|
|
|
| Sin
el ánimo de desilusionar a alguien, podemos afirmar
que las dietas mágicas no existen. |
|
La
buena educación en la mesa no sólo significa buenos
modales. No saber qué, cómo y cuándo comer
ciertos alimentos conlleva, a largo plazo, trastornos como la
obesidad o enfermedades cardiovasculares, diabetes o anemia. La
invasión de las dietas mágicas han conseguido acabar
con las bases de una alimentación equilibrada. Sus ventajas,
rápida pérdida de peso. Sus desventajas, pérdida
de hábitos básicos para una buena salud.
Muchos
desean una solución rápida, fácil, sin esfuerzo,
sin dietas ni ejercicio; pero los especialistas no se cansan de
insistir en que sin una alimentación balanceada, una transformación
en los hábitos, estilo de vida y actividad física,
es imposible perder los kilos de sobrepeso, además de que
la autoestima se deteriora ante el fracaso o rebote de “los
tratamientos milagrosos”, que incluso pueden generar complicaciones
en la salud y pérdidas económicas.
Dietas existen para tirar para arriba, de las más simples
a las más sofisticadas… Pero, todas venden una disminución
de peso rápida efectiva y casi sin sufrimiento.
¿Cómo funcionan las dietas mágicas?
Siempre que una dieta reduzca significativamente la cantidad de
calorías que su cuerpo acostumbra incorporar, se producirá
una pérdida de peso. La cuestión es por cuánto
tiempo y de qué manera se logra.
Por lo general, al principio, las dietas demasiado reducidas en
calorías producen una pérdida de peso que es resultado
de esta restricción. Sin embargo, al poco tiempo se produce
un “efecto rebote” que hace que recupere el peso e
incluso llegue a engordar más que antes.
Esto sucede porque la mayor parte de la pérdida de peso
no se produce por la reducción de la grasa corporal sino
de agua y de glucógeno, una fuente de energía que
se repone con facilidad con las comidas.
Además, cuando el organismo se encuentra frente a una brusca
disminución en la ingesta de calorías (menos de
1200 calorías diarias), se defiende gastando menos energía
y almacenado grasa para sobrevivir con menos comida. Pero más
tarde, cuando, inevitablemente, se retoma una alimentación
más “normal”, el cuerpo continúa aún
con su sistema de “bajo consumo”, sigue almacenando
energía y gastando menos, lo que conduce a un nuevo aumento
de peso
Finalmente,
al no estar diseñadas para las necesidades de cada persona,
con el tiempo, estas dietas se vuelven aburridas y muy difíciles
de sostener. Los planes que sólo se apoyan en la voluntad
de la persona, tarde o temprano se abandonan.
Características
de las dietas mágicas
- No
permiten lograr una pérdida de peso a largo plazo.
-
No mejoran en la salud de las personas.
- Ofrecen
poca variedad: se vuelven aburridas y pronto se abandonan.
- No
promueven la incorporación de nuevos hábitos alimentarios:
la persona vuelve a las viejas costumbres y recupera el peso.
- No
contienen la suficiente cantidad de fibras, vitaminas y minerales.
- Por
lo general, la mayor parte de la pérdida de peso es por
la disminución de glucógeno (reserva de energía
del cuerpo) y líquidos, no de grasa.
Balanceando las ideas
La
doctora Carolina González, nutrióloga de Clínica
Alemana, afirma que “todas las dietas disarmónicas
–en las que no hay un régimen balanceado- son dañinas
porque no tienen la cantidad de nutrientes adecuados. Pero su
mayor debilidad es que no forman un hábito de alimentación
saludable y permanente. Las personas con sobrepeso tienen un problema
para toda la vida, por lo tanto, no les sirve una dieta de dos
semanas porque van a recuperar los kilos bajados en cuanto vuelvan
a comer como lo hacían antes.”
Por
esta razón, muchas de las medidas tomadas en esta época
con gran emergencia para ser tan delgadas como una sirena, provocan
más perjuicios que alegrías. Todos quieren bajar
de peso rápidamente y creen que es la mejor manera de hacerlo,
pero, según explica la especialista cuando se reducen kilos
apresuradamente, disminuye el metabolismo lo que ayuda a subirlos
con la misma velocidad con que se bajaron.
No
comer nada durante la semana y desatarse el fin de semana también
es una pésima costumbre, “ya que muchos son capaces
de devorarse el domingo todo lo que ahorraron durante la semana
y eso no resulta”, afirma la doctora González.
Otro
riesgo es caer en déficit por un régimen descontrolado
y poco balanceado. La nutrióloga explica que eliminar de
la dieta las azúcares refinadas no es un problema porque
las no refinadas se encuentran en las frutas y el pan que nunca
se dejan de consumir completamente. Erradicar las grasas completamente
es muy difícil, pero si se lograra, es peligroso porque
se puede caer en un déficit de ácidos grasos esenciales.
“En
el fondo, la única dieta que sirve es una hipocalórica
equilibrada que disminuya la cantidad de grasa y azúcares
refinadas, y pueda sostenerse por el tiempo, lo que implica adquirir
buenos hábitos alimentación, como comer cuatro veces
al día. Para bajar de peso, primero se debe poner en un
plan en el que pueda eliminar dos a cuatro kilos al mes con una
dieta hipocalórica que debe ser elaborada de acuerdo al
gasto calórico del paciente, cosa que consuma de 1000 ó
500 calorías diarias menos de las que gasta”, dice
la doctora González.
Lo
que sí es factible de encontrar es un programa alimenticio
que permita obtener una reducción de kilos de peso, pero
que debe ser mantenido a través del tiempo.
Uno de los principales problemas de este tipo de dietas es que
aparte de ser muy estrictas; si bien reducen peso, se trata de
agua o masa muscular y no de grasa, que es la más difícil
de eliminar, sobre todo con el paso de los años. Esto es
así porque las grasas que ingerimos diariamente deben ser
eliminadas, de lo contrario se acumulan en las partes más
conflictivas del cuerpo y se endurecen (caderas, vientre, parte
superior de los brazos, etc.)
Por este motivo se hace indispensable definir, o mejor dicho redefinir,
nuestros hábitos de vida.
Los peligros de la magia…
Al
no contar con supervisión o control profesional, la adopción
de estas dietas puede producir deficiencias nutricionales. Esto
ocurre cuando no se incorpora la suficiente variedad de alimentos
(por ejemplo, las dietas que proponen las mismas comidas una y
otra vez) o se eliminan importantes fuentes de vitaminas y minerales
por su supuesto “poder engordante”. Las mujeres que
practican con frecuencia este tipo de dietas pueden tener un mayor
riesgo de osteoporosis a causa de la falta de calcio.
Antes
de eliminar grasa, estas dietas reducen otras fuentes de energía.
Por eso es posible que se produzca una disminución en la
masa muscular que puede afectar el rendimiento físico y
la coordinación, además de producir debilidad.
Por
otro lado, la frustración de no poder controlar el peso
y la sensación de estar atrapado en un círculo vicioso
de dieta, adelgazamiento y aumento de peso, puede conducir a un
mayor nivel de estrés e incluso a cuadros depresivos.
La
constante preocupación por la imagen corporal constituye
a veces un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos alimentarios
como bulimia o anorexia.
Finalmente,
para algunos investigadores, además, las llamadas dietas
yo-yo podrían debilitar el sistema inmunológico.
Efectos
secundarios de las dietas de moda:
- Hipotensión
(baja presión arterial)
-
Náuseas
- Vómitos
- Diarrea
- Constipación
- Insomnio
- Irritabilidad
- Ansiedad
- Sequedad
y pérdida del cabello
- Fragilidad
de las uñas
- Depresión
- Distorsión
de la imagen corporal
En resumen
Un error bastante común es iniciar una dieta con el propósito
de bajar muchos kilos de golpe, o poner límites rígidos
para la cantidad de kilos que se quieren perder. Lo cierto es
que cuando los objetivos no son realistas, es imposible alcanzarlos.
Se genera una presión excesiva que convierte la dieta en
una obsesión: se cuenta cada gramo en la balanza, se sufre
por cada bocado de alimento y se vive con el temor de abandonar.
Finalmente, el estrés y la tensión llevan a bajar
los brazos, con el consecuente descontrol en la comida, impotencia,
frustración, falta de confianza y baja autoestima.
La
clave para adelgazar y mantenerse es realizar un plan de alimentación
equilibrado, establecer un compromiso real con uno mismo y llevarlo
a cabo con perseverancia.
Por
eso, se debe tener en cuenta que un descenso de peso razonable
para la mayoría de las personas es de alrededor de medio
kilo por semana, después de la primera semana en la que
se baja más por pérdida de líquido.
No
existen fórmulas fáciles para adelgazar, ni resultados
mágicos. Sí existe un tipo de magia personal: aceptar
el problema de la obesidad o sobrepeso, elegir realmente el cambio,
optar por un tratamiento integral que implique una nueva forma
de comer y de disfrutar lo que se come. Es un proceso paulatino
y tranquilo de modificación de hábitos, con los
que se puede después continuar de por vida, sin sentimientos
de privación.
¿Cómo
debe ser un buen plan de adelgazamiento?
- Ser
personalizado. Estar diseñado de acuerdo a los gustos,
posibilidades económicas, horarios y actividades de cada
persona.
- Modificar
progresivamente los hábitos que son inadecuados.
- Contener
como mínimo 1200 calorías por día.
- Considerar
como descenso de peso razonable entre 500 gramos y un kilo por
semana, salvo excepciones.
- Ser
equilibrado en las ingestas de vitaminas y minerales.
- Evitar
la prohibición de alimentos: controlar la frecuencia
y el tamaño de las porciones.
|