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Matteo
Gaffoglio
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La opinion del presidente Dr. H.C. Siegfried Schaber
Matteo Gaffoglio es un italiano de Turín que vive dedicado
a la investigación, desarrollo y enseñanza de la gastronomía.
Él es el autor-editor de obras tan significativas como "I
Grandi Chefs di Cucina in Piemonte e Valle d'Aosta" y "I
Grandi Maîtres Maîtres d’Hôtels in Piemonte
e Valle d’Aosta".
Está asociado a:
*F.I.PRE.GA. Fédération Internationale de la Presse
Gastronomique, sede en Estocolmo.
*A.F.P.G.T. Asociation Française de la Presse Gastronomique
& Turistique, sede en Paris.
*A.N.G.E.A.T. Associazione Naz. Giornalisti Enogastronomia e Agriturismo,
sede en Roma.
*C.C.I. Club Comunicazione d’Impresa. P.R..,Unione Industriale
Torino.
Y es cofrade de:
#Bailli Honoraire de la Chaîne ded Rôtisseurs (du Piémont),
sede principal en Paris.
#Past-Consul de l’Ordre Mondial des Gourmets Dégustateurs
(du Piémont), sede en Paris.
#Compagnon du S.A.R.T.O. (de Savoie, Fr.)
#De Honor de varias asociaciones de cocineros-maîtres-concierges
de Italia.
#De Honor de la “Cofradia de los Vinos y Viandas de Castilla
y León”, Valladolid E (desde ’95)
#De Merito de los “Caballeros de la Orden del Sabadiego”,
Noreña, Princip. de Asturia (desde ’98).
#De Honor de la Cofradia del Queso Manchego”, sede en Madrid
(desde ’98).
Sus actividades periódisticas son muy numerosa y es redactor
de varias revistas internacionales
El Croissant, su historia...
...Y SU RECETA
La historia del croissant merece ser
contada porque nace a raíz de un acontecimiento histórico
tan importante como ha fue el del salvamiento de la nación
de Austria invadida por las tropas turcas.
Fue en el año 1683, los soldados
otomanes al mando del gran visir Mustafá Pachá, que
habían ya conquistado Hungría y todas las naciones
que recorre el Danubio, pusieron cerco a Viena, último baluarte
en que la Cristiandad mantenía su resistencia a las hordas
musulmanas turcas. A pesar de sus repetidos asaltos, éstas
no habían conseguido quebrantar la resistencia de los vieneses.
Los turcos decidieron entonces tomarlos
por sorpresa y recurrieron a una estratagema. Idearon socavar el
terreno, a fin de que una trinchera o corredor pasara por debajo
de las murallas, hasta desembocar en el centro de la ciudad. Para
no ser descubiertos trabajaban sólo por la noche, pero no
se habían percatado de que los panaderos también trabajaban
a esas horas. Estos oyeron el ruido que hacían los turcos
con las palas y picos, y dieron la voz de alarma. De manera que
los defensores fueron los que sorprendieron a los turcos, obligándoles
a levantar el sitio y Viena fue salvada gracias a sus panaderos.
Contemporáneamente, la caballería al mando del rey
de Polonia Jan (III) Sobiesky completó la obra, y se relegó
a los turcos más allá de las fronteras del estado
austríaco.
El emperador de Austria, Lepoldo I,
en recompensa, les concedió honores y privilegios; el derecho
de usar espada al cinto fue el más apreciado.
Los panaderos, agradecidos, inventaron
dos panes: uno al que le pusieron el nombre de "emperador",
y otro, al que llamaron "croissant", o sea "media
luna" y "Halbmond" en idioma alemán, como
mejor mofa del emblema de los musulmanes turcos.
Los pasteleros vieneses, siguiendo
las huellas del croissant, elaboraron otros tipos (¡de entre
la infinidad de dulces de los que está compuesta la pastelería
vienesa!), siempre de la misma forma como el "Vanillekipfert",
un croissant aromatizado a la vainilla. O como el "Mandelbögen"
aunque más pequeño pero aromatizado a la almendra.
Incluso otros, siempre en forma de media luna: el "Mohnbeugel"
una pasta rica de semilla de amapola, mientras que la pasta del
"Nussbeugel" lleva nueces y miel.
Desde entonces el croissant invadió
Europa y el mundo, hasta que los franceses (no sería el primer
caso…) lo hicieron "suyo", dándole la nacionalidad
y oficializándolo con este nombre (!). Hay que reconocer
que los pasteleros y panaderos franceses lo preparan de maravilla,
casi confirmando que sólo ellos lo saben hacer bien, sabroso
y crujiente! En efecto, en Francia, por la mañana, eso del
croissant es un ritual: no hay "petit déjèuner"
en los grandes hoteles, pero también en cualquier brasserie,
que no lleve unos croissants en la bandeja, acompañando al
café o lo a lo que sea, haciendo a menudo pareja con el brioche,
que también éste tiene su leyenda, pero será
en otra ocasión!
CROISSANT
Ingredientes:
700g de harina floja
300 g de harina fuerte
125 g de azúcar
200 g de mantequilla
50 g de levadura
1/2 litro de agua
Pastón de 1,5 Kg
600 g de mantequilla
Elaboración: Amasar todos los
ingredientes menos la levadura y la mantequilla para los pliegues.
Acabando el amasado, añadir
la levadura diluida en un poco de agua y terminar el amasado. Dejar
reposar.
Por último, proceder a dar
los pliegues con la mantequilla, de igual forma que en al hojaldre.
Una vez que tenemos la masa estiramos,
cortamos y le damos forma. Pintamos con huevo y fermentar.
Posteriormente cocer. La fermentación
entre 30 a 35º C con un 60% de humedad y cocer a 210-220ºC.
VIENA
Ingredientes:
80 g de mazapán
250 g yema dura
hasta 250 g de azúcar
Elaboración:
Se mezclan todos los ingredientes y se hornean hasta que se doren.
YEMA DURA
Ingredientes:
72 yemas de huevo
1,500 g de azúcar (el azúcar tiene que coger punto
de bola)
Elaboración: Preparar el almíbar
al fuego, en un cazo. Batir las yemas e incorporarlas poco a poco
al almíbar fuera del fuego. Después poner al fuego
y remover rápidamente. Por último, colocar la mezcla
en los moldes individuales y dejar enfriar.
Por gentil concesión de la Confitería SANTOS de Torrelavega
(tomado de : www.afuegolento.com)
El Hojaldre inventado por un pintor
CLAUDE GELÉE, LE LORRAIN
Ajustándonos a los textos auténticos
de M.Victor Porro, que hizo un trabajo minucioso para reunir todos
cuantos documentos le eran precisos relativos a la vida de Claude
Gelée, consiguió recopilar una colección de
libros que hablaban de este célebre pintor y pastelero.
En los archivos de Turín, Vicence,
Nápoles, Venecia, Roma, Toul, Nancy y París, obtuvo
todos estos libros, sin contar los estudios en los archivos de todas
estas ciudades.
Como pintor, dice una de sus biografías,
Claudio Gelée, llamado Le Lorrain, pintor nacido en 1600
en Château de Chamague, cerca de Toul, en Lorena, y muerto
en Roma en 1682, empezó distinguiéndose gracias a
sus pinturas de paisajes y marinas. Para terminar de perfeccionarse
se trasladó a Italia, pero antes, embelleció con sus
obras la iglesia de los carmelitas de Nancy. Luego volvió
a Roma, donde pasó el resto de su vida. En esta capital dirigió
durante veinte años una escuela de pintura de donde salieron
pintores muy nombrados.
Se admira sobre todo en sus obras
la riqueza de su estilo y la gran belleza de sus coloridos. Los
principales cuadros de Claudio Gelée son los titulados El
Sacramento de David, El desembarco de Cleopatra, Vista de un puerto
de mar a la puesta del sol, Madre Dolorata, Una fiesta de pueblo
y, por último, una suite de 28 paisajes, que siempre fueron
muy solicitados.
Fue un excelente pastelero y un hábil
grabador; se le debe el descubrimiento de la más bella creación
de la pastelería: la pasta de hojaldre. En sus primeros años
se manifestó su afición por la pintura, pero no pudo
satisfacer en aquella época sus deseos debido a su extrema
pobreza. A la edad de 15 años fue colocado de aprendiz de
pastelero en su pueblo natal, contra su gusto, pues no quiso contrariar
a su familia. Él se esforzaba en ser un cumplido aprendiz
para su maestro, hasta que, pasados algunos meses, fue poseido de
lleno por la imperiosa necesidad de volver a pintar. Cuantos ratos
libres tenía los empleaba en dibujar, para después
reproducir esos dibujos en las piezas montadas, tartas y postres.
Su maestro, viendo su afición al dibujo, le dijo un día:
"Tu vocacion es ciertamente más de pintor que de pastelero.
Mientras tanto, aplica tu saber al oficio que desempeñas;
quién sabe dado tu amor al trabajo y tu espíritu,
si podrás producir más y mejor que tus colegas, y
hasta llegar a inventar…". Otras veces le decía: "Nuestra
profesión, sin duda, algo pobre, pero algunos, Claudio, han
descollado, y escúchame: tengo el presentimiento de que llegarás
a ser un hombre superior y que enriquecerás nuestra profesión".
Sea -le contestó Claudio- , para complacer a mi familia estoy
dispuesto a escuchar vuestros consejos. Desde hoy ya no me serviré
de mis lápiz, sino que me dedicaré por entero a la
pastelería.
Un día, al final de su aprendizaje,
Claudio amasaba pan, retiró de la masa unos 200 gramos, hizo
con ella una bola, a continuación la estiró y puso
en el medio un pedazo de mantequilla. Dijo a su maestro: "Quiero
hacer un bollo para mi padre, que está enfermo". Claudio
no quiso escuchar a su patrón, que le aconsejaba amalgamar
la masa y la mantequilla con las manos, pues, de lo contrario, esta
última se escaparía fuera durante la cocción.
A lo que Claudio contestó que la mantequilla, quedando completamente
envuelta en el pan, no podría escapar si no se hacia un agujero
ex profeso. Además añadió: "Es un ensayo
que quiero hacer". Grande fue el asombro al ver que el pan
que había metido en el horno se había hecho una bola
enorme… A su padre le pareció excelente y muy delicado, suplicando
a su hijo le volviese a hacer otro a la primera ocasión,
lo que tuvo lugar unos diez días después. Aprovechando
una ausencia de su maestro, Gelée pudo operar a su capricho,
poniendo en práctica lo que tenía meditado: operó
como la primera vez, pero estirando la pasta y volviéndola
a doblar sobre sí misma hasta diez veces, luego la aplastó
más, el resultado fue el mismo, aunque menos subida. Otro
día se le ocurrió obrar igual, pero sin añadirle
levadura, resultó más exquisito (iba acercándose
a la pasta de hojaldre).
Como se ve, el descubrimiento del
hojaldre fue laborioso, pues no consiguió la perfección
hasta muchos ensayos. Al principio no comprendió que la delicadeza
de la pasta era debida a la manera de doblarla, hasta que dio en
el quid, que era el plegado alternado. No dijo nada de esto a su
amo, éste enfermó y murió.
Durante el período de su enfermedad
Claudio hizo varios ensayos, sin alcanzar el perfeccionamento que
deseaba. A continuación (1635) se colocó en Nancy,
en la pastelería de Francisco Rotabant, donde por fin resolvió
el problema de la pasta de hojaldre. Se lo comunicó al dueño,
quien tomó la cosa en broma. En dicha pastelería había
un ayudante, Luigi Mosca, que tenía un hermano pastelero
en Florencia; le escribió describiéndole esta pasta.
El hermano se presentó al poco tiempo en Nancy, y a fuerza
de bellas promesas consiguió seducir a Claudio, marchando
los tres a Italia.
Antes de un año Angelo, el
hermano mayor de Luigi Mosca, habíase visto obligado a establecer
tres pastelerías a fin de atender a tanta demanda, marchando
a grandes pasos a una prosperidad. El pastelero de Nancy, Rotaband,
al enterarse del gran triunfo de Gelée en Italia, debido
al descubrimiento del hojaldre que él había despreciado,
se disgustó tanto que terminó matándose (eso
dice la crónica).
Angelo Mosca pasaba en Florencia por
ser el inventor de la pasta de Hojaldre (pasta sfogliata), pero
el único que sabía fabricarla era Claudio. No quiso
divulgar el secreto, y la elaboraba en una cueva libre de toda mirada.
So pretexto de reforma, Mosca dio tres días de asueto a Claudio,
y los aprovechó para practicar una mirilla en la cueva, a
fin de sorprender el secreto de fabricación. Cuando regresó
tuvo sospechas, pero no halló nada normal. Una vez que los
Mosca se hicieron con el secreto decidieron deshacerse de él,
para esto Angelo le invitó amigablemente a acompañarle
a Nápoles, viaje que Claudio aceptó complacido, pero
a la entrada de la población su coche fue asaltato por cuatro
individuos armados, que se llevaron a Claudio mientras Mosca quedaba
libre.
El pobre Gelée fue encerrado
en un subterráneo, donde le tuvieron prisionero durante tres
meses, no dándole para comer nada más que algún
trozo de pan y pequeñas cantidades de actual esperando que
se muriese… a fin de cobrar la suma convenida con Angelo Mosca.
Fuese por falta aire o de alimento, él no se levantaba. Debido
a esto, sus guardianes se aplicaban poco en la vigilancia, y el
pobre muchacho se veía morir. Pero el istinto de conservación
o una esperanza de vida, viendo la ausencia de sus verdugos, registró
todo el subterráneo, descubriendo un poco de luz natural;
la tierra estaba húmeda, y por medio de una piedra angular,
y con sus manos, hizo un boquete y pudo escapar de aquel antro.
Le costaba respirar el aire puro,
pero el sol le daba vida. Llegó a Nápoles con un vértigo,
sus piernas flaqueaban y no pudo continuar, cayéndose delante
de una casa pequeña. Allí fue levantado, y cuando
recobró el conocimiento se encontró en una buena cama,
con un médico al lado, haciéndole compañia,
le contó su desgracia. A pesar de los cuidados de que fue
objeto, la fiebre se declaró, estuvo veinte días entre
la vida y la muerte. En fin, la juventud y los cuidados dominaron
la enfermedad y entró en convalecencia. El propietario de
aquella casa, hombre de corazón y humanitario, era alemán
y ejercía la pintura, habiendo adquirido gran celebridad
en todo el reino de Nápoles, Claudio, agradecido de tanta
bondad, y no sabiendo cómo demostrarle su inmensa gratitud,
ofreció servir a su bienhechor a cambio de la alimentación,
casa y ropa. "Esto que he hecho por vos -le replicó
el pintor- lo haría otras tantas veces, es cuestión
de humanidad. Le agradezco sus ofrecimientos, mas no quiero abusar.
Me he dado cuenta de que sois un artista, os tomo a mi servicio,
pero como discípulo y ayudante". Gelée permaneció
con su maestro por espacio de cinco años. Durante este tiempo
éste se aplicó en corregir sus defectos con el fin
de convertirse en un gran discipulo suyo.
Murió el alemán, y Claudio
quedó libre. Apresuróse a volver a Florencia a fin
de saborear la terrible venganza que tenía premeditada hacia
los dos hermanos Mosca, ladrones y asesinos. Pero se encontró
que los Mosca habían perecido carbonizados en el terrible
incendio de su establecimiento. El fuego tan sólo había
respetad el letrero de la puerta, en el que Claudio pudo leer todavía:
"Fábrica de pasta de hojaldre Mosca Angelo, inventor".
El fuego vengó de una manera terrible a Claudio Gelée
de sus verdugos, que no habían retrocedido ante un crimen
monstruoso con tal de quedar como dueños absolutos de una
invención que no era suya.
Gelée lo olvidó todo
obsesionado por su arte, y he aquí el porqué durante
siglos se ignoró el nombre del verdadero inventor del hojaldre.
En Italia creían que era un tal Florentin.
Gelée se estableció
en Roma, donde todos le conocían con el sobrenombre de "El
Rafael del paisaje", produjo hasta la edad de ochenta y dos
años…
El gran Carême continuó
la obra de Claudio, creando con la pasta de hojaldre el Vol-au-vent,
el gran pastelero Feuillet, el "Mille-feuilles - Mil hojas"
y así sucesivamente siendo incontables los pasteles y pastelillos
confeccionados a base de la delicada pasta de hojaldre inventada
por el gran pintor pausajista Claudio Gelée, más conocido
por Lorrain.
Por gentil concesión de la
Confitería Santos de Torrelavega.
(tomado de www.afuegolento.com)
El dulce equívoco del
Tiramisú
¡No hay Mascarpone en la receta original!
Antagonista del clásico Sambaión
Por Matteo Gaffoglio
El “Tiramisú” es
parte de la historia actual y no pertenece a la historia de los
dulces de antaño y blasonados de la gran Cocina italiana,
a diferencia del clásico Zabaglione que se hace gala de páginas
gloriosas en la historia de la alta repostería en los siglos
pasados; cuya base de preparación para los dos es la misma:
Yemas y azúcar batidos.
August Escoffier cuando codificó los términos y las
recetas de la cocina clásica internacional, ya desde su primera
edición de Le Guide Culinaire (1902), lo tiene citado muy
detalladamente y con sus variantes en el reparto de las Salsas para
dulces calientes. Y siempre como salsa también Le Répertoire
de la Cuisine (Th. Gringoire et L. Saulnier - Ed. 1914). Y si queremos
ir más lejos en el tiempo, nos deleita en un italiano antiguo
el libro Il Cuoco Piemontese nacido como tratado de cocina por los
cocineros de Carlo Emanuele III, después de la batalla y
la paz de Aquisgrana (1748). Estos profesionales que salieron en
incógnito (el libro no lleva nombres de autores) en la segunda
mitad del '700, contribuyeron con inteligencia vivaz a dar un tono
epicúreo a la obra, poniendo con los Sorbetes el "Sambaione"
(así lo llamaban) cuya receta se aproxima a la que sigue
más adelante. Según voz popular corriente en la Turín
del siglo XIX, la palabra es una fusión del nombre San Pascual
Baylon, el Santo protector de los cocineros y reposteros (17 de
mayo) es decir: San Baylon - Sanbaión o Sabayón (en
piamontés) - zabaione o zabaglione (en italiano). Este dulce,
aparecido en Piamonte en el comienzo del 1600, ha sido creado por
el cocinero de Carlo Emanuele I.
La que sigue es la antigua receta del Sambaión. Por 12 yemas,
4 vasos de Madera, 200g de azúcar, 1 pizca de canela en polvo.
Queriéndolo más espirituoso añadir un vasito
de Ron. Batir enérgicamente las yemas y azúcar hasta
que emblanquecen. Añadir vino, ron y canela y continuando
siempre batiendo, poner la cacerola al fuego sin hacer hervir, apenas
que se alza y que espuma quitar del fuego y verter en tazas. Se
puede servir también frío. La cacerola al fuego directo
no es recomendable, mejor baño maría. En Piamonte
a menudo se prepara con vino Marsala. Pero también se puede
utilizar, según los gustos, otros vinos como tintos, blancos,
secos, dulces o el clásico Moscato. El Sambaión sin
el azúcar añadido se puede utilizar en cocina para
salsas, soufflés, cremas, etc.
El Tiramisú es en efecto antagonista del clásico Sambaión,
no obstante su joven edad (poco más de tres décadas)
con la intrepidez cautivadora de su nombre (a los anglosajones les
gusta mucho pronunciarlo...), por supuesto por ser muy del agrado
por su gusto; está conquistando los paladares del mundo entero
a la par de pizza y spaghetti, ya se encuentra en cualquier local
que sirva comidas. Como en las familias, donde muchas amas de casas
se enfrentan a elaboraciones no siempre bien lograda por no saber
cómo hacerlo, o por falta de ingredientes; o a veces utilizando
otros que no son pertinentes, como el Mascarpone, que al fin y al
cabo no tiene derecho a ser uno de los componentes porque no está
en la receta original. Añadir el Mascarpone al Tiramisú
ha sido una idea malsana de un cocinero, simplemente para presentar
el dulce en forma sólida más que en versión
crema (como debería ser), no teniendo en cuenta que iba a
añadir solo una gran masa de lípidos de este tipo
de requesón. En tema de alimentación sana este dulce
así elaborado, y sobretodo como postre a un ya rico menú,
no es aconsejable por su alta cantidad de grasa y calorías
en exceso.
El gran interés por este dulce que se ha hecho tan famoso
en muy poco tiempo, lo demuestra también los muchos apasionados
que, increíblemente, a menudo entran en los Foros de varias
revistas gastronómicas pidiendo la verdadera receta, pero
resulta que entre los que contestan, sobretodo por parte de los
así dicho profesionales, ninguno la conoce.
Para empezar, buscando en la fundamental Storia della Cucina Italiana
del ilustre Massimo Alberini, gran experto en gastronomía,
el Tiramisú no se encuentra; como tampoco en las 1200 páginas
del otro libro que para los italianos es el "evangelio"
de la historia de la gastronomía italiana: Le ricette regionali
italiane de Anna Guidetti della Salda. El mismo Alberini era contrario,
y definía este dulce una "mala invención"
(probablemente debito a su lugar de origen donde se preparaba y
era ofrecido). Y cuanto menos, que nadie piense buscarlo en los
libros históricos de la cocina clásica internacional
como los de Escoffier, Carême, Pellaprat, etc., emplearían
su tiempo inútilmente.
Hablando de esta receta, el “Tira-mi-sú” tiene
su origen por la parte Este del Norte de Italia, en la región
del Veneto con Venecia por capital. Su historia es bien distinta
por ser muy original y muy curiosa... (sobretodo por el motivo y
el lugar en el cual nació y fue "bautizado"). Este
tipo de dulce tuvo su lugar de nacimiento o si queremos decir de
preparación, en los años cincuenta, ni más
ni menos que en un burdel... (¡Si, el lector ha leído
bien!), por ciertos en los del Veneto. Las casas de meretricio han
sido la cuna donde vivió y tuvo sus momentos gloriosos deleitando
y fortaleciendo y por qué no, envalentonando... ad libitum
a esa clientela de frecuentadores habituales. Pero su vida gozosa
no duró mucho, porque la diputada y senadora Angelina Merlín,
en el 1958 logró promulgar la ley para la abolición
de las casas de tolerancia y el Tiramisú se quedó
en paro...
A una afirmación así tan sorprendente y divertida,
se impone de inmediato una respuesta exhaustiva con pruebas otro
tanto convincentes. Entonces, más vale referirse a la entrevista
hecha ya hace unos años a Arturo Filippini, presidente de
la cadena de restaurantes Toulá, de medio-alto nivel, que
en los años setenta empezaba a desarrollarse y crecer con
éxito en algunas ciudades de Italia. Filippini era gran amigo
y colega de Alfredo Beltrame, un maestro de la hostelería
veneta y fundador de esa misma cadena de restaurantes con sede en
la ciudad de Treviso, en el Veneto. Beltrame mismo lo admitía:
"Había sido efectivamente después de la guerra
-decía Filippini- cuando nos íbamos con amigos a los
burdeles de Treviso, en esos tiempos tenían también
cocinero, la maîtresse, a los clientes aficionados (pero también
a las mujeres), les ofrecía una crema dulce diciendo con
cortesía estas palabras emblemáticas: Anda, toma cariño,
que te doy una cosa que "te tira su"..." Es decir,
te doy una cosa que te da más fuerza.
Por supuesto el "te tira su", que precisamente es en dialecto
Veneto, pero también en lengua italiana, podría ser
el equivalente en español del "Tentempié",
pero no tanto a la manera de un piscolabis, con una ligera corrección,
en cuanto a que el “Tira-mi-sú” como dulce es
mucho más fortalecedor y de inmediato efecto gracia a la
cantidad de glúcidos que incorpora; pero de ninguna manera
lleva el Mascarpone, como tampoco la nata u otras grasas similares,
porque todos esos lípidos no hacen más que tener un
peso en el estómago y ralentizar la digestión, con
el resultado de tener el efecto contrario, es decir, crear cansancio
y la inevitable somnolencia (las maîtresses no podían
permitir a sus clientes que echaran siestas...). Y muy lejos de
tener "el cielo en la boca" como alguien da publicidad
por alguna parte en la Web.
En el 1968 el Tiramisú artesanal llega oficialmente a la
cadena de los restaurantes Toulá. Esto es como decir que
este dulce, gracias a Beltrame y su cadena de locales, fue sacado
de la intimidad de los prostíbulos y presentado al exterior
para gozar de la gloria y del gran éxito en el mundo. Entre
los años setenta y ochenta por primera vez en el restaurante
Toulá de Milán, fue presentado como manda la siguiente
receta, que es la verdadera y única, simplemente con estos
cinco ingredientes:
Yemas y azúcar batidos, bizcochos Savoiardi mojados en el
café espresso y cacao en polvo.
Como es fácil notar el Tiramisú es ni más ni
menos copia del Sambaión, con la diferencia que lleva bizcochos
mojados en el café puestos en el fondo del tazón y
encima al batido un espolvoreo de cacao, pero no lleva vinos o licores.
Sin querer enfatizar más de la cuenta el Sambaión,
merece recordar que en Piamonte (desde que existen las gallinas...)
este dulce siempre ha sido consumido a menudo entre los obreros
del campo (y de la ciudad también) como un rápido
fortalecedor en los momentos de gran cansancio, nada más
que batiendo dos yemas con dos cucharas de azucar.
En la cadena de los Toulá siguen hoy en día presentando
el Tiramisú original. También en su favor, en los
años setenta, en San Giuliano Milanese, llegaron los hermanos
Romano y Rino Bindi, que engrandeciendo la pequeña empresa
de repostería del padre Attilio, se lanzaron, gracias a la
industria de congelación, ampliando la difusión de
este dulce siempre con la misma fórmula clásica, consiguiendo
un enorme éxito por enviar en el mundo el verdadero Tiramisú
(muy probablemente, a nivel industrial quedan solo ellos, ya que
otras empresas lo elaboran con más ingredientes añadidos).
Ahora el Tiramisú anda libre por el mundo por no estar protegido
por ninguna marca de fábrica registrada. Así que los
muchos aficionados a la cocina y profesionales también, que
lo elaboran con un amasijo de ingredientes en un gatuperio de recetas,
interpretando cada uno a su manera y según su conveniencia
o gusto en utilizar uno u otro ingrediente, que no se preocupen
(y no se tiren de los pelos). Ya que el resultado final es que de
la manera que este producto está elaborado en el mundo, del
Tiramisú, no queda nada más que solo el nombre...,
a menos que, los que lean estas notas, quieran tener en cuenta la
receta original y sacar buen provecho!
Una Profesión en peligro
EL ARTE DIFÍCIL DEL COCINERO
El ilustre presidente de la Wacs (World
Association of Cooks Societies – Asociación Mundial de las
Sociedades de Cocineros) elegido hace un año en el 29º
congreso en Maastricht, el alemán Dr. H.C. Siegfried Schaber,
en su editorial del Boletín de Marzo, lanza un grito de alarma
con este título: “Nuestra Alimentación, ¿Placer
o Riesgo?”. El concepto de este excelente profesional de la cocina,
es por supuesto, en defensa de la categoría, estando al mando
de la más poderosa y única asociación que engloba
las sociedades de cocineros de 65 países del mundo (más
otra docena en lista de espera para ser aceptadas). Esta asociación
fue fundada en agosto del 1.928 por August Escoffier, el primer
verdadero y cualificado Chef de Cuisine, en cuanto a que fue el
que al principio del 1.900 codificó el ordenamiento de la
cocina, instituyendo un manual, con el que se daba un nombre definitivo
a los trabajadores de los distinto sectores de la cocina y hostelería,
repartiéndolos según sus capacitaciones y cargos.
Desde entonces la Wacs, cuya sede
administrativa y tesorería está en Suiza, mientras
el directivo sigue el presidente pro tempore en Alemania, gracias
a sus presidentes y directivos que se han sucedido (Perrin, Konig,
Faseth, Guyet, Bueschkens, Veith, Keogh, Gallagher), y sobre todo,
gracias al compromiso dado por todos sus miembros internacionales,
fue posible tener un objetivo común: que la Wacs sea la plataforma
unificadora que reúna a todos los Cocineros del mundo en
la promoción del arte y de la ciencia culinaria. En suma,
la Wacs es la verdadera voz mundial de la profesión culinaria.
El presidente Schaber, justamente, está preocupado por esta
situación trágica que se ha creado en el abastecimiento
de las carnes y alimentos en general, sobre todo en Europa (pero
sin decirlo demasiado fuerte, porque nos está llegando a
los oídos que parece que algo similar está ocurriendo
también en otros continentes...)
El
presidente Dr. H.C. Siegfried Schaber
En su mensaje, el presidente subraya
con mucha amargura: “Todos nosotros hemos elegido la profesión
de la cocina para preparar agradables y sustanciosos platos y dar
a nuestros huéspedes alegría y placer con las comidas
diarias. Los elementos básicos de nuestro trabajo son el
conocimiento profesional y la utilización de los buenos productos.
Somos sólo una parte de esta larga cadena y esta cadena hoy
se ha roto. Ya no hay más confianza en la calidad y salubridad
de estos varios productos. En el pasado, hemos tenido varios escándalos
concernientes a la producción de los alimentos. Todos ellos
no causaron dramáticos cambios, sea en la producción
como en los hábitos de los consumidores. Pero el mundo ya
no es lo mismo. En estos últimos años, los cocineros
de algunos estados europeos se han encontrado de frente el peligro
de una enfermedad de dramático impacto: la BSE o EEB (enfermedad
de reses), seguida por el CFJ (enfermedad Creutzfeld-Jacob de los
humanos). Nosotros chefs, no podemos resolver el problema de la
BSE, ya que es sólo de competencia de los científicos,
políticos e industrias, pero son fuertemente recomendados
no tan solo de enfrentar el reto, sino de resolver las soluciones.
Tampoco podemos garantizar total seguridad. Y mirando a los efectos
de la enfermedad en una vasta dimensión, podemos sólo
preguntarnos: Comida, ¿riesgo o placer?”
Son palabras que, dichas por un profesional
de su nivel, ¡pesan como un peñasco al cuello de un
náufrago! Por cierto el problema de la BSE nunca será
resuelto por los cocineros, pero, tanto para empezar, el insigne
presidente de la Wacs debería emperrarse (o exigir) que sus
colegas de todo el planeta deban tener una mejor preparación
profesional. En virtud de su posición y con el auxilio de
su directivo alemán y el Board of directors continentales,
él debería presentar una ordenanza, de manera que
los ministerios de la instrucción pública de los países,
la pongan en práctica en las escuelas de formación
y a las respectivas asociaciones o gremios de cocineros. Nunca como
en estos tiempos en cocina se habla tanto de arte, de oficio, de
conocimiento técnico, de habilidad práctica, de fantasía...(palabra
peligrosa para uno que no tiene nociones básicas!), de deconstrucción...
(otra palabra peor todavía!). Todos los que quieran trabajar
con alimentos, que aprendan de una vez que para ser profesionales
deben ante todo frecuentar cursos de ciencia alimenticia e higiene
de tres años de duración, después pasar al
estudio de lo que concierne a la preparación culinaria, consiguiendo
pues gradualmente los cargos más variados con la práctica
y la experiencia.
La profesión del cocinero,
en principio debería ofrecer satisfacción (un trabajo,
cualquier que sea, debe gratificar moralmente el obrero antes de
satisfacerlo económicamente) Como si no bastaran las dificultades
que uno tiene cuando inicia su carrera, después de la escuela,
el aprendizaje, la búsqueda del empleo ideal (¿cual
podrá ser bueno, y donde podrá encontrarse bien?),
hasta plasmarse perfectamente en su formación profesional,
dejando su huella de personalidad en la cocina; ahora encima, se
les suma el problema dramático de la seguridad de los alimentos
que sólo cocineros capaces y preparados, podrán resolver.
Es un problema que inevitablemente va a añadirse a la ya
gran complejidad de la profesión misma. Sobre todo hay que
tener en cuenta que en el abanico de las empresas, la categoría
de los cocineros empleados es muy ancha, se encuentran desde los
chiringuitos puestos en el último rincón de playas,
hasta a los más famosos restaurantes de grand hôtel
con 5 estrellas y 5 diamantes!. Por supuesto, sin discriminación
alguna, todos son cocineros, pero con notable diferencia de uno
a otro y una considerable distinción de cultura, mejor dicho,
de preparación profesional, ya que las elaboraciones son
distintas. Esta categoría de larga franja nunca se agotará.
Y tampoco debemos preocuparnos si algún personaje antes famoso,
ahora se encuentra en declive.
Un cocinero válido debería
tener un profundo conocimiento de la cocina de la propia tierra,
primero la regional y después la nacional, de manera que
sea él, como profesional, el que cultive el buen manjar -la
sana alimentación- elaborada con los productos del terruño
y según lo que las temporadas ofrecen. Es preciso que la
cocina de la propia tierra quede integra y protegida, como siempre
han hecho nuestros antepasados. Dejando de una vez todos esos nuevos
platos tan elaborados, demasiado sofisticados, ese tanto que de
alimento hay muy poco (muestran solo la versatilidad artística
en combinar colores..., del gusto, mejor no hablar de eso), son
preparados como si fueran cuadros de artistas (muy buenos... para
la fotografía), crean sólo confusión entre
los consumidores y pesadilla en los jóvenes (siempre dispuestos
a emular a quien sea), que necesitan aprender, pero cómo?,
con qué técnica, cuando hay personajes que no siguen
ya la línea de la cocina clásica. Cada uno va por
su cuenta, hasta pasándose en los que son los deberes higiénicos
profesionales y respeto por los alimentos (son materia de comer...
y como tales no se deben manejar demasiado!). Si pues, el válido
cocinero, quiere profundizar en cocina clásica, adquiriendo
más cultura internacional, entonces deberá moverse
de su lugar habitual e irse por el mundo, a descubrir otros horizontes,
con otras cocinas y otros métodos de elaboración proyectándose
en un futuro más rico de emociones y estímulos de
vida, es decir, conocer, vivir, practicar en los grandes hoteles
(se precisa conocimiento de idiomas) y restaurantes internacionales
donde existe la verdadera cocina de alto nivel.
Es el momento de que todos los cocineros,
jefes y pinches, no se desalienten, ¡que se unan y estén
al quite para defender su propia categoría! Desde hace algunas
semanas ha surgido entre los habituales del foro de esta revista,
un cierto fervor por la fundación de una asociación
de Cocineros sin fronteras. El que escribe estas notas, fue el primero
en congratularse con el que tuvo esta espléndida idea: un
cierto Boquerón australiano (por lo que parece, español
de origen, de nombre Miguel). De inmediato, por el otro lado del
hemisferio, se presentó sumamente en favor, un argentino
que goza la vida en Nueva York, de nombre Gustavo. Es un funcionario
de alto cargo en la Wacs, un válido profesional que se va
por el mundo panamericano a enseñar higiene y ciencia alimenticia
y certificar a cocineros de ese mundo. Las adhesiones de apoyo a
esta asociación están llegando copiosas desde todo
el mundo (o por lo menos del mundo hispanohablante) entre los que
practican dicho Foro. La realización de los Cocineros sin
fronteras (CSF) parece que esté tomando pie, en espera de
que se presente el proclamado neo-presidente ejecutivo Koldo, no
queda más que formular desde estas líneas todos los
mejores éxitos!
La Asociación española
que pertenece a la Wacs es la siguiente:
Federación de Asociaciones de Cocineros y Repostero de España
Presidente
Norberto Buenache Moratilla
C/ Mayor 46 – 48
29013 MADRID
T. 34.1.542 5695
F. 34.1.547 9748
(tomado de: www.afuegolento.com)
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