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| Nutrientes
y Recomendaciones Alimenticias para personas de Tercera
Edad- |
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Deficiencia
de vitamina B12
Un
elevado porcentaje de personas mayores presenta problemas en la
absorción de la vitamina B12. Por este motivo la National
Academy of Sciences´ Institute of Medicine ha formulado
unas nuevas recomendaciones para la ingesta de vitamina B12, y
son de 2,4 µg/día.
Ingesta de vitamina B12 y malabsorción
La vitamina B12 se encuentra de forma natural en alimentos de
origen animal como son las carnes, y en general en alimentos ricos
en proteínas.
El consumo deficiente de vitamina B12 es infrecuente. Sin embargo,
entre el 10 y el 30% de las personas mayores presentan malabsorción
de vitamina B12.
La malabsorción de vitamina B12 en ancianos se atribuye
principalmente a la reducción en la actividad de la pepsina
y secreción de ácido gástrico. Menos frecuente
es la malabsorción por déficit de factor intrínseco.
Valoración del estado en vitamina B12
La deficiencia en vitamina B12 causa alteraciones hematológicas
y neurológicas. Por lo que el diagnóstico temprano
es necesario para prevenir los efectos de la deficiencia de vitamina
B12. Los dietistas y los profesionales sanitarios deben tener
en cuenta que muchos casos de deficiencia de vitamina B12 pueden
no diagnosticarse.
Bibliografía:
- Clarke R. Prevention of vitamin B12 deficiency in old age. Am
J Clin Nutr 2001;73:151-2.
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- Loew D, Wanistschke R, Schroedter A. Studies on vitamin B12
status in the elderly prophylactic and therapeutic consequences.
Int J Vitam Nutr Res 1999;69(3):228-33.
Antioxidantes
Una
de las causas del envejecimiento es la acumulación de radicales
libres, que son moléculas dadoras de electrones, es decir,
con acción pro oxidante. Recientes estudios muestran que
los radicales libres producen daños en la estructura química.
El resultado es la degeneración de las células,
el envejecimiento precoz y la enfermedad.
Estos radicales libres proceden:
- Del propio organismo, como resultado de la actividad metabólica.
Se acumulan sustancias de desecho que provocan el envejecimiento
y la enfermedad.
- De la contaminación externa: tabaco, drogas, algunos
medicamentos, pesticidas y otros contaminantes que dañan
las células y aceleran el envejecimiento y producen enfermedad.
No podemos detener el envejecimiento pero existen formas efectivas
para luchar contra los radicales libres. Los alimentos de origen
vegetal, especialmente frutas, verduras y hortalizas frescas y
frutos secos oleaginosos son una buena fuente de dichos antioxidantes.
Nos proporcionan provitamina A, vitamina C y E, que son capaces
de neutralizar los radicales libres. De esta forma podemos retrasar
y frenar el proceso de envejecimiento celular.
Bibliografía:
- Ashok BT, Ali R. Exp Gerontol 1999;34(3):293-303.
- Vendemiale G, Grattagliano I, Altomare E. Int J Clin Lab Res
1999;29(2):49-55.
Leches
fermentadas
La
asociación entre nutrición y salud, siempre presente
en nuestras vidas, se hace más evidente en el caso de las
personas mayores. El envejecimiento es una de las etapas en las
que la persona se muestra más vulnerable a las deficiencias
nutricionales.
La pérdida de apetito, el deterioro de la dentadura, la
digestión difícil y los cambios psicológicos
conducen a cambios alimentarios. No comen adecuadamente y esto
favorece la desnutrición (Rolls et al., 1995; Saltzman
et al., 1998).
Una buena solución es incluir en la dieta de los ancianos
las leches fermentadas como el yogur porque tienen un alto valor
nutritivo, son fácilmente digeribles y ayudan a la asimilación
de los nutrientes.
Beneficios probados de los lácteos fermentados:
· Alta densidad de nutrientes y moderada cantidad de energía.
En la tercera edad las necesidades Las necesidades de energía
disminuyen, sin embargo, el consumo de nutrientes debe mantenerse.
· Alta cantidad de proteínas. El consumo de proteínas
es muy importante en la tercera edad, ya que un déficit
de las mismas afecta directamente al metabolismo proteico y óseo.
· Alta cantidad de vitaminas. Los fermentos lácticos
aportan una importante cantidad de riboflavina, tiamina, cianocobalamina,
ácido fólico, vitaminas A y D, siendo muy frecuente
que los ancianos presenten un déficit de estas vitaminas
(Monget et al., 1996).
· Fuente de calcio. Muchas personas mayores son deficitarias
en este mineral, con el consiguiente riesgo de sufrir osteoporosis
(Murray, 1998) e hipertensión (Hata et al., 1996).
· Inhibición de bacterias. Las leches fermentadas
regulan la flora microbiana y protegen la salud del anciano porque
inhiben el crecimiento de las bacterias perjudiciales en el intestino.
· Alta digestibilidad. Los problemas de digestión
son comunes en la tercera edad y la leche fermentada es fácil
de digerir.
La intolerancia a la lactosa aumenta con la edad y las leches
fermentadas pueden ser la alternativa a la leche. Muchas personas
con intolerancia a la lactosa llegan a suprimir el consumo de
lácteos lo que puede llevarles a sufrir deficiencias nutricionales,
especialmente en calcio. Diversos estudios han hallado un aumento
en la prevalencia de osteoporosis en personas con deficiencia
en lactasa que evitan el consumo de productos lácteos (Lee
et al., 1998; Carroccio et al., 1998; Goulding et al., 1999).
Estos trabajos subrayan que esta conducta es un error, dado que
algunos productos, como el yogur, son excelentes fuentes de calcio
y son bien tolerados por los sujetos con intolerancia a la lactosa.
El consumo de leches fermentadas como el yogur no sólo
se ha asociado en diferentes estudios con una mejora de la salud,
sino también con la protección frente a determinadas
enfermedades, como la hipertensión (Kynast-Gales , 1992).
El consumo regular de yogur que contiene Lactobacillus acidophilus
reduce los niveles de colesterol (LDL-colesterol) (Scaafsma et
al., 1998). La reducción del colesterol en sangre puede
tener un impacto significativo sobre el riesgo de enfermedad coronaria.
Asimismo, algunos estudios afirman que el consumo regular de lácteos
mejora la flora intestinal y los problemas de estreñimiento,
protege, contra las infecciones intestinales, aumenta la respuesta
inmune del anciano (Van de Water et al., 1999) y puede reducir
los problemas digestivos. Existen estudios experimentales que
sugieren que el yogur podría prevenir ciertos tipos de
cáncer (Mixoy, 1999).
Bibliografía:
- Carroccio A, Montalto G, Cavera G, Notarbatolo A. Lactores intolerance
and self-repported milk intolerance: relationship with lactose
maldigestion and nutrient intake. Lactase Deficiency Study Group.
J Am Coll Nutr 1998;17(6):631-6.
- Hata Y, Yamamoto M, Ohni M, Nakajima K, Nakamura Y, Takano T.
A placebo-controlled study of the effect of sour milk on blood
pressure in hypertensive subjects. Am J Clin Nutr 1996;64(5):767-71.
- Goulding A, Taylor RW, Keil D, Gold E, Lewis NJ, Williams SM.
Lactose malabsorption and rate of bone loss in older women. Age
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- Kynast-Gales S. Effects of dietary calcium for dairy products
on ambulatory blood pressure in hypertension men. J Am Diet Assoc
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- Lee MF, Krasinski SD. Human adult-onset lactase decline: an
update. Nutr Rev 1998;56(1):1-8. - Mixoy A. El yogur, un alimento
funcional. Yogur vivo, alimento fresco y activo 1999;2:9-11.
- Monget AL, Galan P, Preziosi P et al. Micronutrient status in
elderly people. Int J Vitam Nutr Res 1996;66(1):71-6.
- Murray TM. Prevention and mangement of osteoporosis: consensus
statements from the Scientific Advisory Board of the Osteoporosis
Society of Canada. CMAJ 1996;155(7):935-9.
- Rolls BJ, Dimeo KA, Shide DJ. Age-related impairments in the
regulation of food intake. Am J Clin Nutr 1995;62(5):923-31.
- Saltzman JR, Russell RM. The aging gut. Nutritional issues.
Gastroenterol Clin North Am 1998;27(2):309-2.
- Scaafsma G, Meuling WJ, Van Dokkum W & Bouley C. Effects
of a milk product, fermented by Lactobacillus acidophilus and
with fructo-oligosaccharides added, on blood lipids in male volunteers.
Eur J Clin Nutr 1998;52(6):436-40.
- Van de Water J, Keen CL, Gershwin ME. The influence of chronic
yogurt consumption on immunity. J Nutr 1999;129(7):1492S-5S.
Osteoporosis
Ansotegui
L, Rocandio AM.
La pérdida de masa ósea es un proceso normal en
la vejez, iniciado en la edad adulta. Se caracteriza por una disminución
de la masa y densidad ósea, pudiendo llegar a extremos
en los que se produce la fractura del esqueleto.
La osteoporosis afecta a 15 o 20 millones de personas, una de
cada tres mayores de 65 años, afectando 8 veces más
a mujeres que a hombres.
Es una enfermedad que origina gran número de fracturas
sobre todo de cadera y de vértebras, dando lugar a incapacidad,
cuidados a largo plazo y con frecuencia muerte.
La osteoporosis constituye un problema de salud muy importante
que origina grandes gastos sanitarios a la vez que deteriora en
gran medida la calidad de vida de los pacientes que la sufren.
Clasificación:
Osteoporosis de la posmenopausia o de tipo I Es característica
de mujeres de edad avanzada durante los 15 o 20 años después
de la menopausia, afectando al hueso trabecular, pelvis y extremo
próximal del fémur. También se producen fracturas
en el radio distal y en vértebras lumbares.
Osteoporosis relacionada con la edad o tipo II Se produce a partir
de los 70 años, afectando a los dos sexos en el hueso cortical
y trabecular. Las fracturas más frecuentes son las de cadera
y de vértebras, en estas últimas la característica
principal es el dolor de espalda intermitente, la aparición
de cifosis o joroba y perdida de altura (hasta 10 y 20 cm).
Este tipo de osteoporosis, aunque en principio afecta a los dos
sexos por igual, es más grave en las mujeres a las que
se les une este proceso degenerativo normal con el daño
en el esqueleto de la menopausia.
Existen otros tipos de osteoporois provocadas por fármacos
(osteoporosis secundaria) o la idiopática primaria que
afecta a mujeres premenopaúsicas y a hombres jovenes.
Los factores de riesgo de esta enfermedad son: la edad, raza,
sexo, talla corporal, antecedentes familiares, menopausia prematura,
nuliparidad, tabaquismo, consumo de alcohol y uso prolongado de
hormonas tiroideas exógenas en exceso, entre otros.
Otros factores determinantes son:
Estado menstrual Todos los procesos que provoquen la desaparición
de la formación de estrógenos dan lugar a una pérdida
ósea, así la menopausia natural o quirúrgica,
la amenorrea en el caso de disminución grande de peso (por
anorexia, por ejemplo) o por exceso de ejercicio físico.
Consumo de Calcio Es bien conocido que las personas cuyo consumo
de calcio ha sido adecuado durante su vida sobre todo en el crecimiento
y desarrollo, tienen menos riesgo de padecer osteoporosis, porque
han desarrollado más masa ósea.
Ejercicio físico Es un hecho probado que la inmovilidad
causa pérdida de hueso. Además, aunque en menor
medida, el sedentarismo y falta de ejercicio durante la vida,
si bien influye en la pérdida de masa ósea, determina
decisivamente la formación de hueso. Los asiáticos,
caucásicos y mujeres pequeñas o delgadas normalmente
del norte de Europa son más propensos que hispanos o personas
de raza negra.
PREVENCIÓN
A la vista de la importancia del problema sanitario que representa
la osteoporosis debido a que la longevidad de la población
es un fenómeno creciente, por lo que se hace cada vez más
necesario abordar todas las posibilidades de prevención
de la enfermedad desde etapas prematuras de la vida, entre las
que el adecuado aporte nutricional a lo largo de la vida y el
ejercicio físico, tienen una función fundamental.
Tratamiento
Administración
de estrógenos: convenientemente durante los cinco años
primeros de menopausia.
Ejercicio físico: detiene la pérdida de masa ósea
y además aumenta la aptitud y el control muscular ayudando
a evitar caídas o disminuyendo los efectos negativos de
estas. Su práctica es aconsejada en todas las edades, adaptado
a la condición física y personal del individuo,
así en edades avanzadas son adecuados paseo, golf...
Otras medidas: calcitonina, fluoruro de sodio, calcitriol…
Recomendaciones dietéticas:
Unos hábitos dietéticos saludables llevados a lo
largo de toda la vida, desde las infancia, son la clave de la
prevención y el tratamiento de esta enfermedad.
Consumo de Calcio Aunque existe controversia en este tema, parece
razonable estimular su consumo para conservar al menos la cantidad
diaria recomendada.
Durante el crecimiento y desarrollo
La mayoría del hueso se forma durante la niñez y
la adolescencia, por lo que para conseguir un adecuado y máximo
pico de masa ósea (limitado por factores genéticos
y étnicos), es necesario el consumo generoso de calcio.
Niños 0-6 meses 500 mg de calcio al día.
Niños 6-12 meses 600 mg al día.
Niños 1-5 años 800 mg al día.
Niños 6-10 años 800 mg al día.
Niños 11 en adelante 1000-1300 mg al día.
Jóvenes adultos (hasta 24 años) 1000-1300 mg al
día.
Durante la edad adulta
800-1000 mg de calcio al día.
Durante el embarazo y la lactancia
1300-1600 mg de calcio al día.
Durante la menopausia
800 mg de calcio en posmenopausicas con tratamiento con estrógenos.
1200 mg de calcio en posmenopausicas sin tratamiento estrogénico.
Durante la vejez
800-1200 mg de calcio
Fuentes alimentarias de calcio
La mejor fuente de Ca es la leche y sus derivados, queso, yogur
y otras leches fermentadas. La mantequilla sin embargo no.
Las leches desnatadas tienen la misma cantidad de este mineral
que las enteras.
Los frutos secos y las legumbres son ricas en calcio pero la absorción
por nuestro organismo es menor.
Carnes, pescados, frutas y verduras tienen cantidades discretas
de este mineral.
Consumo de fósforo
Para que la formación del hueso sea adecuada debe existir
un consumo apropiado de fósforo. Se debe mantener una relación
de 2/1 calcio/fósforo en el primer año de vida y
posteriormente de 1/1.
Normalmente no existen deficiencias de este mineral.
Vitaminas
La vitamina D es muy importante en la regulación de la
absorción de calcio y fósforo y por tanto en la
mineralización y formación del hueso, por lo que
es imprescindible durante el crecimiento.
El organismo es capaz de sintetizar esta vitamina a través
de la exposición a la luz del sol, por lo que en países
septentrionales se requieren suplementos.
Las vitaminas A, C y K también participan en la formación
de hueso por lo que es conveniente no descuidarlas.
Una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras,
pescado y lácteos, cubrirá nuestros requerimientos.
Diversos estudios muestran la posibilidad de que los isoflavones
presentes en la soja incrementen la densidad ósea en mujeres
postmenopaúsicas reduciendo el riesgo de osteoporosis,
por lo que es un alimento que es conveniente incluir en la dieta.
Bibliografía:
- Rapado A. Dieta y osteoporosis. Formación continuada
en Nutrición y Obesidad 1998 vol 1, nº 5: 240-250.
- Hawkins F, Jodar E. Osteoporosis posmenopausica: aspectos nutricionales.
Formación continuada en Nutrición y Obesidad 1999
vol 2, nº 6: 305-315.
- Vermeer C, Jie K-SG, Knapen MHL. Role of vitamin D in bone metabolism.
Ann Rev Nutr 1996; 15: 1-22.
- Fujita T. Osteoporosis: past, present and future. Osteoporos
Int. 1997; 7 Suppl 3: S6-9.
- Messina MJ.Legumes and soybeans;Overview of their nutritional
profiles and health efects. Am J Clin Nutr. 1999; 70 (suppl):
439S-50S.
Malnutrición
en la edad avanzada
El
colectivo de ancianos es un grupo con un elevado riesgo de padecer
malnutrición debido a múltiples factores.
Unas de las causas que benefician este estado de desnutrición
son las exógenas: circunstancias sociales, (aislamiento,
soledad...), posibles problemas económicos (perdida de
ingresos, derivados de bajas pensiones...), desconocimiento de
formas adecuadas de alimentación o preparación de
los platos...
Por otra parte influyen causas endógenas. Algunas de ellas
relacionadas con todos aquellos fenómenos implicados con
el proceso natural del envejecimiento que van a favorecer la aparición
de desnutrición: cambios en la cavidad bucal (problemas
dentales, perdida de piezas dentarias, problemas de salivación...),
disminución de los sentidos del gusto, vista y olfato,
disminución de la capacidad física para comprar
alimentos o prepararlos, alteraciones de la motilidad y la absorción
intestinal... Otras relacionadas con estados patológicos
como son las enfermedades crónicas y agudas, que normalmente
aumentan las necesidades de nutrientes.
Por último y no por ello menos importantes se encuentran
todas aquellas causas desencadenantes de una malnutrición
por desconocimiento y negligencias por parte de los cuidadores,
bien en el propio hogar o en centros geriátricos, además
de la falta de atención a la interacción de fármacos
y nutrientes. El uso prolongado de ciertos medicamentos que interfieren
en la absorción y metabolismo de numerosos nutrientes también
puede causar desnutrición en la vejez.
La desnutrición, hace que, en todas las edades pero especialmente
en la edad avanzada, el organismo este expuesto en mayor medida
al padecimiento de enfermedades, debido a una disminución
de las defensas inmunológicas y tenga más dificultad
para la recuperación del buen estado de salud. Todas estas
circunstancias hacen que la calidad de vida de nuestros mayores
sea menor, y que en el ámbito sanitario el gasto económico
sea muy superior al realmente necesario.
¿Qué se puede hacer para combatir la desnutrición
en los ancianos?
Como ya hemos señalado anteriormente, el deterioro del
estado nutricional de los ancianos obedece a múltiples
causas, sobre las que deberíamos actuar para conseguir
evitar la desnutrición. En primer lugar, y como un tratamiento
en cierto modo indirecto se debe impedir el aislamiento social
de los ancianos y estimular su reintegración en la sociedad.
Por otro lado se debe incidir en la calidad de su alimentación,
favoreciendo el consumo de agua y de los nutrientes necesarios,
pero insistiendo de una manera especial en la educación
de los cuidadores y personal sanitario de los centros hospitalarios
y residencias, en los que puedan vivir o de los familiares si
permanecen en el hogar.
Diversos estudios recientes demuestran como en las residencias
para la tercera edad y en centros hospitalarios hasta un 65% de
los ancianos cuya capacidad esta deteriorada padecen desnutrición
y que esto a su vez se detiene e incluso mejora si se procede
a la formación del personal sanitario.
Este hecho hace que, una vez más, se compruebe la necesidad
que existe de incluir un servicio activo de nutrición en
todos los centros geriátricos y hospitalarios compuesto
de profesionales cualificados en los ámbitos de dietética
y nutrición, geriatría, psicología..., así
como de realizar programas de educación nutricional en
la comunidad en general, familiares y cuidadores de ancianos y
personal sanitario. Todo ello repercutirá favorablemente
en la salud y calidad de vida de los ancianos y de sus familiares.
Bibliografía:
- Irving GF, Olsson BA, Cederholm T. Nutritional and cognitive
status in ederly subjects living in service flats, and the effect
of nutrition education on personnel. Gerontology. 1999; 45 (4):
187-94.
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and aging in preoperative nutrition. Curr Opin Clin Nutr Metab
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- Wellman NS, Weddle DO, Kranz S, Brain CT. Elder insecurities:
poverty, hunger and malnutrition. J Am Diet Assoc. 1997; 97 (10
suppl 2): S120-2.
Interacciones
alimentos-medicamentos
Más
que ningún otro colectivo, el de los ancianos, es un grupo
totalmente heterogéneo, bien por la propia capacidad física
y por las múltiples patologías diferentes que pueden
sufrir. Por todo esto es difícil llevar a cabo un cuidado
nutricional correcto sin que este sea individualizado y sin que
se tengan en cuenta las posibles interacciones que pueden darse
entre los alimentos y los medicamentos.
Los alimentos, la dieta o el estado nutricional pueden influir
o condicionar la respuesta terapéutica y tóxica
a un tratamiento farmacológico. Así mismo los fármacos
pueden alterar el proceso de nutrición y el aprovechamiento
de los nutrientes y como consecuencia pueden llegar a modificar
el estado nutricional.
Clásicamente estas reacciones han sido poco estudiadas,
pero en la actualidad han suscitado mayor interés y se
han realizado numerosas investigaciones al respecto.
La gran mayoría de los ancianos toman diariamente medicación,
muchos de ellos numerosos tipos de fármacos a la vez.
Las interacciones entre fármacos y nutrición pueden
agruparse en tres áreas fundamentales:
- La influencia de los alimentos y la dieta sobre los fármacos:
la interacción alimento-medicamento.
- La influencia de los fármacos sobre el aprovechamiento
de los nutrientes y sobre el estado nutricional: la interacción
medicamento-alimento.
- La influencia del estado nutricional sobre la disposición
de los fármacos.
Las interacciones alimento-fármaco pueden tener lugar sobre
la farmacocinética, es decir, sobre la absorción,
metabolismo, o excreción del fármaco, así
como sobre la farmacodinámica, es decir la acción
propia del medicamento.
Las interacciones fármaco-nutriente pueden tener lugar
también sobre la absorción el metabolismo, la excreción
y la utilización de los nutrientes, pudiendo llevar a largo
plazo a alteraciones en la composición nutricional.
El estado nutricional puede influir también en la disposición
de los fármacos. La desnutrición y la malnutrición
(obesidad) interfiere en los procesos de absorción, distribución
y acción de los medicamentos.
Este tema es tan apasionante como amplio y de gran interés
medico, del que se podrá hablar largo y tendido, pero en
esta ocasión preferimos tratarlo como una llamada de atención
a todo el colectivo sanitarios: médicos, personal de enfermería,
dietístas y otros profesionales de la nutrición
y farmacéuticos, para que en definitiva se pueda lograr
la prevención y solución de los problemas que estas
interacciones pueden llevar consigo.
En una sociedad cada vez más anciana no podemos pasar por
alto, las posibles interacciones entre los alimentos y los medicamentos,
que hacen que tanto la terapia farmacológica como la propia
nutrición y en definitiva el estado nutricional y la salud,
no sean tan óptimas como aplicando exclusivamente la teoría.
Consideramos preciso tener en cuenta todos estos factores y aplicarlos
a la terapéutica de nuestros mayores.
Bibliografía:
- Montoro JB, Salgado A. Interacciones fármacos-alimentos.
Novartis. Rubes Editorial, S.L. 1°Ed. Barcelona, 1999.
- Morley JE, Glick Z, Rubenstein LZ. Geriatric Nutrition. A Comprehensive
review. Raven Press. 2°Ed. New York, 1995.
- Cardona D. interacción fármacos-alimentos. Nutr
Hosp. 1999; 14 (s2): 129s-140s.
Fraudes
alimentarios en la 3ª edad
En
la actualidad son muchos los casos de estafas en el ámbito
de la práctica médica. Personas que practican la
medicina fraudulentamente utilizando todo tipo de engaños,
es decir, promocionan tratamientos, servicios y productos de dudosa
validez científica y ética con el fin de procurarse
importantes beneficios económicos. La mayor parte de estos
tratamientos y productos tienen un fin "curativo" o
de mejoría de la forma y estado físico y psíquico,
y muchos de ello se refieren a temas de salud y alimentación.
Los "estafadores" modernos se dan a conocer por sus
novedosos y revolucionarios métodos a través de
clínicas, prensa, programas televisivos... Las propiedades
más alabadas de sus tratamientos y productos son las de
ser "alternativos", "orgánicos", "naturales"...
La utilización de estos tratamientos y la venta de sus
productos supone billones de dólares al año, y desafornutadamente,
lejos de ser inocuos, pueden llevar a serios problemas de salud.
El colectivo de ancianos es un grupo vulnerable, que por múltiples
razones puede verse influido por personas que ejerzan la medicina
de modo fraudulento, o por charlatanes y curanderos.
Las causas que hacen de este colectivo objetivo de muchos engaños
son principalmente: la disminución del poder adquisitivo,
debido a bajas pensiones, la frecuente falta de educación
recibida, la soledad y el desplazamiento social, las enfermedades
crónicas que suelen padecer...
La mala información y los fraudes suelen centrarse en la
venta de "alimentos saludables" y suplementos alimenticios.
Los promotores de estos productos les atribuyen desde propiedades
anti-edad, de mejora de la salud o incluso curativas de ciertas
enfermedades muy frecuentes en los ancianos.
La mayoría de los suplementos alimenticios son de vitaminas
y minerales, proteínicos y de aminoácidos, con ninguno
o muy pequeño efecto positivo en el estado nutricional
y salud de estas personas.
Por otro lado podemos encontrar gran cantidad de productos adelgazantes,
y de multitud de medicamentos dispuestos a ser auto-prescritos,
pero sobre todo existen infinidad de remedios para enfermedades
como la artritis, diabetes, hipertensión arterial, hipercolesterolemia
e incluso cáncer, al que se suman problemas de todo tipo:
insomnio, dolor de espalda, caída de pelo, problemas de
la dentadura, piel y un largo etcétera.
La solución de este problema es compleja, debido, sobre
todo, a los múltiples intereses económicos que mueve
a su alrededor. La utilización de estos productos, tratamientos
y servicios supone además de un importante coste, posibles
problemas de salud.
Es precisa un mayor control legal a la vez una importante educación
para la salud y nutrición de la población en general
y especialmente en ancianos, familiares y cuidadores, así
como la facilitación de la información necesaria
para saber reconocer estos fraudes.
Bibliografía:
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- Jarvis WT. Quackery: the National Council Against Health Fraud
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Pérdida
de peso
La pérdida de peso, aunque es concomitante al propio proceso
de envejecer, es uno de los problemas de salud más directamente
relacionados con el aumento de la morbilidad y mortalidad en las
personas ancianas y más aún cuando la pérdida
de masa corporal es significante y está asociada a algún
tipo de enfermedad física o psíquica.
Las complicaciones que provienen de deficiencias en la alimentación
enlentecen el proceso de recuperación física pero,
a la vez un estado de malnutrición o una nutrición
no equilibrada favorece el riesgo de enfermar y provoca en el
sistema nervioso trastornos de tipo cognitivo y conductual.
Tanto los hombres como las mujeres ancianas experimentan cambios
en la distribución del peso corporal, pudiendo haber atrofia
grasa con la consiguiente exageración de los huesos de
las mejillas y las sienes. Como un buen estado nutricional no
logra prevenir o invertir estos cambios anatómicos, los
ancianos pueden parecer "caquécticos" a pesar
de no presentar una pérdida de peso significativa. Por
ello, el aspecto de una persona no justifica por sí solo
la búsqueda exhaustiva de las causas de una supuesta pérdida
de peso, pudiendo tratarse de una simple redistribución
de su masa corporal.
Como regla general, una pérdida de peso superior al 2%
en una semana o un 5% en el plazo de un mes puede indicar una
malnutrición proteico-energética debida a un desequilibrio
dietético o a una patología subyacente. En este
caso debe realizarse una valoración lo más detallada
posible, aunque los resultados deberán estudiarse siempre
de forma global y no por datos aislados que pueden dar una información
equivocada.
¿POR QUÉ PIERDEN PESO LOS ANCIANOS?
- Por un aumento de las necesidades energéticas.
- Por la presencia de un trastorno metabólico, con aumento
del catabolismo.
- Por carencia de aporte nutricional.
Las personas de edad avanzada presentan una disminución
de las necesidades energéticas, pero no de las necesidades
proteicas. De hecho, al avanzar la edad, realizan menos ejercicio
físico, gastan menos energía y deben ingerir menos
calorías para evitar la obesidad. Ello comporta una contradicción
práctica ya que si bien es una población que suele
comer menos, lo que en principio estaría de acuerdo con
las menores necesidades energéticas, presentan, por otra
parte, dificultad en ingerir proteínas por distintos motivos
tanto fisiopatológicos (falta de dentadura) como económicos
y sociales.
Bibliografía:
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-Yaari S, Goldbourt U. Voluntary and involuntary weight loss:
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Alimentación
del enfermo de Alzheimer
La
enfermedad de Alzheimer afecta a tres millones de europeos. Esta
patología se asocia con desórdenes cognitivos y
conductuales, que se relacionan frecuentemente con problemas nutricionales
como la pérdida de peso y trastornos alimentarios.
Las dificultades o actitudes frente a la comida de los pacientes
con enfermedad de Alzheimer, condicionan un cuidado específico
en la alimentación de estas personas.
PROBLEMAS FRECUENTES EN EL MOMENTO DE COMER
- Falta de atención.
- Actitud compulsiva.
- Retención de la comida en la boca.
- Comer con las manos y/o jugar con la comida.
En primer lugar es aconsejable servir la comida en ambientes relajados
que no distraigan al comensal. Los utensilios deben ser agradables
e inofensivos; es conveniente que llamen la atención por
su colorido y que puedan ser utilizados sin peligro por el propio
paciente.
Ha de procurarse siempre mantener una buena higiene bucal, vigilando
la hidratación y humedad de la mucosa bucal y la lengua,
mantener al enfermo sentado siempre que sea posible y procurar
que la inclinación de la cabeza sea la correcta para favorecer
la mecánica de la deglución.
No deben mezclarse alimentos de diferentes texturas ya que no
pueden discriminarlas. Los líquidos se darán siempre
que el enfermo esté alerta para evitar atragantamientos
y el broncoaspirado consiguiente. Si está confuso o en
coma, se planteará su administración por sonda nasogástrica.
Siempre que se vaya a dar de comer, el cuidador ha de estar preparado
y consciente del tiempo que dedicará. ¡Las prisas
son malas compañeras! En ocasiones puede ser interesante
preparar platos únicos que contengan el primer y segundo
plato, como por ejemplo: estofado de carne con patatas y verduras.
El no proteger sus vestidos y los nuestros con delantales amplios,
que cubran bien, nos dará disgustos y provocará
nuestro mal humor. Nuestra imprevisión dará un trabajo
añadido: cambiarlos/cambiarnos de ropa. A veces no podemos
prevenir su reacción y que se llenen y nos llenen de lamparones.
Es fácil que se les caiga comida encima, que tosa, escupan,
que nos manchen o cojan la comida con las manos, se limpien con
la blusa, que se pongan comida en el bolsillo o, simplemente,
que nos den las gracias por lo bien que han comido con una amable
caricia llena de salsa de tomate.
A nivel nutricional es importante que el paciente reciba mediante
la alimentación todas las necesidades energéticas,
proteicas, vitamínicas, minerales e hídricas específicas
para él, en cada una de las fases de la enfermedad.
El conocimiento de cada una de las situaciones descritas, permitirá
orientar al cuidador profesional y a la familia cuidadora en la
forma de conseguir una buena nutrición, y les dará
seguridad en el tratamiento del enfermo y en la toma de decisiones.
Bibliografía:
- Gillette-Guyonnet S, Nourhashémi F, Andrieu S et al.
Weight loss in Alzheimer disease. Am J Clin Nutr 2000;71(suppl):637S-42S.
- Poehlman E, Dvorak R. Energy expenditure, energy intake and
weight loss in Alzheimer disease. Am J Clin Nutr 2000;71(suppl):650S-5S.
- Tárraga L, Boada M. Una cocina para el enfermo de Alzheimer.
Fundació ACE. Institut Català de Neurociències
Aplicades.
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