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Norberto
E. Petryk, chef, escritor e investigador
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La
carne de buey de Kobe, considerada por los especialistas
como la mejor carne del mundo, ya se vende en nuestro
país, aunque a precio de caviar. |
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Un
puesto del mercado de Chamartín, en Madrid, incluye entre
sus más de doce tipos de carnes con certificación
de origen una de vacuno procedente del Japón. Se trata
de la carne de buey de Kobe, que no es posible encontrar en ningún
otro sitio de España. Vale la pena puntualizar que el ganado
del que procede la carne no es precisamente de Kobe, sino de varias
zonas rurales del Japón. La denominación de Kobe
se debe a que éste es el puerto desde donde se embarca
la carne a distintos puntos de la geografía mundial. Kobe
es la capital de la provincia de Tajima, denominada también
Prefectura de Hyogo.
Los
expertos en ganadería conocen a estas reses como bueyes
Tajima, un linaje vacuno japonés denominado también
kuroge wagyu (reses de piel negra). En la actualidad, sólo
262 granjas crían a este tipo de bueyes, con una estabulación
de 5 a 15 reses por granja. Cada animal recibe todas las atenciones
de las que sería objeto un niño enfermo. Sus dietas
se controlan de forma muy estricta y se componen principalmente
de sake y cerveza. Cada día, además, reciben un
masaje que ayuda a relajar el tono muscular, proporcionando en
definitiva una carne sumamente tierna y muy gustosa que, eso sí,
puede superar fácilmente el precio de 200 euros/kg. Contra
lo que suele ser costumbre, los estadounidenses se han puesto
a imitar este tipo de estabulación y han empezado a criar
bueyes de Kobe de forma experimental, siguiendo el mismo procedimiento
que en Japón.
Los
ganaderos japoneses puntualizan que no se trata de reses criadas
exclusivamente con cerveza, sino que se añade cerveza a
su dieta, particularmente durante los meses de verano, que es
cuando su alimentación interactúa con los depósitos
de grasa del organismo. Las condiciones de temperatura y humedad
de las granjas japonesas durante el verano llevan a que la cerveza
estimule el apetito de los bueyes y éstos consuman más
forraje. En cuanto al masaje, se justifica por el hecho de que
las reses más calmadas, relajadas y satisfechas se ha visto
que proporcionan una carne de muy superior calidad que las sometidas
a estrés o a agarrotamientos musculares.
El no va más en los cuidados de este ganado es el «baño
de sake». Periódicamente, las reses ven lavada su
piel con este tradicional aguardiente japonés. Los ganaderos
japoneses consideran que una piel lavada y perfumada con sake
redunda asimismo en una mayor calidad de las carnes, y por eso
pierden horas enteras en el friegue de sus animales con esponjas
impregnadas en sake.
Una
tradición milenaria
La
carne de vacuno de Kobe, que contiene una proporción de
grasa casi inexistente, requiere una autentificación basada
en el índice de masa corporal.
La proverbial carne de los bueyes de Kobe se usaba antaño
para alimentar a los soldados del ejército imperial japonés.
Eso sí, después de que regresaran vivos del campo
de batalla y como consideración a sus méritos. En
cambio, los granjeros que cuidan a esas reses consideraban que
el consumo de su carne era un sacrilegio y una ofensa a los antepasados
por lo que su sacrificio y elaboración culinaria, según
los cánones del sukiyaki , debía hacerse fuera de
la granja donde las reses habían crecido. Con el tiempo,
estas normas tan rígidas se han ido relajando.
De hecho, el ganado vacuno no es endémico de las islas
niponas. Las reses fueron introducidas en el siglo segundo de
nuestra era para alimentar con proteínas a los trabajadores
que cultivaban arroz. La orografía de Japón no propicia
las zonas de pastos extensas y, en consecuencia, la cría
de ganado ha sido siempre muy minoritaria. Entre los años
1635 y 1868, durante el mandato shogun, se prohibió la
cría de ganado, restaurada tras esa etapa.
No ha sido hasta las dos últimas décadas que la
carne de buey de Kobe ha sido tan sumamente preciada por especialistas
y gourmets. Se calcula, no obstante, que Japón sólo
puede servir una cabaña de 4.000 reses al año, de
ahí el interés de terceros países (como Estados
Unidos) en explotar estas reses en zonas más ricas en pasto
y que permitan una mayor producción ganadera. La carne
de vacuno Kobe requiere, sin embargo, una autenticación
basada en el índice de masa corporal (materia grasa) de
los animales, que en condiciones óptimas no sobrepasa el
valor 6. Se trata, por tanto, de una carne con una proporción
de grasa casi inexistente.
Recetario
de Emergencia
La
carne de buey de Kobe tiene la mitad de grasa saturada que la
de cualquier otro buey y un sabor que los especialistas de todo
el mundo consideran incomparable.
Para una cena distinguida, ante unos invitados ante quienes es
preciso quedar bien, la ocasión está servida; eso
sí, sólo para bolsillos fuertes y con facilidades
de acceso al mercado de Chamartín en Madrid. El puesto
en cuestión se llama Raza Nostra y, además de la
de buey de Kobe, presentan muchas más ofertas cárnicas.
Para
deleite de los comensales, es preciso informarles ante todo de
las características de la suculencia que van a degustar:
una carne con la mitad de grasa saturada que la de cualquier otro
buey, sin indicio alguno de hormonas o factores de crecimiento
y un sabor que los especialistas de todo el mundo consideran campeón.
Su textura es sutil, aterciopelada, al estilo del foie gras. Muchos
ganaderos americanos y australianos someten sus bueyes de Kobe
a una receta únicamente a base de plantas oleaginosas y
a un programa de ejercicio, abandonando los baños con sake,
la cerveza o los masajes.
Desafían
a distinguir el sabor de sus carnes del del auténtico buey
de Kobe japonés, pero las preferencias del mercado no siempre
les dan la razón. Los tiempos de cocción para esta
carne varían ligeramente con respecto a otra carne de buey
normal. Es importante garantizar una cocción al punto,
de otra forma no vale la pena gastar tanto dinero si no es para
ofrecer una verdadera suculencia al paladar. Según los
entendidos, se trata de calentar la plancha durante unos minutos,
de forma que cuando se deposite la carne en ella se desprendan
llamas; 3-5 minutos de cocción pueden ser suficientes,
en virtud del espesor de los filetes, pero hay que tener en cuenta
que la carne de buey de Kobe, por su composición, tarda
siempre un poco más en cocerse en su punto.
Este
punto es, en todo caso, tan fácil de percibir como el de
cualquier otra carne a la plancha: tostado y crujiente en su exterior
y muy meloso por dentro. Si lo mejor de esta carne es el sabor,
éste se pierde considerablemente al cocer la carne demasiado.
Otra modalidad de presentación es el Wagyu sashim (denominación
de origen de la carne de buey de Kobe), tiras delgadas de carne
marinadas en un poco de salsa de soja y servidas con cebolla verde.
Se trata de una presentación típicamente japonesa.
Si alguien tiene reparos a la hora de tomar carne cruda, puede
depositar las tiras de carne de buey de Kobe sobre los cuencos
de arroz muy caliente con los que se sirve el plato, de forma
que las tiras delgadas acaban cociéndose en poco rato por
efecto del calor.
Tomado de: http://www.consumaseguridad.com/web/es/sociedad_y_consumo/2005/05/10/18044.php
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