|
|
|
| La
cultura del consumismo impone al individuo actual la
necesidad de adecuar su organismo a ciertos cánones
de belleza. La creciente incidencia de desórdenes
alimentarios como la Bulimia y la Anorexia son una respuesta
a ese interrogante. |
|
Indudablemente
es la mujer la más afectada por este mal cultural. Estudios
de la York University (Ontario) demostraron que las mujeres que
más se adaptan a los parámetros de belleza actuales
son aquellas que presentan una personalidad más insatisfecha.
Son también las que mayor incidencia de trastornos alimentarios
padecen.
Si bien la
pérdida de lípidos ha demostrado ser útil
para reducir el riesgo ante patologías como la diabetes,
la hipertensión, etc., una pérdida indiscriminada
de masa corporal puede resultar nociva.
La publicación
irresponsable de regímenes para adelgazar ha puesto en
manos de la población, especialmente la femenina, un arma
que puede ser muy peligrosa.
El ideal de
belleza femenina de la posmodernidad es brutalmente delgado. Impuesto
desde la más tierna infancia por la muñeca más
vendida del mundo (ésa cuyo nombre está Ud. pensando),
cristaliza en la imagen de las super-modelos que venden para las
más poderosas organizaciones de la moda de todo el mundo.
Pero es claro
que lograr y mantener ese estado supuestamente ideal no sólo
cuesta un terrible esfuerzo y recursos económicos, sino
que puede acarrear numerosos problemas de salud. Comenzando por
los desórdenes alimentarios, éstos pueden repercutir
en diversos planos físicos y sociales.
Factores predisponentes para los trastornos alimenticios
En
la Mujer.
Edad entre
13 y 24 años.
Tener antecedentes
familiares.
Convivir con
una familia preocupada en exceso por la imagen y la apariencia
(familia supeditada al ¡¿“qué dirán”?!).
Ser un joven
estudioso, aplicado, promedio excelente.
Ser altamente
perfeccionista y trazarse metas elevadas en la vida.
Haber experimentado
un desarrollo precoz en la infancia (caminar, lenguaje).
Practicar
en exceso determinadas actividades físicas como ser: ballet,
gimnasia rítmica, nado sincronizado.
Haber llegado
a la pubertad con sobrepeso.
Trastornos
alimentarios en los niños
Los niños
también se sienten afectados por las exigencias de la enfermiza
sociedad actual: el número de consultas pediátricas
debido a problemas en la alimentación está registrando
un aumento asombroso, particularmente en la población de
niños cuyas edades están comprendida entre los 3
y 9 años.
Entre las
manifestaciones frecuentes en niños de tan corta edad,
además de la anorexia y la bulimia francas, se halla con
frecuencia el denominado “Síndrome de Especialización
en la comida”: aquí se describe a un niño
altamente selectivo en los alimentos que ingiere; sólo
consume dos o tres marcas o tipos de comida.
Los alimentos
que escoge no necesariamente son aquellos que “no engordan”;
puede darse el caso de que el niño sólo consuma
papas fritas y gaseosas de determinada marca y se rehúse
a aceptar otro tipo de alimento.
Posibles
causas del aumento de consultas de padres de niños con
trastornos alimentarios:
Desestructuración
familiar: la ausencia de estructuras familiares sólidas
o familias “desdibujadas”(divorcios, nuevas parejas
de los padres) llevan a que el niño se sienta inseguro.
Constante
bombardeo publicitario de productos para adelgazar (televisión
- Internet) .
Existencia
de conductas enfermas en el hogar como ser: una madre obsesionada
con su cuerpo o algún familiar fóbico.
Ausencia de
límites impuestos en el niño por parte de los padres:
es el caso de los padres excesivamente condescendientes a los
caprichos del niño.
En caso de
que estos trastornos no se solucionen durante la niñez,
pueden llevar a la aparición de Fobia Social en el niño
mayor o en el adolescente: todo comienza con un miedo excesivo
a que los demás no lo acepten; por esta razón aparece
una marcada tendencia al aislamiento y paralelamente trastornos
en el aprendizaje, falta de autonomía y miedo a crecer
y asumir responsabilidades. De ahí la importacia de consultar
a tiempo.
Lista de alteraciones orgánicas que pueden quedar en forma
permanente como consecuencia de un trastorno alimentario severo.
Las secuelas son tanto más frecuentes cuanto mayor ha sido
el tiempo de evolución de la enfermedad.
Lamentablemente
se ha comprobado que la tasa de mortalidad se incrementa ostensiblemente
luego de transcurridos cinco años de enfermedad, siendo
infrecuente en las etapas iniciales; de ahí la importancia
de la detección precoz de estos trastornos para no demorar
el tratamiento.
Secuelas
cardiovasculares:
Arritmias:
extrasístoles supraventriculares y ventriculares - bloqueos
de ramas H. de Hiss - bradicardia.
Disminución
del tamaño cardíaco : corazón “en gota”.
Prolapso de
válvula mitral: según el grado de severidad, es
una de las causas principales de muerte súbita, junto con
las arritmias producidas por otros mecanismos.
Hipotensión.
Extremidades
frías.
Cierto grado
de insuficiencia cardíaca.
Secuelas
endocrinológicas:
Ovarios poliquísticos:
esterilidad - acné severo - incremento del vello - alopecía
- androgenización
Osteoporosis
(disminución de la densidad ósea): tendencia a las
fracturas patológicas.
Déficit
de hormonas tiroideas, con la consecuente disminución del
metabolismo basal.
Trastornos
en la regulación de la producción de insulina: curvas
anormales de tolerancia a la glucosa.
Secuelas
dermatológicas:
Alopecía
(caída del cabello): miniaturización de los folículos
pilosos, cabello fino, ralo y quebradizo.
Acné
tardío
Piel pálido-amarillenta
y seca, con tendencia a la ruptura de vasos capilares (“arañitas”)
Secuelas
digestivas:
Síndrome
de malabsorción por “intestino liso”: hay una
gran disminución en la superficie absortiva intestinal
lo que conlleva fundamentalmente a déficits minerales (hierro,
calcio, magnesio y zinc) y polivitamínicos.
Alteraciones
en el ritmo evacuatorio: diarrea - constipación.
Reflujo gastroesofágico:
debido a alteración permanente del esfínter esofágico
inferior provocada por los reiterados vómitos autoinducidos.
Úlcera
gastroduodenal - gastritis crónica.
Secuelas hematológicas:
Déficit
de leucocitos (glóbulos blancos), lo que determina mayor
propensión a las infecciones. Muchos pacientes presentan
alteraciones inmunológicas similares a las del SIDA.
Anemia difícil
de revertir, con tendencia a la cronificación.
Trastornos
en la coagulación sanguínea: déficit de plaquetas.
Secuelas
nerviosas:
Anomalías
electroencefalográficas
Atrofia de
determinadas áreas cerebrales a expensas de dilatación
ventricular:
afortunadamente suele ser reversible con la recuperación
nutricional.
Psicosis.
Secuelas
psiquiátricas:
En muchas
ocasiones le es difícil al médico psiquiatra efectuar
un diagnóstico preciso, puesto que suele haber superposición
de signos y síntomas característicos de diversas
enfermedades psiquiátricas.
La sintomatología
varía en función de la estructura de personalidad
y la predisposición genética de cada paciente.
Los trastornos
psiquiátricos que con mayor frecuencia se hallan son:
Trastornos
de ansiedad diversos: ansiedad generalizada, trastorno de pánico,
fobia social, etc.
Trastornos
afectivos: depresión mayor, trastorno bipolar (alternancia
de depresión y manía), trastornos esquizoafectivos,
neurosis depresiva.
Trastorno
obsesivo-compulsivo (T.O.C.)
Trastornos
psicosomáticos: hipocondría (preocupación
y temor a padecer una enfermedad grave) y trastorno de somatización
(el paciente "utiliza" múltiples molestias corporales
como medio de liberar las tensiones internas).
Psicosis diversas
(esquizofrenia en sus diversas formas, pero sólo en la
persona con predisposición heredofamiliar).
Insomnio y
otros trastornos del sueño.
Alteraciones
del ritmo circadiano
Guía para la selección diaria
de alimentos
1- Ley de
la cantidad: La cantidad de alimentos debe ser suficiente para
cubrir las necesidades calóricas del organismo. Los alimentos
que proveen fundamentalmente calorías (energía)
son los hidratos de carbono y las grasas. La cantidad de calorías
deberá ser suficiente como para proporcionar calor para
mantener la temperatura corporal, la energía de la contracción
muscular y el balance nutritivo. Desde el punto de vista calórico,
una dieta puede ser: suficiente, insuficiente, generosa o excesiva.
De acuerdo
a esta ley, los regímenes adelgazantes se consideran “insuficientes”,
ya que permiten un descenso de peso a expensas de un contenido
calórico reducido. El requerimiento calórico para
cada persona en particular deberá ser determinado por un
profesional en nutrición, considerando edad, sexo, contextura,
actividad, situaciones especiales: diabetes, obesidad, desnutrición,
etc.
2- Ley de la calidad: Toda dieta deberá ser completa en
su composición, asegurando el correcto funcionamiento de
órganos y sistemas. En todo régimen deberán
estar presentes: hidratos de carbono, proteínas, grasas,
vitaminas, minerales y agua. De acuerdo a esta ley, los regímenes
se clasifican en completos (variados) e incompletos.
3- Ley de
la armonía: Las cantidades de los diversos principios que
componene la alimentación deberán guardar una relación
de proporción entre ellos, de manera tal que cada uno aporte
una parte del valor calórico total. Se recomienda que toda
dieta normal contenga: - proteínas: 12 a 15% del valor
calórico total - grasas: 30 a 35% del valor calórico
total - carbohidratos: 50 a 60% del valor calórico total.
4- Ley de
la adecuación: Toda dieta deberá ser la apropiada
para cada individuo en particular, considerando: edad, sexo, actividad,
estado de salud, hábitos culturales y economía.
Ello implica una correcta elección de los alimentos, así
como una correcta preparación.
|