|
Los
minerales son indispensables para el buen funcionamiento
del organismo humano, en el que representan cerca
de un 4% de su peso corporal y se distribuyen en similares
proporciones en todos los tejidos.
Todos
ellos son esenciales, es decir, el organismo no es
capaz de producir ninguno por sí mismo y necesita
adquirirlos de los alimentos que conforman la dieta
cotidiana para evitar carencias. Algunos de ellos
se necesitan en gran cantidad (macrominerales) y otros
en cantidades menores (microminerales).
Funciones
y clasificación de los minerales
Al
igual que las vitaminas, no aportan energía,
pero sí:
- Forman
parte de la estructura ósea y dental (calcio,
fósforo, magnesio, flúor…).
-
Regulan el balance de agua dentro y fuera de la
célula (electrolitos).
-
Intervienen en la excitabilidad nerviosa y en la
actividad muscular (calcio, magnesio…).
-
Permiten la entrada de sustancias a las células
(la glucosa necesita del sodio para poder ser aprovechada
como fuente de energía a nivel celular).
-
Colaboran en procesos metabólicos (el cromo
es necesario para el funcionamiento de la insulina;
el selenio es partícipe de un sistema antioxidante
propio de nuestro organismo, que nos defiende contra
los radicales libres, etc.).
- Intervienen
en el buen funcionamiento del sistema inmunológico
(zinc, selenio, cobre).
¿Cómo se clasifican?
Macrominerales. Son los que se encuentran en mayor
proporción y de los que se necesita ingerir
mayor cantidad (calcio, fósforo, sodio, cloro,
potasio, magnesio y azufre).
Microminerales u oligoelementos. Están presentes
en cantidades pequeñas y se necesitan en menor
cantidad (hierro, flúor, zinc, yodo, cromo,
selenio, litio…).
Minerales
más importantes
Calcio
Nuestro organismo contiene unos 1.500 gramos
de calcio -el 99% en los huesos-.
Funciones. Forma parte de huesos
y dientes e interviene en la contracción
muscular, en la excitabilidad nerviosa y en
la coagulación de la sangre.
Fuentes
dietéticas. Que un alimento
sea rico en calcio no implica que dicho calcio
se aproveche bien. Hay factores que favorecen
o dificultan la incorporación del calcio
al organismo. La vitamina D, las proteínas,
la lactosa (azúcar de la leche), así
como una adecuada proporción entre el
calcio y el fósforo en el alimento o
en el conjunto de la dieta son factores que
mejoran su asimilación.
Los lácteos (leche, yogur, cuajada, quesos...)
tienen la fama de ser las mejores fuentes de
calcio, pero hay otras alternativas. La soja
y sus derivados, los pescados de los que se
come la espina (como las sardinas enlatadas),
el sésamo, la melaza, la leche de almendras,
de coco o de avena, ciertas algas que se emplean
como complemento dietético, aguas cálcicas…
Las legumbres, ciertas verduras y frutas, así
como los frutos secos, también contienen
calcio, pero su aprovechamiento por parte del
organismo es muy inferior al de otras fuentes
alimenticias. Esto es debido a que en los vegetales
el calcio cumple una función estructural
formando complejos con otras sustancias como
fibra, por lo que apenas pueden ser aprovechados.
Carencia.
La falta de calcio produce crecimiento detenido
en niños (raquitismo), osteoporosis (pérdida
de densidad del hueso), osteomalacia (ablandamiento
del hueso, asociado a carencia de vitamina D)
y convulsiones.
Toxicidad. Una ingesta excesiva
genera riesgo de calcificaciones. |
Fósforo
En el organismo hay unos 860 gramos de fósforo
-el 80% en los huesos.
Funciones. Forma parte de huesos
y dientes e interviene en la actividad nerviosa
y muscular. Cuando se asocia con ciertos lípidos,
da lugar a los fosfolípidos (componentes
estructurales de membranas celulares). Cumple
también un papel esencial en el almacenamiento
y la utilización de energía.
Fuentes dietéticas.
Carnes, pescados, huevos y lácteos, refrescos
de cola, frutas desecadas y frutos secos, cereales
integrales y legumbres.
Carencia. Debilidad y desmineralización
del hueso.
Toxicidad. Desmineralización
del hueso. |
Magnesio
Nuestro
organismo contiene unos 25 gramos de magnesio,
ubicado en los huesos.
Funciones. Interviene en la
síntesis de proteínas y tiene
un suave efecto laxante. Es importante para
la transmisión de los impulsos nerviosos
y aumenta la secreción de bilis.
Fuentes dietéticas.
Verduras y legumbres verdes, frutas, frutos
secos, cereales integrales, cacao, pescados,
mariscos y aguas magnésicas (más
de 50 mg/Litro).
Carencia. Fallos en el crecimiento,
alteraciones en el comportamiento, debilidad
y espasmos.
Toxicidad. Diarrea. |
Electrolitos:
sodio, cloro y potasio
Se
encuentran distribuidos en los distintos líquidos
corporales.
Funciones. Regulan el contenido
de agua dentro y fuera de las células,
intervienen en la transmisión del impulso
nervioso y la actividad muscular.
Fuentes dietéticas.
La sal es el alimento por excelencia rico en
sodio y cloro, por lo que abunda en derivados
cárnicos y conservas, salazones, ahumados…
Son buena fuente de potasio los vegetales: frutas
y verduras, legumbres, frutos secos, frutas
desecadas, cereales integrales y patatas.
Carencia. La carencia de sodio
o de cloro se relaciona con calambres musculares,
confusión mental y pérdida de
apetito. El déficit de potasio se asocia
a debilidad muscular y parálisis.
Toxicidad. El exceso de sodio
se relaciona directamente con el aumento de
la presión arterial (hipertensión),
la retención de líquidos y la
sobrecarga renal. El de cloro se asocia a vómitos
y el de potasio a debilidad muscular con riesgo
de alteraciones cardiacas. |
Hierro
Nuestro
organismo contiene unos 4,5 gramos de hierro
(75% en hemoglobina).
Funciones. Forma parte de la
hemoglobina que transporta el oxígeno
hasta las células. Es necesario para
la utilización de las vitaminas del grupo
B, colabora en el sistema inmunológico
e interviene en la función y síntesis
de neurotransmisores (mensajeros químicos).
Fuentes dietéticas. El
hierro que contienen los alimentos de origen
animal. Las principales fuentes son el hígado,
las carnes (en especial la de caballo) y los
pescados, donde se encuentra en forma hemínica
(hierro hemo) y se absorbe mejor que el de procedencia
vegetal o del huevo. Entre las fuentes de origen
vegetal destacan legumbres, frutos secos, frutas
desecadas y verduras de hoja, con porcentajes
de hierro elevados, pero cuya absorción
es muy inferior, ya que se encuentra en forma
no hemínica (no hemo). La vitamina C
y las proteínas son factores que mejoran
su asimilación, mientras que un exceso
de vitamina B9 o ácido fólico,
de fitatos (compuesto presente en las cubiertas
de cereales), de taninos (vino tinto, té,
café, espinacas, pasas y uvas y otras
frutas como granada, caquis, membrillo o manzana)
o de oxalatos (en espinacas, remolacha, espárragos,
setas, cerveza, té, chocolate…)
la reducen. Por ello, cuando una persona requiere
de suplementos de hierro oral, se indica que
es mejor tomarlos antes del desayuno junto con
algún alimento rico en vitamina C (kiwi,
cítricos, etc.).
Carencia. Anemia ferropénica,
debilidad y mayor riesgo de infecciones.
Toxicidad. La toxicidad es
rara y suele deberse a un problema metabólico.
Niveles altos de hierro se asocian a alteraciones
hepáticas, pancreáticas y cardiacas.
|
|