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Existe una diferencia entre ambos tanto en su comportamiento
químico como en sus efectos sobre la salud.
En
este sentido, podemos decir que el ácido graso
oleico es una grasa monoinsaturada cuyo efecto potenciador
de las lipoproteínas de alta densidad (HDL
o "colesterol bueno") ha sido comprobado
científicamente. Esto es muy positivo, ya que
el HDL disminuye el colesterol LDL (o "colesterol
malo"), reduciendo así el riesgo de enfermedad
cardiovascular.
Antiguamente
las medidas tomadas para reducirlo disminuían
éste en su conjunto, pero no era lo correcto,
pues se trata de bajar el colesterol LDL, potenciando
el HDL. También es recomendable para las membranas
celulares del organismo, ya que contribuye a mantener
su fluidez y las protege de su oxidación y
envejecimiento.
Por su parte,
los omega 3 son un ácido graso poliinsaturado
que compone nuestro cerebro y sistema nervioso, así
como la retina. Su consumo regular favorece la circulación
sanguínea, contribuye a regular la hipertensión
arterial, reduce los triglicéridos y trabaja
como mecanismo antitrombótico, previniendo
la ateroesclerosis. De este modo, se convierte en
un gran preventivo de cara al riesgo de enfermedad
cardiovascular.
Además, los
grupos que toman grandes cantidades de aceites de
la familia de los omega 3, es decir, los inuit o esquimales
de Groelandia y los indios de Alaska, muestran una
incidencia extremadamente baja de diabetes.
Los omega 3
conforman una familia dentro de la cual se incluye
el ácido a-linolénico. Los ácidos
grasos consisten en una cadena de átomos de
hidrógeno y carbono. Dependiendo del grado
de saturación de hidrógeno se clasifican
en saturados (sin dobles enlaces) o insaturados (con
dobles enlaces). Cuando tiene un solo doble enlace
se dice que es monoinsaturado. El ejemplo de esto
es el ácido graso oleico, presente en el aceite
de oliva. Si tiene dos o más dobles enlaces
se dice que es poliinsaturado, como es el caso del
omega 3. Dentro de ellos hay algunos que son esenciales.
Los
ácidos grasos deben cumplir unos criterios
para que se consideren esenciales:
· No ser sintetizados
por el organismo.
· Que él mismo o alguno de sus derivados
sea necesario para el funcionamiento e integridad
corporal.
· Su administración debe corregir las
deficiencias.
En la actualidad, basándose
en numerosos estudios, se acepta que hay dos poliinsaturados
esenciales para el cuerpo humano: linoleico u omega
6 y el ácido alfa-linolénico u omega
3.
Últimamente
la alimentación occidental es muy pobre en
omega 3 y muy rica en omega 6, lo cual tampoco es
bueno.
Una carencia de omega
3 puede generar neuropatía, disminución
de la agudeza visual, electroretinograma anormal,
dificultades de aprendizaje y lesiones en la piel.
En diversos estudios también se ha relacionado
la falta de omega 3 con casos de depresión.
La deficiencia de omega
6 ocasiona retraso en el crecimiento, problemas en
la reproducción y también lesiones en
la piel.
“Cuánto
hay que tomar?” -una pregunta mas frecuente
acerca de los ácidos grasos. Ahora se está
hablando de 1,25 gramos. Se sabe que en la dieta occidental
se toma alrededor de 0,20 gramos. Si lo "traducimos"
en alimentos, deben tomarse entre 30 y 35 gramos de
pescado azul al día (menos de una lata pequeña
de atún) o bien una ración de este pescado
tres o cuatro veces a la semana.
El tiempo depende de
la situación particular, pero podríamos
decir que niveles elevados pero dentro de la normalidad
de colesterol en sangre, para apreciar una modificación
con la dieta, debe tomarse durante aproximadamente
tres o cuatro semanas.
No
hay alimentos buenos y malos, lo importante es mantener
el equilibrio entre los que nos aportan nutrientes.
No hay problema alguno
en que en una semana se tome más un tipo de
alimentos que otro, sino que hay que procurar el consumo
regular de todos. La comida no es un medicamento,
pero sí es importante para nuestra salud hacer
una dieta variada y equilibrada.
Si definimos la dieta
equilibrada en porcentaje de nutrientes, ésta
tiene que tener un 50-60% de hidratos de carbono,
10-15% de proteínas y 25-30% de grasas. Éstas
tienen un papel fundamental, son imprescindibles para
la salud. Es evidente que hay que controlar la cantidad
de grasas, pero hay que prestar más atención
a la calidad. Se debe tener muy claro que no se puede
hacer una dieta sin grasa, aunque el objetivo sea
adelgazar. Es necesario tomar un mínimo de
tres cucharadas soperas (30 gramos) diarias de aceite
de oliva. En una dieta normal el aporte requerido
es de 3 a 5 cucharadas al día (30-50 gramos).
Finalmente,
es importante destacar que combinar ambas grasas en
la alimentación es un preventivo claro para
las enfermedades cardiovasculares.
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