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Desórdenes
como las adicciones, la ansiedad y los ataques de pánico,
la anorexia y bulimia, la depresión, esquizofrenia, insomnio,
agresividad, hiperactividad infantil, autismo han sido relacionados
con diversos desequilibrios provenientes de la alimentación
como la hipoglucemia, la intoxicación con metales pesados,
los aditivos en los alimentos, las alergias alimenticias, y las
deficiencias nutricionales.
Tomando en
cuenta que en la actualidad la vida es rápida y exigente,
y que se nos pide nuestra concentración, interés,
calma, alegría, sonrisa a cada momento aún cuando
no sentimos ganas, es necesario que le demos a nuestro sistema
nervioso nutrición de todo tipo para que el ajetreo no
lo desgaste y llegue a enfermarlo.
Hipócrates,
el padre de la medicina moderna, sabía que lo que ocurre
en la mente afecta al cuerpo y viceversa. De hecho, mente y cuerpo
no pueden ser considerados independientemente el uno del otro.
Ha habido diversos especialistas que desde principios del siglo
XX han empezado a reconocer relaciones entre los alimentos que
consumimos y el comportamiento. Ellos han buscado el origen de
los desordenes emocionales y los tratamientos naturales para corregirlos.
Por ejemplo en 1920, tres especialistas americanos coincidieron
en como las alergias a determinados alimentos alteraban el comportamiento
de los niños. Médicos como el Dr. Carl Pfeiffer,
Dr. Abram Hoffer, el Dr. Abram Schauss, Dr. Carlton Fredericks
y el Dr. Theron Randolph han investigado como la mente responde
a la alimentación y la bioquímica celular. Sus contribuciones
han servido para que entendamos mejor los problemas mentales como
la depresión, los comportamientos compulsivos, la esquizofrenia,
y otras psicosis.
Enfermedades
orgánicas han sido mal diagnosticadas como enfermedades
mentales como es el caso de la hipoglucemia reactiva, el hipotiroidismo,
la candidiasis crónica, el desequilibrio hormonal, el síndrome
premenstrual o la fatiga crónica. La nutrición y
los contaminantes medioambientales juegan un papel fundamental
en todas ellas.
La depresión
por ejemplo puede ser resultado de un crecimiento del hongo candida
albicans en el intestino, de desequilibrios de glucosa, desordenes
de la tiroides, alergias ambientales o a alimentos o exposición
tóxica a metales pesados. Esto no significa que no tengamos
que tener en cuenta situaciones de vida como la perdida de un
trabajo, una enfermedad, la muerte de un ser querido como la base
de una depresión crónica, pero para poder superarla
el organismo necesita los nutrientes que nuestra dieta moderna
alta en alimentos procesados y desnaturalizados no nos aporta.
Alergias a alimentos
Todos sabemos
como una droga como el alcohol puede alterar el comportamiento
humano hasta el punto de volver a la persona agresiva, irritable
o falta de humor.
Determinados
alimentos pueden convertirse en drogas para la persona que los
consume produciendo esta misma reacción en el sistema nervioso.
El dr. Alexander Schauss un psicólogo especialista en el
tratamiento del comportamiento delictivo a través de cambios
en la alimentación, estudió como las alergias alimentarías
afectan al sistema nervioso causando una reacción del cerebro
con síntomas que pueden variar desde irritabilidad y enfado
hasta comportamiento de carácter sicótico.
La gente
desarrolla alergias a los alimentos que mas frecuentemente consume.
Para detectar una alergia alimenticia lo más fácil
es fijarse en aquellos alimentos que están mas presentes
en la dieta, seguramente eres alérgico a lo que eres adicto.
La mayoría de las alergias a alimentos están enmascaradas.
Se suele decir a veces la solución a tus problemas está
en frente de tus narices, en el caso de las alergias a alimentos
esto no puede ser mas real.
Deficiencia nutricional
Durante la
segunda guerra mundial en Inglaterra, cuando el consumo de azúcar
se redujo a la mitad, solo se usaba harina integral y en cantidades
pequeñas y en los hogares se dependía mas de los
alimentos que cada uno cultivaba, la incidencia de esquizofrenia
bajó significativamente a pesar del estrés de la
guerra y los bombardeos. Entonces el dr. Abram Hoffer investigó
como las deficiencias de vitaminas B y zinc de una dieta refinada
y desprovista de nutrientes contribuían a la depresión,
ansiedad y esquizofrenia.
Los desequilibrios
bioquímicos que mas comúnmente se relacionan con
problemas mentales y de comportamiento son las deficiencias de
zinc, magnesio, manganeso, inositol, cromo, vitaminas B6, B1,
B3, vitamina C y el exceso de cobre y de cadmio. La deficiencia
de zinc, por ejemplo, es un factor determinante en los desordenes
de la alimentación, como la anorexia y la bulimia. Cuando
el Dr. Alexander Schauss empezó a usar zinc líquido
con sus pacientes de anorexia y bulimia esperaba una curación
en un 20-30% de ellos pero en los cinco años que duró
el estudio encontró que un 64% de bulimicas y un 85% de
los pacientes con anorexia se recobraban de la enfermedad.
La accion de los aditivos
Hay suficiente
evidencia como para considerar que los aditivos alimentarios afectan
el comportamiento, y los más sensibles son los niños.
En 1948 el Dr. Stephen Lockey, alergólogo, describió
el primer caso de sensibilidad a colorantes artificiales. En 1972
el Dr. Feingold explicó a la Asociación Medica Americana
como los colorantes y sabores artificiales pueden ser la causa
de problemas de aprendizaje e hiperactividad en la mitad de los
niños que los sufren.
El dr. Feingold
considera que los aditivos afectan más a niños que
niñas, de cada nueve niños sensibles hay una niña
que lo es, por este motivo los niños varones tienden mas
a tener problemas de hiperactividad y comportamiento que las niñas.
Problemas que podrían ser corregidos si se les alimentase
con una dieta integral, a base de alimentos naturales como frutos
secos, vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales y proteína
animal. Enseñar a los niños a ayudar en la cocina
y tener un contacto mas directo con los alimentos, su origen y
manejo, enseñarles a comer pasteles hechos en casa, a sustituir
las chucherias por pasas, datiles, frutas, frutos secos puede
ser vital para su salud tanto fisica como mental. A los niños
no hay que castigarles sin golosinas sino explicarles porque las
golosinas tienen ese color, ese sabor y esa textura y hacerles
ver la diferencia con los sabores, colores y textura de las frutas
y los alimentos naturales.
Elegir los alimentos apropiados
Antes que
nada hay que hacer lo posible por descartar el azúcar blanca
de la dieta y todo producto que lo lleve, ya que este alimento
(si es que hay que llamarlo así) es el principal causante
de más del 90 % de los padecimientos del sistema nervioso.
Bajar el consumo de azúcar blanca o eliminarla es indispensable
para recobrar el equilibrio, la juventud y saludable funcionamiento
de este sistema.
El aumentar
el consumo de carbohidratos es muy recomendable. Las frutas frescas
y los cereales no procesados y los lácteos son un buen
alimento para el sistema nervioso. Estos alimentos actúan
como tranquilizantes al incrementar la cantidad de neurotransmisores
con propiedades relajantes (serotonina), en el cerebro.
Muchas veces
la cafeína pudiera alterar el sistema nervioso. Hay que
sustituir el cafépor té de hierbas o frutas frescas,
incluyendo las más relajantes y refrescantes para el cerebro
como lo son la manzanilla, hierbabuena, eucalipto, azahar, la
hierba de San Juan, el de de tila, el de limón, etcétera.
Estas bebidas resultan muy reconstituyentes del sistema nervioso
si se toman sin endulzar y con un poquito de leche de soya, muy
calientes, en la noche.
Incluir cítricos
y agua pura en la dieta ayuda al funcionamiento saludable del
sistema nervioso.
Si tienes hambre entre comidas, procura tomar ensaladas o verduras
frescas. Evita la comida chatarra.
Dormir bien,
acostarse a una hora determinada y desentenderse de todo es algo
necesario para la salud del sistema nervioso.
En la dieta
también esta incluida no solo la comida sino una dieta
mental de pensamientos y emociones. El tomar una media hora al
día para tratar de simplemente observar lo que se piensa
y hace, evitando emitir juicios o engancharse con alguna emoción,
es muy refrescante para el sistema nervioso. Esto es una especie
de meditación que es muy necesaria en estos días
para mantenerse con una perspectiva más amplia de todo
lo que sucede y refrescar la mente, para que las experiencias
que suceden cotidianamente no nos agobien o fastidien, y lleguemos
al final del día más frescos y con la capacidad
de podernos dormir profundamente sin que los problemas o cosas
por resolver nos quiten el sueño.
Glucosa, alimento del sistema nervioso
La hipoglucemia
se define en términos generales como una caída del
azúcar en la sangre, es decir, de unos niveles de glucosa
que, en determinados momentos del día, bajan demasiado.
Después
de comer la glucosa en sangre sube y el páncreas secreta
insulina que lleva el azúcar al interior de las células.
Si la insulina secretada por el páncreas es excesiva, estamos
ante una hipoglucemia reactiva: baja la glucosa en sangre en exceso
durante un tiempo, hasta que vuelve a estabilizarse, lo que se
consigue gracias a la acción de las glándulas adrenales,
que promueven la producción de nueva glucosa a partir de
proteína y movilizan las reservas del carbohidrato glicógeno
presente en el hígado.
La mayoría
de los hipoglucémicos tienen unos hábitos dietéticos
similares, una dieta con un alto contenido en azúcares
y carbohidratos refinados. A su vez, el consumo frecuente de café,
alcohol o tabaco llevan a un desequilibrio de la glucosa. La mayoría
de los alcohólicos y adictos al café, dulces o tabaco
son hipoglucémicos. Estas sustancias causan un desequilibrio
de la glucosa y, una vez la glucosa está desequilibrada,
ayudan a enmascarar los síntomas del azúcar bajo,
causando un circulo vicioso. Hay unos hábitos alimentarios
comunes, y los pacientes con hipoglucemia tienden a compartir
también unos determinados patrones de personalidad debido
a la falta de glucosa que sufren las células nerviosas
y del cerebro. Una personalidad hipoglucémica es vulnerable
al estrés, incapaz de manejar sosegadamente problemas cotidianos,
se siente ansioso sin una causa aparente. Cambios de humor, depresión,
ansiedad, irritabilidad, mala concentración, sentimientos
de pánico son algunos de los síntomas que pueden
ser producidos por este desequilibrio.
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