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un hombre culto, un amante y estudioso de la gastronomía,
que practica con entusiasmo desde su restaurante de
la pequeña localidad barcelonesa de Santceloni,
el "Racó de Can Fabes". |
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Un
cocinero de gesto siempre amable, sonrisa cordial, abierta y mirada
inteligente. Es meticuloso y coherente en todos los detalles que
rodean su vida y especialmente en su trabajo que absorbe casi
todo su tiempo. Desde su aterrizaje, algo fortuito, en el mundo
de la restauración hace más de 20 años, su
cocina ha ido creciendo, enriqueciéndose y evolucionado
al igual que lo ha hecho él mismo. Siempre sumergido en
un constante y, a menudo difícil, proceso creativo, ha
sabido mantener su cocina en el más alto escalafón
de la gastronomía mundial desde hace más de 10 años.
Mientras hay muchos que una vez alcanzadas las tres estrellas
Michelín o los tres soles CAMPSA, sólo se preocupan
de mantenerse sin tocar nada, no sea que cualquier cambio ponga
en riesgo tan altas calificaciones, Santamaría es de otra
forma.
Practica la cocina de la tradición y del amor al producto.
La cocina de siempre llena de sencillez, equilibrio y sentido
común. Pero guiada especialmente por las sensaciones y
la intuición. Por lo tanto, deja atrás los cánones
asimilados desde hace años y rompe moldes de la mano de
una constante creatividad. El resultado es una gastronomía
arriesgada, siempre igual de apasionada y siempre distinta. Nace
de lo que le inspire cada producto, en cada momento y en cada
estación del año.
Gracias a esta forma de concebir la cocina, Santi ha alcanzado
un sabio e inteligente equilibrio entre cocina clásica
y popular, con otra moderna y de vanguardia. Una cocina con sentido
y para los sentidos, con una dimensión estética
concisa y elegante y una maestría técnica irreprochable.
El
'Manifiesto Internacional de la Cocina' publicado en chefs info
1.-
La cocina es un bien cultural patrimonio de la humanidad. La alimentación
y la relación del hombre con la naturaleza forman parte
de un contexto de permanente intercambio histórico y social,
que varía sustancialmente de una cultura a otra. La evidencia
de esta diversidad cultural es un valor que hay que proteger y
respetar.
2.-
Una alimentación adecuada y racional depende del conocimiento
y la conciencia de una cocina propia y esencial. Mediante la palabra
se transmite el conocimiento y sólo a través de
la educación, y de modo primordial de la familia y la escuela,
la sociedad podrá transmitir y mantener el valor y la consideración
de la cocina como una herencia cultural.
3.-
La propia evolución y transformación económica,
tecnológica y social y el proceso de insdustrialización
han ejercido una influencia directa en los cambios que se han
dado en el comportamiento alimentario de la sociedad. La industria
y la tecnología alimentarias han contribuido a una progresiva
homogenización de nuestra comida. Las instituciones públicas
han de asegurar y difundir hábitos alimentarios correctos
para garantizar una necesaria y fundamental calidad de vida al
ciudadano.
4.-
Cada pueblo posee unos hábitos alimentarios perfectamente
construidos, hábitos que significan un comportamiento cultural
propio y característico. Cualquier comunidad expresa a
través de la cocina no sólo unos determinados hábitos
gustativos, sino también una personal manera de ser como
colectividad diferenciada. Preservar la especifidad de cada pueblo
debe ser un reto tanto culinario como cultural. La formación
y el diálogo intercultural, también en cocina, tienen
que hacerse y promoverse desde el respeto a las diferencias y
a la identidad.
5.-
La cocina presenta unos valores de intercambio y cohesión
que han de preservarse. En el campo de la alimentación
y la cocina, el proceso de globalización tiende y contribuye
a una inequívoca y progresiva homogeneización de
nuestra comida, a menudo en detrimento de la calidad de los productos,
las costumbres y la tradición culinaria. El cocinero tiene
que combatir esta clara agresión a la cultura y la calida
de vida de las personas. Una globalización coherente no
tendría que llevar a consumir más productos industriales
y prefabricados, sino a fomentar y contemplar un modelo de consumo
más racional que respete la diversidad natural de la cultura
culinaria.
6.-
Los profesionales de la cocina nos comprometemos a apoyar de modo
incondicional a agricultores, ganaderos, pescadores, etc., para
contribuir a fomentar una explotación más racional
y sostenible del medio natural.
7.-
El interés que suscitan hoy en día los cocineros
en los medios de comunicación nos convierte en transmisores
de modelos y pautas de comportamiento social en el ámbito
de la alimentación. Esta realidad nos obliga a afrontar
nuestra profesión con una total y absoluta responsabilidad
en unas circunstancias de profunda evolución social y cultural.
8.-
En un entorno social en el que el hambre continúa siendo
una evidente e injusta realidad, los cocineros exigimos a la Administración
un mayor compromiso económico y una política global
más justa en favor de los países y pueblos más
pobres y desfavor.
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