Este
es el equivalente a unos cinco días de dieta normal...llegando
a producir entre 2 y 4 kilos más en la balanza, una parte
por lo que se comió y se tomó y otra por los hidratos
de carbono y la sal que retienen líquidos.
La
cuenta es sencilla si se recuerda que una porción del
delicioso vitel thoné suma 930 calorías, una pequeña
rebanada de pan dulce, 380 calorías, un puñadito
de frutas secas, 160 calorías y un turrón de 100
gramos tiene 440, sin contar con que por cada centímetro
cúbico de vino o champagne hay que sumar una caloría,
y la mitad cuando lo que se bebe es sidra o cerveza.
"Sólo la mesa dulce tradicional puede aportar unas
1700 calorías, que es lo que una persona debería
consumir durante todo el día", advirtió la
licenciada Vivian Viviant, nutricionista especializada en obesidad.
Dos
razones para la moderación
1.
Hay que pensar que cuesta menos no pasarse que pasarse y remediarlo.
Supongamos que una comida o una cena "normal" para
una persona determinada son 1.000 calorías, y que con
esta comida no pasa hambre, pero tampoco engorda. Si en una
de estas cenas o comidas señaladas se excede e ingiere,
por ejemplo, 2.600 calorías, para recuperar el peso tras
las fiestas, deberá ingerir sólo 600 calorías
durante cuatro comidas, lo que probablemente le supondrá
un esfuerzo mucho mayor que la satisfacción que le supuso
el exceso cometido. Creo que todos tenemos experiencia al respecto.
Pero no seamos demasiado estrictos: podemos pasarnos un poco,
por ejemplo 1.600 calorías, y luego el esfuerzo para
recuperar la línea será razonable: quizá
dos comidas ingiriendo 700 calorías. Además, desde
el punto de vista de la salud, es preferible mantener un peso
que sufrir oscilaciones acentuadas en el mismo.
2.
En las fiestas corremos el riesgo de perder hábitos que
quizá nos ha costado mucho esfuerzo conseguir.
Por ejemplo, si ya no picoteamos a lo largo de la tarde, el
hecho de hacerlo en estas fiestas "porque es Navidad"
(como si esto justificara todo), supone, además de privarnos
posteriormente de las calorías ingeridas en exceso, tener
que recuperar un buen hábito que teníamos y hemos
perdido. Igual podríamos decir de beber sólo agua
en las comidas, tomar fruta de postre, lavarnos los dientes
por la noche justo después de cenar y antes de ver la
televisión, y ese larguísimo etcétera que
nos ayuda enormemente a mantener la línea.
El
perjuicio de los alimentos deriva de una ingesta excesiva o
porque al tomarlos dejamos de ingerir otros productos necesarios
para nuestra salud. Es por ello que ningún alimento debe
ser proscrito en nuestros menús navideños, menús
que con frecuencia respetan una tradición que se ha ido
forjando en nuestras familias a lo largo de generaciones y que
forman parte de nuestra cultura culinaria.
¿Por qué no continuar, pues, preparando los platos
preferidos por nuestra familia, cuando el importante papel de
la tradición así lo requiere? Podemos optar tanto
por platos más tradicionales, como el pavo, el besugo
o el cordero; o bien por otros menús más sofisticados,
que incluyen recetas con faisán, avestruz, ostras y mariscos.
Ahora bien, en ambos casos debemos evitar los excesos y con
ellos sus consabidos efectos secundarios como pesadez de estómago
y dolor de cabeza.
Grasa
“buena” y “mala”
El
turrón, los mazapanes y los guirlaches se elaboran con
miel, azúcares y almendras. A la mezcla se pueden añadir
otros ingredientes (clara y yema de huevo, frutos secos, pastas
de frutas, chocolate, cacao, nata, harinas, cereales hinchados,
licores, etc.), además de agua y aditivos autorizados.
Estos dulces son alimentos muy energéticos y con un alto
contenido en grasa, aunque la mayor proporción de ésta
la constituyen los ácidos grasos insaturados (grasa buena),
abundantes en los frutos secos empleados. Esto no incluye a
los polvorones, uno de cuyos ingredientes básicos es
la manteca de cerdo o la mantequilla (ambas ricas en grasa saturada,
grasa mala), mezcladas con harina y saborizantes (canela, vino,
limón…).
Los
conceptos de grasa buena o mala atienden a la capacidad de estos
nutrientes de modular los niveles de colesterol en sangre. Mientras
que la grasa buena reduce los niveles plasmáticos de
colesterol y es cardiosaludable, el exceso de grasa mala se
relaciona con niveles elevados de colesterol. Esto significa
que los turrones duros y blandos principalmente -abundantes
en almendras- y otros turrones con frutos secos, además
de mazapanes y guirlaches, serán los dulces que deberán
elegir las personas con colesterol alto, olvidando los polvorones.
Sin embargo, no se deben consumir sin medida: la mayoría
de personas con hipercolesterolemia sufren también exceso
de peso, y el elevado aporte calórico de turrones, mazapanes
y guirlaches desaconseja que abusen de ellos.
Frutos
secos o frutas desecadas
Los
frutos secos (almendras, piñones, nueces…) y las
frutas desecadas (orejones, ciruelas y uvas pasas…) constituyen
una alternativa dulce, deliciosa y más saludable a los
típicos productos navideños, sin olvidar que se
trata también de alimentos energéticos. En los
frutos secos abundan las grasas “buenas”, aunque
muy calóricas, y las frutas desecadas son “concentrados”
de azúcares sencillos. Esto obliga a consumirlos con
moderación en caso de seguir dietas de control de peso,
de grasa o azúcares.
Dulces
aptos para diabéticos y celíacos
La
respuesta de los fabricantes a la demanda de personas que por
problemas de salud como obesidad o diabetes no pueden disfrutar
de los típicos dulces de estas fechas no se ha hecho
esperar. Las variedades de postres navideños acompañados
del mensaje “con fructosa” o “sin azúcar
añadido” aumentan año a año, a la
par que la confusión sobre su aporte calórico.
La mayoría de consumidores que creen que se trata de
productos menos calóricos, pero no siempre es así.
Cuando
el azúcar se sustituye por edulcorantes sin calorías
(sacarina, aspartame, ciclamato, acesulfame) o edulcorantes
del tipo polioles o azúcares alcohol (sorbitol, maltitol,
xilitol…), efectivamente presenta menos calorías.
No ocurre lo mismo si el producto contiene fructosa en lugar
de sacarosa (azúcar común). La fructosa es un
edulcorante con una ventaja indiscutible para las personas diabéticas:
produce escasos efectos en el nivel de glucosa en la sangre
y no estimula la secreción de insulina. Esto explica
que quienes sufren diabetes puedan consumir productos con fructosa
y disfrutar así del placer que proporciona un dulce sin
que se altere su nivel de glucosa en sangre, siempre y cuando
no abusen de su consumo. No obstante, la fructosa aporta las
mismas calorías que la sacarosa y, por tanto, un producto
con fructosa contiene las mismas calorías o incluso más
que si llevara sacarosa.
Más
difícil lo tienen las personas que sufren intolerancia
al gluten. Entre los ingredientes básicos utilizados
para elaborar la masa de muchos turrones, mazapanes y guirlaches
no se incluye ninguno contraindicado para celiacos. Sin embargo,
la oblea que recubre la masa de turrones, por ejemplo, se elabora
en muchos casos con harina de trigo, por lo que quienes padecen
intolerancia al gluten deben leer con detenimiento la lista
de ingredientes de cada turrón.