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Por:
Vivian Sánchez (Cuba)
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| Cada
día se manifiesta más que no es tanto
el paso del tiempo como el metabolismo la causa del
envejecimiento y sus enfermedades aliadas. |
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La ciencia
ha documentado que el oxígeno que tomamos del aire para
vivir nos provoca el tributo de un estrés oxidativo que
deteriora los tejidos celulares. La panacea, resultado de numerosos
estudios, está dirigida hacia las vitaminas, como compuestos
con actividad más antioxidante.
A lo largo
de la vida, millones de radicales libres bombardean diariamente
nuestras células. El hecho de que necesiten tantos años
para llegar a ocasionar lesiones o enfermedades se debe a que
las enzimas y otros compuestos que produce nuestro propio organismo
combaten sin tregua en aras de poder neutralizarlos. La acción
de los radicales libres está vinculada con el cáncer;
pero la protección contra los radicales libres tiene por
aliados a las vitaminas por su efecto antioxidante.
El beta-caroteno
y las vitaminas C y E han demostrado su capacidad de proteger
contra diversos tipos de cáncer. La mayoría de los
antioxidantes naturales se encuentran en alimentos vegetales,
lo que explica el carácter saludable de frutas, legumbres,
hortalizas y cereales integrales.
Los estudios
sobre antioxidantes naturales se han centrado en diferentes elementos,
dentro de los que se encuentran las vitaminas y los minerales,
y se ha investigado su papel dentro de enfermedades de máximo
impacto en el mundo como el cáncer, las cardiovasculares
y otras relacionadas con el proceso de envejecimiento.
Las vitaminas
no tienen la misma composición química, pero sí
ciertas características. Son nutrientes necesarios en pequeñas
cantidades para un metabolismo normal y una buena salud. La mayoría
se obtiene a partir de la ingesta de determinados alimentos.
Vitaminas
como escudo anticanceroso
A diferencia
de los carbohidratos, grasas y proteínas, las vitaminas
no constituyen una fuente energética, sino que sirven como
modelos químicos para enzimas relacionadas con el funcionamiento
metabólico, la producción de células, la
reparación de tejidos y otros procesos vitales.
La vitamina
C, y precursores de la vitamina A como los beta-carotenos, son
antioxidantes, de ahí que se consideren como protectores
de la oxidación de las células, y con ello de enfermedades
degenerativas como el cáncer.
La vitamina
C o ácido ascórbico ha sido ampliamente documentada.
Hoy se conoce como la vitamina del estrés por su asociación
con todos los procesos relacionados con el estrés metabólico.
Como escudo antioxidante sus necesidades son superiores al resto
de las vitaminas, que con solo unos miligramos cumplen con estas
funciones.
La vitamina
C se halla en vegetales como el bróculi, pepino, col, tomate
y pimiento. Estos dos últimos deben consumirse crudos y
bien rojos. En frutas se localiza en cítricos, frutabomba,
melón y guayaba.
En la prevención
del cáncer están unidas la vitamina C y E, con la
particularidad de que esta última se encuentra dentro de
las liposolubles. Por consiguiente, todos los alimentos que contengan
grasas o aceites serán buenos vehículos para esta
vitamina. Solo es sintetizada por los vegetales, que constituyen
su fuente primaria.
La vitamina
E se halla en alimentos como el germen de trigo, maíz,
frutos secos, cereales, semillas oleaginosas, aceitunas, espinacas
y otras hortalizas de hojas verdes, y aceites vegetales como el
de maíz, oliva, girasol y soya, fundamentalmente. Este
último es uno de los que más cantidades de vitamina
E aportan por gramo.
En el caso
de la vitamina A, numerosas historias se han tejido alrededor
de su importancia en la dieta y en la prevención de muchas
enfermedades, como el cáncer.
La vitamina
A o retinol es una vitamina de origen animal. Se fabrica en el
cuerpo humano a partir de la pro-vitamina A o beta-caroteno (forma
vegetal de la vitamina). El beta-caroteno se transforma en retinol
en el cuerpo humano cuando este lo requiere. Nosotros ingerimos
el beta-caroteno en los vegetales o la vitamina A ya formada en
los alimentos de origen animal.
Las mejores
fuentes de beta-caroteno son la zanahoria, acelga, espinaca y
otros vegetales verdes, rojos, naranjas y amarillos, consumidos
frescos y crudos.
¿Previenen
los minerales los procesos cancerosos?
Las propiedades
terapéuticas y preventivas de las vitaminas son conocidas
por la población; sin embargo, no ocurre así con
los minerales, con sus propiedades, así como la fuente
para obtenerlos.
Los minerales
que consumimos en la dieta, conocidos además como oligoelementos,
son necesarios en el organismo en cantidades muy pequeñas
y son esenciales para conservar la salud. No se han determinado
bien sus funciones en el organismo, pero sí se han descrito
las disfunciones o enfermedades que pueden acarrear su carencia.
Así ocurre en el caso del selenio, cinc, cobre y magnesio
para prevenir el cáncer. La inmensa mayoría de los
alimentos contienen todos los microelementos necesarios y en cantidad
suficiente.
El selenio
es un componente de la enzima antioxidante glutatión peroxidasa,
parte esencial de la defensa de nuestro organismo contra los radicales
libres. Junto a una serie de otros minerales y vitaminas, forma
parte de la principal defensa antioxidante del cuerpo, al proteger
células, membranas celulares y ácidos grasos. Aumenta
además la producción de glóbulos blancos,
neutraliza el efecto de metales pesados y previene las mutaciones.
Por ello es
considerado como un mineral fundamental dentro de las defensas
antioxidantes del organismo que se enfrenta a la acción
de los radicales libres. Muchos dicen que participa también
en la disminución de la toxicidad de ciertos herbicidas,
hidrocarburos clorados, nitritos y metales pesados.
Se halla en
pequeñas cantidades en alimentos de origen animal como
carne y mariscos, además de cereales y frutos secos; pero
su concentración varía de acuerdo con el lugar donde
se consuma, ya que en cada región la tierra tiene diferentes
cantidades de selenio. Hay regiones donde el consumo de selenio
es bajo, y es alto el índice de cáncer colorrectal,
de próstata y de pulmón. Se ha reconocido que su
acción de prevención contra el cáncer se
realiza en conjunto con la vitamina E.
El cinc es
un oligoelemento esencial, pues interviene en el metabolismo de
proteínas y ácidos nucleicos. Participa en la estimulación
de alrededor de cien enzimas y colabora con el sistema inmunológico,
entre sus múltiples funciones. Su participación
en el metabolismo es lo que le brinda sus propiedades protectoras
por ser parte de la defensa antioxidante de la que dispone el
organismo. Se encuentra en alimentos de origen animal como las
carnes rojas, aves, pescados y mariscos, y en los de origen vegetal
como los frutos secos, legumbres y cereales.
El cobre está
relacionado con la actividad del sistema inmunológico además
de compartir propiedades antioxidantes. Se ha descrito su actividad
en dosis adecuadas como protector en procesos cancerosos. Alimentos
ricos en cobre son las verduras, legumbres, cereales, frutas,
frutos secos, chocolate, además de las carnes y los pescados.
El magnesio
es importante en unas trescientas reacciones enzimáticas
esenciales. Debido a esos diversos roles, posiblemente existen
aún contradicciones con su posible contribución
en la prevención y tratamiento de algunas enfermedades.
No obstante, el magnesio es parte de numerosas enzimas, algunas
de las cuales constituyen potentes antioxidantes en la cadena
respiratoria que lleva a la generación de Trifosfato de
Adenosina —del inglés ATP— y agua a nivel de
la mitocondria. Funciona asimismo en la activación de aminoácidos
y en la síntesis y degradación del Ácido
Desoxirribonucleico —ADN—. Estos roles lo identifican
como un nutriente importante en la prevención del cáncer.
Fuentes de magnesio son los frutos secos, cereales integrales,
huevos, mariscos y productos lácteos.
Vitaminas
y minerales en la dieta
Al recorrer
este trayecto de vitaminas y minerales necesarios para garantizar
una protección a través de la dieta, se observa
que muchos de los alimentos que los contienen no son de los elegidos
para que se incluyan de forma sistemática, quizás
por desconocimiento de sus magníficas propiedades o por
hábitos incorrectos de culturas y generaciones. Conocer
profundamente la composición general de cada alimento,
qué elementos contiene, qué protección nos
ofrece, y luego incluirlos en nuestra alimentación, nos
brindará la satisfacción de comer de forma sabia
para vivir a plenitud.
Muchos de
esos responsables de la protección como vitaminas, minerales
y fitoquímicos, comparten su presencia en alimentos de
origen natural como frutas, vegetales y legumbres, fundamentalmente.
Por ello cualquier efecto favorable protector siempre dependerá
de su esfuerzo conjunto y de otros nutrientes que se encuentran
en dietas equilibradas. Todos unidos actúan como un escudo
antioxidante y preventivo del que dispone el organismo para garantizar
una excelente salud. |