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| Tristes
y desolados, rodeados por una inmunda capa de chapapote,
pescadores y mariscadores gallegos, además de,
cántabros, astures y vascos, se ven privados
de su principal recurso, el mar. |
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Puede
parecer egoísmo el hablar de la privación de los
productos del mar debido a la escasez forzosa de los mismos, aunque
ciertamente, y debido a su elevado precio, no son los productos
habituales del ciudadano corriente, pocos los echarán de
menos en sus mesas. Lo que duele es la tristeza que supone ver
la impotencia de unas gentes que ven como su medio de vida se
diluye un una masa pringosa en la que además, una mar impracticable
y aliada con los elementos, arremete contra ellos; quizás
como venganza contra el hombre, cebándose en la suerte
de aquellos que menos culpa tienen. Duele ver la destrucción
de unos paisajes impresionantes, duros, salvajes, refugio natural
de multitud de especies, que quedarán marcados muchos años
por la inmundicia del vertido.
Sorprende
muchas veces la capacidad de regeneración de los ecosistemas
y la capacidad de muchas especies para adaptarse y salir adelante
en circunstancias adversas y debemos confiar en la capacidad de
estos parajes y las especies afectadas de salir adelante. El mar,
ese gran basurero de la humanidad y depositario de todo tipo de
residuos, nos devuelve, sin rencores, uno de nuestros principales
recursos alimenticios, pescados y mariscos. Confiemos en la capacidad
del mar para superar esta nueva afrenta.
Consecuencias
de la Contaminación
Ahora
nos quedan los afectados económicamente por el vertido,
porque preocuparnos aquí de los culpables es como discutir
sí ¿galgos o podencos?. Lo que verdaderamente importa
es recuperar la confianza del consumidor.
El
problema del aceite de colza desnaturalizado marcó un antes
y un después en este país en cuanto a seguridad
alimentaria, desde entonces los controles e inspecciones en los
alimentos y sistemas de producción han evolucionado de
tal forma que es muy difícil encontrarnos con un fraude
alimentario o masivas intoxicaciones. Pero el llamado “mal
de las vacas locas” hizo saltar las alarmas del sistema
ante un problema que superaba los controles establecidos. El consumidor,
como respuesta defensiva, excluyó de su dieta a los productos
sospechosos.
Para
cualquiera que haya visto las imágenes del chapapote, esa
masa pringosa, tan difícil de despegar, dejan claro que
cualquier producto que tenga contacto con él, quedará,
sino pegado al él, manchado de tal manera que quedaría
inservible para llegar a los mercados. De hecho, salir a faenar
y tropezar con la mancha supondría estropear las redes
y tener que desechar toda la captura.
No
sé si será por eso, o por una desmedida ganas de
aportar algo de ayuda, el mejillón, totalmente ajeno a
esta desgracia gracias a la agotadora lucha que libraron los pescadores
contra la mancha, se ha convertido en el estandarte de los productos
gallegos. Pescadores, ecologistas, asociaciones de cocineros,
mercados y demás erigieron, de forma espontánea,
al mejillón como ariete para luchar contra la desconfianza
y dar a los pescadores y mariscadores gallegos un respiro. Después
la campaña del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
representó a este mismo producto como lo que es, una joya
del mar. Aunque por su abundancia y popularidad quizás
no suficientemente valorada.
Para
todo aquel que pueda albergar dudas sobre los productos gallegos,
los análisis realizados a los pescados capturados en el
mar, no presentan ningún indicio de contaminación.
Las granjas marinas no han sido afectadas, y en caso de que lo
fuesen, con desechar los pescados y mariscos afectados y limpiar
las instalaciones, tocaría empezar de nuevo. Los moluscos,
tanto salvajes como de vivero, todos se encuentran a salvo en
el interior de las rías; además siempre tienen que
pasar un mínimo de 42 horas en depuradoras para eliminar
posibles toxinas. Aparte, las inspecciones en las lonjas, etc.
Se imaginan unos berberechos o un centollo manchados con chapapote;
a ver quien los limpia, imposible.
Con
esto tenemos que tener claro que todo lo que llega al mercado,
y digo todo, está en perfectas condiciones de ser consumido.
El problema del vertido no es un problema de los gallegos, es
un problema de todos y apoyando a estos productos no solo ayudamos
a Galicia, sino que nos ayudamos a nosotros mismos, mercados,
restaurantes, transportes, industrias conserveras, publicitarios,
comerciales, suministros de todo tipo, viven de un modo u otro
de estos productos de los que mariscadores y pescadores son solo
la cabeza visible.
Resolvamos
el problema dando la cara por unos productos que siempre han estado
sobrados de prestigio y lo que ahora les sobra es el“Prestige”.
Colaboremos como “manos limpias” en la distancia comprando,
preparando y consumiendo lo que siempre ha sido un producto de
calidad.
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