Alimentos
Afrodisiacos: Los afrodisíacos y el arte en la cocina.
Afrodisíacos,
¿sí o no?
tomado del Libro Frutos prohibidos y ofrendas de Venus -Florilegio
del amor, la voluptuosidad, el erotismo y la lujuria, recetas
y experiencias personales.de Norberto E. Petryk / Chef de cocina-Argentina
Después
de leer “Afrodita” de Isabel Allende yo insistiría
en que sí, a pesar de que ella misma reconoce que después
de dar vuelta al mundo en busca de afrodisíacos, termina
descubriendo que el más poderoso es el “amor”.
Si
quieres creeme, no te apresures demasiado a llegar al término
del placer, sino procura, con hábiles retrasos, alcanzarlo
lentamente. Cuando hayas localizado el lugar más sensible,
no venga un estúpido pudor a detener tu mano. Verás
entonces cómo brillan sus ojos con trémula luz,
parecida a los rayos del sol reflejados por el espejo de las
olas. Luego llegarán los lamentos mezclados con tierno
murmullo, los dulces gemidos y esas palabras irritantes que
estimulan el amor. Pero, piloto atolondrado, con el despliegue
excesivo de las velas no vayas a dejar atrás a tu amante;
tampoco toleres que ella te adelante; bogad al unísono
hacia el puerto. La voluptuosidad llega a su punto culminante
cuando, vencidos por ella, los amantes sucumben al mismo tiempo.
-Ovidio-
A
veces, cuando saciado el placer, el olfato cansado como los
demás sentidos, sobre la almohada me adormezco y mis
ojos se mueren en dirección a un rostro extinguiéndose
así recuerdos y presagios… Entonces, del entrelazamiento
de las piernas y los brazos, de los pies dulces que se besan
bajo las sábanas húmedas de esa languidez tan
voluptuosa sube un gusto a humanidad que me avergüenza
un poco, pero tan bueno, tanto, que uno desearía comerlo.
-P. Verlaine-
(…)Y,
sin embargo, no ahitarán tus labios, con una empalagosa
hartura, sino más bien bien sentirás hambre, en
medio de la abundancia, haciéndolos encenderse y palidecer
con renaciente variedad.
-W. Shakespeare-
Afrodisíacos
“Vero ma non tropo” –según Miguel Brascó-
La
pintura é caso mentale, dijo Leonardo.
Lo mismo que la pintura los bocados afrodisíacos son
cosa mentale. Y además, depende de. ¿De que dependen?
Después te explico.
Su nómina figura en todos los manuales del soffíare
o fríquiti friqui, incluyendo toda preparación
culinaria donde intervengan uno o varios ingredientes conseguibles
fácil en cualquier s-market, como espárragos,
apio, perejil, alcauciles, rabanitos, apionabo, nueces, almendras,
sesos, riñones, langostinos, caviar, nísperos.
Estimulantes eróticos más confiables pero de gestión
algo más ardua son el queso Livarot, el faisán
silvestre, pernil de jabalí, morillas y chantarelles
del sotobosque, carne o sopa de tortuga, langosta de Juan Fernández,
percebes gallegos, erizos y piures chilenos, jengibre fresco,
trufas negras del Périgord, tartuffi bianchi del Piamonte,
angulas del Cantábrico, aleta de tiburón, paling
holandés, hipocrás, animillas, amourettes, emisoras
o milandras.
Condimentados con pimienta verde, vainilla, nuez moscada, azafrán,
ajíes picantes o (lo mejor de todo) cuerno rallado de
rinoceronte.
Comer una buena sopa de tortuga vigorizado con amourettes y
un aderezo de pimienta verde puede conceder concretos ímpetus
afrodisíacos adicionales a cualquier fantasioso o fémina
cholula de la tierra a quien el cocinero instruye, ingrediente
tras ingrediente, sobre el origen de cada uno. La Tortuga base
es una franche del Caribe antillano más acérrimo,
de la cual sólo se utilizan los pequeños gigots
macerados en azafrán español de Murcia y bouillies
baisse (como la bouillabaisse) con amourettes. Cocción
lerda, pues, y larga en tiempo y paciencia, porque cada media
hora hay que adelgazar el caldo con jerez español Fino
La Ina. Al final se incorpora cucharada grande de genuina (hay
una trucha) pimienta verde de Madagascar aplastada en mortero
de porcelana. En el restaurante del Hotel Península de
New Cork ese plato te lo facturan 45 dólares. Cualquier
señor-señora (monsieur-dame) informado sobre todo
esto debe experimentar, sí o sí, un despiporre
de gónadas. Por otro lado, llegan a traérsela
en plato hondo de burda loza made in Seúl sin agregar
detalle alguno sobre contenidos y en una de esas ni la toma.
O la toma pensando en otra cosa y no se da cuenta. O se da cuenta,
pero las gónadas impertrepidas che.
Con esto te enfatizo que los afrodisíacos, lo mismo que
la pintura, son cosa mentale.
“Los
afrodisíacos son ambivalentes”
Las faenas del sexo son por un lado lujuriosas placenteras que
casi siempre (o con bastante frecuencia) estamos bien dispuestos
(o eventualmente ansiosos) de compartir con alguien que justo
se ubicó (o nos encantaría que se ubicase) en
la mira de nuestros exocets eróticos. Pero por el otro,
esas faenas son compromisos u obligaciones que debemos cumplir
sí o sí aunque estemos en uno de esos días
en que (dice Reynaldo Sietecase) “preferimos, como el
sol, una tarea cercana a la pereza”.
Fea ocurrencia es que uno esté operando con el sexo lujurioso
y el Otro con el sexo obligatorio. Es una de las peores desinteligencias
metafísicas que tiene la humanidad. Uno está que
vuela y el otro te mira como actor de reparto en película
de Bergman. O viceversa. Nunca me puse de acuerdo conmigo mismo
sobre cual de las dos situaciones es peor.
El lujurioso asedia al Otro con una insistencia a veces inverosímil.
¿Quién no lo hace o hizo, no una vez sino muchas,
a cada rato? Somos Julián Sorel persiguiendo sin descanso
a madame de Rênal en Le Rouge et le Noir de Stendhal.
Pero después, cuando con todo el despiporre decúbito
nocturnal apasionado correspondiente, madame cedió ¿Cuántas
veces? A los requerimientos fogarotosos, a Sorel le sobreviene
la apatía desganada.
Por eso los afrodisíacos que uno articula infatigable
sobre el Otro pueden muy bien desembocar algún tiempo
después en el autosuministro. Precaveos, pues.
-“Todo lo que usted siempre quiso saber sobre los afrodisíacos
y no se atrevía a preguntar”. Miguel Brascó.
Rev. Veintidós. Año 2, N°86-