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| Los cambios
de hábitos que traen consigo las vacaciones de
verano pueden acarrear consecuencias nocivas para nuestro
peso. |
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Cuando
llegan las vacaciones, queremos disfrutar y nos relajamos de las
obligaciones que nos imponemos durante el año, por eso
nos permitimos el lujo de comer desordenadamente y dejar de hacer
ejercicio. La sorpresa llega cuando volvemos a casa y nos encontramos
con la báscula.
Antes de que hagas dramas o tomes medidas drásticas, primero
piensa que lo mejor en estos casos es mentalizarte progresivamente
de que, si deseas tener un peso sano y disfrutar de una dieta
equilibrada, tendrás que volver a los pequeños sacrificios.
Pero empieza poco a poco, sin cambios radicales. Así permitirás
que tanto tu cuerpo como tu mente se adapten a la temida vuelta
al trabajo y al fin de las vacaciones.
El primer paso es olvidarte de las comilonas. Es importante que
cada dos horas consumas pequeñas cantidades de alimento,
con el debido hincapié en desayuno, comida y cena, aunque,
si no puedes comer en esos tiempos, es suficiente con cinco ingestas
al día. Comer poco, pero con frecuencia, no sólo
facilita la absorción de los nutrientes, sino que es fundamental
para estimular el metabolismo y favorece la sensación de
saciedad, lo que evita que lleguemos a las comidas importantes
con mucha hambre.
Picar entre horas
Para quitarte ese vacío en el estómago que se produce
a media mañana y por la tarde, tendrás que dejar
de lado los aperitivos salados y los dulces, ya que están
llenos de calorías vacías, sin aportes nutricionales
destacables. Opta por la fruta, los yogures desnatados e incluso
un poco de pan con jamón serrano o pavo.
Pero, sobre todo, no te obsesiones y menos estas primeras semanas
de reentré. Hay muchas personas a las que les supone un
verdadero esfuerzo no picar algo más sabroso entre horas;
no te preocupes, pecar una vez a la semana no te llevará
sin remedio a la obesidad. El truco está en habituarte
a los nuevos cambios, así que hazlo poco a poco, pero hazlo.
Y cambia tus costumbres. No sólo las patatas fritas o los
bollos pueden saciar tu ansiedad en horas de trabajo; es el momento
de que comiences a disfrutar del sabor de una buena naranja, de
un montadito de lomo curado o de un delicioso yogur de frutas
del bosque para quitarte el hambre en la merienda o el almuerzo.
Come lo mismo, pero mejor
No hace falta que dejes de comer o te propongas una dieta espartana
para adelgazar. El truco está en comer una buena cantidad
que te sacie, pero evitando las grasas saturadas y las comidas
precocinadas. En tu dieta siempre tiene que haber productos frescos
porque engordan menos y alimentan más.
En todo el mundo son conocidas ya las bondades de la dieta mediterránea,
¿por qué no aplicas ya a tu alimentación
sus principios fundamentales? No abuses de las proteínas
animales, y aumenta la ingesta de legumbres y cereales; come más
pescado y riega tus comidas con aceite de oliva, sus ácidos
grasos te permitirán regular el colesterol; y, sobre todo,
come mucha fruta y verdura, ésta última cocinada
y también cruda, en ensalada.
Falsas creencias
Hay muchas personas que se toman la dieta en otoño con
relajación porque consideran que en invierno "necesitamos
más calorías que en verano". Es una creencia
bastante extendida, pero totalmente falsa. En invierno, al estar
más 'tapados' por la ropa, es frecuente descuidar nuestra
dieta y dejar que los kilos que nos sobran se asienten en nuestro
organismo. La mayoría de gente se alarma cuando comienza
el buen tiempo. ¿Por qué no comienzas desde ya a
cuidarte? Así el cambio de hábitos no será
tan radical y tendrás terreno ganado para cuando llegue
la primavera.
Tampoco abuses de los alimentos bajos en grasas o light, porque
no siempre reducen su contenido calórico. Muchas veces
en estos productos se eliminan los azúcares, pero se añaden
otro tipo de edulcorantes que pueden elevar igualmente su aporte
energético. Lee bien la información nutricional
del producto antes de considerarlo la panacea de tu dieta.
De lo que sí podrás abusar es de los lácteos
desnatados. Sobre todo en las mujeres adultas, la provisión
de calcio es fundamental para evitar la osteoporosis, por eso
es esencial que no falten la leche o el yogur. Los productos desnatados
aportan todo el calcio de la leche, pero eliminado las grasas
de su composición.
En cambio, deberás comer queso con mucho cuidado, y sólo
podrás disfrutarlo regularmente si es queso fresco, porque
es el más ligero. También deberás reducir
la cantidad de la nata y la mantequilla que usas en la cocina.
No
te sacrifiques
Es normal que al llegar de vacaciones hayas ganado algunos kilos
de más. Llevas todo el año trabajando y te mereces
disfrutar de los helados, las barbacoas, las cenas en compañía
de los amigos. Pero al volver a casa no pierdas el norte.
Si para ti es un auténtico sacrificio dejar de comer dulces,
no hace falta que los excluyas radicalmente de tu dieta, con la
consiguiente frustración y ansiedad que esto supone. Es
mejor permitirse una pequeña salvedad a la semana o controlar
adecuadamente las cantidades.
Otro error frecuente es cortar radicalmente el suministro de calorías
al cuerpo. En estos casos, al principio se pierden cantidades
importantes de peso, pero luego el organismo se estanca. A veces
estos cambios drásticos son contraproducentes porque el
metabolismo reacciona ante la falta de nutrientes y utiliza menos
calorías para funcionar, lo que te impide bajar efectivamente
de peso.
Come con frecuencia pocas cantidades al día, opta por alimentos
sanos y frescos, reduce las calorías poco a poco (una semana
100, la siguiente otras 100, hasta llegar a tu dieta de mantenimiento
habitual) y haz algo de ejercicio que te ayude a consumir energía.
Y sobre todo no te obsesiones, nunca te desanimes y sé
constante. En poco tiempo verás cómo obtienes los
resultados que esperabas.
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