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| Existe
mucha confusión acerca de como ir incrementando
el tamaño y la función muscular. Aquí
van algunos pasos a seguir para lograrlo. |
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Aunque todavía
no conocemos todas las interacciones y los cambios hormonales
que se producen en respuesta a la dieta, el entrenamiento y el
estilo de vida, sí existe la suficiente información
para saber que finalmente el metabolismo es la clave que determina
el éxito o el fracaso de cualquier estrategia dirigida
a desarrollar la musculatura.
No es posible crear una simple molécula de nuevo tejido
si el organismo no se halla en un entorno propicio de anabolismo,
si éste se ve igualado o superado por el catabolismo, en
el mejor de los casos se mantendrá la masa actual, pero
en el peor se perderá tejido magro.
Ahora se sabe que el resultado final de cualquier rutina depende
de que seamos capaces de mantener el metabolismo en un equilibrio
positivo de nitrógeno, o sea en un entorno anabólico.
A pesar que no todos progresan al mismo ritmo, puesto que cada
cuerpo es un laboratorio único, existen ciertas claves
decisivas, tanto en el resultado del ejercicio como en el de la
alimentación, cuya eficacia ha sido comprobada tanto por
la experiencia como por la ciencia.
Salvando
las individualidades inevitables, siguiendo estas doce claves
se lograra aumentar el tamaño y fuerza muscular de manera
muy sustancial y, además, se podrá seguir avanzando
por largo tiempo con un aliciente importante: esos progresos serán
naturales, conducirán a un mejor estado de salud y sin
problemas con el paso de los años.
La
alimentación regular favorece el desarrollo corporal
Comprobado
por la experiencia –Las personas que no hacen más
que las tres comidas convencionales presentan enormes dificultades
para ganar peso. En cuanto éstas pasan a hacer cinco o
seis, los resultados aparecen sin tardar.
Comprobado
por la ciencia –Muy pocos son capaces de acumular gran cantidad
de músculo realizando tres o cuatro comidas al día,
por mucho que intenten comer cada vez. Sin embargo, suministrando
proteínas, carbohidratos y grasas al cuerpo cada tres horas,
como mucho, se mantiene ese balance positivo de nitrógeno,
indispensable para generar músculo.
Por
eso es vital que el organismo disponga de estos nutrientes nitrogenados
de forma constante, a fin de favorecer el anabolismo e impedir
el catabolismo.
La
gestión de la insulina
Comprobado
por la experiencia – El azúcar, o lo que es lo mismo
los carbohidratos simples, puede poner gordo y blando a cualquier
culturista si se utiliza indiscriminadamente. Por el contrario,
si se controla en las cantidades y momentos adecuados puede ser
de gran utilidad.
Hay que reservarlo exclusivamente para primeras horas de la mañana
y justo después de entrenar.
Comprobado
por la ciencia – La glucosa llega con rapidez a la sangre
cuando se ingieren carbohidratos simples, y puede hacerlo en grandes
cantidades provocando, con ello, una desmesurada liberación
de insulina, que es la hormona encargada de controlar los niveles
sanguíneos. Si los músculos no son capaces de absorber
esa glucosa para almacenarla como glucógeno o utilizarla
como combustible, entonces la hormona activará la lipogénesis
o su conversión en tejido adiposo.
Las
personas con sobrepeso han de minimizar la ingesta de azúcares
simples y los culturistas controlar su uso reservándolo
para el desayuno y justo después del entrenamiento, cuando
los niveles de glucógeno están en sus mínimos
y la glucosa se emplea para restablecerlo.
Sin
absorción no hay alimentación
Comprobado
por la experiencia – Una cosa es lo que comemos y otra muy
diferente lo que somos capaces de absorber. En numerosas ocasiones
cuando un culturista que no progresa es capaz de mejorar su sistema
de absorción, los progresos no tardan en multiplicarse.
Comprobado
por la ciencia – De poco sirve saturar el organismo de alimentos
si éste no es capaz de absorberlos de forma correcta. Un
sistema digestivo deficiente no está en condiciones de
procesar gran cantidad de nutrientes por escasez de enzimas y
su incapacidad de regenerarlas al ritmo necesario.
Las
comidas han de ser muy poco copiosas y contar con la presencia
de verduras crudas y frutas tropicales ricas en enzimas que favorezcan
la digestión y posterior absorción.
Los
niveles de hormonas anabólicas determinan el crecimiento
final
Comprobado
por la experiencia – Si el entorno hormonal no es propicio
para el anabolismo, por mucho que se entrene y se coma, los resultados
serán siempre escasos. La última palabra del crecimiento
la tienen las hormonas anabólicas. El culturista que recurre
a las exógenas de síntesis siempre progresa, aunque
no cumpla escrupulosamente con el protocolo del entrenamiento
y la nutrición, simplemente porque su metabolismo se halla,
de forma artificial, en estado anabólico.
Los culturistas naturales son capaces de mejorar su entorno hormonal,
pueden conseguir un volumen más que destacable.
Comprobado
por la ciencia – Las hormonas anabólicas: la testosterona,
la hormona del crecimiento, el factor del crecimiento IGF 1, la
insulina y la hormona tiroidea, controlan el ritmo del anabolismo
y actúan a distintos niveles: citoplasma, ribosomas, ADN,
ARN, para enviar la orden de síntesis proteica y creación
de nuevos tejidos.
El culturista natural ha de procurar incrementar la circulación
de estas hormonas para elevar el entorno anabólico y al
hacerlo podrá obtener resultados importantes, sin efectos
secundarios sobre su salud.
En
la actualidad es posible elevar el anabolismo natural con la combinación
de varios ergocéuticos.
Sin
control las hormonas catabólicas no es posible crecer
Comprobado
por la experiencia - De la misma forma que es imposible generar
músculo sin mantener los niveles de las hormonas anabólicas
elevados, tampoco lo es si las de orden catabólico no se
mantienen a la baja. A veces se obtienen mejores resultados sólo
con evitar que el cortisol se dispare.
Comprobado
por la ciencia - La elevación de las hormonas anabólicas
conlleva, automáticamente, un descenso de las catabólicas.
De hecho, las unas y las otras pugnan de forma constante en un
proceso que se conoce como regulación hormonal.
No es natural ni saludable anular del todo la producción
de hormonas catabólicas, ya que éstas tienen acciones
beneficiosas como las antiinflamatorias, pero sí deben
mantenerse dentro de unos niveles razonablemente bajos como para
que no supongan un impedimento para el desarrollo muscular.
Justo
después de la sesión de entrenamiento es cuando
las hormonas catabólicas, en especial el cortisol, alcanzan
sus niveles más altos.
Regular
la actividad metabólica
Comprobado
por la experiencia – Cuando el metabolismo es hiperactivo
o hipoactivo resulta del todo imposible lograr ganar músculo
o perder grasa, porque después de todo constituye el eje
central de las demás acciones. Si éste no funciona
como un reloj, el sistema endocrino carecerá de eficacia.
El metabolismo lo rige la glándula tiroides y sin un buen
funcionamiento de ésta ganar músculo limpio es casi
imposible.
Comprobado
por la ciencia – El ritmo metabólico determina la
eficacia con la que se utilizan las calorías y se aprovechan
metabólicamente los nutrientes.
Es
un proceso controlado por la glándula tiroides, que tiene
una gran importancia en toda la cascada hormonal.
La
hipoactividad conlleva la acumulación excesiva de grasa
sin que las ganancias musculares adquieran el mismo grado, y la
hiperactividad no permite la creación de tejido adiposo,
pero tampoco de músculo.
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