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Las Frutas y Verduras,
escenciales en la Dieta |
Las
frutas se convierten cada verano en uno de los alimentos
predilectos. Refrescantes, en zumos o en piezas separadas,
fáciles de preparar y de consumir, y, además,
con un bajo precio, ya que el verano es la fecha en que
mayor cantidad y variedad se puede encontrar en los mercados.
Más allá de su sabor y de su capacidad refrescante,
la fruta es uno de los alimentos más sanos y recomendados
por los nutricionistas.
Su alto contenido en líquidos
evita las temidas deshidrataciones veraniegas; además,
las frutas son una fuente inagotable de vitaminas y de carbohidratos:
el mejor modo de obtener las calorías necesarias
para resistir el ejercicio físico suplementario habitual
en el verano. Las frutas, por otro lado, incluyen un alto
contenido en fibra, lo que disminuye problemas tan molestos
como los gastrointestinales, y su consumo regular es recomendado
por los especialistas como un modo perfecto para reducir
el riesgo de patologías tan graves como el cáncer
o los problemas coronarios.
El consumo de frutas y hortalizas
en España es de los más altos de Europa: el
de frutas asciende a 77 kilos por persona y año y
el de hortalizas frescas a algo más de 50 kilos.
De entre las hortalizas, la patata y el tomate son los que
más aprecian los españoles; y entre las frutas,
la naranja reina en la cesta.
Una ingesta adecuada de verduras
durante estos meses supondría raciones de entre 200
y 250 gramos diarios. Los consumos de verduras están
disminuyendo en las dietas españolas, aunque en los
meses de verano se aprecia un aumento en este consumo. Las
verduras y hortalizas en ensaladas proporcionan a nuestro
organismo vitamina C, carotenos, folatos, hidratos de carbono,
fibra y sales minerales.
Entre las sustancias con
un mayor interés se encuentra la fibra, que se clasifica
en soluble e insoluble en agua, teniendo ambas unos efectos
fisiológicos distintos. La fibra dietética
insoluble apenas sufre procesos de fermentación y
tiene efectos marcados en la regulación intestinal;
la fibra soluble se encuentra en vegetales y en la fruta,
y tiene una estrecha relación con los procesos metabólicos
del aparato digestivo.
Fenólicos
Otros de los agentes que
hacen de las frutas y verduras un elemento esencial para
la dieta en todas las estaciones del año son los
compuestos fenólicos; este tipo de sustancias se
encuentra en la mayoría de las frutas y las verduras
y contribuye a su color y a su sabor. Para el hombre, estos
agentes poseen características farmacológicas
como antipiréticos, analgésicos y antiinflamatorios
y además poseen propiedades antioxidantes.
Otro tipo de fenólico
es la quericitina, presente en muchas hortalizas, entre
las que hay que destacar la cebolla y el tomate, dos de
los ingredientes principales del gazpacho, uno de los clásicos
de la mesa española en verano y que se recomienda
para combatir el estrés y en convalecientes de cualquier
tipo de enfermedad.
Un componente que hace de
las frutas y verduras un alimento perfecto para el verano
es el ácido fólico. Este compuesto ha despertado
un gran interés nutricional, sobre todo en grupos
de riesgo como embarazadas, ancianos y niños. En
embarazadas, la insuficiencia de ácido fólico
se asocia a defectos en el cierre del tubo neural del feto,
mientras que en personas de la tercera edad se relaciona
directamente con enfermedades cardiacas.
El ácido fólico
se encuentra en grandes cantidades en la naranja, gracias
al folato natural que atesora este cítrico, y también
en los vegetales de hoja ancha como la lechuga, un clásico
de las ensaladas que abundan en nuestra dieta veraniega.
De todos modos, y pese a
que en verano aumentan su consumo, los españoles
toman verduras y hortalizas muy por debajo de las cantidades
recomendadas. Según estudios de la Universidad Complutense
de Madrid, se consumen diariamente 240 gramos de verduras,
cuando lo mínimo aconsejado son 300 gramos; lo óptimo
en adultos serían cinco raciones diarias de, como
mínimo, de 100 a 150 gramos.
Consejos saludables
Elegir
unos buenos alimentos resulta tan importante como prepararlos
de forma adecuada para que conserven todas sus propiedades
nutritivas.
La preparación de
los alimentos tiene que tener en cuenta que una mala cocción
puede destruir su valor nutritivo. Si hay dificultades al
masticarlos o ingerirlos, es preferible trocearlos o presentarlos
en forma de purés, croquetas o albóndigas.
Las vitaminas y minerales, tan necesarios para todas las
edades, están fundamentalmente en las frutas y verduras.
Para que no se pierdan no hay que olvidar consejos básicos
elementales.
Así, las verduras
hay que lavarlas bien, pero no tenerlas en remojo; cocerlas
tapadas y con poca agua y el tiempo justo; añadir
la sal, una vez estén preparadas; y el mejor recipiente
es la olla a presión. Por otro lado, hay que consumir
los zumos de frutas después de preparados. Cada alimento
tiene un tiempo distinto de conservación. Hay que
leer bien en las etiquetas la fecha de caducidad y situar
los productos en el lugar del frigorífico más
adecuado para cada uno. Los congelados tienen igual valor
nutritivo que los frescos; por eso, no conviene descongelar
los alimentos y volverlos a congelar. Si el descongelado
se ha hecho correctamente, estos alimentos son tan ricos
y nutritivos como los frescos.
A la hora de hacer la compra
lo preferible es consumir los productos de temporada que,
además, suelen ser más baratos. Hay que valorar
el precio de los alimentos en función de sus cualidades
nutritivas. Por ejemplo, 30 gramos de bacalao seco tienen
más proteínas que 100 gramos de la mejor carne.
Y es aconsejable hacer la compra con lista; así se
evita llenar la cesta con productos que realmente no hacen
falta.
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