolénico y linoleico son los llamados cabeza de fila
de las familias omega 3 y omega 6 respectivamente. A partir de
ellos, nuestro organismo (y en particular el hígado) es
capaz de producir sus derivados, cuyas variadas funciones son
fundamentales en el equilibrio corporal: generación de
membranas celulares, síntesis de hormonas, etc. Como veremos
luego, son ácidos grasos inestables y muy sensibles a la
oxidación.
Mucha gente
ni siquiera sabe que existen; de allí la necesidad de conocer
algo más sobre los importantísimos ácidos
grasos esenciales (AGE). Para dar una idea de sus funciones, vale
citar algunos problemas de salud originados por su carencia: cáncer,
hipertrofia prostática, colesterol elevado, inflamaciones,
cólicos menstruales, dificultades en el desarrollo fetal,
disminución del cociente intelectual, problemas de crecimiento,
obesidad, acné, eccemas, soriasis, diabetes, esclerosis
múltiple, enfermedades mentales, problemas circulatorios,
reuma, síndrome premenstrual, etc. Razones de peso para
interesarnos en ellos y en la calidad de las grasas que componen
nuestra dieta cotidiana.
La noción
de AGE apareció recién en 1929 y sólo en
la década del 80 se comenzaron a dilucidar sus funciones
específicas, muchas de las cuales continúan siendo
desconocidas. Antes de ser descubiertos por la ciencia, las civilizaciones
ancestrales hacían uso privilegiado e intuitivo de estos
ácidos poliinsaturados de cadena larga. A través
de vegetales verdes (la verdolaga de los griegos), pescados de
mar (recordar incluso el famoso aceite de hígado de bacalao),
semillas (el lino de los romanos) y algas (la espirulina de los
mayas), nuestros antepasados aseguraban su presencia en la dieta,
como factor de salud.
Para que los
AGE puedan cumplir sus importantes funciones en el organismo,
deben sufrir varias transformaciones, sobre todo a nivel hepático.
Estas reacciones son muy frágiles en el organismo humano
y dependen de la presencia de enzimas. Además son inhibidas
por las hormonas que secretamos bajo estrés, y son bloqueadas
por el alcohol, la sacarosa (azúcar blanca), ciertos virus,
radiaciones, ácidos grasos saturados y ácidos grasos
producidos artificialmente en el proceso de refinación
de los aceites. Por el contrario, estas reacciones son favorecidas
por la presencia de ciertos agentes (el cinc, las vitaminas B6
y C, el calcio, el magnesio, etc.).
Una vez transformados, resultan ser materiales de construcción,
sobre todo del cerebro, las membranas celulares y los sistemas
nervioso, inmune y hormonal. Antes se pensaba solamente en las
proteínas como elementos constructivos de los tejidos,
concepto totalmente erróneo según veremos.
El
equilibrio de los Omegas
Hoy en día
comienza a comprenderse la importancia de los ácidos grasos
en la formación de las membranas celulares, que aseguran
los intercambios entre el interior de la célula y su entorno.
Podemos decir que la calidad de una membrana celular dependerá
de la calidad de los ácidos grasos que la componen. Una
carencia o un desequilibrio entre las dos familias de ácidos
grasos esenciales, e incluso una deficiencia en el proceso de
transformación, son factores que influyen negativamente
en todo el cuerpo y particularmente en órganos cuyas necesidades
de ácidos grasos son prioritarias (el cerebro, las arterias
y el sistema nervioso).
Para comprender
la importancia de estos desequilibrios, veamos los síntomas
característicos derivados de la carencia de los principales
tipos de AGE:
- Eccemas,
acné, soriasis, piel seca
- Caída
del cabello
- Degeneración
hepática y renal
- Excesiva
sudoración y sed
- Susceptibilidad
a infecciones
- Incapacidad
para cicatrizar heridas
- Esterilidad
masculina
- Abortos
espontáneos
- Artritis
y enfermedades relacionadas
- Problemas
cardiovasculares
- Alergias
- Tensión
premenstrual
- Hiperactividad
- Debilidad
- Pérdida
de visión
- Reducción
de capacidad de aprendizaje
- Falta
de coordinación
- Cosquilleo
en las extremidades
- Irritabilidad
- Triglicéridos
altos
- Presión
sanguínea elevada
- Inflamación
crónica
- Edemas
o retención de líquidos
- Deterioro
cognitivo mental
- Metabolismo
lento
- Autoinmunes
(esclerosis múltiple, lupus)
Aunque poco
comprendido, uno de los principales problemas de la moderna dieta
industrializada radica en el desequilibrado aporte de omega 6
respecto a los omega 3. Esto se explica por el masivo consumo
de productos de cría animal estabulada y de grasas procesadas
industrialmente. Dado que estos procesos hacen intensivo uso de
fuentes vegetales ricas en omega 6 (maíz, soja, girasol)
y descartan las tradicionales fuentes de omega 3 (pasturas naturales
y semillas), el desequilibrio alcanza proporciones alarmantes.
Distintos
estudios comienzan a relacionar el desorden en el consumo de los
AGE con enfermedades cardiovasculares, cáncer y patologías
relacionadas con procesos inflamatorios e inmunológicos;
dichos estudios evidencian efectos benéficos por el simple
incremento en la ingesta de omega 3.
¿Que es la Dieta Budwig?
La Dra. alemana
Johanna Budwig a partir de sus investigaciones produjo el Protocolo
Budwig, también denominado "Dieta Budwig”. Dicho
protocolo consiste en una dieta mayormente vegetariana, a la cual
se agrega una emulsión cuyo principal componente es el aceite
de linaza.
La dieta a base de aceite de linaza propuesta por la Dra. en 1951
y revisada por el Dr. Dan C. Roehm M.D: FACP (oncólogo y
cardiólogo) en 1990, quien aseguró que "esta
es la dieta más exitosa contra el cáncer en el mundo".
La Dra. Budwig
aseguraba que su dieta era preventiva y curativa. Postuló
que la ausencia de ácidos linoléicos en la dieta
promedio, es la responsable de la producción de la oxidasa,
la cual provoca la aparición del cáncer y de otras
enfermedades crónicas.
La teoría es la siguiente: el uso de oxígeno en
el organismo se puede estimular con compuestos proteicos que contengan
azufre, que hacen solubles en agua a los aceites y que se encuentran
presentes en el queso, las nueces, cebollas y ajo.
Es necesario
emplear solo aceites sin refinar, prensados en frío y con
alto contenido de ácido linólico.
La dieta de la Dra. Budwig, a base de una combinación de
aceite de semillas de linaza y queso sin grasa, se recomienda
para toda clase de enfermedades crónicas en muchas partes
del mundo, especialmente padecimientos del corazón (trombosis
coronaria), trastornos vesiculares, diabetes, cáncer, artritis
entre otras enfermedades.
La Dra. Johanna Budwig fue nominada al premio Nobel siete oportunidades
por sus trabajos y utilizó sus métodos para tratar
a pacientes terminales con cáncer. |