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Norberto
E. Petryk, chef, escritor e investigador
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| Cuando
hablamos de carnes exóticas nos referimos generalmente
a aquellas que no estamos acostumbrados a consumir habitualmente. |
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Pero
para muchas personas pueden ser de uso común o casi común,
y con ello nos referimos a carnes de animales silvestres, salvajes,
o en estos últimos tiempos de criaderos especializados:
búfalo, antílope, ciervo, jabalí, yacaré
(caimán, cocodrilo, lagarto), tortuga, foca, ballena, canguro,
pecarí, carpincho, guanaco, llama, avestruz, ñandú,
cebra, caballo, serpientes, arañas, gusanos y todo tipo
de insectos.
En
sí, salvo aspectos culturales, es muy cierto el dicho:
“todo bicho que camina va a dar al asador”, no olvidemos
los relatos de las cenas romanas y libros del siglo XV en que
participaban cisnes, grullas, aves asadas, tordos vivos dentro
de la panza de un cerdo asado, lenguas de aves y distintos productos
hoy exóticos para nosotros, incluyendo el famoso “garúm”
como condimento que hoy sería impensable el utilizarlo.
A
principios de año, mientras yo estaba en Viña del
Mar, Chile, me llama telefónicamente un destacado periodista
argentino para una nota radial al aire (en directo) sobre el consumo
de carnes exóticas, y me pregunta en donde nace ese gusto
por la carne de avestruz, y mi respuesta fue que yo no consideraba
exótica una carne que fue base alimenticia de muchas etnias
primitivas de nuestro país que llevaba habitado unos 12.000
años a. C. y que si bien esos pueblos primitivos ya conocieron
el caballo salvaje que se extinguió hace miles de años
en estas latitudes, ya lo consumían como alimento, pero
que al ser introducido nuevamente por los españoles en
el siglo XV y reproduciéndose libremente en manadas salvajes
se vuelve a convertir en alimento de las etnias primitivas, nada
más que esta vez aprendieron a domesticarlo y montarlo;
es sabido por muchos relatos que el “indio”, y por
analogía el “gaucho”, luego de un largo viaje
o combate en lugares en que no estaba provisto de agua, hacía
un tajo en la yugular del caballo y bebía la sangre.
El guanaco, llama, avestruz se convierten en carnes exóticas
cuando el europeo impone sus gustos culinarios sobre los ya existentes,
pero cabe destacar que siguieron siendo consumidos, nada más
que en menor escala.
Los Araucanos (nombre dado por los españoles a los Mapuches,
de arauca = indomable, guerreros, libres; y mapu = tierra y ches
= gentes) al enterarse de la abundancia de carne (ganado cimarrón)
en las pampas argentinas cruzan la cordillera de los andes y llegan
casi a la Capital porteña, el límite fue el río
Salado en la provincia de Buenos Aires, dando en llamarse éste
fenómeno “la araucanización de la pampa”
y con ello estos aborígenes incorporan a sus gustos alimenticios
la carne de caballo (la cual aprecian mucho por el parecido con
la del guanaco) y la de vaca.
El guanaco, llama y avestruz fueron conjuntamente con la vizcacha,
mulita o peludo el alimento de muchos aborígenes, pero
hay que destacar que en algunas etnias del noroeste y norte argentino
la llama fue criada para la obtención de lana, siendo llamadas
por los españoles “ovejas de la tierra” y sacrificadas
casi y pura exclusivamente en rituales religiosos y solo consumidas
en esas ocasiones, algunos de estos pueblos sostenían que
el consumir carnes rojas avejentaba prematuramente.
Respecto al avestruz ya he publicado con anterioridad una nota
sobre ellos.
Paté
de jabalí
Ingredientes:
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1kg de carne de jabalí
-
1 L de cerveza negra
-
½ litro de malta de cerveza
-
1 cucharada de kümmel
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1 cucharada de pimienta de jamaica
-
1 cucharadita de sal y 1 cucharada de azúcar
-
100g de tocino (panceta /bacon)
-
2 echalottes
-
1 diente de ajo
Procedimiento:
Macerar durante 24 horas la carne dentro de la cerveza y malta
con las especies, sal y azúcar. Llevar al fuego dentro
de una olla con todo el líquido de la maceración,
tocino, echalottes y ajo, debe estar bien cubierta de líquido,
si hiciera falta poner un poco de agua. Cocinar a fuego bajo hasta
que la carne se pueda desprender en hebras.
Quitar la carne del liquido de cocción, bajar la temperatura
y desprender las fibras con las manos deshaciéndola. Mientras
seguir reduciendo el líquido de cocción con sus
ingredientes, cuando quede bien espeso agregar la carne deshilachada
y mezclar muy bien, pasar todo por un mixer o aplastar con un
mortero hasta convertirlo en paté (pasta), solo si hiciera
falta agregar mantequilla mientras se lo muele, corregir la sal
y pimienta. Llevar a la heladera dentro de un molde rectangular
y enfriar bien.
Montado del plato:
Servir una porción de unos 50 a 100 gramos de paté
acompañado de un mix de hojas verdes con vinagreta de vinagre
de cerezas y aceite neutro, “aires de manzanas verdes”
(jugo de manzanas con lecticina de soja batido hasta obtener espuma),
una reducción de vinagre de vino tinto (30ml) con azúcar
mascabo (morena, negra, 60g), y espolvoreado el plato con “gomasio”
(sésamo-sal /ajonjolí, que se hace tostando el sésamo,
se enfría y se muele con 15% de sal gruesa –gorda-),
se decora con flores de capuchina (taco de reina).
Yacaré
o caimán asiático-caribeño
Ingredientes:
-
2 tournedos de cola de yacaré de unos 250 a 300g c/u
-
250ml de leche de coco
-
2 cucharadas de aceite de maní
-
1 ají chile (guindilla / hot pepper)
-
1 rama de canela
-
1 trocito de galanga (ka en tailandés)
-
1 cucharada de jengibre fresco rallado
-
1 trozo de limoncillo o lemón grace
-
2 cucharadas de cacahuetes pelados (maniés)
-
¼ de la cáscara de una mandarina (nectarina)
en fina juliana
-
1 cucharada de semillas de sésamo (ajonjolí)
-
1 cucharada de semillas de amapolas
-
2 vainas de cardamomo
-
¼ cucharadita de cúrcuma
-
1 cucharadita de semillas de coriandro (cilantro, culantro,
curatú)
- ¼
cucharadita de ajinomoto (glutamato monósodico)
Para la guarnición:
-
300g de topinambour (alcaucil de Jerusalén)
-
2 cucharadas de mantequilla
-
300g de arroz salvaje o silvestre (Zizania aquatica) arroz
indio o arroz tuscacora.
-
50g de castañas de cajú (anacardos)
-
1 mango no muy maduro
-
sal y pimienta negra recién molida
-
flores frescas de caléndulas para decorar.
Procedimiento:
Colocar en un wok el aceite de maní, agregar la rama de
canela, galanga, limoncillo, ají chile, cacahuetes, cáscara
de mandarina, semillas de sésamo y amapola junto con el
coriandro, dorar un poco revolviendo constantemente e incorporar
la carne de yacaré, el jengibre rallado el cardamomo (abierto)
y la cúrcuma, revolver un poco e incorporar la leche de
coco y el ajnomoto, bajar el fuego y dejar cocer unos 10 a 15
minutos tapado, destapar, aumentar el fuego y terminar de cocinar
mientras se reduce la salsa. Corregir la sal. Retirar la carne,
sacar la rama de limoncillo, la galanga, canela y el ají
(este último si es que no se lo prefiere muy picante) y
moler todo el contenido de la salsa con un mixer, minipimer, batidora
o mortero.
Para la guarnición:
Cocinar los topinambours con cáscara (hervidos), pelar
y hacer un puré con ellos poniendo un poco de sal, una
cucharada de mantequilla y pimienta negra recién molida.
Cocer el arroz salvaje al vapor (en vaporera de bambú),
derretir 1 cucharada de la mantequilla en un satén, paila
o wok y agregar las castañas de cajú partidas groseramente,
pelar el mango, desprender la carne del carozo (hueso) y cortar
en finas laminas. Dorar en la mantequilla las castañas
de cajú e incorporar el mango, agregar un poco de sal y
pimienta negra recién molida, terminar agregando allí
mismo el arroz y revolver para que adquiera sabor y se mezclen.
Armado o montaje del plato:
Salsear un ángulo del plato con una cucharada abundante
de la salsa reducida y molida, colocar sobre ella un tournedos
de yacaré, poner a un costado dos o tres quenepas de puré
de topinambours y la ensalada de arroz salvaje, decorar con las
flores de caléndula.
Topinambour
Parece una papa (patata) achicharrada. Un gourmet hasta podría
confundirla con una raíz de jengibre. Aspecto nada virtuoso
y color amarronado sin gracia alguna. Es un rizoma exactamente,
de origen confuso, absolutamente exquisito. Cómo describir
su sabor: quizás diciendo que en algunas partes del mundo
se lo llama Alcaucil de Jerusalén. Ensayemos otras aproximaciones.
Como una papa de textura más homogénea, con un sutil
gusto a avellanas o almendras. Hervido, pero no demasiado con
cáscara y devorado sólo con mantequilla y pimienta.
O pelado y frito, cual papas, es un manjar.
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