Cuando hablamos de carnes exóticas nos referimos
generalmente a aquellas que no estamos acostumbrados
a consumir habitualmente.
Pero
para muchas personas pueden ser de uso común
o casi común, y con ello nos referimos a
carnes de animales silvestres, salvajes, o en estos
últimos tiempos de criaderos especializados:
búfalo, antílope, ciervo, jabalí,
yacaré (caimán, cocodrilo, lagarto),
tortuga, foca, ballena, canguro, pecarí,
carpincho, guanaco, llama, avestruz, ñandú,
cebra, caballo, serpientes, arañas, gusanos
y todo tipo de insectos.
En sí, salvo
aspectos culturales, es muy cierto el dicho: “todo
bicho que camina va a dar al asador”, no olvidemos
los relatos de las cenas romanas y libros del siglo
XV en que participaban cisnes, grullas, aves asadas,
tordos vivos dentro de la panza de un cerdo asado,
lenguas de aves y distintos productos hoy exóticos
para nosotros, incluyendo el famoso “garúm”
como condimento que hoy sería impensable el
utilizarlo.
A principios de año,
mientras yo estaba en Viña del Mar, Chile,
me llama telefónicamente un destacado periodista
argentino para una nota radial al aire (en directo)
sobre el consumo de carnes exóticas, y me pregunta
en donde nace ese gusto por la carne de avestruz,
y mi respuesta fue que yo no consideraba exótica
una carne que fue base alimenticia de muchas etnias
primitivas de nuestro país que llevaba habitado
unos 12.000 años a. C. y que si bien esos pueblos
primitivos ya conocieron el caballo salvaje que se
extinguió hace miles de años en estas
latitudes, ya lo consumían como alimento, pero
que al ser introducido nuevamente por los españoles
en el siglo XV y reproduciéndose libremente
en manadas salvajes se vuelve a convertir en alimento
de las etnias primitivas, nada más que esta
vez aprendieron a domesticarlo y montarlo; es sabido
por muchos relatos que el “indio”, y por
analogía el “gaucho”, luego de
un largo viaje o combate en lugares en que no estaba
provisto de agua, hacía un tajo en la yugular
del caballo y bebía la sangre.
El guanaco, llama, avestruz se convierten en carnes
exóticas cuando el europeo impone sus gustos
culinarios sobre los ya existentes, pero cabe destacar
que siguieron siendo consumidos, nada más que
en menor escala.
Los Araucanos (nombre
dado por los españoles a los Mapuches, de arauca
= indomable, guerreros, libres; y mapu = tierra y
ches = gentes) al enterarse de la abundancia de carne
(ganado cimarrón) en las pampas argentinas
cruzan la cordillera de los andes y llegan casi a
la Capital porteña, el límite fue el
río Salado en la provincia de Buenos Aires,
dando en llamarse éste fenómeno “la
araucanización de la pampa” y con ello
estos aborígenes incorporan a sus gustos alimenticios
la carne de caballo (la cual aprecian mucho por el
parecido con la del guanaco) y la de vaca.
El guanaco, llama y avestruz fueron conjuntamente
con la vizcacha, mulita o peludo el alimento de muchos
aborígenes, pero hay que destacar que en algunas
etnias del noroeste y norte argentino la llama fue
criada para la obtención de lana, siendo llamadas
por los españoles “ovejas de la tierra”
y sacrificadas casi y pura exclusivamente en rituales
religiosos y solo consumidas en esas ocasiones, algunos
de estos pueblos sostenían que el consumir
carnes rojas avejentaba prematuramente.
Respecto al avestruz ya he publicado con anterioridad
una nota sobre ellos.
Paté
de jabalí
Ingredientes:
- 1kg de carne de
jabalí
- 1 L de cerveza
negra
- ½ litro
de malta de cerveza
- 1 cucharada de
kümmel
- 1 cucharada de
pimienta de jamaica
- 1 cucharadita de
sal y 1 cucharada de azúcar
- 100g de tocino
(panceta /bacon)
- 2 echalottes
- 1 diente de ajo
Procedimiento:
Macerar durante 24
horas la carne dentro de la cerveza y malta con las
especies, sal y azúcar. Llevar al fuego dentro
de una olla con todo el líquido de la maceración,
tocino, echalottes y ajo, debe estar bien cubierta
de líquido, si hiciera falta poner un poco
de agua. Cocinar a fuego bajo hasta que la carne se
pueda desprender en hebras.
Quitar la carne del
liquido de cocción, bajar la temperatura y
desprender las fibras con las manos deshaciéndola.
Mientras seguir reduciendo el líquido de cocción
con sus ingredientes, cuando quede bien espeso agregar
la carne deshilachada y mezclar muy bien, pasar todo
por un mixer o aplastar con un mortero hasta convertirlo
en paté (pasta), solo si hiciera falta agregar
mantequilla mientras se lo muele, corregir la sal
y pimienta. Llevar a la heladera dentro de un molde
rectangular y enfriar bien.
Montado del plato:
Servir una porción
de unos 50 a 100 gramos de paté acompañado
de un mix de hojas verdes con vinagreta de vinagre
de cerezas y aceite neutro, “aires de manzanas
verdes” (jugo de manzanas con lecticina de soja
batido hasta obtener espuma), una reducción
de vinagre de vino tinto (30ml) con azúcar
mascabo (morena, negra, 60g), y espolvoreado el plato
con “gomasio” (sésamo-sal /ajonjolí,
que se hace tostando el sésamo, se enfría
y se muele con 15% de sal gruesa –gorda-), se
decora con flores de capuchina (taco de reina).
Yacaré
o caimán asiático-caribeño
Ingredientes:
- 2 tournedos de
cola de yacaré de unos 250 a 300g c/u
- 250ml de leche
de coco
- 2 cucharadas de
aceite de maní
- 1 ají chile
(guindilla / hot pepper)
- 1 rama de canela
- 1 trocito de galanga
(ka en tailandés)
- 1 cucharada de
jengibre fresco rallado
- 1 trozo de limoncillo
o lemón grace
- 2 cucharadas de
cacahuetes pelados (maniés)
- ¼ de la
cáscara de una mandarina (nectarina) en fina
juliana
- 1 cucharada de
semillas de sésamo (ajonjolí)
- 1 cucharada de
semillas de amapolas
- 2 vainas de cardamomo
- ¼ cucharadita
de cúrcuma
- 1 cucharadita de
semillas de coriandro (cilantro, culantro, curatú)
- ¼ cucharadita
de ajinomoto (glutamato monósodico)
Para la guarnición:
- 300g de topinambour
(alcaucil de Jerusalén)
- 2 cucharadas de
mantequilla
- 300g de arroz salvaje
o silvestre (Zizania aquatica) arroz indio o arroz
tuscacora.
- 50g de castañas
de cajú (anacardos)
- 1 mango no muy
maduro
- sal y pimienta
negra recién molida
- flores frescas
de caléndulas para decorar.
Procedimiento:
Colocar en un wok
el aceite de maní, agregar la rama de canela,
galanga, limoncillo, ají chile, cacahuetes,
cáscara de mandarina, semillas de sésamo
y amapola junto con el coriandro, dorar un poco revolviendo
constantemente e incorporar la carne de yacaré,
el jengibre rallado el cardamomo (abierto) y la cúrcuma,
revolver un poco e incorporar la leche de coco y el
ajnomoto, bajar el fuego y dejar cocer unos 10 a 15
minutos tapado, destapar, aumentar el fuego y terminar
de cocinar mientras se reduce la salsa. Corregir la
sal. Retirar la carne, sacar la rama de limoncillo,
la galanga, canela y el ají (este último
si es que no se lo prefiere muy picante) y moler todo
el contenido de la salsa con un mixer, minipimer,
batidora o mortero.
Para la guarnición:
Cocinar los topinambours
con cáscara (hervidos), pelar y hacer un puré
con ellos poniendo un poco de sal, una cucharada de
mantequilla y pimienta negra recién molida.
Cocer el arroz salvaje al vapor (en vaporera de bambú),
derretir 1 cucharada de la mantequilla en un satén,
paila o wok y agregar las castañas de cajú
partidas groseramente, pelar el mango, desprender
la carne del carozo (hueso) y cortar en finas laminas.
Dorar en la mantequilla las castañas de cajú
e incorporar el mango, agregar un poco de sal y pimienta
negra recién molida, terminar agregando allí
mismo el arroz y revolver para que adquiera sabor
y se mezclen.
Armado o montaje
del plato:
Salsear un ángulo
del plato con una cucharada abundante de la salsa
reducida y molida, colocar sobre ella un tournedos
de yacaré, poner a un costado dos o tres quenepas
de puré de topinambours y la ensalada de arroz
salvaje, decorar con las flores de caléndula.
Topinambour
Parece una papa (patata)
achicharrada. Un gourmet hasta podría confundirla
con una raíz de jengibre. Aspecto nada virtuoso
y color amarronado sin gracia alguna. Es un rizoma
exactamente, de origen confuso, absolutamente exquisito.
Cómo describir su sabor: quizás diciendo
que en algunas partes del mundo se lo llama Alcaucil
de Jerusalén. Ensayemos otras aproximaciones.
Como una papa de textura más homogénea,
con un sutil gusto a avellanas o almendras. Hervido,
pero no demasiado con cáscara y devorado sólo
con mantequilla y pimienta. O pelado y frito, cual
papas, es un manjar.
Norberto
E. Petryk, chef, escritor e investigador
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