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Las hortalizas y verduras frescas son alimentos que
contribuyen a hidratar nuestro organismo por su alto
contenido de agua, además de ser nutritivas
y saludables.
Son ricas
en vitaminas, minerales, fibra y, en menor medida,
en almidón y azúcares, hecho que explica
su bajo aporte calórico. Son también
una fuente indiscutible de sustancias de acción
antioxidante. Por todo ello se consideran fundamentales
para la salud e indispensables dentro del concepto
de dieta equilibrada, cuyo modelo más representativo
es la dieta mediterránea.
La dieta mediterránea,
basada sobre todo en el consumo de vegetales, contribuye
a reducir el riesgo de las enfermedades de máximo
impacto en los países de alto nivel de bienestar,
entre ellas las cardiovasculares, degenerativas y
el cáncer. Sin embargo, a pesar de que nuestro
país tiene un potencial productivo privilegiado
y a pesar del aumento en el consumo experimentado
en los últimos años de hortalizas frescas
y de los conocimientos actuales que demuestran el
papel beneficioso de la dieta en la salud, hay constancia
de que no se toman en cantidad suficiente estos alimentos.
Según datos
de 2003 del MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca
y Alimentación), el consumo de hortalizas frescas
durante ese año fue de 66,6 Kilogramos per
capita. Esto supone un 5% del gasto total en la alimentación.
Respecto al año anterior, se constató
un aumento del 3,7%, pese al fuerte incremento del
precio, en concreto, de un 6,4%. Si tomamos como referencia
las distintas zonas geográficas de nuestro
país, el mayor consumo de hortalizas frescas
se realiza en Cataluña, Aragón y Valencia.
Por el contrario, Cantabria, Extremadura y Galicia
son las tres comunidades donde menos se consumen.
Otro dato destacable es el que se refiere a las hortalizas
de cultivo ecológico. En 2003 representaron
el 11% del consumo total de hortalizas frescas.
Las
recomendaciones de consumo de hortalizas frescas
Se sitúan entre
tres y cinco raciones al día, es decir; un
mínimo de 400 gramos diarios. Junto con las
frutas, son las principales fuentes dietéticas
de vitamina C y de provitamina A. Muchas, además,
son excelente fuente de otros nutrientes, fibra y
antioxidantes, y presentan un bajo contenido de proteínas
y grasas. Para cubrir las recomendaciones, aunque
pueda parecer un objetivo difícil de alcanzar,
bastaría con consumir hortalizas en el primer
plato y acompañando a los segundos, tanto en
la comida como en la cena.
Convendría
al menos que una ración fuese de ensalada porque
ésta es la forma en que mejor se preservan
todos sus nutrientes.
Para entenderlo mejor, sería suficiente con
hacer un planteamiento similar al que se expone a
continuación:
Espinacas (200 gramos)
con garbanzos y lomo con pimientos (50 gramos) en
la comida y, en la cena, un puré de patata
y verdura (150 gramos) y pescado acompañado
de un tomate de ensalada (120 gramos).
Todo ello lleva a resaltar
la importancia que tiene seguir poniendo en marcha
campañas para el fomento de un mayor consumo
de hortalizas frescas. Éstas deben extenderse
a la población general y a los profesionales
de la salud, así como a los medios de información.
Su éxito permitirá conseguir con más
facilidad la incorporación de estos alimentos
tan esenciales en la dieta para la buena salud en
una cantidad suficiente.
Conozcamos
algo más sobre las hortalizas
El término de
hortalizas se refiere a todas las plantas herbáceas
que se cultivan y que son adecuadas para el consumo,
bien crudas o cocinadas. El término de verduras
hace referencia exclusiva a los órganos verdes,
es decir, hojas y tallos tiernos o las inflorescencias
(flores).
En el concepto de hortalizas
también se incluyen las legumbres frescas o
verdes, como guisantes y habas frescas, de los que
no se habla en esta guía debido a que su composición
difiere de modo significativo en relación con
el resto de hortalizas.
Las hortalizas
se pueden clasificar en función de la parte
de la planta a la que pertenecen en:
Frutos:
berenjena y pimientos.
Bulbos:
ajo, cebolla, puerro, chalota, etc.
Coles:
repollo, brécol, coles de Bruselas y coliflor.
Hojas y tallos
tiernos: acelga, achicoria, borraja, cardo,
endibias, escarola, espinacas y lechuga.
Inflorescencia:
alcachofa.
Pepónides:
calabacín, calabaza y pepino.
Raíces:
nabo, rábanos, remolacha de mesa y zanahoria.
Tallos jóvenes:
apio, espárrago blanco y triguero.
Setas
Comestibles
Mención especial
cabe realizar sobre las setas comestibles. Aunque
aparecen dentro de una sección en el grupo
de hortalizas, constituyen un reino aparte llamado
fungi. Esto es debido a sus características
específicas, entre las que destaca la ausencia
de clorofila y la presencia de quitina, una proteína
que sólo está presente en el reino animal.
Existe otra
clasificación de las hortalizas en función
de su forma de presentación al consumidor.
De este modo
se distinguen los siguientes grupos:
Primera gama:
Hortalizas frescas
y otros productos conservados mediante métodos
tradicionales como la deshidratación, salazón
y fermentación. De esta forma, se pueden obtener
hortalizas desecadas (pimiento seco), deshidratadas
y los populares encurtidos (pepinillos, cebolletas,
pimientos, etc.).
Segunda gama:
Incluye a las conservas
que han sido sometidas a un tratamiento térmico
que garantiza una mayor vida útil del producto.
Tercera gama:
Se incluyen en este
grupo las hortalizas congeladas.
Cuarta gama:
Son hortalizas lavadas,
peladas, cortadas y envasadas en condiciones especiales
(atmósferas modificadas o controladas) y listas
para su consumo (por ejemplo, ensaladas variadas).
Quinta Gama:
Se refiere a los productos
cocinados (salsas de hortalizas, sofritos) o a una
mezcla de cocinados con hortalizas frescas.
En los últimos
años ha tenido lugar un crecimiento espectacular
en la producción y demanda de alimentos de
cultivo ecológico, sobre todo de productos
frescos. Entre ellos destacan las hortalizas frescas.
Sin embargo, en la actualidad el sector de la agricultura
ecológica ocupa un pequeño espacio de
mercado, aunque se espera un fuerte crecimiento a
corto o medio plazo.
Los consumidores están
cada día más preocupados por proteger
su salud y por el cuidado del medio ambiente y, a
pesar de que en España la información
sobre la alimentación ecológica es de
escasa difusión, una parte muy importante de
la población ya se interesa por este tipo de
alimentos.
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