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| Esta
hortaliza debe su poder curativo a su contenido en sales
minerales y vitaminas tan esenciales para la salud.
Los nabos son útiles en el estreñimiento
y las partes superiores cocidas al vapor en fuego lento
débil, tiene un definido efecto laxante. |
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Contra
las inflamaciones intestinales crónicas, se usará
la raiz del nabo en forma de caldo o sopa y se beberá 2
tazas al dia. Esto mismo es excelente en los males del pecho y
si se le añade azúcar constituye un remedio eficaz
para combatir el asma y la tos. De igual modo la cocción
de la raiz, se emplea como pectoral, en una dosis de 10 a 20 gramos
por litro de agua.
La raiz cortada en rodajes sirve para preparar un jarabe de cualidades
sorprendentes contra la bronquitis, tos asma, coqueluche y para
todos estos casos se omtará por chucharadas de acuerdo
el grado de enfermedad. El zumo de nabo actúa como hemostático,
es decir para deterner las hemorragias, dando especialmente resultados
favorables en las hermmorragias uterinas, administrado en cucharaditas.
Uso
externo del nabo
El nabo se usa también externamene en forma de cataplasmas,
empleando la pulpa de la raiz, previamente sometida a cocción
; estas cataplasmas son magnificas para combatir los sabañones
y especialmente para disipar el molestoso escosor y se usará
en los lavados continuos. También esta pulpa es buena aplicada
exteriormente contra las inflamaciones en general y puesto detrás
de las orejas calma los dolores de muela. Los baños tibios
de las hojas de nabo son excelentes para tonificar el sistema
nervioso y vigorizar todo el organismo.
Propiedades
del Nabo
El
nabo es una hortaliza de escaso aporte calórico porque
posee abundante cantidad de agua y un bajo contenido de hidratos
de carbono y es buena fuente de fibra.
Respecto
al contenido vitamínico, aporta una apreciable cantidad
de vitamina C y de folatos, y cantidades discretas de vitaminas
del grupo B (B6, B3, B1 y B2). Carece de provitamina A y de vitamina
E, abundantes en otras verduras y hortalizas.
La
vitamina C además de poseer una potente acción antioxidante,
interviene en la formación de colágeno, huesos,
dientes y glóbulos rojos. Asimismo favorece la absorción
del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones.
Los
folatos intervienen en la producción de glóbulos
rojos y blancos, en la síntesis de material genético
y la formación de anticuerpos del sistema inmunológico.
En
cuanto a su composición en minerales, el más abundante
es el potasio, seguido del calcio, el fósforo y el yodo.
El calcio de estas raíces no se asimila apenas en relación
con los lácteos y otros alimentos ricos en dicho mineral.
El
potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación
del impulso nervioso y para la actividad muscular normal, además
de regular el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.
El
yodo es indispensable para el buen funcionamiento de la glándula
tiroides, que regula el metabolismo.
El
fósforo juega un papel importante en la formación
de huesos y dientes, al igual que el calcio, y participa en procesos
de obtención de energía del organismo.
Es
importante tener en cuenta que las hojas del nabo o grelos son
más nutritivas que el propio nabo. Los grelos aportan casi
el doble de proteínas y de fibra que la raíz y mucho
calcio. Lo más destacable de los grelos es su composición
en vitaminas y minerales. Contiene cantidades varias veces superiores
a las del nabo de provitamina A o beta-caroteno, vitamina C y
folatos.
El beta-caroteno se transforma en vitamina A en nuestro organismo
conforme éste lo necesita y posee una acción antioxidante.
La vitamina A es esencial para la visión, el buen estado
de la piel, el cabello, las mucosas, los huesos y para el buen
funcionamiento del sistema inmunológico
Origen
y variedades
Se
cree que el nabo es oriundo de Europa, aunque también se
ha propuesto como posible centro de origen Asia Central. Se cree
que fue la base de la alimentación de las tribus primitivas
que poblaron Europa. Hace casi cuatro milenios se cultivó
por vez primera y, con posterioridad, fue muy apreciado por griegos
y romanos. Ambas civilizaciones desarrollaron nuevas variedades
a partir del nabo silvestre. Durante la Edad Media, el nabo constituyó
uno de los alimentos de mayor relevancia. Se consumió casi
a diario en Alemania hasta que se vio desplazado por la patata
cuando, en el siglo XVIII, ésta llegó a Europa procedente
de América. A partir de la Revolución Francesa se
cultivaron más patatas y menos nabos en Europa hasta llegar
a convertirse en un alimento casi olvidado. Aunque en la actualidad
el nabo no es muy apreciado, su cultivo se ha extendido a todo
el mundo, sobre todo como alimento para el ganado. Se cultiva
en especial en Alemania, en la costa mediterránea del sur
de Europa y, en menor proporción, en el sur de Estados
Unidos. No obstante, tanto la raíz como las hojas del nabo
están volviendo a cobrar protagonismo en nuestros días
tras conocerse mejor su composición y propiedades.
Las
variedades más destacables de nabos son:
Nabito
de Teltow: es una de las más apreciadas, de tamaño
pequeño y color blanco cremoso.
Nabo
de mayo: tal y como su nombre indica, está disponible
en el mercado de mayo a junio. Es de color blanco y tiene forma
esférica.
Nabo
de otoño: variedad que se siembra en verano y
se recolecta en otoño. Es de piel roja o verde y carne
blanca. Su tamaño es mayor que el del nabo de mayo y su
sabor es más fuerte.
Nabos
Stanis: presenta cuello de color púrpura, hojas
medianas y buena textura.
Nabos
Virtudes-Martillo: estas variedades son de color blanco
y forma alargada con un estrechamiento en la zona central. Su
carne es blanca, muy tierna y dulce.
Nabo
Bola de nieve: tiene una forma redonda y es de pequeño
tamaño (ocho centímetros de diámetro), con
la piel lisa de color muy blanco, tierna y de delicado sabor.
Nabo
japonés o kabu: su sabor es más intenso
que otros nabos y sólo puede encontrarse en tiendas especializadas.
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