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¿Sabemos que es lo que comemos los argentinos?
Ja, ¿sí?, no me hagas reír, ¿así
que vos vas a comer a restaurantes?. |
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Lee
esta nota y después contame.
Parece que vivimos en un país sin raíces y sin cultura
propia, carente de referentes históricos y con muy poca
memoria; desde el vamos, salvo hace muy poco, algunos pretendieron
levantar las banderas de la “cocina argentina” pero
se quedaron en el glamour de las alfombras rojas esperando el
estrellato; hace unos años atrás me tocó
toparme con un gran chef mediático, extinto, que me decía:
“la cocina argentina no existe, no es nuestra la cultura
de la papa o del maíz”, y mirando hacia Europa se
olvidaba que solamente aquí, en lo que es actualmente el
territorio de la Republica Argentina contamos con una cultura
alimentaria de 12.000 años a.C., y que la cocina no es
algo estático sino una suma de costumbres, adquisiciones
y fusiones que el hombre fue trasportando consigo mismo a lo largo
de su viaje a medida que fue poblando y conquistando el planeta.
Pero bueno, esas con cuestiones mínimas al lado de otras
mayores como los rumbos que va tomando la gastronomía.
El
Glamour a un lado
Hasta el glamour parece llegar a las leyes, legisladores que presentan
un proyecto de ley para crear un menú porteño en
los restaurantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
pero que no se preocupan por el estado ni el control sanitario
de los locales de comida, que en su gran mayoría, sin contar
con los puntos de venta callejeros, carecen de higiene adecuada
y no se contemplan los reglamentos de bromatología, ni
hablar de la contaminación cruzada o descuido de las cadenas
de frío, y hasta el hecho más repetido y aberrante
puede verificarse a diario en una falta casi continua y permanente
del adecuado lavado de manos entre una manipulación y otra
de distintos alimentos o antes y después de ir al servicio
sanitario; heladeras sin la debida limpieza, sin el debido control
de frío, con productos sin envolver o con envolturas defectuosas
e inadecuadas, con una incorrecta y peligrosa acumulación
de los mismos no respetándose las reglas básicas
sobre la sanidad, ni hablar de alimañas o falta de limpieza
general.
El
Control
Pero bueno, el control es inexistente, hace más de 15 años
que trabajo en cocinas y jamás he visto a un inspector
de bromatología presentarse espontáneamente en una,
salvo en alguna ocasión para la habilitación del
local, y si se supone que puede llegar a ir alguno algún
llamado telefónico anónimo alerta a los dueños...
Pero sí he visto congelar y descongelar carnes dejándolas
por horas fuera de la heladera (rompiendo la cadena de frío)
y lo peor de todo expuestas sobre las mesadas de una cocina; he
visto guardar frutas y verduras en cámaras de frío
sin la higiene adecuada; he sufrido la falta de oxígeno
y ventilación porque primero esta el arreglo del salón
y si alcanza el dinero luego se pone un extractor en la cocina...
y en la mayor parte de los casos debes callarte la boca para no
perder el trabajo...
La
Explotación del Gremio
Casi nunca se le dice a un comensal cuando demora su pedido que
no es culpa de la cocina, siempre la culpa es de los cocineros,
nadie explica que se construyen locales con capacidad para 200
comensales y las cocinas son de 4 X 4 con apenas 6 fogones con
suerte tres personas que los atiendan...
Pero claro, de eso no se habla, como no se habla de la explotación
del gremio gastronómico a menos que tengan una soga al
cuello, un gremio a donde su gran mayoría (el personal)
está en negro y sino con sueldos por debajo del convenio
de trabajo, con categorías que no corresponden a las tareas
que realiza, trabajando en horarios nocturnos sin cobrar como
tal o en feriados y días libres trabajados, como si fueron
un día más de la semana y ni hablar de las horas
extras, son inexistentes, pero se trabajan...
Pero bueno, si hay hambre que no se note, y así damos vuelta
la cara y no miramos lo que ocurre en todo nuestro país
(tiene más raiting un programa de TV en donde una vedete
muestra los senos que un programa que muestra la realidad del
país o uno de cultura) y seguimos con: hambre, mala alimentación
y desnutrición en muchos puntos del país...
Pero vamos a comer a restaurantes glamorosos donde no sabemos
que comemos, eso sumado a que en los programas televisivos de
cocina siguen apuntando al glamourt del público gourmet,
total los “otros”, los que tienen hambre, no miran
TV ni leen revistas ni van a consumir lo que ofrece el mercado
masivo de consumo... Se siguen haciendo concursos de cocina para
premiar al mejor plato o al mejor cocinero, pero nadie organiza
un concurso para crear el plato de comida que sea el paliativo
del hambre y la desnutrición de los “otros”,
claro, si hay soja para tirar para arriba pero los “otros”
no la quieren, nadie dice tampoco que la mayor parte de la soja
sembrada es “trangenica” y no apta para el consumo
humano y que la que se puede comer no es apta para la alimentación
de los niños menores de 5 años...
Hay Eladia, si por lo menos te escucharan:
“¡No! Permanecer y transcurrir no es es perdurar,
no es existir ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser, tanta conciencia sin saber, adormecida.
Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más
difinida.
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir honrar la vida.
¡No! Permanecer y transcurrir no siempre quiere sugerir
honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad en nuestra tonta humanidad enceguecida.
Merecer la vida es erguirse vertical más allá del
mal de las caídas.
Es igual que darle a la verdad y a nuestra propia libertad la
bienvenida.
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir honrar la vida...”
Si estamos como estamos es por no haber aprendido a decir NO a
la indiferencia, al mal trato y a la hipocresía.
¿No te parece que ya es hora de empezar?, ¿o seguimos
con el menú escatológico?.
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