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pesar de comer lo preceptivo, al finalizar una comida
se siente un vacío en el estómago, ¿qué
sucede? |
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Sin duda,
esa persona necesita consumir hidratos de carbono. Pero no es
complicado superar esta necesidad para conseguir perder esos kilos
que sobran.
Los hidratos de carbono son los encargados de proporcionar energía
para moverse y para que el organismo funcione. El corazón,
riñón, pulmones y demás órganos necesitan
de los hidratos de carbono para funcionar. Existen dos tipos de
hidratos de carbono: de asimilación lenta y rápida.
Los
de asimilación lenta se encuentran en cereales y fibra.
Por ejemplo, el almidón. El organismo necesita tiempo para
recabar la energía que aportan. Los de asimilación
rápida se transforman de inmediato en energía, como
el azúcar, fructosa y lactosa.
Limitar
su ingestión
A los adictos
a los hidratos de carbono no se les puede retirar estos alimentos
de la dieta porque son unos nutrientes imprescindibles. La dieta
ideal para ellos debe limitar el número de veces diarias
en que se consume ese tipo de alimento.
Cuando se
disminuye el número de comidas en las que se ingieren carbohidratos,
se recupera el control sobre el hambre. Así, la ansiedad
por comer disminuye de forma espectacular. Cuando se consumen
hidratos de carbono en un tiempo limitado, la superproducción
habitual de insulina disminuye. Por eso deben comer en menos de
una hora.
Al someterse
a dietas pobres en hidratos de carbono, el organismo libera el
glucógeno almacenado en el hígado. También
se libera del tejido adiposo y de las proteínas. El orden
depende de cada persona. El organismo no utiliza las grasas almacenadas
porque no sabe si la falta de alimento será larga.
Es cierto
que, al faltar proteínas, se pierde masa muscular. Por
ello, quién lleva tiempo sin comer o cumpliendo una dieta
muy restrictiva adelgaza rápido. Pero con el paso del tiempo,
la pérdida de peso se estabiliza. El organismo lo que hace
es guardar energía para que prosiga el eficaz funcionamiento
del cuerpo.
La
comida premio
Es importante
consumir a diario dos comidas bajas en hidratos de carbono. Se
debe crear una rutina diaria en la cual las dos comidas designadas
como bajas en carbohidratos sean siempre las mismas. Todos los
días debe hacerse también una comida premio. En
ella se puede comer lo que se desee, siempre que sea una comida
nutritiva y equilibrada. Debe terminarse en el plazo de una hora.
No hay que
saltársela pues ayuda a controlar la excesiva producción
de insulina y también ayuda a mantener la dieta. Tampoco
equivale a darse un atracón. Debe ser equilibrada y contener
productos lácteos, carne o pescado, fruta y verdura, pan
y cereales. Se puede tomar en la cena o comida, según el
estilo de vida. Además de todo esto, no de debe “picotear”
entre comidas, ni siquiera alimentos bajos en hidratos de carbono.
Hidratos
en alimentos
Partiendo
de la base de las dos comidas diarias bajas en hidratos de carbono,
se pueden consumir varios alimentos. Tanto de carnes y aves, como
de pescado y mariscos, la cantidad aconsejada será de 80
a 120 gramos. En los primeros, los hidratos se encuentran en alas
de pollo y pavo, carne de vaca, cerdo, cordero, ternera y embutidos,
siempre que no tengan azúcar y rellenos. También
en hamburguesas, salchichas, hígado de pollo, jamón
y carnes de ave como pato, pavo y pollo. En pescados y mariscos
estarán en atún, bacalao, gambas, langosta, pescado
azul, sardinas, trucha, etc.
También
existen carbohidratos en grasas y aceites como la mantequilla,
mayonesa y aceites de girasol, maíz y oliva. Siempre como
tope dos o tres cucharadas. Se pueden tomar hasta 60 gramos diarios
de leche y dos huevos o una ración de queso. En verduras
existen hidratos en: aguacates, alcachofas, cebollas, judías,
legumbres, tomates y zanahorias. No hay que consumir fruta como
postre en una comida baja en hidratos de carbono, ni dulces o
postres industriales, aunque se anuncien como bajos en calorías.
Cuidado
con los Hidratos
Al ingerir
un hidrato de carbono, éste se convierte en glucosa. De
esta forma pasa a la sangre para alimentar las células.
Cuando éstas se encuentran satisfechas, el sobrante se
almacena en el hígado (en forma de glucógeno) y
en los músculos. Si después de todo este proceso
aún sobra glucosa, ésta se convierte en triglicéridos.
Son las grasas que se quedan almacenadas en el cuerpo.
Cuando la
glucosa entra en la sangre, precisa de insulina para alimentar
a las células. Una persona sana segrega tanta insulina
como glucosa. Pero hay quién segrega más insulina
de la necesaria. Cuando ésta se acaba, el cerebro pone
en marcha otra sustancia fundamental para el control del hambre.
Se denomina serotonina y proporciona satisfacción. Pero
si la insulina está disparada, esta serotonina no llega
a segregarse y la persona no se encuentra satisfecha.
Entonces se
sigue comiendo porque se siente hambre. Se vuelve a disparar la
insulina, no se segrega serotonina y se entra en un círculo
vicioso. Todo esto lleva a la adicción de los carbohidratos.
La solución está en llevar una dieta equilibrada.
En ella, el 55% del aporte energético vendrá de
los hidratos de carbono de absorción lenta, como pasta,
patata y pan integral entre otros.
El motivo
más frecuente por el que se segrega más insulina
es llevar una dieta errónea. Si se “picotea”
durante todo el día alimentos ricos en hidratos de carbono,
el organismo se descompensa. Segregará insulina sin descanso
para que entre la glucosa y vuelta a empezar.
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