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El verano,
el tiempo de los calores, es un momento en el que muchas
personas tratan de eliminar los kilos de más que
han acumulado durante el año. Al plantearse una dieta
es preciso tener en cuenta que la alimentación que
consumamos suministre los nutrientes imprescindibles.
Si estos nutrientes
no están presentes corremos el riesgo de
tener problemas como sequedad de la piel, caída del
pelo, sensación de cansancio o incluso problemas
de desequilibrio nervioso como estados de mal humor o falta
de vitalidad.
La dieta
que efectuemos ha de tener un alto contenido de minerales
y vitaminas. Es preciso su consumo diario. Conviene comer
verduras en abundancia.
La dieta mediterránea, basada en
el consumo de vegetales, contribuye a reducir el riesgo
de enfermedades de máximo impacto en los países
desarrollados, como las cardiovasculares, las degenerativas
y el cáncer. Sin embargo, a pesar de que nuestro
país posee un potencial productivo privilegiado y
por mucho que los conocimientos actuales demuestran el papel
beneficioso de la dieta en la salud, hay constancia de que
no consumimos ni la mitad de la cantidad diaria recomendada
de hortalizas y vegetales, un mínimo de 400 gramos
diarios, o lo que es lo mismo, de tres a cinco raciones
al día. Para cubrir esas recomendaciones las ensaladas
pueden ayudarnos, especialmente en verano.
Son muy fáciles de preparar, y por su elevado contenido
en agua y otros nutrientes esenciales para nuestro organismo,
sacian nuestra hambre y sed de una manera apetitosa y contribuyen
a mantener la piel bien nutrida e hidratada.
Diez
motivos para incluir ensaladas en el menú de cada
día
Hidratan y refrescan. Más del 90%
de la composición de las hortalizas, base de las
ensaladas es agua. Comer ensalada es una forma sencilla
y rápida de hidratar el cuerpo en los días
calurosos.
Dan vitalidad.
Los vegetales son fuente excelente de vitaminas que regulan
múltiples procesos orgánicos, como el buen
funcionamiento del sistema nervioso.
Depuran el organismo.
La acción depurativa, desintoxicante y diurética
de las ensaladas se debe al alto contenido de agua, la riqueza
en potasio, al bajo aporte de sodio de los vegetales que
las componen, así como a la presencia de aceites
esenciales que dilatan los vasos renales. Así, comer
ensaladas cada día contribuye a eliminar el exceso
de líquidos y resulta beneficioso en caso de hipertensión,
retención de líquidos y oliguria (producción
escasa de orina). Al aumentar la producción de orina
se eliminan, además de líquidos, sustancias
de desecho disueltas como ácido úrico, urea,
etc., y por ello, las ensaladas convienen en caso de hiperuricemia
y gota, afecciones articulares o diversos reumatismos y
a las personas con tendencia a formas cálculos renales.
Los vegetales más diuréticos: apio, espárragos
frescos, escarola, endibia, cebolla…
Protegen la piel.
Los rayos solares son los principales agresores para la
piel y una de las causas del envejecimiento y del desarrollo
de melanomas. A través de variadas ensaladas aportamos
los nutrientes básicos para mantener la piel en perfecto
estado. Las hortalizas de llamativos colores (zanahoria,
remolacha, pimientos, tomate, col lombarda, lechuga lollo
rojo…) aportan beta-caroteno que se transforma en
vitamina A, que renueva la piel y las mucosas y vitamina
C, que mejora la producción de colágeno, una
proteína que mantiene la piel tersa y sin arrugas.
Si se acompañan de aguacate o frutos secos y se condimentan
con aceite de oliva virgen y germen de trigo, se enriquece
la ensalada en ácidos grasos insaturados, imprescindibles
para mantener una piel estructurada e hidratada, y de vitamina
E, que evita la aparición de manchas de envejecimiento.
Regulan la función
intestinal. Por la riqueza en fibra de los vegetales,
una ensalada resulta laxante, por lo que previenen o mejora
el estreñimiento. Además, la fibra contribuye
a reducir el colesterol en sangre y al buen control de la
glucemia (niveles de azúcar en sangre), beneficioso
en caso de hipercolesterolemia y diabetes.
Aportan pocas calorías.
Muy adecuadas para todas las personas, y especialmente para
quienes siguen una dieta de adelgazamiento, eso sí,
sin abusar de los aliños. Además, comenzar
la comida con una ensalada, sacia y reduce el apetito, lo
que interesa en estas circunstancias.
Cuidan el corazón.
La abundancia en antioxidantes (carotenoides -beta-caroteno,
ácido alfa-lipoico, licopeno-, vitamina C, vitamina
E, flavonoides, selenio…) en los vegetales convierte
a las ensaladas en platos aliados del corazón. Los
antioxidantes bloquean la acción dañina de
los radicales libres, sustancias implicadas en el desarrollo
de enfermedades cardiovasculares, degenerativas y cáncer.
Mejoran la digestión.
El ligero amargor de hortalizas como la escarola, el apio,
la hierba de los canónigos, la achicoria, la alcachofa,
la endibia o el rábano estimula el funcionamiento
de la vesícula biliar y del hígado. Además,
los germinados (soja, alfalfa, berro, rábano) y fermentados
(chucrut) enriquecen la dieta en enzimas, y todo ello es
esencial en la digestión de los alimentos. Por tanto,
incluir estas hortalizas en la ensalada, resulta aperitivo
y tonificador, y se aconsejan en particular a quienes padecen
dispepsia, hígado perezoso y trastornos de la vesícula
biliar.
Previenen la anemia.
La falta de hierro o de ácido fólico se relaciona
con distintos tipos de anemia. Las verduras de hoja verde
-acelga, espinaca, grelos, berros o escarola- son especialmente
ricas en clorofila (con demostrados efectos antianémicos),
folatos y hierro, por lo que interesa incluirlas en ensaladas
en caso de anemia. Para aprovechar mejor el hierro vegetal
(hierro no hemo) se aconseja acompañar el menú
con alimentos ricos en vitamina C, como cítricos,
kiwi, frutas tropicales, tomate, pimiento, etc. Además,
por su contenido en folatos, las ensaladas son imprescindibles
en la dieta de la mujer embarazada para prevenir graves
trastornos en el bebé.
Son sabrosas y nutritivas.
Hojas de lechugas diversas, escarola, endibias, espinacas,
hierba de los canónigos, cebolla, pepino, ajo, zanahoria,
remolacha, tomate, espárragos, apio, pimientos, germinados...
Cuanta más variedad de hortalizas y verduras incluya
la ensalada mayor es la riqueza nutritiva y esto se traduce
en mayor vitalidad y energía. Como complemento del
aliño, la levadura de cerveza, las semillas de sésamo,
el germen de trigo u otros productos dietéticos,
además de enriquecer en vitaminas y minerales los
platos, proporcionan agradables sabores.
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Algunas
sugerencias
Ensalada verde. Rápida de preparar,
muy nutritiva y perfecta para los más tradicionales.
Se pueden mezclar diferentes aceites (oliva, girasol, soja…),
distintos vinagres (manzana, jerez, eneldo…), hierbas
aromáticas (cebollino, perejil, ajo, orégano,
albahaca…) y frutos secos.
Ensalada mixta. Miscelánea de sabores
al mezclar vegetales con ingredientes de origen animal (carnes,
pescados, huevo, queso, yogur…). Es un plato muy nutritivo,
rico en proteínas y bien combinado, se puede convertir
en el ejemplo de una cena ligera, pero muy saludable.
Ensalada energética.
Combinar los vegetales con arroz, pasta, patata o legumbre
es la manera idónea de convertir una ligera ensalada,
un plato energético, además de nutritivo.
Crudas, partidas en juliana o en trozos pequeños,
rehogadas y mezcladas con esmero, dan un toque diferente
y jugoso al plato y un sabor original.
Ensalada de frutas.
Combinar los sabores vegetales y ligeramente amargos de
algunas hortalizas, con el toque dulzón y ácido
de las frutas, es un deleite para los sentidos.
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