|
Los alimentos son sustancias que, introducidas en
el organismo, son utilizadas por éste para
su crecimiento, para el buen funcionamiento de los
órganos vitales y para obtener la energía
necesaria para las distintas actividades.
Sólo los
organismos autótrofos, como las plantas verdes,
son capaces de sintetizar materia orgánica
(hojas, tallos, raíces, frutos) a partir de
compuestos minerales, o sea inorgánicos, tales
como el dióxido de carbono del aire, agua y
minerales del suelo. Los animales, incluido el hombre,
son organismos heterótrofos, es decir que sólo
pueden vivir a base de alimentos orgánicos
ya formados, sean de origen vegetal (herbívoros),
animal (carnívoros) o mixto (omnívoros).
Los hidratos de carbono, grasas,
proteínas, vitaminas y sales minerales son
nutrientes, sustancias indispensables para la vida
que nuestro organismo aprovecha de los alimentos.
Nuestro organismo precisa 40 nutrientes diferentes
para mantenerse sano, y obtiene cada uno de ellos
de distintos alimentos, ya que no están distribuidos
de manera homogénea en ellos. En cada alimento
predomina uno u otro, de ahí la importancia
de seguir una dieta variada. La desigual distribución
de nutrientes ha llevado a clasificarlos en grupos,
de acuerdo a su afinidad nutritiva o a la principal
función que desempeñan.
Hidratos de carbono, nuestra gasolina
Junto con las grasas, liberan
energía con la que nuestro cuerpo mantiene
sus funciones vitales (bombeo de sangre, respiración,
regulación de la temperatura corporal…).
También permiten el desarrollo de la actividad
física.
Los hay de varios tipos:
Simples
o de absorción rápida (llegan
rápidamente a la sangre): Azúcar, almíbar,
caramelo, jalea, dulces, miel, melaza, chocolate y
derivados, repostería, pastelería, bollería,
galletería, bebidas refrescantes azucaradas,
fruta y su zumo, fruta seca, mermeladas… Lo
preferible es que su consumo sea racional y en cantidades
moderadas.
- Complejos o de absorción lenta (pasan más
lento del intestino a la sangre): Verduras y hortalizas
y farináceos (pan, arroz, pasta, patata, legumbre,
cereales de desayuno…). Debieran estar presentes
en cada una de las comidas del día.
Funciones:
al impedir que se utilicen las proteínas como
fuente de energía, un aporte adecuado de hidratos
de carbono ayuda a mantener el peso y la composición
corporal. El exceso de hidratos de carbono se deposita
en el hígado y en los músculos en forma
de glucógeno (reserva de energía) y
el resto se convierte en grasa que se almacena en
el tejido adiposo o graso. Otras funciones importantes
de los hidratos de carbono: impiden que las grasas
sean empleadas como fuente de energía, participan
en la síntesis de material genético
y aportan fibra dietética.
Enfermedades
relacionadas con el consumo excesivo de hidratos de
carbono:
Caries dental (unido
a una mala higiene buco-dental), sobrepeso y obesidad,
alteración de los niveles de lípidos
en sangre (triglicéridos, por un exceso de
azúcares), diabetes, intolerancia a la lactosa
o a la galactosa.
Grasas o lípidos, energía de reserva
Son fuente
de energía concentrada y almacenable.
Hay distintos tipos de grasa:
- Saturada
(origen animal, principalmente): mantequilla,
nata, crema de leche, manteca, tocino, sebos, mayonesa,
salsa holandesa y aceite de coco y de palma (repostería
industrial, helados…).
- Monoinsaturada
(origen vegetal): aceite de oliva, aguacate
y nueces.
- Poliinsaturada
(origen vegetal, principalmente): aceites de semillas
(girasol, maíz, soja), margarina vegetal, frutos
secos grasos, aceite de hígado de bacalao y
pescado azul.
Funciones
de la grasa (sea saturada o insaturada)
Es fuente de energía,
regula la temperatura corporal, envuelve y protege
órganos vitales como el corazón y los
riñones, transporta las vitaminas liposolubles
(A, D, E, K) facilitando así su absorción,
resulta imprescindible para la formación de
determinadas hormonas y suministra ácidos grasos
esenciales (linoleico y linolénico) que el
organismo no puede sintetizar y que ha de obtener
necesariamente de la alimentación diaria. A
pesar de ello, conviene ingerir alimentos ricos en
grasa con mesura: el cuerpo almacena la que no necesita,
lo que ocasiona incrementos de peso indeseados y subidas
de niveles de colesterol y triglicéridos en
sangre.
El colesterol
es también una sustancia grasa. El
organismo lo necesita para fabricar otros compuestos,
como determinadas hormonas, vitamina D (mediante la
exposición al sol), ácidos biliares
de la bilis... No se encuentra en alimentos de origen
vegetal.
Enfermedades
relacionada con el consumo excesivo de grasas:
Sobrepeso
y obesidad, alteración de niveles de lípidos
en sangre, pancreatitis, cálculos en la vesícula
biliar, malabsorción de grasas (esteatorrea),
entre otras.
Proteínas,
los ladrillos
Una vez ingeridas a través
de diferentes alimentos, el organismo transforma las
proteínas en sus unidades fundamentales: los
aminoácidos. Las proteínas humanas son
una combinación de 22 aminoácidos, de
los cuales 8 son esenciales, es decir, deben ser aportados
diariamente a través de alimentos.
La calidad de una
proteína depende de la cantidad de aminoácidos
esenciales presentes en ella (el organismo no puede
sintetizar proteínas si tan sólo falta
uno de ellos). Todos los aminoácidos esenciales
se encuentran en las proteínas de origen animal
(huevo, carnes, pescados y lácteos), por tanto,
estas proteínas son de mejor calidad o de mayor
valor biológico que las de origen vegetal (legumbres,
cereales y frutos secos), deficitarias en uno o más
de esos aminoácidos.
Sin embargo, proteínas
incompletas bien combinadas pueden dar lugar a otras
de valor equiparable a las de la carne, el pescado
y el huevo. Son combinaciones favorables: leche con
arroz, trigo, sésamo, patata, maíz o
soja, legumbre con arroz, alubia con maíz o
trigo, soja con trigo y sésamo o arroz…
Funciones:
colaboran en el transporte de grasas y oxígeno,
forman parte de determinadas hormonas, enzimas (sustancias
que hacen posible múltiples reacciones necesarias
para nuestro cuerpo) y de las inmunoglobulinas o anticuerpos
responsables de la defensa del organismo, intervienen
en la formación de tejidos corporales, son
las encargadas de producir la regeneración
del cabello y uñas…
Enfermedades
relacionadas con el consumo de proteínas:
Alteraciones del sistema
renal (en ocasiones, es necesario restringir su aporte),
ciertas alergias de origen alimentario (a la proteína
de la leche de vaca, al huevo, al gluten), etc.
Vitaminas
Se necesitan en pequeñas
cantidades, aunque no por ello son menos importantes
que otros nutrientes. No aportan energía -no
se utilizan como combustible-, pero sin ellas el organismo
no es capaz de aprovechar los elementos constructivos
y energéticos suministrados por la alimentación.
Algunas vitaminas se sintetizan en pequeñas
cantidades en nuestro cuerpo: la vitamina D (se puede
formar en la piel con la exposición al sol),
y las vitaminas K, B1, B12 y ácido fólico,
que se forman en pequeñas cantidades en la
flora intestinal.
Sales
minerales
Son elementos que el cuerpo
requiere en proporciones bastante pequeñas.
Su función es reguladora, no aportan energía.
Los macrominerales (calcio, fósforo, sodio,
cloro, magnesio, hierro y azufre) son minerales esenciales
y se necesitan en mayor proporción que otras
sales. Los microminerales o elementos traza son también
esenciales, pero el organismo los requiere en menor
cantidad (cinc, cobre, yodo, cromo, selenio, cobalto,
molibdeno, manganeso y flúor), por lo que no
hay tanta posibilidad de que se produzcan déficits.
Algunas sales
minerales:
Calcio:
forma parte de huesos, tejido conjuntivo y músculos.
Junto con el potasio y el magnesio, es esencial par
una buena circulación de la sangre y juega
un papel importante en la transmisión de impulsos
nerviosos. Alimentos ricos en calcio: lácteos,
frutos secos, pescados de los que se come la espina
(anchoas, sardinas…), sésamo, bebidas
de soja enriquecidas, etc.
Magnesio:
esencial para la asimilación del calcio y de
la vitamina C, interviene en la síntesis de
proteínas y tiene un suave efecto laxante.
Es importante para la transmisión de los impulsos
nerviosos, equilibra el sistema nervioso central y
aumenta la secreción de bilis. El cacao, la
soja, los frutos secos, las legumbres y verduras verdes
y el pescado, son fuentes de este mineral.
Hierro:
necesario para la producción de hemoglobina
(transportador de oxígeno en la sangre), interviene
en los procesos de obtención de energía.
Se absorbe mejor el hierro de los alimentos de origen
animal que el de origen vegetal (la vitamina C y el
ácido cítrico, en frutas y verduras,
mejoran su absorción). Abunda en las carnes
(sobre todo la de caballo), hígado, pescados,
yema de huevo, cereales enriquecidos, frutos secos
y levaduras.
Enfermedades
relacionadas con la falta de sales minerales:
Anemia (falta de hierro),
bocio (falta de yodo), raquitismo en niños
(falta de calcio), osteoporosis (falta de calcio),
hipertensión arterial (exceso de sodio o sal
común), mayor susceptibilidad al estrés
(déficit de magnesio), etc.
|