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Una de las frutas de mayor producción en el
mundo, la mandarina, se encuentra durante los meses
de otoño e invierno en su época de madurez:
el mejor momento para consumirla.
La
mitología cuenta que cubría el monte
Atlas, aunque su origen real lo encontramos en el
sudeste asiático, concretamente de Indochina
y sur de China, para expandirse después por
Europa como consecuencia de los grandes viajes y movimientos
migratorios: conquistas de Alejandro Magno, cruzadas…
En España se empezó a comerciar con
ella a principios del siglo XVIII, cuando salían
cargamentos desde el puerto de Sóller con dirección
a Cataluña y Francia. Hoy es uno de los principales
productores del mundo, con casi dos millones de toneladas
al año.
Su origen chino
Se
sabe que la mandarina procede de China, y se cree
que su nombre se debe al color que posee, el cual
es semejante al de los trajes que usaban los gobernantes
de ese país, conocidos como mandarines, los
cuales la tenían en alta estima.
Este jugoso fruto fue conocido por los portugueses
en sus expediciones a oriente, quienes la llevaron
a su territorio y más tarde la compartieron
con España (de donde vino a América).
Hoy, su cultivo se extiende prácticamente a
todo el mundo, aunque los principales productores
son Israel, Argelia, Marruecos, Sudáfrica,
China, Estados Unidos y España.
La mandarina es pobre en azúcares, pero su
contenido en agua es mayor que en el resto de los
cítricos; posee importante cantidad de vitamina
C, con un aporte calórico del 49%, algo menos
que el de la naranja, que es 61%.
La mandarina tradicional tiene un inconveniente, como
ya se dijo, el exceso de semillas, pero hay variedades,
como la satsuma y la clementina, que carecen de ellas;
la primera apareció en Japón, después
de varios cruces con otros cítricos, y la segunda
nace de la unión de una naranja con una mandarina,
realizada en Argelia por un sacerdote llamado Padre
Climent, de donde tomó su nombre.
Gastronómicamente se considera excelente, pues,
además de su consumo natural, permite preparar
nieve, jugos, mermeladas y licores. Además,
los gajos de la mandarina se utilizan habitualmente
en la industria de repostería como elemento
decorativo en tartas y pasteles, y su extracto se
emplea en la fabricación de dulces y caramelos.
Se suele consumir generalmente fresca, aunque se le
puede incorporar a salsas agridulces que acompañan
a ciertos platillos, como ensaladas y pollo estilo
oriental y otros a base de cerdo y pescado.
Excelentes para la salud
Su
gran aporte de vitamina C hace de ella uno de los
alimentos indispensables en la mesa de todos los hogares.
Tomando cuatro piezas diarias de mandarinas, cubriremos
las necesidades diarias de esta vitamina, siendo especialmente
importante para embarazadas, fumadores, lactantes
y diabéticos. Además, como es antioxidante,
puede prevenir enfermedades degenerativas.
Este cítrico contiene potasio, necesario para
el correcto desarrollo del metabolismo celular, y
calcio, que fortalece huesos y dientes. Las clementinas
poseen también altos niveles de fibra que pueden
evitar enfermedades cardiovasculares, estreñimiento,
cáncer de colon y obesidad. Por esta última
razón, los cítricos pueden ser una parte
importante en una dieta de adelgazamiento, ya que
provocan sensación de saciedad.
El invierno es una estación en la que los catarros
parece que no desaparecen nunca. Pues bien, un consumo
apropiado de mandarinas puede reducir los síntomas
tan molestos que acompañan a los resfriados.
También es conveniente su consumo para los
ancianos, ya que los protege de infecciones a las
que son propensos en esta época del año.
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La pulpa contiene vitamina C, vitamina B, ácido
cítrico, azúcar reductora y caroteno.
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Tiene propiedades broncodilatadoras y antiflamatorias.
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Adecuada en el tratamiento de úlceras, ayuda
el intestino y la digestión.
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Ejerce una clara acción antinfecciosa.
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Combate el desarrollo de enfermedades cardiovasculares,
degenerativas y cáncer.
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Tiene efecto diurético, beneficioso en caso
de hiperuricemia o gota.
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Se utiliza para preparar bebidas y aceites.
Cuándo es de buena calidad
Al comprarla es importante observar elementos físicos
como el color, el tamaño, y que no tengan defectos,
como pueden ser los daños por frío o
por insectos. En su comercialización existen
varias categorías:
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Extra: no tiene ningún defecto.
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Primera: con ligeros desperfectos de color o forma
-
Segunda: posee las mismas taras que la anterior
pero más acentuadas.
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Tercera: tiene mayores imperfecciones y pocas características
típicas de la clase de mandarina elegida.
Otros elementos importantes, que dependen de los gustos
de cada uno, son el grosor de la piel, la acidez y
el tamaño. Además, no se debe olvidar
que en el momento de la adquisición tienen
que estar más bien duras, para que aguante
el ablandamiento que siempre se produce después.
Respecto a las variedades, existen varios tipos: citrus
reticulata, citrus unshio y citrus reshiu (clementinas,
satsurnas y comunes), que se dividen a su vez en muchas
clases más. Las satsurnas son de peor calidad
en cuanto a sabor que las clementinas, aunque maduran
antes y tienen un tamaño mayor.
Una amplia variedad
La mandarina presenta una forma algo más achatada
y de menor tamaño que una naranja. Su piel
varía desde el amarillo al rojo-naranja y su
pulpa está dispuesta en gajos repletos de un
zumo de agradable sabor.
Según la variedad de que se trate, su piel
estará más o menos adherida y se podrá
pelar con mayor o menor dificultad.
Entre las variedades más conocidas de mandarinas,
podemos encontrar:
Satsumas
(Citrus unshiu), de color anaranjado claro o verdoso.
Son las más precoces y su recolección
puede comenzar a mediados de septiembre. Se consideran
excelentes pues carecen de semillas, tienen abundante
zumo y son muy aromáticas.
Clementinas
(Citrus reticulata), de color anaranjado algo más
pronunciado. Son de pequeño tamaño y
más tardías. Presentan un sabor más
dulce y contienen semillas
Muchas formas de consumirla
Aunque lo más normal en la mayoría de
los hogares es tomar la fruta después de las
comidas, como postre, lo cierto es que tenemos otras
muchas formas de ingerirla, que harán que una
misma pieza multiplique sus posibilidades.
Además de para elaborar pasteles, tartas y
cremas de cítricos, una de las alternativas,
cada vez más usada para todo tipo de frutas,
es añadirla a ensaladas. También se
puede tomar como complemento en pizzas, en salsas,
todo tipo de postres y, cómo no, beberla, en
forma de zumos y batidos.
Sorbete
de mandarina
Ingredientes:
-
mandarinas, 12 unidades
-
azucar en terrones, 250 gramos
-
zumo de limón,
-
gaseosa, 1 chorrito
-
huevo, 1 clara
Elaboración
Lavamos las mandarinas y frotamos la cáscara
ligeramente en el azúcar. Con ese azúcar
y la gaseosa elaboraremos un almíbar a fuego
lento. Apagar cuando comience a hervir. Exprimimos
las mandarinas y medio limón y lo colamos para
eliminar la pulpa.
Incorporar el zumo al almíbar y dejar enfriar.
Después, meter en el congelador. Antes de que
se haya hecho, mezclaremos parte del sorbete con la
clara de huevo a punto de nieve y lo dejaremos enfriar
un rato más hasta que se haya hecho.
Tarta de mandarina y nueces
Ingredientes:
-
yemas de huevo, 4 unidades
-
azúcar, 60 gramos
-
licor de naranja, 25 centilitros
-
zumo de mandarina, 250 gramos
-
ralladura de mandarina,
-
gelatina, 3 hojas
-
claras de huevo a punto de nieve, 4 unidades
-
masa de hojaldre,
-
gajos de mandarinas,
-
nueces, 150 gramos
Elaboración
Con un rallador, sacar la ralladura de mandarina.
Poner las hojas de gelatina en remojo con agua fría.
Añadir al zumo de mandarina la ralladura y
cocer durante unos minutos dejándolo después
reposar otros 15, colar y añadir las yemas
y el azúcar. Poner al fuego para elaborar la
crema y no dejar que hierva para evitar que se corten
las yemas. Añadir las hojas de gelatina, el
licor y dejar enfriar. Estirar el hojaldre y cocer
en blanco. Añadir la crema y sobre esta colocar
los gajos de mandarina, previamente pelados. Distribuir
las nueces. Decorar con la clara de huevo montada
a punto de nieve y gratinar.
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