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Continuamente la gente que quiere perder peso piensa
que dejando de comer o saltarse una comida puede ayudar
a bajar de peso, con frases como… "yo no
desayuno para no engordar" ó "mejor
no ceno para limpiar mi cuerpo".
Este
tipo de pensamiento más que ayudar a bajar
de peso hace un efecto contrario, es completamente
falso y es uno de los mitos más grandes que
se ha creado en nuestra sociedad.
La
realidad es que mientras más tiempo dejemos
pasar entre una comida y otra, más riesgo tenemos
de subir de peso, ya que el organismo siendo inteligente
sabe que algo "raro" esta pasando y que
no está obteniendo toda la -energía-
que necesita, por lo que se vuelve mucho más
eficiente y empieza a almacenar todo lo que recibe
y lo deja de reserva para esas ocasiones en que pasan
8 o 10 horas entre una comida y la otra. Lo que ocurre
es que después del lapso del ayuno, la siguiente
comida que comamos se nos va a acumular por completo,
porque el cuerpo sabe de la necesidad de ese "extra"
para realizar las actividades diarias.
El
Porqué de las 3 comidas
Nuestro
cuerpo es sumamente inteligente y, no es solamente
por
tradición hacer estas 3 comidas, ya que la
glucosa circula en nuestra sangre por máximo
6 horas lo cual es normalmente el tiempo que dejamos
pasar entre una comida y otra.
Además, muchas horas de ayuno pueden ser muy
dañinas para el sistema nervioso en particular.
Todo el organismo y sobretodo el cerebro necesitan
permanentemente energía, glucosa y proteínas
y sí omitimos algún alimento durante
el día podemos poner en riesgo nuestro estado
de salud.
La
glucosa, que es la fuente principal de energía
de nuestro
organismo, se rompe por medio de un proceso llamado
glucólisis para de esta manera poder usarse
como energía y quedar circulando en la sangre
por aproximadamente 4 a 6 horas. Sin embargo, nuestro
organismo no convierte toda la glucosa en energía
al mismo tiempo.
Cuando
el cuerpo "registra" que el nivel de glucosa
en sangre ya llegó a lo normal, la insulina
(hormona del páncreas) manda una señal
al hígado, músculos y otras células
para que la almacenen; incluso, cuando nuestro consumo
de caloría es excesivo, esta glucosa se convierte
en grasa. La glucosa es almacenada como glucógeno
en el hígado, para usarse como energía
y, en el músculo, se almacena en forma de proteína
para realizar actividad física.
La
Energía de la Glucosa
Así,
cuando pasan varias horas entre una comida y otra,
otra hormona llamada glucagon, convierte de nuevo
el glucógeno en glucosa para usarse en ese
momento como energía, que es precisamente lo
que sucede durante la noche cuando permanecemos de
10 a 12 horas en ayuno. Pero este proceso es muy "costoso"
para nuestro cuerpo y realmente las reservas son pocas
y se acaban rápido. Es por eso que constantemente
tenemos que estar "consumiendo energía"
para evitar la escases de
glucógeno que se tiene de reserva, ya que sí
se termina el glucógeno
del hígado, empezamos a usar el de otros tejidos.
En los casos de ayunos prolongados el organismo hace
una "movilización de la energía"
y, lo curioso es que se tienen prioridades en la forma
en que va obteniendo energía de otros lados.
Lo que más "protege" es al cerebro
para que se mantenga la producción de linfocitos
y eritrocitos y no haya daño en el sistema
nervioso; su segunda prioridad es el músculo,
que aunque aquí hay reservas de glucógeno,
estas solamente se usan en casos muy extremos de ayuno
porque la proteína no es una buena fuente de
energía inmediata. Por lo que como única
reserva queda usar los ácidos grasos –tejido
adiposo- que aunque después de que se convierten
en glucosa para usarse como energía, terminan
liberando cuerpos
cetónicos que son sustancias tóxicas
que se van al cerebro y causan los daños a
nivel neurológico.
De
ahí la importancia de tratar de hacer 3 comidas
completas al día y comer algo ligero entre
comidas, ya sea una fruta o verdura, un pan o un yogurt,
para evitar los ayunos prolongados y que pasen muchas
horas entre una comida y otra. Nuestro cuerpo es sumamente
inteligente y, no es solamente por tradición
hacer estas 3 comidas, ya que como se comentó
previamente, la glucosa circula en nuestra sangre
por máximo 6 horas lo cual es normalmente el
tiempo que dejamos pasar entre una comida y otra.
La
conclusión final es ¿para qué
jugar con fuego?, sí finalmente el
saltarse una –o muchas- comida no va a hacer
que bajemos de peso y la teoría de limpiar
el cuerpo con ayunos más bien produce que se
formen los famosos cuerpos cetónicos, lo que
termina poniendo en riesgo a nuestra salud.
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