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Estar delgado, a veces no significa estar sano, máxime
si la delgadez se alcanzó a fuerza de pasar
hambre. No comer lleva a la desnutrición.
Por
eso, “la dieta balanceada es el método
más moderno de organización alimentaria,
que tiene metas claras y un objetivo definido”,
explica la doctora Nancy Marchese, médica nutricionista.
Según
la doctora Marchese: “El objetivo de un programa
alimentario es mejorar el estado de salud -físico
y psíquico- y prevenir la aparición
de enfermedades metabólicas como el aumento
de colesterol, la obesidad y la diabetes. También,
disminuir las medidas corporales y el sobrepeso, si
existiesen”. Y agrega: “La meta es mantener
los resultados a través del tiempo”.
Los
fundamentos de este tipo de organización alimentaria
no se establecieron caprichosamente, sino que están
sustentados científicamente. Uno de estos pilares
es el cumplimiento de las leyes que fueron formuladas
hace varias décadas por el doctor Escudero,
pionero de la nutrición en la Argentina, y
que hoy son mundialmente aceptadas.
Según
estas leyes, la dieta debe ser completa. La alimentación
diaria debe contener los tres macronutrientes esenciales:
proteínas, hidratos de carbono -azúcares-
y grasas, acompañados de una buena proporción
de aminoácidos esenciales -aquellos que no
puede sintetizar el propio organismo-, minerales,
vitaminas y agua.
Al
respecto, la doctora Mirta Lerner, médica especialista
en nutrición y diabetes, a cargo de los consultorios
externos e internación del Hospital Francés
de la ciudad de Buenos Aires, dice: “La dieta
diaria debe incluir todo tipo de alimentos. Así,
estamos evitando carencias de algún tipo de
proteína, vitamina y demás nutrientes.
Comiendo verduras y frutas frescas de todos los colores,
e incluyendo los aceites, que contienen cantidades
importantes de vitaminas y antioxidantes, no es necesario
tomar ningún tipo de suplementos que contengan
estas sustancias”.
Desde
hace algunos años, se sabe que las células,
en su metabolismo, fabrican moléculas tóxicas
de oxígeno, denominadas radicales libres, que
tendrían un papel preponderante en el envejecimiento
y el origen de algunas enfermedades. De acuerdo con
un artículo publicado en The New England Journal
of Medicine, los radicales libres se verían
contrarrestados por los betacarotenos, presentes en
zanahorias, calabazas, y otros vegetales de color
rojo y naranja. También, por la vitamina C,
presente en las frutas -preferentemente las cítricas-
y verduras, que actúa como preventivo de ciertos
cánceres y de las enfermedades cardiovasculares.
El
Tratado de Medicina Interna, de Cecil-Loeb, asegura
que el organismo necesita energía para conservar
sus procesos normales y cubrir las demandas originadas
por las actividades y el crecimiento. Por lo tanto,
los requerimientos energéticos variarán
según el tamaño de una persona, el sexo,
la edad, el metabolismo basal -consumo de energía
mínimo en reposo-, de las diferentes actividades
y de la temperatura ambiental. Esas fuentes de energía
son las proteínas, los hidratos de carbono
y la grasas.
Aprender
a comer
No
hay dudas de que comer es un placer. Pero, para no
darse atracones y luego pasar hambre para poder lucir
la silueta en las playas, es necesario aprender a
comer, a crear hábitos alimentarios. Toda conducta
que se sostiene en el tiempo se transforma en un hábito.
Para
una persona sin sobrepeso, una buena alimentación
deberá ser fraccionada, como mínimo
en las cuatro comidas diarias -desayuno, almuerzo,
merienda y cena-. La dieta, primeramente, deberá
adaptarse a las condiciones biológicas de cada
persona, siempre será completa, predominando
la calidad sobre la cantidad. Según los nutricionistas,
no es conveniente pesar o medir los alimentos. El
adecuado balance logra las metas. Este balance se
realiza alternando en comidas consecutivas los alimentos
ricos en proteínas, hidratos de carbono, con
muchas frutas y verduras, y pocas grasas. Todas las
proteínas deberán acompañarse
siempre de hidratos de carbono complejos -con predominio
de fibras-. Así, un bife puede acompañarse
con una ensalada de zanahorias, tomates y cuanta variedad
vegetal se desee. Si bien las porción de la
carne será moderada, la ingesta de verduras,
ya sea crudas o cocidas puede ser abundante.
Otro
hábito importante es beber abundante agua.
“Hay que enamorarse del agua”, comenta
la doctora Marchese. La médica recalca el valor
del agua en contraste con otras bebidas como gaseosas,
jugos o infusiones. El agua es aquel líquido
sin color, sin olor, sin sabor y sin burbujas, que
puede proceder de distintas fuentes, según
el ámbito geográfico y socio-cultural.
Agua mineral o mineralizada, potable de red, hervida
o sin hervir pero con el agregado de dos gotas de
lavandina por litro.
“El
hábito de tomar agua debe responder a una cantidad
y técnica específica. En cuanto a la
cantidad, será suficiente como para que la
primera orina emitida durante la mañana sea
bien clara”, explica Marchese. “Cuanto
más agua, más clara y cuanto más
clara mejor”, insiste.
Respecto
a la técnica de beber agua, Marchese explica
que deberá hacerse de a sorbos pequeños
y distanciados, para evitar la distensión gástrica.
También
hay que decirle adiós al salero: es recomendable
disminuir -o eliminar por completo, según Marchese-
el agregado de sal durante la preparación de
las comidas, dado que, con una dieta balanceada, los
mismos nutrientes ya aportan sodio. Sí se pueden
utilizar productos similares a la sal, pero sin sodio.
Otra alternativa para hacer más apetitosa la
comida es el uso de condimentos especiales para carnes
blancas, rojas, pescados o vegetales.
Y,
como broche de oro, se aconseja realizar ejercicio
físico moderado, aeróbico y sin saltos,
por ejemplo nadar, andar en bicicleta o caminar. Este
tipo de actividad física favorece el retorno
venoso al corazón, previene la aparición
de várices, da tonicidad o firmeza a los músculos
y una buena elasticidad a los tendones.
Aunque
parezca complicado, estar en buena forma y sano se
puede lograr sin demasiado esfuerzo. Disminuir el
tamaño de las porciones, consumir muchas frutas
y verduras, beber agua en abundancia, y conseguir
un calzado cómodo para caminar, parecen ser
la clave para cumplir muchos años, con pocos
malestares físicos y gran lucidez mental.
Qué
otras características debe poseer una dieta
Además
de completa, según las leyes del doctor Escudero,
la dieta debe ser suficiente; es decir, que la alimentación
debe satisfacer los requerimientos orgánicos
y psíquicos de cada persona, en forma individual
y precisa. “Las dietas basadas en el ayuno o
en la ingesta de líquidos podrían considerarse
equiparables, y son absolutamente insuficientes. Sostenido
en el tiempo lleva a la desnutrición”,
comenta la doctora Nancy Marchese.
Y
como si esto fuera poco, la ingesta deberá
ser adecuada y armónica. Vale decir, que deberá
responder a los gustos, posibilidades y, sobre todo,
a las necesidades individuales. Pues no es lo mismo
la dieta de un hombre adulto, que lleva una vida sedentaria,
que la alimentación de una mujer embarazada
o un niño o adolescente en etapa de crecimiento.
“En esos momentos especiales de la vida deberán
consumirse todos los macronutrientes -proteínas,
hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas-
en buena cantidad ya que se están formando
tejidos, de lo contrario se producirán carencias”,
afirma la doctora Lerner. Y agrega: “El niño
y el adolescente deberán tomar, por lo menos,
tres vasos de leche por día, ya que ése
es el momento en que se forma la matriz ósea
y existe alto requerimiento de calcio. Es, justamente,
en la niñez y la adolescencia cuando se debe
prevenir la osteoporosis”
El
embarazo es otra etapa especial, durante la cual se
debe balancear nuevamente la alimentación.
“Si bien el antiguo consejo de duplicar la ingesta
ya no es válido, se necesita un aporte extra
de calorías para que, a medida que el embarazo
avanza, el feto tenga todos los nutrientes y calorías
necesarios para formar los tejidos, y la placenta
pueda cumplir con sus funciones metabólicas
y productora de hormonas”, finaliza Lerner.
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