Caliente como el infierno, dulce como el amor...
Como olvidarte en esta queja, cafetín de buenos
aires, si sos lo único en la vida, que se pareció
a mi vieja.
En tu
mezcla milagrosa, de sabihondos y suicidas, yo aprendí
filosofía, dados, timba, y la poesía
cruel, de no pensar mas en mi....
Y sì, cuantos
recuerdos albergan los cafecitos de Buenos Aires,
o los distintos cafés del mundo. Hoy podemos
ver al café ya desde otro ángulo, incluso
se comienza a hablar de la cata del café. (ver
nota)
Misteriosa Buenos Aires...
Cuantos recuerdos nos traen un lugar, un especio compartido,
una mesa de café...amigos que llegan, algunos
que ya no están pero siguen allí, en
el recuerdo... Ya Saint-Exupery decia en su libro:
Le petite prince : Es muy triste olbidar a un amigo...
Al recorrer Buenos Aires u otros países, sus
cafés me llenan de saudades , de presencias
con y sin presencia, de aromas que me arrastran en
el tiempo del no tiempo... y en todo ello tiene mucho
que ver el café.
ver:
Como catar
el Café
Son
muchos los factores que condicionan la elaboración
de un buen café, pero es evidente que partiendo
de una buena materia prima el café tostado
y molido se tienen todas las de ganar. Y catar el
café es sin duda la mejor forma de valorar
su calidad.
Este artículo no pretende ser un manual de
cata para el tostador, pero sí una eficaz guía
para el profesional de la Hostelería, de la
Alimentación o de todo aquel que tenga interés
en degustar un buen café sin sobresaltos.
Tomar o comprar regularmente un buen café,
o en todo caso el café que nos gusta y al que
estamos habituados, no es una tarea fácil.
La existencia de tantas variedades y calidades - y
además cambiantes de cosecha a cosecha -, obligan
siempre a una verificación previa si queremos
corroborar la constancia de un patrón predeterminado.
La mejor manera de
examinar las características de un café,
es catarlo, es decir, probar su infusión. La
cata evidencia un sin fin de características
del café, imposibles de detectar analizando
los granos de café, sean verdes o tostados.
La cata del café
puede realizarse de varias maneras, pero en este artículo
nos ceñiremos a comentar básicamente
dos: a la brasileña, algo complicada, pero
la mejor sin duda, y la del café expreso, interesante
dada la masificación de este tipo de bebida
en nuestro país. Antes de abordar el proceso
de cata en sí, bueno será recordar unos
conceptos básicos que nos servirán de
gran ayuda.
Características
a evaluar en un café
Un
café es algo más que una bebida fuerte
o floja, suave o amarga, adjetivos con los que salimos
habitualmente del paso si se nos pide la opinión
sobre un café. Cuando se tiene la curiosidad
de examinar sus sutiles placeres gastronómicos
y adentrarse en los variados matices y sensaciones
que pueden desprenderse de una taza de café,
surge un mundo complejo del que a menudo nos faltan
palabras y adjetivos para describir sus cambiantes
aromas, su amplia gama de sabores, su tacto, su untuosidad,
su permanencia...
Para examinar un café existen cuatro ópticas
principales:
1. Apreciaciones
visuales
Los colores la característica
más determinante. Puede ir desde un marrón
claro hasta casi el negro, dependiendo de la caramelización
los azúcares del café durante la operación
del tostado. A más tostado, más oscuro.
El color puede ser limpio, claro, luminoso, o por
contra, mate o apagado.
Aspecto de la infusión. Se nos puede presentar
nítida o turbia debido a partículas
insolubles en suspensión. Puede ser densa o
débil.
Cada variedad de café, en su grado adecuado
de tostado, tiene unas características específicas
de color o aspecto que no siempre son determinantes
de su calidad, pero sí sirven para identificarla.
Si coinciden con el patrón del café
que deseamos, vamos por buen camino.
2. Características
olfativas. Aromas
Con las fosas nasales
captamos las emanaciones de la bebida, siendo el olor
uno de los condicionantes del gusto. Una persona experta
puede llegar a diferenciar hasta 4.000 olores distintos,
facultad que se adquiere a través de una práctica
inteligente, y que se reduce considerablemente en
el caso de los fumadores o pasajera mente por causa
de enfermedades gripales o similares.
Existen muchas clasificaciones de las características
olfativas, pero si nos ceñimos al terreno del
café, nos será muy útil la siguiente:
a) Las que constituyen su fragancia. Provienen principalmente
de la variedad de la planta, de la tierra en que se
ha criado, de su cultivo y de su beneficio. Las fragancias
del café pueden ser florales, afrutadas, vegetales
y herbáceas.
b) Las que dan origen al aroma. Nacen habitualmente
durante el proceso del tostado del café, momento
durante el cual el grano verde se transforma totalmente,
apareciendo más de 700 componentes aromáticos
distintos. Los aromas del café podemos clasificarlos
en frutos secos, acaramelados, achocolatados, jara
bes y cereales.
c) Compuestos derivados de la destilación.
Son percibidos en el retrogusto, sensación
que permanece en la boca después de probar
la infusión, y los podemos clasificar en terpenos
(trementina, achicoria, orégano...), especies
(nuez moscada, pimienta...) y carbones (humo, brea,
tabaco...).
Percibimos los aromas con grados distintos de intensidad
y cada una de las características citadas anteriormente
pueden ser captadas de forma fuerte o débil,
intensa o evanescente, franca o alterada, neta o imprecisa...
3. Características
gustativas. Sabores
El sabor es una sensación
global, suma de cuatro factores básicos: dulce,
salado, ácido y amargo. En mayor o menor medida,
encontraremos estos cuatro factores en todos los cafés,
y son producidos por los siguientes componentes:
" Dulce: Proteínas
y Carbohidratos
" Salado: Potasio, Fósforo, Calcio
" Ácido: Clorogérico, Cítrico,
Tartárico, Málico
" Amargo: Cafeína, Fenoles, Trigonelina
La lengua es el órgano
sensor de los sabores. Percibimos los sabores dulces
en la punta, los salados en los laterales anteriores,
los ácidos en la parte Iateral y los amargos
en la parte posterior. Si no hemos reparado nunca
en ello, podemos hacer una fácil y rápida
prueba con un poco de azúcar, limón,
sal y bitter.
Los sabores no los percibimos inicialmente a la vez:
los primeros en aparecer, de forma instantánea,
son los dulces, les siguen los salados y ácidos,
y a los 10 segundos llegan los componentes amargos.
Debemos llamar la atención sobre el hecho de
que la acidez es una cualidad positiva en el café,
es la expresión de su viveza. Sin ella un café
aparece plano y con poca personalidad.
La sensación de sabor del café es una
combinación de los factores citados, que los
catadores profesionales han subdividido en seis sabores
primarios: Acidoso (ej. Kenia AA, Colombias), Meloso
(ej. Papua A, Hawai Kona), Vinoso (ej. Arábicas
no lavados), Blando (ej. Centroamericanos lavados,
de baja altitud), Mordaz (ej. Robustas), Agriados
(ej. Brasil Minas).
4. Aspectos
táctiles. Cuerpo
El cuerpo es un aspecto
fundamental para valorar una taza de Café,
que no debemos confundir con la sensación de
fortaleza del gusto. El cuerpo es una sensación
táctil causada por la densidad de la bebida
y por los elementos en suspensión, esencialmente
grasas y aceites. En función de su mayor o
menor contenido de grasas en suspensión un
café lo podemos calificar de grueso o mantecoso,
liso, y delgado o acuoso. Tostado del Café
El tueste del café
es una fase vital dentro de su cadena de elaboración.
Hay quien sostiene, y no le falta razón, que
un buen tueste influye más en la calidad de
una taza de café, que la bondad de la mezcla
escogida. El proceso de tostar los granos del café
verde consiste en someterlos durante un tiempo limitado
a una alta temperatura, intervalo durante el cual:
" pierde peso,
alrededor del 15/20%, debido en gran parte a la evaporación
de su humedad y en menor parte a la pirólisis
de algunos componentes.
" el grano aumenta de volumen, entre un 30 y
un 50% o más.
" el color amarillo verdoso se transforma en
un marrón, más o menos oscuro en función
del grado de tueste escogido.
" la composición química del grano
sufre una importante transformación tanto a
nivel cuantitativo como cualitativo. Azúcares,
grasas, proteínas, substancias nitrogenadas
no proteicas, ácidos... todo sufre una transformación
debido a las altas temperaturas a que es sometido
el grano.
Este último
punto es el más interesante desde una óptica
gastronómica pues es de ahí de donde
surgen los aromas y sabores que han convertido al
café en el rey de las infusiones. El papel
principal en este proceso está a cargo de las
transformaciones de los carbohidratos, las grasas
y los ácidos. Una característica física
importantísima, es la solubilidad del café
tostado y molido, factor decisivo para proceder a
su infusión.
Para obtener las máximas
cualidades de cada tipo de café, el tueste
debe ser específico para cada uno de ellos.
Por ello en caso de mezclas, estas deben efectuarse
después del tostado y no antes. El grado de
tueste se adaptará también al tipo de
utilización que se prevea; así un café
expreso requiere un punto de tostado superior a un
café doméstico filtrado. Si un café
está tostado con poco calor y lentamente, nos
dará un café con poco gusto. Por contra,
un tostado excesivo y corto nos producirá un
gusto amargo y ahumado. Molido del Café
El molido es también
una operación clave dentro de la cadena de
elaboración de un buen café, a la que
se le da muy poca importancia. El grano molturado
debe tener una granulometría perceptible al
tacto y no llegar a tener una consistencia harinosa.
Si está poco molturado, al realizar la infusión
no se extraerán todos los sabores, y si lo
está demasiado, se disolverán excesivamente
los componentes menos aromáticos y más
amargos, además de formarse una pasta que dificultará
el proceso. Una consecuencia de un molido defectuoso
con fresas desgastadas o excesivamente juntas o con
exceso de revoluciones, es el requemado del café.
Para cada uso y para
cada tipo de máquina, existe un grado adecuado
de molturación del café. Hubo un tiempo
en que estaba prohibido vender café molido
envasado, para evitar picarescas no deseadas, pero
hoy es normal la compra del café molido, con
lo que el consumidor puede ahorrarse la delicada operación
de moler el café en su grado justo.
Tipos
de Catas
A
través de la Cata pretendemos encontrar y valorar
todas las características que definen un café.
Nos servirá para emitir un juicio de valor
objetivo, para comparar varios cafés entre
sí, o para contrastar si un café se
ajusta a unas características predeterminadas,
como es el caso del establecimiento de Hostelería
que debe continuar dando el o los tipos de cafés
a que su clientela está habituada.
Una buena cata debe
ser subjetiva y mucho mejor si es ciega. En ella se
confrontarán nuestras evaluaciones con las
de otros catadores para intentar definir conjuntamente
las características del o de los cafés
analizados. Ayudará al éxito de la cata,
el seguir un orden riguroso en las normas establecidas
y disponer del instrumental adecuado, sin improvisaciones
que desvirtúen el proceso.
Es importante trabajar
en un lugar limpio, despejado, sin olores y sin ruidos
que dificulten la concentración. Ni que decir
tiene, el tabaco y los licores deben estar prohibidos.
En toda cata se evaluarán las siguientes características
Fragancia: A partir del grano tostado y molido
Aroma: Oliendo la infusión
Gusto: A través de probar la infusión
Retronasal: Es la estimulación a partir
de los vapores producidos en la boca en el momento
de sorber
Postgusto: Después de escupir la porción
sorbida e ingerida en una pequeña parte
Cuerpo: Valorado a través de la densidad
y textura de la bebida
Os invitamos a continuar
el viaje por el mundo de la cata del café hablando
básicamente de dos sistemas, dos maneras de
examinar las características de un café:
la cata brasileña, algo compleja pero sin duda
alguna la mejor, y la cata del café expreso.
Para empezar señalaremos
la distinción entre cafés Arábicas
y robustas. El grano Arábica es ovalado y alargado,
con un surco estrecho y ondulado, mientras que el
grano Robusta es redondeado y tiene el surco recto.
La rajita cerrada en los Arábicas es una muestra
de altura y calidad.
Una vez que el café
está molido no queda otro remedio que valorar
únicamente su aroma y el café que se
elaborará a posteriori. Por eso se aconseja
examinar antes de nada el café en grano. En
primer lugar habrá que destacar que el café,
verde o tostado, absorbe los olores circundantes y
sobre todo los olores ambientales. El café
puede captar el sudor de la mula que lo transportaba
sin protección hace un tiempo o los olores
de las sentinas de los barcos mal aireados. En algunos
casos ésta característica del café
puede ser incluso positiva. Los cafés monzónicos,
por ejemplo, llegaban a Europa viajando desde la isla
en las bodegas de los legendarios clipers impregnados
de especias y secados en su singladura por las empopadas
de los monzones.
Oler el café
tostado, en grano, será por tanto el primer
control a realizar, de modo que ante un olor desagradable
o extraño no valdrá la pena continuar
el examen.
Cata
a la Brasileña
Mediante
este sistema, lo que se saborea es una ligera infusión
de una sola variedad de café que permita evaluar
fácilmente las características de este
producto.
Los granos a catar
deben presentarse en todas sus formas, verdes y tostados.
Éstos deben disponerse por separado en bandejitas,
junto a la infusión. Hay que servir, al menos,
dos tazas de cada variedad por persona.
La cata se inicia valorando
la fragancia del café molido. Lo primero que
se percibe es la frescura del café, ofreciendo
indicios de lo que hallaremos después al analizar
la infusión.
En una taza alta con
tapa y transparente se preparará la infusión.
Deben echarse 8 gramos de café tostado molido
a los que se añadirán después
150 cc de agua a punto de hervir. El agua mineral
es la más adecuada para esta prueba pues no
debe aportar ningún gusto. Nunca se echará
azúcar dado que no se trata de tomar café
sino de realizar una cata.
Inicialmente el café
flotará formando como una costra que se irá
hundiendo progresivamente. A los tres minutos, se
removerá con una cucharilla, se separará
el poco café que aún flote y se iniciará
la fase principal de la cata.
La cucharilla utilizada
deberá ser grande, plateada, y de amplia y
redonda cazoleta. Se llenará la cucharilla
de líquido y se sorberá violentamente
por medio de un pequeño orificio que se formará
con los labios, de modo que el café se expandirá
por la boca como si fuera un vaporizador. Bastarán
unos pocos segundos para captar el detalle buscado.
Se escupirá después el café sorbido
y se enjuagará la boca con agua mineral. Seguidamente
se repetirá el sorbo, concentrándose
cada vez en una característica, siguiendo el
orden de la Hoja de Control de la Cata.
La mejor manera de
percibir el aroma de la infusión consistirá
en mojar la cucharilla y colocarla horizontalmente
sobre la taza, con la parte convexa hacia arriba.
Captaremos intensamente los vapores de la infusión
al acercar la nariz. La cata deberá limitarse
a cuatro o cinco valoraciones, pues el café
es muy persistente y si se prolongara demasiado la
catas se llegaría a embotar el gusto o al menos
a dificultar la objetividad de la prueba.
Cata
de Café Expreso
En
este caso, se trata de valorar un café terminado,
como el que normalmente se sirve al cliente en un
bar o restaurante. La máquina o máquinas
que ayudarán en el transcurso de la prueba
deberán estar perfectamente reguladas: presión,
temperatura, nivel de agua, limpieza... El molino
deberá realizar un granulado óptimo
y el agua deberá estar perfectamente descalcificada
y depurada, sin olores que puedan desvirtuar la cata.
La calidad de un buen
café expreso vendrá dada por el equilibrio
que el tostador o el heladero quiera dar a su café.
Es un equilibrio entre sabor, aroma, cuerpo y textura
que difícilmente puede encontrarse en una sola
variedad.
Para este tipo de cata
sirven todos los conceptos generales comentados anteriormente
al hablar de la Cata Brasileña. No obstante,
varía el sistema pues deben valorarse nuevos
parámetros. Es aún más importante,
en este caso, enjuagarse la boca con agua entre sorbo
y sorbo, dada la superior fortaleza del café
a catar respecto a la infusión de estilo brasileño.
Para conseguir probar el café con la temperatura
adecuada la cata deberá realizarse con relativa
rapidez. Puede empezar a sorberse con 60ºC. Sin
embargo, cuando baja de los 40ºC desprende pocos
aromas y debe abandonarse la prueba.
Se aconseja que las
tazas en las que se realicen las pruebas sean de gres
o porcelana.
En este tipo de cata puede resultar interesante que
una de las dos tazas que habitualmente se prueban
por cada variedad esté ligeramente azucarada,
si es así como el catador toma habitualmente
su café. En ese caso se deberá aplicar
siempre la misma dosificación.
Un aspecto a tener
en cuenta en el transcurso de la cata es la crema.
Ésta se produce cuando el agua caliente (92ºC),
a presión (9 atmósferas) arrastra en
unos 25 segundos todas las partículas coloidales,
grasas y aceites del café en una mezcla de
aire y gases. En la taza, los gases desaparecen y
queda la crema, mudo y bello testigo de la reciente
operación.
Una crema espesa, uniforme,
gruesa y de color avellana, con pequeñas motas
oscuras, como una piel de tigre, es la prueba de un
expreso elaborado de forma óptima. Debe ser
consistente, de 2 a 3 mm de espesor y desvanecerse
lentamente.
Una crema color marrón
oscuro y blanca en el centro, es señal de que
la temperatura y la presión eran superiores
a lo normal. En ese caso el café resulta demasiado
fuerte, astringente y amargo.
Una crema oscura puede
ser señal de una importante presencia de torrefacto
en el café.
Una crema con amplias burbujas que desaparecen rápidamente,
denota que el café se ha molido poco, o la
temperatura es demasiado alta, o la presión
baja.
Un café sin
crema, sólo con una pequeña corona junto
a los bordes de la taza, indica que la extracción
se ha hecho demasiado rápidamente, o la temperatura
es demasiado alta, o que la dosis de café era
reducida.
Cuando la crema no
aparece hasta el final del llenado de la taza, indica
que el café es viejo, lleva ya demasiado tiempo
molido y empieza a ranciarse, de modo que el primer
arrastre de los aceites exudados impide la formación
de la crema.
Igual que en el caso de la Cata Brasileña,
se procederá a rellenar una Hoja de Cata por
cada tipo de taza probada, con el añadido de
los apuntes sobre la crema (textura, color, persistencia...).
Mezcla
adecuada de cafés
Para
elaborar un buen expreso es imprescindible mezclar
distintos cafés hasta encontrar el tipo adecuado.
Los puristas defienden la tesis de que un buen café
expreso debe componerse de un 40% de Arábicas
lavados (de Centroamérica o Colombia) y de
un 60% de Arábicas naturales. No obstante,
otras mezclas de buenos Arábicas producen resultados
altamente satisfactorios. Se puede incluir, por ejemplo,
un pequeño porcentaje de Robusta para dar respuesta
a ciertas exigencias de más cuerpo y gustos
más amargos, aún a costa de menos aroma.
Mención a parte
merece la extendida costumbre practicada en la Península
de añadir torrefacto a la mezcla. El torrefacto
posee hasta un 15% de azúcares caramelizados,
lo que confiere al café un amargor característico
que puede gustar, pero no debe confundirse con la
fortaleza o amargor de algunos cafés naturales,
pues el torrefacto esconde las cualidades aromáticas
de un buen café, por lo que no hemos de esperar
encontrar grandes calidades de café con este
tipo de elaboración.
El café expreso
puede aportar el mayor valor añadido a un establecimiento.
Por tanto, el profesional de la heladería,
consciente de ello, deberá ser extremadamente
cuidadoso a la hora de elegir qué tipo de café
desea ofrecer. Es imprescindible contar con el consejo
de un buen tostador, y aún así, no ignorar
los principios básicos que ayudan a definir
y controlar profesionalmente el café que se
sirve en un establecimiento.
Artículo gentileza del Forum Cultural del Café
Cafetin
de Buenos Aires
De
chiquilin, te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se fueron
la ñata contra el vidrio
en un azul de frío
que solo fue después viviendo
igual al mío.
como una escuela de todas las cosas
ya de muchacho me diste entre asombros
el cigarrillo
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.
Como olvidarte en esta queja
cafetín de buenos aires
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja.
en tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía, dados, timba
y la poesía cruel
de no pensar mas en mi.
Me diste en oro un puñado de amigos
que son los mismos que alientan mis días
José el de quimera
Marciel, que aun cree y espera
y el flaco Abel -que se nos fue-
pero aun me guía.
sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño
nací a penas, bebí mis años
y me entregue sin luchar.
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