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¿Apetece
usted una tarántula en salsa? Si sorprende
a su alrededor a algún niño que saborea
cierta clase de insecto, no se horrorice, tal vez
esté disfrutando de un manjar y colaborando
con el equilibrio ecológico.
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¿Apetece
usted una tarántula en salsa?
CARMEN
ROS comenta en un articulo publicado en El Nuevo Herald:
Según Gene R. DeFoliart, un ento-mólogo (estudioso
de los insectos) retirado de la Universidad de Wisconsin, el hecho
de recuperar o iniciar la tradición de ingerir insectos
comestibles reduciría el uso de pesticidas y, en consecuencia,
la polución orgánica. Sin embargo, tal tradición
no pertenece únicamente al pasado o a un futuro hipotético.
Palpita actualmente en muchos lugares del planeta, incluyendo
a Miami. «Yo presenté una salsa de chicatanas (hormigas
voladoras) con chile guajillo sobre filete mignon en el Hotel
Biltmore durante el II Festival Gastronómico A Taste of
Mexico, el pasado noviembre», cuenta la prestigiosa chef
mexicana Susana Palazuelos, quien es autora, entre otros libros,
de Mexico the Beautiful Cookbook, con 200,000 ejemplares vendidos.
«En Ometepec, en el Estado mexicano de Guerrero, durante
el mes de junio los postes de la electricidad se llenan de estas
hormigas voladoras. Mueren muy rápido y caen al piso, entonces
la gente las recoge para asarlas con limón, o bien las
guardan ya asadas para tener todo el año», continúa
Palazuelos.
Un
Platillo Gourmet
CLINTON
COMIO ESCAMOLES EN MEXICO Susana explica que en algunos hoteles
lujosos de su país, en los que suelen hospedarse ejecutivos
extranjeros, se ofrece un platillo de variados insectos: jumiles
(especie de grillos), escamoles (huevos de hormiga roja) y gusanos
de maguey. «Cuando el presidente Bill Clinton visitó
México, comió escamoles. Es un platillo gourmet,
como sucede con los caracoles para los franceses», observa
la chef. Los escamoles despliegan diversas posibilidades en la
mesa, pues «colocados en una tortilla, luego de saltearlos
en mantequilla con epazote y cebolla, se les ponen unas chispas
de guacamole. Pero cualquiera se chupa los dedos con una sopa
de nopal (cactus), escamoles y gusanos de maguey. En mi país,
un buen restaurante de comida mexicana debe tener escamoles durante
la temporada, pues son tan apreciados como el caviar», se
saborea Palazuelos.
Tal
parece que en México la costumbre de disfrutar en la mesa
platillos de insectos no es exclusiva de gourmets, sino que se
extiende a todos los niveles sociales. Herminia Salvador, una
trabajadora doméstica de la ciudad de México, expresa
que «la salsa de mariposas es buenísima. Se puede
hacer la misma receta con grillitos. Con estas salsas cualquier
taquito es comida de fiesta». Si en el país que mencionan
Palazuelos y Salvador existe la tradición de saborear insectos,
en otras latitudes no se quedan atrás. El fotógrafo
Peter Menzel y su esposa, Faith D’Aluisio, recorrieron diversos
países con la intención de degustar muchos de los
platillos que se elaboran con insectos. Esta peculiar experiencia
quedó consignada en Man Eating Bugs.
The
Art and Science of Eating Insects, el libro que ambos publicaron
el año pasado. Menzel y D’Aluisio dan cuenta de su
convivencia al lado de los indios yanomami de Venezuela, con quienes
disfrutaron del sabor de la theraposa leblondi, la tarántula
más grande del mundo. Este arácnido se asa y después
de siete minutos se pela. Una vez que se le hayan quitado las
patas, se paladea el abdomen, que es donde hay mayor concentración
muscular. La carne es blanca y «sabe a cangrejo ahumado»,
evoca el autor en uno de los capítulos del libro. HALLAZGOS
GASTRONOMICOS La zaza-mushi o larva acuática fue uno de
los hallazgos gastronómicos del fotógrafo y su esposa
a su paso por Japón. Sobre este insecto explican que se
paladea hervido, y salteado en salsa de soya y azúcar,
además de exigir un trabajo laborioso y un precio alto,
pues un recolector profesional apenas puede recoger diariamente
cinco libras, las que vende a 40 dólares cada una. Los
autores observaron que en Camboya las tarántulas se pueden
comer fritas y que se les reconoce como un tónico para
la virilidad. Del recorrido que hicieron por Indonesia, resulta
llamativo un platillo de arroz adornado con pimientos rojos junto
con libélulas saladas y fritas en aceite de coco.
Respecto
a Tailandia señalan, entre otros insectos, una especie
de termitas con las que se condimenta alegremente el arroz hervido.
Menzel precisa que China es un país de 1,000 millones de
habitantes y que tiene alrededor de 300 culturas diferentes. El
autor se asombra de los mercados de este país, donde se
venden gran variedad de insectos, muchos de ellos provenientes
del cultivo, como los escorpiones que se comen fritos sobre arroz.
O bien los escarabajos de agua, que marinados en jengibre y salsa
de soya alrededor de una rosa tallada en zanahoria, logran una
admirable presentación estética. Menzel también
encontró el cultivo de ciertos insectos en Botswana, un
país del sur del continente africano. El fotógrafo
refiere que en tal país los gusanos mopane, llamados así
porque se alimentan de un árbol con ese nombre, son orugas
comestibles que se cultivan por su alta demanda en otros países
de Africa. Estos insectos se comen secos y su valor proteico es
tres veces mayor al que tiene la carne de res por unidad de peso.
Menzel y D’Aluisio cuentan que en ciertas regiones de Australia,
los aborígenes tienen gran afición a las larvas
de las mariposas nocturnas y que las recolectan escarbando bajo
los arbustos del desierto.
Otros
comentarios
La
costumbre de alimentarse con insectos está arraigada en
numerosos países y puede desarrollarse también en
la Argentina: especialistas de la UNLP afirman que existen especies
de insectos que son comestibles y tienen alto valor nutritivo.
(Insectos y alimento en jornadas de la Universidad de la Plata)
La simple mención de que los insectos pueden ser una importante
fuente de alimentación para el ser humano generará,
seguramente, repulsión a más de una persona. Pero,
en realidad, constituye una comida con alto valor proteico y nutricional,
aprovechada en distintas partes del mundo.
Así
lo ponen de manifiesto especialistas del Museo de Ciencias Naturales
de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde se dio comienzo
a una serie de charlas referidas al tema.
"La
entomofagia, la costumbre de comer insectos, fue practicada por
distintas comunidades aborígenes, como los mocovíes.
Comían langostas, hormigas y piojos. En la actualidad no
es una costumbre común en la Argentina, ya que se da más
que nada en las regiones tropicales, donde los insectos son muy
abundantes", explicó a Hoy Marta Loiácono,
investigadora del CONICET y docente de la Facultad de Ciencias
Naturales.
Si
bien en nuestro país no existe tanta abundancia de especies
para que pueda desarrollarse esta costumbre, en algunas provincias
pueden encontrarse hormigas atta que, según Loiácono,
eran comidas por los indígenas, ya que "su abdomen
es muy suculento". También son comestibles ciertas
especies de langostas y larvas que se encuentran en nuestro hábitat.
"Los
insectos que se pueden ingerir tienen un valor nutricional importante.
Poseen alto contenido proteico, mayor que las carnes, y grasas
poliinsaturadas que no son dañinas para el organismo. Nuestro
objetivo es que la gente empiece a mirar a los insectos como futuro
recurso de alimentación, no sólo humano sino para
mascotas", agregó Loiácono. También
sostuvo que en un futuro no tan lejano "todas las fuentes
de proteínas serán bienvenidas", aunque reconoció
que actualmente la gente siente aversión por este tipo
de alimento. "En realidad, también hay una cuestión
cultural porque existen artrópodos como las langostas,
los cangrejos y los langostinos que son exquisiteces culinarias
y salen carísimas. Pero si a la gente le pedimos que coma
insectos del mismo grupo taxonómico, que encima son vegetarianos
y no carroñeros como los cangrejos, eso genera repulsión",
sostuvo la especialista.
Este
tipo de alimentación está más arraigada en
países de Africa Central, Asía y América
Latina (Brasil, Venezuela y México). Se calcula que son
comestibles cerca de 1.500 especies de insectos, aunque los especialistas
aclaran que existen muchas otras especies que son venenosas y
que deben ser evitadas.
(DiarioHoy.net)
La disertación mencionada fue dirigida a la comunidad en
general y se realizó el 24 a las 16 en el Auditorio del
Museo de Ciencias Naturales, a cargo de Loiácono y de Cecilia
Margaría (docente e investigadora de la UNLP). Ambas son
las autoras del trabajo de divulgación científica
"Insectos: ¿un recurso alimentario del futuro?"
que, el año pasado, recibió una mención de
honor en un concurso organizado por la Asociación Argentina
para el progreso de las Ciencias.
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