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| Buenos
Aires, cosmopolita, multifasética, crisol de
culturas, sede de la capital de la república
Argentina (habitada desde 12.000 años a. C.) |
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En
el siglo XV llegan las corrientes culturales europeas, sobre todo
compuesta por españoles, que producen el primer mestizaje
cultural que da inicio a esta raza llamada “argentinos”,
entre el siglo XIX y el XX abre sus puertas a miles de inmigrantes
de todo el mundo con el consiguiente arrastre cultural que la
vuelve más multifasética y a veces contradictoria.
En la nota de las milanesas que ya he publicado podrás
observar ese invento netamente argentino que son las milanesas
a la napolitana (unas milanesas con salsa de tomate y mozzarella
creadas por un cocinero tucumano en el restaurante Nápoles),
otro invento argentino son los “sorrentinos”, pasta
desconocida en Italia (se asemejan a un raviol) y los spaghetti
a la Parisiene; pero también la salsa Golf, mezcla de mayonesa
con ketchup, según se cuenta fue una creación del
premio novel Leloire comiendo camarones (gambas) y langostinos
con sus amigos en el Club del Golf de Mar del Plata; otro invento
culinario inefable es el puré de papas (patatas) con zapallo
incluido, mezcla única y típica de estas latitudes;
y entre las carnes asadas, las empanadas, heredadas de los españoles
y estos de los árabes (su origen es Persia), y el infaltable
dulce de leche nos encontramos con esos toques que la distinguen
en su gastronomía; claro que Argentina no termina en la
General Paz ni es solo Buenos Aires, posee una rica y típica
gastronomía regional tanto al norte, oeste como sur del
país que le aportan una gran riqueza culinaria.
De por sí es muy cierto que somos conocidos por nuestras
carnes y el gusto por ellas en los famosos asados (barbacoa) en
donde es muy típico el uso de las salsas para acompañar
esas carnes mientras se las asa o luego al comerlas, muchas veces
de otros países me han pedido formulas de estas salsas
y aquí van:
“La
salsa criolla y el chimichurri son infaltables condimentos del
asado. Se preparan de diferentes maneras, según el gusto
de quien cocine y los elementos de que disponga.” (*1)
Chimichurri
(ámbito pampeano)
Ingredientes:
-
½ taza de salmuera
-
4 cucharadas de aceite
-
1 taza de vinagre de vino
-
5 dientes de ajo
-
4 hojas de laurel
-
orégano
-
1 cucharadita de pimienta negra
-
4 cucharadas de ají molido
Preparación:
Esta variante del chimichurri requiere combinar los ingredientes
dentro de una botella.
Los ajos deben ser previamente machacados. Se agita la botella
hasta que todo se mezcle bien y se la deja en un lugar fresco
durante 4 o 5 días antes de usar el preparado (*1)
Salsa
criolla (ámbito pampeano)
Ingredientes:
-
¼ taza de ají picante
-
2 dientes de ajos grandes pelados y pisados
-
1 litro de vinagre de vino
-
½ cucharada de orégano
-
3 hojas de laurel
-
1 raminto de romero preferentemente fresco
-
½ cucharada de pimentón colorado picante
-
1 cucharada de aceite
- ½
cucharada de sal gruesa (gorda)
Preparación:
Se hierve ¼ litro de agua con sal gruesa y se deja entibiar.
Se vuelca el agua salada en un recipiente con el ají molido.
Se incorporan los demás elementos. Se deja reposar durante
24 horas.
Se tamiza presionando las hierbas y especias.
Se guarda en frascos o botellas, en lugar fresco.
El asador usa una botella de salsa con el corcho perforado para
rociar con ella los elementos puestos a asar. (*1)
“Entre
1829 y 1845, la ciudad contó con un establecimiento más
que novedoso, un restaurante con piscina, amplios jardines de
recreación y un servicio de transporte propio, exclusivo
para clientes. Era el Thorndike´s Restaurante y estaba ubicado
sobre las barrancas que daban al río, en lo que hoy es
la zona de Retiro. Tenía un salón comedor, otro
de baile y uno con mesas de billar; en los jardines funcionaba
una pileta para baños y otra para nadar, la swiming pool,
y además poseía pequeñas salas privadas en
las que también se servían almuerzos y cenas.
....
Aquellas fueron épocas de restaurantes. Alrededor de 1860,
el Hotel de la Paix, situado en el número 17 del Paseo
de Julio, tentaba con mondongo a la Bayonesa; y en 1870 la Fonda
de la Catalana ofrecía bacalao, hongos con porotos, chorizo
frito, berenjenas rellenas, arroz con leche y dulce de batata.
Durante las décadas del ’70 y el ’80 en los
cafés de Buenos Aires se pusieron de moda los llamados
“American Drinks”, con vermouth y jugo de limón;
y en un bodegón llamado la Fonda de la Buena Sopa se podía
comer bifes de carne vacuna y queso mantecoso, todo regado con
vino tinto o cerveza tirada en chops.” (*2)
Mondongo
guisado (ámbito pampeano)
Ingredientes:
-
1kg de mondongo (callos/panza/guatita)
-
el jugo de un limón
-
agua salada
-
2 cebollas
-
2 papas grandes
-
2 zanahorias
-
1 hoja de laurel
-
orégano
-
perejil
-
1 diente de ajo
-
2 tomates
-
harina
-
aceite
-
caldo
Preparación:
Lavar el mondongo en varias aguas. Rasparlo y hacerlo hervir en
una cacerola con agua fría y el jugo de limón, durante
15 minutos. Volcar el agua, verter agua caliente, un a zanahoria
en trozos, una cebolla, perejil, orégano, una hoja de laurel
y sal. Hacer hervir.
Una vez cocido, escurrir el mondongo y cortarlo en tiritas. Espolvorearlo
con harina.
Aparte, preparar una salsa friendo 1 cebolla picada y una zanahoria
en rodajas en aceite caliente.
Echas luego el mondongo, añadir perejil y ajo picado, orégano,
una hoja de laurel, los tomates pelados y sin semillas, cortados
en trozos, las papas cortadas en cuatro y el caldo necesario.
Dejar cocer lentamente. Servirlo bien caliente. (*1)
El
gusto por el queso
Es
otro hábito del comer argentino, potenciado a partir de
princios del siglo XX por influencia de los inmigrantes italianos.
Y desde el queso se puede llegar a uno de los inventos gastronómicos
vernáculos más originales: el “postre vigilante”.
Ni franceses, ni italianos, ni suizos –los grandes degustadores
de quesos del Viejo Mundo- comen ese noble producto en combinación
con dulces y jaleas, salvo en casos muy excepcionales. Uno de
esos casos es el postre “tiramisú”, de origen
itálico, que en su composición incluye queso “mascarpone”;
pero nuestro “postre vigilante” –queso Mar del
Plata o fresco con dulce de batatas o membrillos- es en realidad
una rareza. Dicen que nació allá por 1920, en una
cantina de Palermo Viejo muy frecuentada por los agentes de una
comisaría cercana.
El queso y dulce ganó rápidamente millones de adeptos,
y los mozos de oficio dicen que cada vez que un cliente se sienta
a la mesa del restaurante con aires vacilantes sobre qué
pedir, ellos saben que terminará ordenando una milanesa
con papas fritas, y de postre queso y dulce o, quizás flan.
Pero el “postre vigilante” contó con aficionados
ilustres. La fallecida escritora Estela Canto cuenta en su libro
Borges a Contraluz que el creador de “El Aleph” –relato
que le fuera dedicado por su autor- era muy simple en sus gustos
gastronómicos. Cada vez que salían a comer juntos,
Jorge Luis Borges optaba por un bife con ensalada y agua. Su postre
de siempre era “queso y dulce”. “ (*2)
Dulce
de membrillo (ámbito pampeano)
Ingredientes:
-
1 docena de membrillos
-
azúcar, cantidad indicada en la preparación
Preparación:
Partir los membrillos por mitades longitudinalmente. Hacerlos
hervir con sus cáscaras. Cuando estén blandos, retirarles,
dejarlos enfriar, pelarlos y sacarles las semillas. Si se quiere
preparar, aparte, una jalea, reservar cáscaras y semillas
y el agua en que se cocinó la fruta. Pesar los membrillos
cocidos y mezclarlos con ¾ kg de azúcar por cada
uno de fruta.
Hacer hervir revolviendo continuamente hasta que espese y se desprenda
del fondo de la cacerola.
Retirar del fuego y envasar en recipientes de loza o latas mojadas.
El agua es para que el dulce quede brillante. (*1)
Ingredientes:
-
3kg de batatas chicas y sanas
-
agua hirviendo
-
azúcar refinada
-
4 o 5 clavos de olor
Procedimiento:
Elegir batatas chicas y sanas. Preparar los tres kilos, lavarlas
bien, restregándolas con un pedazo de trapo para sacarles
la tierra y ponerlas a cocer en agua hirviendo; cuando ya estén
cocidas retirarlas y pelarlas, raspándolas con un cuchillo
para que queden bien lisas.
Una vez preparadas, se pesan tres cuartos de kilo de azúcar
refinada por cada kilo de batata.
Se pone el azúcar en una cacerola, con preferencia de cobre,
se la cubre bien de agua y cuando ha hervido cinco minutos se
le agregan las batatas y los clavos de olor. Se deja cocinar a
fuego lento hasta que las batatas hayan tomado un lindo color
dorado y el almíbar se haya vuelto espeso.
Al hervirlas, no se deben dejar recocer. (*3)
“¿Quién
dijo que los porteños nacimos y crecimos mirando a Europa
y de espaldas al interior del país? El que no lo crea lea
con atención los próximos párrafos de esta
historia.
El verano porteño de 1845 fue muy caluroso. Sin embargo
los habitantes de Buenos Aires se sentían felices. La Confitería
de los Suizos, orgullosamente enclavada sobre la calle Piedad
(actual Bartolomé Mitre, entre Florida y San Martín)
había sacado a la venta helados de crema y de frutas. Unos
años después, el italiano Francisco Migone, propietario
del Café de los Catalanes, ubicado en la esquina que hoy
forman las calles San Martín y Perón, también
ofrecía helados de distintos sabores. Por aquel entonces,
todos los helados de Buenos Aires eran preparados con hielo llegado
desde Estados Unidos y depositado en la heladera del viejo Teatro
Colón, construido entre 1855 y 1857. Debajo del sector
plateas, el teatro contaba con una heladera con capacidad para
mil toneladas de hielo, el que originalmente se utilizó
para abastecer cafés y restaurantes.
En 1855, todo el hielo que se consumía en la fabricación
de cremas heladas y sorbetes llegaba desde Estados Unidos, en
forma de barras envueltas en paja y depositadas en el fondo de
las bodegas de los barcos. Sin embargo, los porteños conocían
el hielo desde 1829, año en que un genovés de apellido
Caprile lo traía desde los Alpes italianos y cargaba en
el puerto de Génova en tres barcos de su propiedad, el
Idra, el Apollo y la Adelayde.
La primer fábrica de hielo la tuvieron los argentinos en
1860, y fue obra de un alsaciano llamado Emilio Bieckert; pero
en el interior se podían refrescar bebidas, conservar alimentos
y preparar helados con el hielo que unos veloces jinetes denominados
“heleros” traían desde los picos andinos y
subandinos. En Mendoza, por ejemplo se comen helados desde 1826.”
(*2)
Helado
de Espuma (siglo XIX)
En los países fríos, así como en los que
el invierno es riguroso –como en Bolivia y el Sur del Perú-
se confecciona este delicioso helado, fácil también
de obtenerse, durante la estación fría, en toda
la provincia de Buenos Aires. Los habitantes de las Estancias
pueden darse el placer de saborear diariamente en su almuerzo,
el más exquisito de los helados.
He aquí la manera de hacerlo: a las cinco de la mañana,
llenan de leche, hasta la mitad, dos tarros de lata o zinc, iguales
a los que usan los lecheros. Se les envuelve en cueros de carnero
muy empapados en agua fuertemente sazonada con salitre, o a falta
de éste, sal; y colocado sobre el lomo de un caballo se
le hace trotar una legua, y con el mismo trote se le trae de regreso.
La leche –que se habrá tenido cuidado de tapar muy
bien, ajustando la cubierta del tarro-, holgada en su recipiente,
se sacude como el mar en borrasca, tornándose como él
espuma, que sube, llenando completamente el vacío del tarro,
al mismo tiempo que el hielo, apoderándose de ella, acaba
por paralizarla. Así cuando después del trote continuado
de dos leguas, llega donde se le espera con fuentes hondas, preparadas
a recibirle, quitados los tapones, dos cascadas de espuma congelada
llenan los recipientes, y sazonadas con azúcar y canela,
van a la mesa a deleitar el paladar de los gourmets, únicos
catadores dignos de estos deliciosos manjares.
Puede también, aun en los países cálidos,
obtenerse este rico helado, de la manera siguiente:
En las primeras horas de la mañana, se pone sobre hielo
sazonado con salitre, en una fuente honda, de lata o zinc, una
cantidad de buena leche, a la que se pueda añadir una taza
de crema, y sazonada con azúcar y canela. Se harán
dos manojos de paja enhiesta que se emplea para las escobas; y
con estas dos espátulas se bate la leche por ambos costados
del recipiente. Con esta operación, en diez minutos, la
leche se ha tornado espuma, y esta espuma ha llegado a una completa
congelación.
Corina Aparicio de Pacheco (París) (*4)
Como
vemos esta última receta no está muy alejada de
los “aires” de la actual cocina de vanguardia impuesta
por los Adriá, pero sigamos con esta Buenos Aires, por
supuesto que con los inmigrantes italianos, en el siglo XX, llegó
junto con ellos el gusto por las pastas, sobre todo los días
domingo compitiendo con las carnes asadas, y, la pizza que se
instalaría en el país para convertirnos en el tercer
consumidor mundial después de Italia y los Estados Unidos;
las hamburguesas llegarían a nuestras costas mucho tiempo
después desde los EEUU convirtiéndose en la preferencia
de la gente joven y de muchos adultos, pero para definir a Argentina
y sobre todo a Buenos Aires, gastronómicamente, podemos
sintetizar en: empanadas, asado a la parrilla y dulce de leche.
Ah, aunque tenemos excelentes vinos y espumantes, el mate, la
yerba mate, es la bebida que nos define y que compartimos con
el Paraguay y el Uruguay.
-Huevos quimbos borrachitos en turrón de miel de caña
con arrope de algarroba o chañar-
El
turrón de miel de caña está muy difundido
en el norte argentino, suele usarse para hacer alfajores o para
comer solo como postre.
Para
lo que serían las tapas de los alfajores:
-
12 yemas
-
½ kg de harina de trigo
-
2 cucharaditas de polvo para hornear
-
2 cucharaditas de grasa (manteca) derretida
-
6 cucharaditas de aguardiente
- ½
pocillo de anís de grano
Para el turrón de miel de caña:
-
4 cucharadas de azúcar
-
12 claras
-
miel de caña en cantidad que las claras
-
½ taza de agua
Para los huevos quimbos:
-
12 yemas
-
3 claras
-
1 cucharadita de esencia de vainilla
-
2 cucharadas de harina de trigo no muy colmadas
Almíbar:
-
350g de azúcar
-
vino dulce o agua (para los borrachos vino)
-
vaina de vainilla
Procedimiento:
Para hacer las tapitas, se baten las yemas hasta el punto crema,
sin dejar de revolver se agrega la grasa (manteca), el aguardiente
y el anís en grano. Aparte, cernir la harina con el polvo
de hornear, formar una corona y en el centro agregar la preparación
anterior. Unir y amasar hasta que a la masa le salgan como unos
globitos y quede tierna. Dejar reposar y luego dividir en pequeños
bollitos. Estirar la masa dejando un espesor de 3 mm., cortarla
en forma circular y pincharla bien con un tenedor. En este caso
haremos tapas más grandes de unos 15 a 20 cm de diámetro.
Llevarla los primeros 4 minutos al horno fuerte, y una vez que
se han doblado las puntas bajar la temperatura del horno al mínimo.
Para hacer la crema, batir las claras a punto de nieve, aparte
calentar a baño de María la miel, el azúcar
y el agua, hasta alcanzar el punto de hilo duro. Sin dejar de
batir, agregar la miel suavemente a las claras, se puede perfumar
con unas gotas de jugo de limón. Para finalizar se unta
una generosa porción de crema en las tapas, y se arman
los alfajores. En este caso pondremos una buena porción
de crema sobre una de las tapas sobre la parte cóncava
(a modo de platillo) dejando un hueco en el centro, podemos hacerlo
ayudados por una manga de pastelería, untando con una capa
generosa la galleta y terminando con la manga haciendo un anillo
sobre los bordes de la galleta, dejando el centro libre.
Para los huevos quimbo se mezclan batiendo bien las yemas con
las claras, la esencia de vainilla y la harina, se bate hasta
que quede bien cremoso y se coloca dentro de moldecitos enmantecados
y enharinados, al horno hasta que se cuezan, pueden ser moldes
de metal, siliconas o pirotines.
Mientras tanto se coloca en una ollita el azúcar y se cubre
generosamente con vino (con agua si no lo desea con alcohol),
se le agrega la vaina de vainilla (canela en rama si es de su
agrado) y se lleva al fuego hasta obtener un almíbar no
muy fuerte. Se le puede agregar al terminar una copita de caña
o licor de naranjas.
Se retiran los huevos del horno, se desmolda y se colocan en un
recipiente profundo para ser cubierto totalmente con el almíbar,
así se mantienen hasta ser consumidos.
Armado del plato o montaje:
Se coloca en un plato de postre una tapa con crema o turrón
de miel de caña y en el hueco que habíamos dejado
un huevo quimbo con algo del almibar. Se puede completar el plato
salseando a un costado con arrope de algarroba o chañar.
Norberto E. Petryk, chef, escritor e investigador
Bibliografía:
(*1) “La comida criolla”, Memoria y recetas; Margarita
Elichondo; Ed. Del Sol, 2002.-
(*2) “Los sabores de la Patria”, las intrigas de la
historia argentina contada desde la mesa y la cocina; Víctor
Ego Ducrot; Grupo Editorial Norma S.A.; 2001.-
(*3) “El libro de Doña Petrona”, recetas de
arte culinario; Petrona C. Gandulfo; Talleres de la Cía.
Gral. Fabril Financiera S.A.; 1953.
(*4) “Cocina ecléctica”; Juana Manuela Gorriti;
Edi. Lajouane; 1890.-
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