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Las hortalizas y verduras frescas son alimentos que
contribuyen a hidratar nuestro organismo por su alto
contenido de agua, además de ser nutritivas
y saludables.
Según
el Codex Alimentarius
Se define la agricultura
ecológica como "un sistema de ordenación
de la producción que promueve y mejora la salud
del sistema agrario, con inclusión de la biodiversidad,
los ciclos biológicos y la actividad biológica
del suelo".
En definitiva, se trata
de un sistema de producción de alimentos más
respetuoso con el medio ambiente porque favorece la
biodiversidad de los ecosistemas, disminuye la contaminación
de suelos y aguas y contribuye de manera importante
a reforzar el sistema agroalimentario. El principal
valor añadido de los productos ecológicos
es su respeto al medio ambiente y su compromiso con
el desarrollo sostenible. Según diferentes
organismos nacionales e internaciones del sector agroalimentario
y de la salud, los aspectos más destacables
de los productos ecológicos son:
Ventajas
de las hortalizas de producción Ecológica
Ausencia de
restos de pesticidas de síntesis.
Su producción
requiere de mayor mano de obra que la producción
convencional, por lo que en el ámbito local
y en el medio rural los beneficios son evidentes.
Aumento de
la biodiversidad. Es una producción
que utiliza la biodiversidad natural como una herramienta
imprescindible en el manejo de las fincas.
Disminuye la
contaminación de aguas subterráneas
y suelos por la utilización de fertilizantes
orgánicos de baja solubilidad empleados en
las cantidades adecuadas. Además, como no se
emplean pesticidas, contribuye a mejorar la calidad
del aire.
Inconvenientes
de las hortalizas de producción ecológica
Apariencia
física (color, brillo o tamaño,
etc.). En general, los alimentos ecológicos
resultan de calidad inferior en este sentido.
Conservación
o vida útil. Es inferior respecto
de los alimentos convencionales.
Precio.
Los alimentos ecológicos resultan más
caros debido a que los sistemas de producción
son más lentos y mayores las necesidades de
mano de obra.
Respecto a
su contenido nutritivo, los productos de
la agricultura ecológica, según sus
defensores, contienen más principios nutritivos
que los procedentes de explotaciones convencionales.
Sin embargo, esta afirmación aún no
se ha demostrado porque no existen estudios concluyentes
al respecto
Las hortalizas tienen un aroma y un color característicos
diferentes según la variedad y su composición
química. Todas ellas tienen en común
su elevado aporte de agua, que se sitúa en
torno al 75-95% del peso total.
Por este motivo, contribuyen
a hidratar al organismo y a eliminar con más
facilidad sustancias tóxicas, por lo que poseen
una acción depurativa. Debido a su bajo aporte
de hidratos de carbono (del 1% al 8%) y aún
menor de proteínas (1-5%) y de grasas (0,1-0,3%),
su aporte calórico es de entre 20 y 40 calorías
por cada 100 gramos. Lo más destacable de estos
alimentos es su riqueza en micronutrientes (vitaminas,
minerales), así como en fibra y sustancias
antioxidantes que se sabe ayudan en la reducción
del riesgo de múltiples enfermedades.
Hidratos
de carbono:
Son el segundo componente
más importante en cantidad después del
agua.
Las hortalizas
son ricas en hidratos de carbono complejos (almidón),
lo que diferencia a este grupo frente a las frutas,
que tienen en mayor cantidad hidratos de carbono sencillos
o azúcares (fructosa, glucosa y sacarosa).
Estos también se hallan en las hortalizas,
pero en cantidades mínimas. Es por esta razón
que carecen del sabor dulce propio de las frutas.
Polisacáridos.
El almidón es un polisacárido formado
por numerosas unidades de glucosa. Se encuentra de
manera fundamental en plantas que tienen característica
de reserva: en verduras radiculares (zanahoria), en
las de características de tubérculo
(remolacha) y en legumbres frescas. Si el porcentaje
de almidón es demasiado elevado, las verduras
serán más duras y harinosas y su sabor
será también más dulce. En las
alcachofas encontramos otro tipo de polisacárido
diferente al almidón, llamado inulina (fibra).
Está formado por unidades de fructosa en lugar
de glucosa y también tiene característica
de reserva.
Hidratos
de carbono simples o azúcares.
Los más
comunes en las hortalizas son:
Glucosa y fructosa
(monosacáridos) y, en menor proporción,
sacarosa (disacárido formado por glucosa y
fructosa). Están presentes en menor proporción
que los hidratos de carbono complejos, salvo en el
tomate. Por ello, el tomate se considera más
bien una "fruta-hortaliza".
Contiene mayor cantidad
de azúcares (glucosa y fructosa; no se encuentra
sacarosa) que hidratos de carbono complejos. En el
calabacín predomina la fructosa mientras que
en la zanahoria abunda la sacarosa. En la remolacha,
el contenido de glucosa y fructosa es inferior a un
1%, mientras que el de sacarosa es del 8%. Diferentes
son los casos del pimiento o la cebolla, en los que
la glucosa y la fructosa se encuentran en una proporción
del 2%. Además, la sacarosa está ausente
en el pimiento y en una cantidad del 1% en la cebolla.
Por último, las hortalizas pueden contener
a su vez polialcoholes o azúcares de baja energía,
como es el caso de las coles, en las que está
presente el manitol.
Fibra:
La fibra tiene una
composición compleja y confiere a las hortalizas
rigidez y sensación de fibrosidad. En función
de su capacidad para fijar agua se distinguen dos
tipos.
Fibra insoluble:
forma con el agua mezclas de baja viscosidad. Destacan
en este grupo la celulosa y algunas hemicelulosas
(en alcachofas, espinacas...) y la lignina (en la
parte leñosa o dura de los vegetales).
Fibra soluble:
al contacto con el agua forma un retículo donde
queda atrapada, lo que da lugar a mezclas de gran
viscosidad.
Algunos ejemplos
son: gomas, mucílagos, pectinas, hemicelulosas
y polisacáridos de depósito (inulina).
En las hortalizas en general se encuentra fibra en
una proporción del 1-3%. Sin embargo, algunas
verduras la contienen en mayor cantidad.
Así ocurre con
las espinacas, la acelga y la borraja, que contienen
5-6%, y la alcachofa, que aporta en torno a un 10%.
Las
Comprobaciones Científicas
Las comprobaciones
científicas demuestran que la fibra es un compuesto
de gran importancia. Además de favorecer el
tránsito intestinal posee otros efectos fisiológicos
beneficiosos y asociados a la reducción del
riesgo de diferentes enfermedades.
- Regula la
función gastrointestinal. Aumentan
el volumen de las heces, la velocidad de tránsito
intestinal y reduce la compresión intra abdominal.
Esto resulta beneficioso en caso de estreñimiento
y es un factor preventivo de enfermedades como hernia
de hiato, hemorroides y enfermedad diverticular de
colon.
- Aporta sensación
de saciedad, lo que favorece a quienes siguen
regímenes de adelgazamiento. Los alimentos
ricos en fibra como las hortalizas aumentan el valor
de saciedad, es decir, hacen que la persona se sienta
"llena" y que el tiempo de vaciado gástrico
sea mayor, por lo que se retrasa la sensación
de hambre tras la comida, algo muy beneficioso para
tratar el exceso de peso.
- Capta sustancias
a nivel intestinal e impide su absorción.
Entre estas sustancias se halla el colesterol. De
este modo, la fibra soluble contribuye a reducir los
niveles de colesterol en la sangre y la cantidad de
colesterol presente en la bilis, por lo que ayuda
a prevenir enfermedades cardiovasculares y la litiasis
biliar.
- Ralentiza
la absorción de algunos nutrientes
(hidratos de carbono y grasas), lo que resulta beneficioso
para las personas que tienen diabetes y dislipemias.
- Contribuye
a reducir la incidencia de cáncer de colon.
Determinados compuestos poseen acción cancerígena
y cuanto menos tiempo estén en contacto con
la mucosa que recubre el tubo digestivo, menos probabilidad
habrá de que den lugar a un cáncer.
Los ácidos biliares de la bilis (secreción
que ayuda a emulsionar las grasas durante la digestión)
se han relacionado con el desarrollo del cáncer
de intestino grueso. La fibra dietética ejerce
efectos importantes en la reducción del riesgo
de cáncer.
En
Las Dietas
Todas las dietas contienen
un cierto número de compuestos potencialmente
carcinogénicos que cuando se mezclan con la
fibra ya no pueden ser reabsorbidos en el cuerpo y,
por tanto, no afectan a las células intestinales.
Además, las bacterias del intestino fermentan
una porción de la fibra dietética y
parte de los productos de este metabolismo bacteriano
(en especial el ácido butírico o butirato)
tienen una acción antiproliferativa, es decir,
ayudan a evitar que se multipliquen las células,
por lo que proporcionan mayor protección frente
al desarrollo del cáncer de intestino.
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